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Felipe Se Convence

In document Isaac Asimov. La Formación De Francia (página 120-123)

Los ingleses trataron desesperadamente de invertir la batalla psicológica coronando a su rey, Enrique VI, como rey de Francia. La ceremonia se realizó el 17 de diciembre de 1431 y fue un fracaso en varios aspectos.

Enrique VI sólo tenía entonces diez años; era un muchacho temeroso, de escasa inteligencia, que había sido golpeado por sus tutores, desde luego, en la creencia de que así entraría la comprensión en su cabeza. Sólo consiguieron hacer de él un tonto, y por el resto de su largo reinado sería un débil títere en manos de quienquiera que pudiese dominarlo. (Más tarde pasaría por períodos de manifiesta locura, como su abuelo francés Carlos VI.) El muchacho, pues, no era ningún símbolo de la fuerza francesa y no impresionaba a nadie.

En segundo término, los ingleses habían perdido una oportunidad. No habían coronado a Enrique en Reims cuando podían haberlo hecho, y ahora era demasiado tarde, pues Reims ya no estaba bajo dominio inglés. La coronación se efectuó en París, y para los franceses, en general, tal ceremonia no significaba nada. Había sido a Carlos a quien se había coronado en Reims, y por ende sólo él podía ser considerado rey a los ojos de Dios.

Finalmente, los ingleses cometieron el error de convertir la coronación en un asunto puramente inglés, limitando al mínimo la participación francesa y omitiendo tales superfluidades como una ostentosa reducción de los impuestos, la liberación de prisioneros o la distribución de dinero. Como resultado de todo esto, la coronación provocó una espectacular declinación de la lealtad parisina a la causa inglesa.

El fracaso del intento inglés de invertir los efectos de la meteórica carrera de Juana de Arco tuvo influencia sobre la astuta mente de Felipe el Bueno de Borgoña. Sin duda, observó atentamente para ver el efecto del juicio y la ejecución de Juana y de la coronación del rey niño inglés. Comprendió claramente que la revolución provocada por Juana no iba a invertirse.

Comprendió que, si bien Carlos VII, en ausencia de Juana, había vuelto a la pasividad del otro lado del Loira, los ejércitos franceses mantenían y ampliaban su nueva actitud agresiva. El Bastardo de Orleáns, por ejemplo, en modo alguno perdió su capacidad de combate porque Juana ya no estuviese con él. En 1432, estaba mordisqueando las afueras de París y tomó Lagny, a sólo veinticinco kilómetros al este. También estuvo cerca de Normandía y tomó Chartres, a ochenta kilómetros al sudoeste de París. Y si los franceses habían despertado y ya no se hallaban paralizados por el temor a los ingleses, estaba además el hecho de que la población francesa era siete veces la de los ingleses. Felipe examinó todo esto y concluyó que la derrota inglesa en una guerra prolongada era segura. Sugirió a los ingleses que tratasen de llegar a un acuerdo con los franceses y salvasen lo que pudieran. Cuando los ingleses, aún cegados por Azincourt, se negaron, Felipe se convenció finalmente de que no tenía más opción que seguir su propio camino e inició negociaciones independientes con Carlos VII.

Estas negociaciones se arrastraron durante años, pues el precio de Borgoña por la paz era elevado. Durante esos años, los ingleses podían haber hecho que Felipe volviese a su anterior alianza bastante fácilmente mediante alguna victoria importante o con una inequívoca demostración de fuerza. Pero no pudieron ofrecer nada de esto, más bien lo contrario. La situación en Inglaterra estaba degenerando rápidamente en una guerra civil, y la moral inglesa en Francia cayó peligrosa-mente. El mismo Bedford, aún muy

atareado en Francia, tuvo que apresurarse a volver a Inglaterra para imponer una paz de compromiso a las facciones en lucha.

Luego, en Normandía, el corazón mismo del poder inglés en el Continente, estalló una seria rebelión en 1434. Esto mostró claramente que en todas partes el corazón de los franceses se estaba volcando hacia la causa nacional. El hecho de que los ingleses sofocasen la rebelión fue menos importante que el hecho de que la rebelión se produjese.

