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1.1.2 ‘Traductología’ versus ‘traducción’

RANGO NIVEL FUNCIONAL NIVEL TEMÁTICO NIVEL ESTRUCTURAL Subtexto

1.3.4 Convenciones de género

1.3.4.1.2 Flexibilidad y variabilidad

Puesto que resultan de acuerdos tácitos y sólo hasta cierto punto vinculantes, las convenciones se distinguen por un margen de flexibilidad que no llega a excluir el uso idiolectal de la lengua (Reiß y Vermeer 1984: 183) y permite la variación individual (Hohmann 1991: 9-10) dentro de los límites del propio género, ya que,

aunque a la hora de producirlo hay que hacerlo de acuerdo con un "molde" convencional, sus espacios vacíos pueden rellenarse, sin embargo, libremente. Cuántos huecos deje ese molde, o lo que es lo mismo, de cuánta libertad disponga el autor del texto es algo que depende del género textual en cuestión, es decir, que se halla, a su vez, convencionalmente establecido (Göpferich 1995: 169).

Esa flexibilidad, endendida como un continuum de lo más a lo menos convencionalizado, se halla estrechamente relacionada con la variabilidad de las

convenciones, que, por encontrarse en continuo proceso de adaptación a los problemas de coordinación a que pretenden dar respuesta, pueden verse modificadas tanto en el tiempo (1.3.4.1.2.1) como en el espacio (1.3.4.1.2.2)

1.3.4.1.2.1 Variabilidad en el tiempo

La variabilidad de las convenciones textuales en el tiempo tiene que ver fundamentalmente con tres aspectos (cf. Göpferich 1995: 170), que ilustraré a partir de posibles ejemplos referidos al FCIE.

1) Por una parte hay que contar con cambios en la mentalidad imperante en la sociocultura en cuestión respecto del tema u objeto del texto. Ejemplo de ello sería el mayor uso relativo del pronombre 'tú' frente a 'usted' (o en su defecto el empleo de formulas impersonales destinadas a evitar este último pronombre) que caracteriza a los folletos de emisor privado en español frente a los de emisor público y que posiblemente no se daba en la misma medida en los tiempos en que dicho uso no resultaba tan socialmente aceptado como ahora (por ejemplo, antes del advenimiento de la democracia).

2) En segundo lugar, los cambios pueden venir dados por una alteración del problema de coordinación que la convención de que se trate ha de contribuir a resolver. Un posible ejemplo de este tipo de cambios lo constituirían las repercusiones que sobre la macroestructura típica del FCIE podrá tener el creciente recurso al soporte electrónico (como consecuencia del cual la hoja de inscripción no sólo puede cambiar de emplazamiento, sino incluso llegar a convertirse, por ejemplo, en un enlace). Igualmente, la puesta en circulación del euro ha comportado ciertas modificaciones relativas a las condiciones de

pago con respecto a los folletos editados con anterioridad (como los que integran el corpus objeto de estudio). Así, en los folletos posteriores a la entrada en vigor de la moneda única, y siempre que se distribuyan en los países de la zona euro, resultarán superfluos tanto el aviso de comisiones bancarias por cambio de divisas como el recordatorio de que los pagos han de efectuarse en la moneda del país.

3) Por último, las interferencias debidas a errores de traducción pueden suponer la paulatina asimilación de lo que en un principio se percibía nítidamente como un calco. Muestra de ello sería el uso, erróneo aunque cada vez más difundido, de 'por favor' (cf. Brumme 1999: 273) en traducciones tanto del alemán como sobre todo del inglés referidas a acciones directivas que no redundan (únicamente) en beneficio directo del receptor. En ese caso, el español y, en general, las lenguas románicas (cf. Brumme ibid.) dispone de otros recursos expresivos más propios, desde el imperativo de la acción correspondiente sin más (“envíe el fórmulario de matrícula debidamente cumplimentado a ...”) hasta performativos de verbos petitivos (“le rogamos nos envíe...”), pasando por un imperativo que podría calificarse de cortesía (“sírva(n)se enviar ...) y que cada vez se utiliza menos fuera de textos legales (por ejemplo, citaciones) por percibirse tal vez como excesivamente formal. Con relación a los cambios en las convenciones textuales asociados con los tres aspectos mencionados pueden darse dos posibilidades (Göpferich 1995: 171), a veces de forma simultánea, que ilustraré retomando ejemplos del FCIE.

