Segunda Parte
14. Familia como equipo de trabajo
El trabajo físico aportado por quienes conforman la unidad doméstica distingue a las producciones familiares orientadas al mercado de aquellas de definidamente empresariales. La organización familiar del trabajo está basada en la cooperación directa entre sus miembros, unidos por lazos de parentesco, que se distribuyen las tareas según su edad y condición de género.
En los tambos estudiados, todos los miembros de la familia mayores de 10 años y con residencia en la unidad aportan laboralmente a la unidad. Como se puede observar en la Tabla anterior, 26 de los 42 trabajadores de las 10 unidades de la muestra son considerados plenos ya que su dedicación es diaria y constante, y su aporte es vertebral a la organización laboral de la unidad. Se trata de jóvenes y adultos mientras que los niños y adolescentes en edad escolar cooperan como trabajadores parciales pues brindan aportes ocasionales o semanales, o bien constantes pero reducidos a la ejecución de tareas bajo supervisión o dirección de un adulto. Incluso en unidades en fase de reemplazo, varios mayores se mantienen vinculados a la producción realizando tareas administrativas o como relevos en tareas físicas. (Véase Anexos Nº 14-17)
Como se adelantó en Capítulo II, nuestra muestra no incluye casos de contratación de trabajadores asalariados por lo que pueden ser consideradas producciones familiares puras. Sin embargo, en todas las unidades se externaliza al menos una de las tareas del campo a través de algún pequeño prestador de servicio que suele ser algún vecino que realiza estos trabajos extraprediales. De esta manera, aún los tamberos menos capitalizados, como una unidad que carece incluso de tractor, acceden a tecnologías ahorradoras de mano de obra como la siembra directa y fumigación así como de insumos al producir y almacenar alimento para el propio ganado a través del ensilaje.
Se registran escasos casos de ocupaciones extraprediales de sus miembros, lo que contrasta con lo observado en unidades familiares tamberas de otras localidades cercanas de la zona con mejor conectividad y transporte. Como se dijo, algunos hombres realizan changas de pequeños servicios. Entre las mujeres jóvenes, encontramos dos casos de ocupación en docencia que es complementaria a su participación en los ordeñes sin comprometer la productividad de las unidades que cuentan con trabajadores suficientes. Consideramos que la ocupación extrapredial de estas jóvenes profesoras no responde a la necesidad de diversificación de los ingresos por parte de la unidad para su sostenimiento o reproducción, sino más bien a la elección personal de estas mujeres de 38 y 22 años con antecedentes docentes –en el caso de una nuera sin hijos– o inquietudes de desarrollo vocacional o profesional por fuera del tambo familiar. Además, para ellas este ingreso personal aporta autonomía respecto a la distribución de dinero por parte del suegro y del padre respectivamente.
Siendo entonces que el trabajo que, como vimos incluye una amplia gama de diversos tareas, es realizado en estas unidades casi exclusivamente por los miembros de la familia, tomamos la noción de familia como workteam o equipo formulada por Galeski en cuya organización se presentan diferencias internas tanto en los trabajos como en la jerarquía de cada integrante o individuo que tiene una relación de subordinación al grupo familiar (Galeski, 1975 en Woortmann, 1995).
La organización de la mayoría de sus tareas productivas como equipo de trabajo y con la participación general de sus miembros es distinguida como una de las particularidades de las unidades familiares agrícolas. Aunque, siguiendo a Friedmann, no por ello debe suponerse que este equipo está libre de tensiones por ser la familia un espacio de dominación patriarcal (Balsa, 2009).
No obstante, en esta forma de organización se encuentra la ventaja productiva propia de la conjunción entre trabajos manuales o físicos e intelectuales de planificación y toma de
decisiones en una misma figura (Van der Plöeg, 1993 en Cloquell, 2007). A su vez, esta no excluye la posibilidad de asesoramiento técnico o profesional y mantiene en manos de la familia la toma de decisiones, disminuyendo los costos –o tiempos– de coordinación y comunicación (Balsa y López Castro, 2011).
Agregando una perspectiva diacrónica, a lo largo de su ciclo de vida, como vimos en el apartado anterior, cambia la capacidad física de quienes componen la unidad motivando cambios en su organización y en su estrategia (Benencia y Forni, 1991).
