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Capítulo IV Presentación de resultados

FINES DE ENSEÑANZA

Figura 9. Fines de la enseñanza de las educadoras en cumplimiento con el PEP 2004 (Información recabada por la autora)

A manera de conclusión en lo referente a la variable del espacio físico, y en respuesta a la pregunta que se pretendió responder al respecto: ¿Cuál es el impacto del espacio físico y organizacional del ambiente educativo para el logro de aprendizajes significativos?; se puede señalar que los datos de las observaciones y entrevistas

realizadas, reflejan que en el caso del jardín de niños “Estefanía Castañeda” de la localidad de Rinconada, Emiliano Zapata, Ver.:

La contaminación auditiva si es muy distractora de la labor de las educadoras y de las actividades de aprendizaje de los alumnos.

El espacio físico es una limitante real de un ambiente de aprendizaje que favorezca el aprendizaje significativo de los alumnos,

Las educadoras planifican sus actividades sólo con el fin de cubrir los

requerimientos institucionales y normativos (PEP, 2004), dando por sentado que las limitantes de espacio y de contaminación auditiva son factores que no les afectan, y que en todo caso, tampoco les correspondería cuestionar, modificar, o buscar otra manera de generar aprendizajes significativos en sus alumnos.

Dado que las afirmaciones aquí expresadas deben tener un sustento objetivo, resultaría extremadamente subjetivo señalar que las educadoras adoptan un rol pasivo con respecto al mejoramiento de las condiciones del espacio físico. Lo que sí se puede

señalar, es que en el manejo institucional de las instalaciones, las instancias oficiales serían las responsables de atender estos requerimientos, y correspondería a las educadoras buscar opciones de manejo de las situaciones didácticas, para que su actividad , en el marco del ambiente de aprendizaje poco favorable que se tiene, no sólo tuviera el fin de cumplir con lo marcado en el PEP 2004, sino que buscaran construir un ambiente de aprendizaje favorable el aprendizaje significativo de sus alumnos.

Por lo que se refiere a la variable de recursos y materiales didácticos, la pregunta que se pretendió responder fue la siguiente: ¿la utilización de los recursos y materiales didácticos por parte de las educadoras, puede favorecer un ambiente de aprendizaje significativo?

En su entrevista, las 5 educadoras consideran que el material didáctico, con el que cuentan en sus aulas, si lo utilizan regularmente, por lo menos dos veces a la semana, las mismas cinco consideran que dicho material es insuficiente; 3 señalan que se encuentra en malas condiciones; en tanto que sólo 2 de ellas consideran que su estado es regular. Las razones por las que consideran que dicho material se encuentra en un estado malo o regular, son las siguientes:

a) Por una parte argumentan en sus entrevistas que al ser de reciente creación, el jardín de niños aún no se logra hacer de material adecuado y nuevo;

b) Así mismo, aseguran que en virtud de que los padres de familia son de escasos recursos, muchas veces no pueden ayudar para adquirir más material;

c) Las maestras han adquirido recursos y material didáctico con sus propios recursos, lo que en muchas ocasiones pues no implica que su durabilidad sea amplia, o que al ser de su propiedad, pues se lo llevan a sus casas y lo utilizan de vez en cuando.

Otro aspecto importante sobre el tema, es que 4 de las 5 educadoras señalan en su entrevista, que comparten y se prestan los materiales y recursos didácticos debido a que siendo poco lo aprovechan al máximo; y así poder completar sus actividades, fomentar el compañerismo que existe entre ellas. Sólo un de ellas señaló que en ocasiones, con el afán de que no se maltraten más o se pierdan, procura trabajar con lo que cuenta y no

En las observaciones realizadas, se confirma que en efecto, el jardín de niños es de reciente creación y han existido dificultades para hacerse de más recursos y materiales didácticos; así como también es verdad que los padres de familia son de escasos recursos y que su apoyo es limitado para este fin. Sin embargo, las observaciones permiten

aseverar que también es cierto, que la existencia de materiales y recursos didácticos, que aunque limitados y en estado regular, se puede utilizar en diversas ocasiones, actividades y situaciones didácticas, ya que el 100 % de los casos, los grupos si cuentan con este recurso.

La circunstancia clave no es la inexistencia, ni el mal estado, ni su escasez. En un grupo, la educadora no los tiene a la vista sino guardados; en 3 grupos, las educadoras los tienen ubicados en una parte alta del aula para que no le quite espacio y por ello no los utilizan diariamente, porque implicaría bajarlos y subirlos en situaciones incómodas, difíciles y peligrosas, tanto para las educadoras como para los niños; y en un grupo la educadora tiene apilados junto con otros muebles y objetos.