1) De las diferentes opciones convencionales entre las que antes se podía escoger libremente no todas continúan resultando apropiadas. Prueba de ello es el hecho de que la modernización del lenguaje administrativo producida en nuestro país ha supuesto una preferencia por fórmulas menos jerárquicas y, en consecuencia, el uso cada vez menor de la mencionada fórmula ‘sírva(n)se + infinitivo’ como expresión de una acción directiva fuera de textos no legales. 2) Las convenciones que antes representaban una solución adecuada al

problema de coordinación planteado resultan ahora inadecuadas, tal como ocurrirá, si volvemos a ejemplos ya citados, con la referencia al pago en moneda del país a partir de la puesta en circulación del euro.

1.3.4.1.2.2 Variabilidad en el espacio

Ésta tiene que ver con el carácter universal o culturalmente específico de las convenciones de género, entendidos de nuevo como extremos de un continuum. A favor de la universalidad de las convenciones textuales habla el hecho de que existen problemas de coordinación vinculados a situaciones comunicativas comunes a diferentes lenguas y culturas (Hohmann 1991: 10) y de las que son exponente géneros de carácter universal73. Sin embargo, como señala Hohmann,

situaciones comunicativas parecidas pueden verse realizadas en diferentes culturas por medio de diferentes géneros textuales74 [y] también en el caso de géneros textuales universales y generalizados hay que contar con peculiaridades específicas de cada lengua75(ibid.).

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Reiß y Vermeer hablan de “(clases de) géneros textuales universales: carta, cuento [...], contrato, etc., presentes probablemente en toda cultura escrita [así como de] [...] (clases de) géneros textuales generalizados: soneto, oratorio [...], que no pueden encontrarse en todas las culturas [aunque sí en buen número de ellas]” (1984: 192).

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Ello enlaza con la apreciación de Göpferich de “que en diferentes socioculturas pueden darse diferentes problemas de coordinación que en consecuencia requieren diferentes soluciones” (1995: 168).

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En términos similares se expresa Spillner cuando señala “que no sólo los géneros textuales claramente marcados desde un punto de vista cultural, sino también géneros textuales de uso cotidiano y con una función predominantemente referencial, p.e. el informe metereológico [...] llegan a diferir considerablemente a nivel interlingüístico” (1981: 248).

Ello remite al carácter culturalmente específico que también puede corresponder a las convenciones de género, desde el momento en que “el contexto socio-cultural [...] determina las convenciones propias de los géneros en la cultura en la que éstos se insertan, de modo que las convenciones de un mismo género son diferentes en diferentes idiomas” (Gamero 1998: 166). Ese carácter culturalmente específico de las convenciones textuales se refleja, a otro nivel, en la existencia de genéros textuales privativos de ciertas socioculturas76 y tiene su origen en el hecho de que las convenciones, “no resultan inmutables; pueden evolucionar con la cultura en la que son de aplicación” (Reiß y Vermeer 1984: 183).

A medio camino entre la universalidad y la particularidad de las convenciones se sitúa la siguiente hipótesis de Gnutzmann y Lange, pensada para géneros textuales de especialidad aunque aplicable, en mi opinión, también a otros géneros:

Cuanto más enraizado esté el objeto de una disciplina científica en la cultura en que surge y, en consecuencia, cuanto más vinculado se halle al orden social de ésta última, tanto más probable será que la expresión de contenidos científicos dé lugar a patrones discursivos culturalmente específicos (1990: 91)

Aplicada al caso concreto del FCIE, dicha hipótesis puede dar razón de que sea justamente el subtexto más vinculado a la realidad específica del país, esto es, el dedicado a presentar las atracciones turísticas del lugar donde se celebra el curso, el que refleje convenciones más culturalmente específicas, que en no pocas ocasiones afectarán directamente a la verbalización de unos contenidos en detrimento de otros. Así, mientras que a la hora de caracterizar la ciudad donde se

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Reiß y Vermeer hablan, en este caso, de “(clases de) géneros textuales específicos de una lengua en particular [...] que apenas se utilizan más allá del ámbito de una sola cultura” (1984: 192).

desarrolla el curso, los folletos españoles podrán adoptar con relativa frecuencia una perspectiva histórica, ésta se hallará casi completamente ausente de los ejemplares del corpus alemán. En éstos, por el contrario, resultará habitual tematizar un aspecto, el del contacto social, que no representando en nuestra cultura, al menos en la misma medida, un “problema de coordinación”77 y no requiriendo por lo mismo de una “solución” organizada a priori, apenas se verá verbalizado explícitamente en los folletos españoles.