En las unidades tamberas, si bien se dice en forma generalizada que, dado el caso, la rutina de ordeñe puede ser técnicamente efectuada por un solo trabajador, esta suele realizarse como mínimo entre dos trabajadores. La colaboración de una tercera persona agiliza el ordeñe aunque sea con tareas menores como dar entrada y salida a las vacas desde y hacia el corral de espera. Esto permite que quien está en el brete optimice el tiempo evitando el desplazamiento hasta su puerta. Pasaremos entonces a ocuparnos de cómo se da la organización de estos equipos familiares, las divisiones de tareas, jerarquías y dinámicas. Encontramos dos grandes modos de organización del trabajo asociadas a la fase del ciclo de vida de la unidad doméstica. En las familias que pueden ser consideradas en expansión (ya que al menos uno de los hijos está en edad escolar) los ordeñes recaen principalmente sobre el matrimonio pudiendo recibir colaboración o reemplazo por parte de algún hijo. En estos casos las unidades se ven sobrecargadas por contar con más consumidores –los niños– que trabajadores agregándose además las tareas propias del cuidado de los hijos pequeños. Por ende, con menor disponibilidad de mano de obra, la carga laboral es mayor y así es percibida por sus miembros quienes manifiestan con mayor intensidad en su discurso el cansancio y la saturación.
Las unidades con todos sus hijos ya fuera de la edad escolar, que se encuentran en su fase de fisión o de reemplazo demorado cuentan con un mayor número de trabajadores plenos. En ellas, se dan formas diversas de organización y, a su vez, menos monótonas debido a la posibilidad de relevos, ya sea por parte de jóvenes, hermanos o de mayores. Actualmente, desde que los hijos cumplimentan la escuela secundaria, la unidad cuenta con fuerza de trabajo extra pudiendo los padres comenzar a delegar tareas y reducir su peso relativo en el funcionamiento del equipo74. Si hubiera varios hermanos, los mayores suelen ser los más comprometidos con el trabajo mientras que el ingreso de los menores se ve demorado. También durante esta etapa, en la que se encuentran varias de las unidades, éstas incorporan actividades o bien, agrandan el tambo. Cuando las hijas mujeres se casan la unidad pierde esta colaboración recargando nuevamente al grupo familiar. En cambio, como los varones son quienes dan continuidad a la explotación, los hijos jóvenes mantienen su aporte de trabajo a la unidad parental hasta el momento del traspaso a partir de que, probablemente, destine cierto ingreso a los mayores.
En cuanto a la organización de los ordeñes, se dan diferentes modos. Por ejemplo, en la unidad que cuenta con 7 trabajadores plenos, éstos se alternan formando dos equipos de ordeñe: los dos hermanos por la mañana y las nueras por la tarde. En equipos menos numerosos puede darse que la madre o el padre estén a cargo de los ordeñes junto a uno o más hijos. Es el caso de una unidad con dos hijos varones jóvenes, uno de ellos acompaña a su madre en el tambo al tiempo que su padre se dedica a la guachera, mientras que el otro se especializa en la avicultura.
Según nuestras observaciones, cualquiera sea la organización del equipo, el ordeñe comienza cuando uno de los miembros de la familia arrea al ganado hacia el corral de espera. Habiendo sido distribuidas las raciones la noche anterior, una vez encendidas las máquinas, se da inicio a la extracción de leche. Durante este momento, caracterizado por el ruido del motor, no hay división de tareas: cada trabajador se ubica en uno o dos bretes y se ocupa en silencio de la
vaca que ingresa sin haber intervención de un segundo trabajador sobre ese animal. El ordeñe transcurre en forma autómata, como si todos, incluso los animales, supieran qué les toca y cómo hacerlo sin mediar palabra. No obstante, la comunicación entre ellos es fundamental a la hora de separar a las vacas en puerperio o que están bajo tratamiento antibiótico ya que su leche no debe mezclarse con la restante. Si bien el rodeo suele tener caravanas, por lo general se las identifica por su tamaño y pelaje u otras características de su fisonomía75.
Al finalizar el ordeñe de todas las vacas productivas el equipo se distribuye las tareas: mientras uno de los trabajadores se ocupa del reparto de la leche de descarte y de calostro entre mascotas y terneros (en mamadera o a balde), su compañero/a pasa a la limpieza de la sala, acondicionamiento y orden de los equipos. (Véase Anexo Nº 13)
La rutina de elaboración del queso implica tareas de mayor esfuerzo, complejidad y precisión donde una distracción o error al momento de la cocción en la tina puede afectar a toda la partida de producción. Además se utiliza fuego y manipulan elementos calientes, productos químicos y se acarrean pesos como los tachos de leche cruda y luego la masa y el suero. Entendemos que por ello en la quesería la división de tareas y la colaboración son mayores. Observamos que éstas se dan sin necesidad de dar o recibir indicaciones. En ocasiones, un solo gesto es suficiente para solicitar asistencia.