En 8 de las 10 observaciones realizadas, el trabajo de la educadora pareciera no contar, ni acordarse ni pensar en la utilización de dicho material. Esto tiende a reforzar la idea expresada al final del análisis de la variable anterior, en el sentido de que el ambiente de aprendizaje actual, ha favorecido más a la actitud de las educadoras por acomodarse a dichas limitaciones, que por tratar de que aún en circunstancias difíciles y hasta adversas, se pueda construir un ambiente de aprendizaje diferente.

Es claro que las limitaciones de espacio generan la dificultad de tenerlo a la mano, de organizar el aula como formalmente se debe organizar (con rincones de lectura, áreas

las observaciones realizadas permiten señalar con toda precisión que en el caso de los materiales y recursos didácticos, el poco espacio físico genera las siguientes situaciones:

No se ubica a la vista de los alumnos, porque si así fuera, no habría espacio para ellos.

En aquellos lugares que se puede, se ubican en partes altas de las paredes, a fin de que el piso quede libre para los niños. Subirlos y bajarlos diariamente sería peligroso.

Los materiales que se utilizan, acaban por ser para los alumnos de todos los grados, con un rápido desgaste y destrucción.

Los materiales que no se utilizan y permanecen guardados o apilados, se rompen, destrozan, o terminan por ser inutilizables al paso del tiempo.

Las educadoras no generan la cultura de la producción de recursos didácticos con materiales del diario, reciclables o que se puedan utilizar después de un uso cotidiano, porque el espacio de las aulas y de la escuela es tan limitado que no favorece la posibilidad de realizar actividades didácticas de este tipo.

Al mismo tiempo, se ha recurrido tanto al discurso de “las condiciones difíciles por las que atraviesa el jardín de niños”, que esa idea sirve de argumento para explicar todo lo que no se hace, bajo la aplicación de que simplemente no se puede hacer. Esto es una idea que se ampliará en el análisis de la siguiente variable.

Sin embargo, cuando las educadoras señalan que sus actividades son demostrativas, entonces surge la duda de cómo es que realizan estas actividades, y la realidad muestra que acaban por ejercitar sus propias habilidades personales, para hacer sus sesiones demostrativas a base de la imaginación del niño, mímicas, palabras o conceptos, lo que

sin duda no es garantía de que con ello se favorezca ningún aprendizaje significativo en los alumnos; pero sería un atrevimiento decir que estas actividades limitan dicho

aprendizaje. Esto sólo se señala como parte del análisis que se va realizando, pero en realidad es un tema específico que como tal, merece analizarse más en el concepto de la siguiente variable, sobre todo porque el objetivo de este trabajo es el ambiente de aprendizaje, y no el aprendizaje significativo como tal.

A manera de conclusión del análisis sobre la variable referida a los recursos y materiales didácticos y atendiendo a la pregunta que se buscó responder en relación a si la utilización de los recursos y materiales didácticos por parte de las educadoras, puede favorecer un ambiente de aprendizaje significativo, los resultados obtenidos tanto en las entrevistas como en las guías de observación, permiten afirmar de manera general lo siguiente:

Que las educadoras del jardín de niños enfrentan limitaciones generadas por el espacio que inhibe la posibilidad de mostrar, guardar y acrecentar el acervo de materiales y recursos didácticos.

Que a pesar de esas limitaciones, las educadoras no han generado nuevas opciones para utilizar otros espacios, como por ejemplo, la casa cercana de algún padre de familia para guardar dicho material, incrementarlo, y utilizarlo con mayor regularidad.

Que dan por sentado que si el jardín de niños no les provee de material didáctico es un problema de la institución y no necesariamente les compete a ellas, lo que se traduce en consecuencia en la realización de sus situaciones didácticas

lineamientos normativos del PEP 2004, sin ir más allá de su propia práctica docente.

En este sentido, atendiendo a lo señalado en relación a la variable anterior, no se advierte la posibilidad de que su práctica docente esté generando un ambiente de

aprendizaje que favorezca el aprendizaje significativo de los alumnos de ese jardín de niños.

4.1.3 Actividad docente

En relación a esta variable, las preguntas de investigación que se pretenden responder son: ¿De qué forma están atendiendo las educadoras los procesos de

aprendizaje de los alumnos preescolares? ; ¿De qué manera debe ser empleado el tiempo para favorecer un ambiente adecuado, que contemple las características del grupo?