De forma paralela, serán subtextos de contenido menos culturalmente específico, como por ejemplo el destinado a exponer las condiciones de matrícula, los que resultarán más próximos entre sí en ambas lenguas y los que, por tanto, presentarán convenciones más equiparables. Ello puede relacionarse con otra hipótesis complementaria establecida por Gnutzmann y Lange y de acuerdo con la cual las disciplinas teóricas presentan más similitudes entre sí y las aplicadas, más diferencias (1990: 92), hipótesis que cabe aplicar al FCIE, siempre que asimilemos ‘disciplinas aplicadas’ con contenidos culturalmente específicos y ‘disciplinas teóricas’ con contenidos universalmente válidos,

1.3.4.1.3 Valor funcional como indicadores de género

Ese valor es triple, ya que, de acuerdo con Reiß y Vermeer (1984: 189), las convenciones

1) permiten reconocer el género textual,

2) activan expectativas por parte del receptor y

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Aplicando de nuevo a nivel general una apreciación referida al ámbito de los géneros de especialidad, coincidiré con Göpferich en que “puede darse el caso de que en una sociocultura una determinada situación represente un problema de coordinación y comporte la aparición de convenciones y en otra, sin embargo, no suponga problema alguno y tampoco requiera de convenciones” (1995: 168-169).

3) orientan la recepción del texto.

1) En cuanto que indicadores de género, utilizados competentemente por el emisor e identificados del mismo modo por el receptor, las convenciones se dan, como ya se ha dicho, a todos los niveles, desde la denominación textual (o subtextual) como principal indicador de género (Nord 1991: 83) hasta la macroestructura, pasando por segmentos textuales recurrentes característicos de ciertos subtextos. En ese sentido los indicadores de género vienen a corresponderse con los marcadores de acciones comunicativas y, por extensión, de subtexto, es decir con marcadores textuales de carácter verbal (marcadores léxicos, sintácticos, estilísticos o metacomunicativos) y no verbal (marcadores gráficos como la división formal del texto por párrafos o secciones diferenciados tipográficamente).

2) En el marco de la interrelación, convencionalmente motivada, entre los procesos de producción y recepción textual78, las expectativas que el receptor asocia con un género pueden verse cumplidas o contrariadas por el emisor. En el primer caso, al seguir las convenciones del género correspondiente, el emisor y, por extensión, el traductor sitúa la recepción del texto en un marco previo establecido, racionalizando la comunicación y favoreciendo su eficaz desarrollo (Göpferich 1995: 168). Ello permite, a su vez, al receptor concentrar su atención de forma específica en el contenido del texto, esto es, en su dimensión referencial (cf. Lux 1981: 273).

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“Genre conventions [...] thus play an important role in both text production (because authors have to comply with the conventons if they want to carry out their communicative intentions) and text reception (because receivers must infer the author’s intentions from the conventional form of the tex)t” (Nord 1997a: 53).

En el segundo caso, el emisor lleva a cabo un uso inapropiado de las convenciones de género y frustra así las expectativas del receptor. Éste, por su parte, se ve obligado a plantearse qué sentido corresponde a esas convenciones “inapropiadas” o considerar nuevas posibilidades de interpretar todo el texto o partes de él (Reiß y Vermeer 1984: 190). Si esa transgresión por parte del emisor ha sido intencionada, las convenciones dejarán de tener una función meramente orientativa para cobrar un nuevo sentido, ya que, al reclamar la atención del receptor, lo llevarán a concentrarse en ellas tanto o más que en el propio contenido del texto79 (Göpferich 1995: 168). Si el emisor, por el contrario, vulnera las convenciones sin pretenderlo, el receptor no podrá sino entender que se encuentra frente a un ejemplar “defectuoso” del género en cuestión (Reiß y Vermeer 1984: 190). En ese caso, y al igual que el traductor en su momento, intentará “repararlo”, siempre que el texto no le resulte incomprensible (ibid.)