El ambiente en la sala de elaboración es más ameno: templado por la llama de la cocción y silencioso o con la musicalización de alguna radio. En contraste con el tambo donde dos trabajadores están a la par, en la elaboración hay un referente o maestro quesero responsable, que suele ser el padre de la familia. Estos reciben la asistencia del resto del equipo aunque se da que sus esposas retornan al hogar lo antes posible para realizar las tareas hogareñas. En palabras de un joven tambero-quesero, la elaboración la hace mi papá digamos pero nosotros tanto mi mamá como yo, le ayuda uno o el otro. Llevando el suero… ayudando a sacar la
masa… (Tambero-quesero, 28 años)
Respecto a cómo se ejecutan las tareas, en la literatura técnica orientada a las buenas prácticas del operario tambero se señala la necesidad del compromiso del trabajador y de su conocimiento del proceso general. Se señala además al individualismo como un grave error y se recomienda el trabajo en equipo entendido como “un grupo de gente bien organizada, cada uno con tareas y responsabilidades propias, que comparten ciertas reglas de trabajo, que reúnen sus esfuerzos con compromiso, para llegar a un mismo resultado.” (Scala, 2008: 7) En esta dinámica, que se caracteriza como de todos para uno y uno para todos, se recomienda la claridad en los objetivos, el intercambio de conocimientos, información y destrezas, y la colaboración en un ambiente de confianza, comprensión, optimismo y voluntad para trabajar (Scala, 2008).
Los trabajadores familiares de estas unidades estudiadas han aprendido su oficio gracias a la socialización en la cotidianidad tambera. Quizás en contraste con operarios asalariados capacitados externamente, en estos equipos familiares varias de las mencionadas condiciones para el buen funcionamiento de una explotación lechera comercial surgen en forma espontánea o natural. Este espíritu de trabajo se da como parte de la organización de tipo familiar donde gran parte de estas formas son parte de su habitus más que con vistas a una maximización del ingreso a través de comisiones o de participación en el porcentaje del caudal ordeñado, como en el caso de operarios y medieros. Incluso, a diferencia de una familia mediera, estos tamberos trabajan y ponen en juego su propio capital lo que puede ser considerado un factor que agrega conocimientos tácitos, compromiso y responsabilidad a la manera de ejecución de los quehaceres. Además, la comunicación entre los trabajadores familiares puede ser facilitada por la convivencia que los reúne en lo doméstico y más allá de lo laboral.
75 Si bien actualmente no se le suele atribuir un nombre a cada vaca, a algunas se las denomina por apodos según sus características físicas, su rendimiento o personalidad.
Por otro lado, a diferencia de un grupo de operarios tamberos asalariados, los miembros de las familias estudiadas tienen conocimiento mutuo de sus capacidades, preferencias, dificultades laborales y personales. Asimismo sus vínculos son tendientes al cuidado y comprensión por lo que se propician algunas de las formas de acomodación y flexibilidad organizativa mencionadas anteriormente.
También involucra al compromiso de esto trabajadores de estas unidades domésticas y productivas a la vez que, en términos de Chayanov, el presupuesto común que los sustenta depende de su propio desempeño laboral y productivo (1985).
En cuanto a la división sexual del trabajo físico, en términos generales, son los hombres adultos quienes se ocupan y detentan el control así como decisiones relativas a las tareas del campo o labranza. Estas son ocupaciones esporádicas pero claves y definitorias de los resultados productivos, y en las que se pone en juego un importante capital en maquinarias e insumos. En el ordeñe, en cambio, los roles y cargos están nivelados para el varón y la mujer, es decir, entre esposos.
No obstante, y a pesar de los aspectos remarcados, observamos que en algunas de las unidades el reemplazo intergeneracional es demorado con lo cual suelen devenir dificultades por desacuerdos o incomunicaciones entre padres e hijos, o bien, entre hermanos generando un enrarecimiento del ambiente de trabajo. Esta atmósfera conflictiva puede traducirse en estancamientos o pérdidas en los rendimientos y los ingresos de la unidad y, por lo tanto, de los diferentes hogares que ésta sostiene. En las unidades cuyo traspaso se ve demorado, su potencial productivo no es desplegado. Dada la falta de definiciones paternas acerca de su traspaso y herencia, sus trabajadores no tienen la certeza de que el capital detentado y generado tenga continuidad en su mismo núcleo familiar76. Así, el paso del tiempo y el incremento en la edad de los hijos, además de transformar la forma de organización del equipo de trabajo, demanda por parte de los mayores la toma de decisiones definitorias que, como veremos en el Capítulo que sigue, hacen a la persistencia del establecimiento productivo.