¿PUEDE NO SER MORAL LA FILOSOFÍA? SOBRE KANT Y LÉVINAS
4. FINE CRITERIOS DE RAZÓN: SENTIDO Y LEGITIM IDAD DE UN EJERCICIO DE LA RACIONALIDAD
Si el criterio es una razón para obrar, parece razonable pensar que un ejercicio de la razón que tiene como horizonte este estado originario de sentido tendría que dar cuenta de su propio valor, como razón, a la luz de la relación que se produce cuando alguien dice algo -h a b la - en dicho contexto.
En dicha relación, entendida como espacio público de la razón, curiosa y sorprendentem ente, nos reencontram os con K ant y sus fines esenciales, convertidos en valores de razón para todos. Pero el camino hasta aquí ha sido largo y complejo porque de lo que se ha tratado es de descubrir y plantear el significado de ese factum de la moralidad que Kant presuponía y que Lévinas ha problematizado en la cuestión de si tiene sentido ser moral y, caso de que lo tuviera, qué sentido es ése.
Si la razón descubre que necesita la libertad para poder pensar -condición de posibilidad-, entonces la propia razón tiene que ser la encargada de «dar razones» para que haya, se mantengan y se doten de sentido esos «espacios de libertad». Espacios que, en su significado profundo, han de ser entendidos como espacios para el encuentro, para la con-vivencía y para la con-cordia; espacios que por su propia dinámica han de tender a una plasmación personal y también política. Por eso, aquí, «dar razones» es, ni más ni menos, crear ocasiones para afianzar un horizonte humano de realización para m í y para todos.
En este sentido, a nadie puede extrañar que un pensamiento que arranca de aquí limite con la reivindicación moral de un espacio habitable y compartido, y con la puesta de largo política que requiere. Es más, lo que la razón «descubre» en un espacio como el antedicho es la necesidad sentida de propiciar espacios de humanización en los que los otros son el punto de control y verificación de todas sus propuestas y criterios. No vale cualquier relación, como tampoco vale cualquier razón que la sostenga.
¿Por qué no ha de valer cualquier razón si está bien configurada form al mente; si cumple todos los requisitos para entrar en un discurso? Porque en su ejercicio depende ya de una orientación de sentido. En el espacio previo, al que hemos aludido reiteradamente para expresar el remitente de todo significado, la inteligibilidad, es decir, el ejercicio de la razón, tiene ya sentido moral. No porque todo lo que haga, o piense, sea ya, ip sofacto, moral; sino porque todo lo que piense, a partir de dicha situación, no puede sustraerse al juicio moral al que está convocada la inteligibilidad por su orientación primera.
Ahora es cuando adquiere su sentido genuino decir que la filosofía es un trasunto de esta orientación de sentido que actúa como imperativo moral de toda posible filosofía; ahora sí que tiene sentido decir que la ética es la filosofía prim era en tanto que exigencia del despliegue humano de la racionalidad como responsabilidad primera. La filosofía no puede sino ser moral.
Pensamiento, éste, que la mism a filosofía ha ido repensando con los tér minos de la relación, del encuentro, del diálogo o del consenso como diversas variables de entender la racionalidad en términos de potencia posibilitadora de humanización y de exigencia moral de la misma. En esta doble consideración del valor de la racionalidad como posibilitadora de humanización y como exi gencia de la misma, se escenifica y se concreta el objetivo de poder y de tener que seguir dando cuenta y haciendo posible una realidad que pueda ser digna de ser vivida por hombres y mujeres en instituciones adecuadas -ju s ta s -, tal y como sugiere Ricoeur.
Precisam ente la universalidad, como reivindicación m oral de un espacio originario de todos y para todos, perm ite y exige la inclusión de un determ i nado proyecto institucional o personal en un contexto más general que hemos denom inado «cultura de la solidaridad». Cultura, porque en dicho espacio de solidaridad originaria confluyen una serie de valores que cultivar por parte de un determ inado m odelo de entendernos como hom bres y m ujeres que habitan dicho espacio; y cultura, porque no es posible cultivar dichos valores sin la referencia a una determ inada situación socio-histórica en la que se han de encarnar, verificar y trascender. No es posible una ética sin que ésta aparezca incardinada a una situación; lo que no la reduce a ser una m era determ inación de la m ism a. Valdría decir que la ética siem pre es una ética relativa a una cul tura, lo que no equivale a tildarla de relativista y sin posibilidad de plantear criterios de acción.
Ahora se entenderá por qué una filosofía no puede no ser sino moral y por qué, aunque Dios haya muerto y todo esté perm itido, no todo puede ser igual,
¿PUEDE NO SER MORAL LA FILOSOFÍA? SOBRE KANT Y LÉVINAS
ni tiene por qué serlo, en el convencimiento de que nuestros deseos, por más realistas que fueren, nunca verán colmada nuestra capacidad para desear otros mundos en los que poder llevar a cabo proyectos de vida m ejores, es decir, con más carga humana y humanizadora.
A plantear criterios para que no todo sea igual -d é lo m ism o- me convoco y les convoco a ustedes, como filósofo, a la luz del significado que tiene el ejercicio de la racionalidad, tal y como hemos pretendido exponerlo aquí.