3) Las expectativas asociadas con la identificación de convenciones de género se hallan “en estrecha interrelación con el proceso de recepción no sólo del texto en su conjunto, sino también de fragmentos del mismo” (ibid.) De ahí que el enunciado “Al sur se encuentran las más limpias y bonitas playas de España, las de Nerja” (ACIF)80, por ejemplo, haya de

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Ejemplo de ello son textos apelativos o expresivos en los que algunas convenciones que sirven como indicador de género textual despiertan en el receptor unas expectativas que se ven incumplidas a continuación (por ejemplo en citas o refranes “manipulados” con fines publicitarios). En ese caso, la estrategia de traducción correspondiente consistirá en imitar dicho efecto en la lengua meta (Reiß y Vermeer 1984: 190)

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Siempre que cite ejemplos del corpus lo haré distinguiendo tipográficamente entre ejemplos provenientes de textos de emisor público (en Times New Roman) y privado (en Courier New) y haciendo constar entre paréntesis un código de cuatro letras como abreviatura del nombre del centro, de acuerdo con las equivalencias que figuran en las tablas correspondientes a los subcorpus español y alemán diferenciados por tipos de emisor que se encuentran en el anexo (cf. 7).

interpretarse diferentemente, según figure en un folleto turístico (o, por extensión, en el subtexto del FCIE dedicado a la ciudad donde se celebran los cursos) o en una enciclopedia, en virtud de las distintas intenciones comunicativas asociadas convencionalmente con cada uno de esos dos géneros. De ese modo,

el género textual puede orientar la interpretación de ciertos elementos del texto de la misma forma que éstos pueden influir (convencionalmente) sobre la adscripción de un texto a diferentes géneros textuales (Reiß y Vermeer 1984: 191).

1.3.4.1.4 Relevancia traductiva

Las convenciones de género representan los rasgos lingüísticos distintivos de un texto, entendido como expresión de géneros pragmáticos más o menos estandarizados, desde el momento en que constituyen los medios óptimos para realizar su función comunicativa o, lo que es lo mismo, para resolver los problemas de coordinación que se plantean en dichos géneros (cf. Göpferich 1995: 153). Por ello, a la hora de traducir, y de cara evitar que, en caso contrario, su receptor no llegue siquiera a entenderlo adecuadamente (Heidt 1989: 54), resultará imprescindible que el texto meta presente las convenciones de género propias de la lengua de llegada. De ahí la necesidad de llevar a cabo una traducción comunicativa de tales géneros, entendida como aquella

que no sólo se adapta a las reglas del texto de llegada y sus normas sino también a las convenciones de la cultura meta con relación a patrones lingüísticos y estructurales más o menos fijos (Reiß y Vermeer 1984: 194).

Sin embargo, coincidiré con Göpferich en que sólo cabrá hablar de traducción comunicativa en el sentido que la entiende por ejemplo House, es decir, como una

covert translation81, si el texto meta se adapta no sólo a la lengua de llegada, esto es, a los patrones lingüísticos y estructurales del género en cuestión, sino también a su cultura, esto es, a "las realidades extralingüísticas y socioculturalmente determinadas propias de la cultura meta" (1995: 173).

Dicha adaptación resultará especialmente necesaria en el caso del FCIE, ya que, por estar destinado a estudiantes extranjeros de la lengua del país pertenecientes, por principio, a una cultura distinta a la del propio texto base, podrá encuadrarse dentro de los géneros dirigidos primordialmente a un público meta (Neubert82 1998: 56-58), cuya traducción responde a la estrategia de adaptar de forma relativamente libre la base semántica del texto a las expectativas de su nuevo receptor en lengua meta y, por extensión, a las correspondientes convenciones de género.