Las negociaciones entre Felipe y Carlos entraron en su fase final en Arras, ciudad de territorio borgoñón situada a ciento sesenta kilómetros al norte de París. Llegaron representantes ingleses, pero no pudieron aceptar los términos claramente establecidos por ambas facciones francesas. Se marcharon frustrados.

El duque de Bedford no vivió para ver el fin de la alianza anglo-borgoñona. El 15 de septiembre de 1435 murió a la edad de cuarenta y seis años. Fue el único jefe inglés que puso la causa de la guerra con Francia por encima de las ambiciones personales. Con su muerte, los ejércitos ingleses en Francia se convirtieron en juguetes de los políticos ambiciosos de Inglaterra.

Cinco días después de su muerte, el 20 de septiembre, Borgoña y Francia hicieron la paz por el Tratado de Arras; la guerra civil iniciada con el asesinato de Luis de Orleáns, un cuarto de siglo antes, llegó a su fin. Había sido esta guerra civil lo que había brindado a Enrique V y a los ingleses su gran oportunidad, y el fin de la guerra civil significó el fin de toda posibilidad de continuar con su proyecto de conquistas en Francia.

Por el Tratado de Arras, Carlos VII debía hacer grandes concesiones a Felipe el Bueno. Primero, debía reconocer a Felipe como un soberano independiente, de modo que ningún rey francés posterior podía reclamar el derecho de despojarlo a él o a sus descendientes del título y sus tierras; el duque de Borgoña no sería vasallo de nadie. Segundo, se aumentó mucho la extensión de los territorios borgoñones. Sus fronteras se extendieron hasta incluir las tierras que había conquistado recientemente. Borgoña se expandió hasta incluir algunas ciudades fortificadas situadas a orillas del río Somme que llevaron su frontera a ciento treinta kilómetros de París. Sin duda, las fortalezas del Somme podían ser compradas por Francia por una gran suma de dinero, pero esto era sólo en teoría. Felipe no tenía ninguna intención de venderlas, a menos que Francia dispusiera de una fuerza superior además de dinero. Finalmente, Carlos VII tenía que presentar excusas por el asesinato del padre de Felipe, Juan Sin Miedo, y prometer que castigaría a los asesinos.

A cambio de todo esto, Felipe no brindaba nada positivo. Solamente convenía en reconocer a Carlos VII como rey de Francia y en no hacerle más la guerra. El Tratado de Arras era unilateral, en verdad, pero aun así era algo que Carlos y Francia necesitaban desesperadamente, y su valor se demostró casi inmediatamente.

París, que había sido ocupada por fuerzas sumadas de Inglaterra y Borgoña, no podía ser retenida por los ingleses solamente. Los ingleses se encerraron en puestos fortificados, y luego, viendo claramente que morirían de hambre, abandonaron la ciudad y se marcharon río abajo, a Rúan. El 13 de abril de 1436, después de dieciséis años de ocupación inglesa y medio año después del Tratado de Arras, París se declaró a favor de Carlos VII.

En noviembre de 1437, Carlos VII hizo la entrada formal en la ciudad, y París fue nuevamente francesa. (Pero todavía no era la capital. Carlos VII nunca confió en la ciudad de la que había sido expulsado en su infancia y residió en diversos palacios del Loira. Pasaría casi un siglo antes de que París se convirtiese en la residencia de la corte francesa nuevamente.)

Los ingleses aún conservaron Normandía y Guienne, y allí al menos eran inatacables o al menos estaban protegidos de las exhaustas fuerzas de Francia. Por otro lado, no eran en modo alguno capaces de lanzar una ofensiva a gran escala.

Ambas partes, reducidas a librar solamente escaramuzas sin importancia, entraron en un período de inacción, que Francia usó constructivamente en una laboriosa reforma y reorganización, mientras Inglaterra se deslizaba cada vez más al caos de la guerra civil.

10. La Victoria

In document Isaac Asimov. La Formación De Francia (página 120-123)