Es importante señalar en primer término, que los datos de la entrevista señalan que el 80 % de las educadoras tiene estudios de nivel licenciatura y el 20 % de ellas tiene nivel educativo de maestría. La formalidad de las educadoras en su servicio docente no tiene discusión. De acuerdo a las observaciones realizadas, sus inasistencias son mínimas; y casi todas por razones estrictas de salud o bien porque asisten a las reuniones que mensualmente se llevan a cabo en los Centros de Atención Psicopedagógica de Educación Preescolar (CAPEP), que se realizan con la finalidad de actualizar a las educadoras en relación a temas de educación especial.

A partir de su experiencia docente, las 5 educadoras consideran tener un buen manejo del grupo al igual que califican de bueno el tiempo que utilizan para las situaciones didácticas. En efecto, las observaciones realizadas no son distantes de la apreciación de las educadoras al respecto, ya que en el 80 % de los casos observados, se

encontró que existe un buen manejo de grupo; y sólo el 20 % podría ser evaluado como manejo regular.

Cabe precisar que la idea de un buen manejo de grupo es que una educadora tenga las habilidades y capacidades para motivar y organizar adecuadamente la participación activa de los niños en las actividades que realiza; así como mantener el orden del grupo, sin ejercer acciones represivas, sancionadoras o castigadoras hacia los alumnos. Además, el bueno o regular manejo del grupo, se observó también a partir del manejo en tiempo dedicado a cada una de las situaciones didácticas. El uso del tiempo es fundamental para las actividades con los niños. Utilizar poco tiempo implica que una situación didáctica puede quedar trunca; más tiempo para alguna actividad puede derivar en que los niños terminen por aburrirse o se desordene la armonía del grupo.

Para la motivación grupal, el PEP 2004 indica que es importante la realización de actividades relacionadas con el canto y la música. Al respecto, las observaciones indican que estos recursos son apenas utilizados por las educadoras en sus actividades en el aula. Sólo una educadora de las 5, realiza actividades con cantos una vez a la semana; una más lleva a cabo actividades de este tipo dos veces por semana; y las 3 restantes las realiza una vez al mes. Es decir, el cumplimiento del PEP 2004 se da sólo en una de las cinco educadoras, lo que significa que por lo menos en lo que se refiere a este tema, no se está cumpliendo totalmente con lo señalado en el programa oficial de la SEP.

De acuerdo a este programa, los cantos son para los niños un factor motivacional en el grupo y de favorecimiento de su aprendizaje, en tanto que les permite memorizar algunos contenidos que después son fortalecidos con el trabajo de la educadora. Estas

música, la situación si es diferente. En primer lugar, el 80 % la utiliza por lo menos dos veces a la semana; en segundo lugar, la constante fue que al utilizar la música, la educadora simplemente pone el volumen que ella considera necesario para que sus alumnos se integren y participen sin tomar en cuenta a los grupos vecinos.

Figura 10. Actividades con cantos realizadas por las educadoras (Datos recabados por la autora)

Hubo por lo menos dos situaciones en que los grupos vecinos salían a ver a los alumnos del grupo que tenía la música a volumen alto, porque adicional a ella, los niños jugaban, reían o hacían algarabía dependiendo de la actividad realizada. Estas

observaciones difieren un poco con las respuestas dadas por las educadoras a la entrevista, ya que el 40 % señaló que al utilizar la música pone un bajo volumen sin coordinarse con las otras educadoras; el 20 % indicó que lo utiliza a bajo volumen y si se coordina con sus compañeras; y otro 20 % señaló que utiliza un alto volumen sin

coordinarse con sus compañeras, como en realidad sucede; mientras que el 20 % restante no respondió.

Figura 11. Actividades de enseñanza con música realizadas por las educadoras (Datos recabados por la autora)

En las entrevistas, las educadoras señalaron diversas razones para no utilizar de manera recurrente la música. Entre ellas destacan las siguientes:

a) Según su dicho, a su grupo “no le emociona trabajar así”, y cuando lo hacen es porque la actividad lo requiere;

b) Esta idea de que el uso de la música se da sólo porque las actividades lo requieran es señalado por el 60 % de las respuestas de las educadoras en sus entrevistas;

d) Un 20 % de las respuestas señalan que depende de que tan disponible se encuentre el reproductor.