Dentro de la traducción comunicativa me concentraré en la modalidad que resulta más pertinente en el caso del FCIE, esto es, la traducción comunicativa a género textual constante (Göpferich 1995: 175). Al hacerlo me basaré fundamentalmente en las consideraciones de esta última autora (ibid. 175-181) adaptándolas, cuando sea necesario, a las particularidades del FCIE, por ejemplo al representar en el cuadro de la página siguiente (figura 1.3.4-1) cuál es el proceso que da origen a dicha modalidad y qué estrategias traductivas se derivan de una concepción pragmática de las convenciones textuales (cf. infra).

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"A covert translation is a translation which enjoys or enjoyed the status of an original ST in the target culture. The translation is covert because it is not marked pragmatically as a TT of an ST but may, conceivably, have been created in its own right" (House 1977: 194).

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Basándose en la orientación más o menos culturalmente específica del texto base, este autor distingue hasta cuatro grupos distintos de géneros señalando que en la práctica traductiva se dan formas híbridas (1998: 58), dentro de las que cabría incluir, en nuestro caso, el FCIE en virtud de las diferentes funciones de sus subtextos.

Traducción comunicativa a género textual constante y con realización óptima de función comunicativa

Cultura base Cultura meta Traductor

Función comunicativa Función comunicativa

Destinatarios de la cultura base Destinatarios de la cultura meta

no se dan adaptaciones sí se dan adaptaciones a la cultura y convenciones a la cultura yconvenciones de la cultura meta de la cultura meta

Figura 1.3.4-1: Estrategias de traducción derivadas de una concepción pragmática de las convenciones de género (cf. Göpferich 1995: 176)

Texto base

Lenguaje no específico del género textual

Lenguaje específico del género textual

Lenguaje no específico del género textual

Lenguaje específico del género textual

Informaciones de carácter universal Informaciones de carácter universal Informaciones sociocultural- mente determinadas Informaciones sociocultural- mente determinadas Texto meta Estrategias traductivas generales Contenido invariable si no hay fórmulas convenciona- lizadas en lengua meta

1.3.4.1.4.1 Traducción comunicativa a género textual constante

De acuerdo con la teoría del escopo (cf. 1.2.1.2) de Reiß y Vermeer (1984: 96) y, por extensión, con los postulados de la escuela funcionalista alemana toda traducción, en cuanto que acción comunicativa, se ve determinada por su función. Dependiente del género al que pertenece el texto base, la función, por su carácter transcultural, constituye, como ya se ha dicho, el tertium comparationis a partir del cual el traductor podrá generar un texto meta que resulte coherente con su nueva situación comunicativa.

Al hacerlo, tendrá presente no sólo la intención del autor del texto base, sino sobre todo las expectativas del receptor del texto meta y las convenciones de género de este último. Con relación a ellas, el texto meta sólo podrá cumplir de forma óptima su función comunicativa en la medida en que adopte los medios lingüísticos que la realizan convencionalmente en lengua meta, es decir, los que resultan característicos de dicho género (desde el contenido hasta la expresión gráfica pasando por el léxico y la sintaxis).

Así pues, y de acuerdo con el predominio de lo pragmático sobre lo lingüístico, será la función del texto meta con relación a su receptor la que determinará tanto su contenido como su léxico y sintaxis y, por extensión, sus posibles elementos gráficos. Esos tres planos en orden ascendente, es decir, el del contenido, el de las convenciones léxicas y sintácticas y el de la expresión gráfica son los tres a que se refiere Göpferich (1995: 176) a la hora de establecer estrategias relacionadas con la traducción a género constante y diferenciadas en cada caso según los elementos de cada plano resulten o no culturalmente específicos.

De esa doble combinación se deducen un total de seis estrategias traductivas posibles, referidas respectivamente a cada uno de los tres planos mencionados, así como a su carácter universal o culturalmente específico. En este sentido y del mismo modo que opté por la modalidad de traducción a género constante en atención a su relevancia con relación al FCIE, dejaré sin considerar ahora las estrategias traductivas vinculadas a elementos gráficos o visuales (universales o culturalmente específicos) por su escasa significación de cara a la traducción del FCIE. En efecto, la transferencia de elementos gráficos o visuales de carácter universal, tales como títulos en cursiva o negrita, no habrá de suponer problema de traducción alguno. Por otra parte, la presencia en el FCIE de elementos gráficos o visuales de carácter culturalmente específico puede considerarse nula,