Ahora bien, al hecho de que las educadoras no utilizan con regularidad la música, y que tampoco integran actividades de canto en sus situaciones didácticas, hay que

agregar que sólo el 20 % de ellas indicó que busca la manera de llevar a los niños a los juegos como parte de las estrategias didácticas para favorecer su aprendizaje, por lo menos una vez al mes; en tanto que el 80 % restante no contestaron al respecto. En efecto, el jardín de niños donde se llevó a cabo este trabajo no cuenta con juegos al aire libre. Acceder a ellos implica llevar a los niños a una distancia lejana del centro

educativo, lo que implica un riesgo, ya que como se recordará, el paso de las vías del tren se encuentra a no más de ochenta metros del plantel educativo.

Lo que se ha dicho en relación a la actitud de las educadoras por cumplir su actividad en los límites de la normatividad, vuelve a hacerse presente en estos casos, ya que el 100 % de ellas señaló en las entrevistas que realiza una planificación semanal de su actividades, buscando el cumplimiento absoluto de ellas. De hecho, esto se confirma con la respuesta del 100 % de ellas, quienes señalaron que buscan regularmente la colaboración con otras educadoras en asuntos escolares, de sus aulas y/o alumnos: una vez a la semana; cuando en realidad, no es una reunión propuesta por ellas, sino que se trata de una reunión oficial que en efecto se lleva a cabo semanalmente con el fin de atender los casos que la dirección plantee para la organización institucional.

En virtud de que el objeto de estudio de este trabajo es la construcción de

de lo hasta ahora expuesto, que se advierte que las educadoras realizan utilizan de manera limitada el canto, la música y el trabajo en juegos públicos, como estrategias didácticas para apoyar el aprendizaje de sus alumnos, lo que no construye un ambiente de

aprendizaje favorable para el aprendizaje significativo de sus alumnos.

4.2 Análisis general de resultados

A lo largo de este capítulo se han analizado los resultados de los instrumentos aplicados en la presente investigación, con el fin de identificar los elementos que intervienen en la dinámica educativa del jardín de niños “Estefanía Castañeda” de la localidad de Rinconada, Emiliano Zapata, Ver., a partir de tres variables: espacios físicos; recursos y materiales didácticos; y actividad docente.

Es claro que hay una diversidad de problemáticas específicas. Sin embargo, todo parece indicar que en realidad son dos, los grandes problemas a partir de los cuales derivan las otras circunstancias:

a) Poca o nula funcionalidad de los espacios físicos en donde se realizan las actividades educativas del jardín de niños.

b) La actitud de las educadoras que cumplen con la normatividad institucional y oficial de su trabajo; sin aparentemente, advertir la posibilidad de superar algunas dificultades cotidianas o comprometerse en una labor docente que trascienda las limitaciones de su naciente institución, y logre construir un ambiente de aprendizaje significativo en sus alumnos.

de este hallazgo, ofrece la oportunidad de atender y entender que una buena parte de la dinámica escolar en el caso específico de este jardín de niños se explica desde la perspectiva, actitud y disposición del docente.

Esta situación genera por ejemplo los siguientes problemas:

Aulas no funcionales para la docencia y poco operativas pedagógicamente.

Amontonamiento de alumnos y educadoras. Alta contaminación auditiva.

Escasa concentración en las situaciones didácticas.

Pocas oportunidades de espacio para generar actividades fuera del aula.

Dificultades y limitaciones de alumnos y educadoras en el uso de las instalaciones. Por ejemplo las educadoras no pueden instalar murales o las esquinas de lectura o juegos; pueden utilizar mesas, paredes o realizar juegos en el aula.

Concentración de actividades con mucha pasividad para alumnos.

Imposibilidad de contar con espacios abiertos, juegos adecuados para los niños, realizar actividades al aire libre, o programar actividades de juego o de convivencia del alumnado.

Sin duda, el espacio físico del jardín de niños “Estefanía Castañeda” de Rinconada, Emiliano Zapata, Ver., inhibe la posibilidad de un ambiente de enseñanza que a su vez favorezca el aprendizaje significativo de los alumnos y acaba por

concordancias. Es decir, las respuestas de las educadoras revelan su preocupación por mantener el orden de sus alumnos; por cumplir a cabalidad sus planes de clase; por limitarse a su entorno inmediato a fin de no complicar ni complicarse en la relación con otras educadoras y grupos.

La actividad docente se advierte condicionada por estas limitaciones espaciales y poco hace por buscar opciones. Y no se habla de opciones complejas o fuera de su ámbito de responsabilidad docente, sino de opciones simples como la manera de construir, almacenar y utilizar recursos y materiales didácticos a partir de su entorno directo y aprovechando la cercanía de los padres; o bien de coordinarse con otras educadoras para programar actividades que a lo mejor en su conjunto, rompan la inercia limitativa del

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