1.1.2 ‘Traductología’ versus ‘traducción’
RANGO NIVEL FUNCIONAL NIVEL TEMÁTICO NIVEL ESTRUCTURAL Subtexto
3 Análisis extratextual del FCIE
3.1 Los criterios escogidos
3.1.1 La función comunicativa
3.1.1.2 La tipología textual de Rolf (1993)
Rolf recurre a la taxonomía de Searle (1976) para establecer una tipología textual aplicable a todos los géneros pragmáticos, a los que clasifica en los mismos cinco grupos que distingue el propio Searle (ibid. 10-14), es decir, asertivos, directivos, comisivos, expresivos y declarativos (Rolf 1993: 79). Al hacerlo, Rolf parte de la base de que los actos de habla constituyen categorías apropiadas para clasificar géneros textuales merced a su componente ilocutivo. En ello coincide, entre otros, con Gülich y Raible, quienes equiparan actos de habla con funciones
comunicativas (1975: 5), o con Brinker, cuya propia tipología textual (1983, 1985) se inspira también en la clasificación de Searle.
Ai ligual que Searle (1976: 10), Rolf recurre a la ilocución como primer criterio clasificatorio (1993: 171). Sin embargo, a diferencia de Searle, Rolf la hace extensiva al nivel macrotextual y la define desde una perspectiva que da cuenta tanto del objetivo extralingüístico pretendido como del propio papel del receptor. a) Por lo que se refiere al nivel macrotextual, Rolf entiende que el texto global, en
cuanto que instrumento comunicativo, representa una jerarquía de ilocuciones, de acuerdo con las tres siguientes premisas (1993: 39-40):
1. Todo texto concreto se compone por lo menos de una ilocución que puede considerarse portadora de la función textual.
2. En el caso de que un texto conste de varias ilocuciones –y así sucede por principio-, éstas mantendrán entre sí una relación jerárquica: la existente entre una ilocución principal y una o más ilocuciones subsidiarias.
3. En ese caso, la ilocución principal resulta equiparable a la función del texto global y sirve para clasificarlo como ejemplar de un género dado (de forma complementaria al recurso a su propia denominación textual15, ibid. 313). b) En cuanto al concepto de ilocución de Searle, los cinco tipos de funciones o
macroilocuciones que establece Rolf coinciden, por una parte, con los cinco tipos de intenciones ilocutivas que distinguen Searle y Vanderverken (1985: 53-54) basándose en el modo en que el contenido proposicional se orienta a la
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En este sentido Rolf señala que, en cuanto que expresión de la función textual, la denominación del género desempeña en el ámbito de los textos el mismo papel que corresponde a las fórmulas explícitamente performativas en el ámbito de los actos de habla (1993: 146).
realidad extralingüística, esto es, en la orientación ilocutiva16 del acto en cuestión. Sin embargo, en opinión de Rolf (1993: 73), Searle y Vanderverken no definen con la suficiente concreción el objetivo al que responde todo acto de habla (1985: 37-38) y que constituye un componente esencial de la ilocución. Por ello, Rolf propone una definición propia de ese objetivo vinculada al papel del receptor y referida a cada uno de los tipos de actos de habla distinguidos por Searle (Rolf 1993: 312-313).
1. En el caso de los actos asertivos ese objetivo consiste en influir en la representación cognitiva que de la realidad externa se supone tiene el receptor.
2. Los actos directivos responden al deseo por parte del emisor de que el receptor lleve a cabo una acción determinada.
3. Por lo que se refiere a los actos comisivos tienen por objeto orientar las expectativas del receptor con relación a una acción futura por parte del emisor.
4. Los actos expresivos han de contribuir a influir, regulándolo, en el posible estado emocional del receptor.
5. Los actos declarativos sirven al propósito de generar, mantener, transformar o suprimir una realidad institucional (tácita).
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Searle y Vandeverken se refieren en los siguientes términos a las cuatro orientaciones ilocutivas distinguidas por el primero (1976: ´10 y ss.) y ya mencionadas (cf. 1.3.2.1.1.1). Vinculadas respectivamente, como allí se dijo, a los actos asertivos, directivos y comisivos, expresivos y declarativos, esas orientaciones son las cuatro siguientes: 1. The word-to-world direction of fit. In achieving success of fit the propositional content of the illocution fits an independently state of affairs in the world. 2.The world-to-word direction of fit.In achieving success of fit the world is altered to fit the propositional content of the illocution. 3. The double direction of fit. In achieving success of fit the world is altered to fit the propositional content by representing the world as being so altered. The null or empty direction of fit. There is no question of achieving success of fit between the propositional content and the world, because in general success of fit is presupposed by the utterance” (Searle y Vanderverken 1985: 53).
Como expresión de la función comunicativa, estos objetivos constituyen el primer criterio jerárquico en que se fundamenta la tipología textual de Rolf. Sin embargo, sus cinco grupos de textos se ven subdivididos a niveles inferiores con arreglo a dos criterios de menor rango que Rolf adopta igualmente de Searle (1976: 10): el modo en que han de alcanzarse dichos objetivos y, en su caso, las condiciones preparatorias necesarias.
El resultado de esta subclasificación es el que expondré a continuación, centrándome exclusivamente en el grupo de textos que resultará más relevante de cara a la posterior caracterización del FCIE, es decir, el de los textos directivos
3.1.1.2.1 Los textos directivos
Responden a la intención de que el destinatario lleve a cabo una acción futura que éste no sólo debe, sino también puede querer llevar a cabo por sí mismo y se dividen, al igual que los propios actos de habla directivos (Hindelang: 1978: 121), en obligativos y no obligativos (Rolf 1993: 223),
1) Los textos obligativos se refieren a acciones que el receptor tiene que llevar a cabo necesariamente so pena de sanción y pueden subdivirse en dos grupos según su carácter directivo se deba a una mayor autoridad, legalmente sancionada, por parte del emisor o a una obligación que compromete al receptor (ibid. 224).
a) Dentro del grupo de textos cuyo carácter directivo se basa en la mayor autoridad del emisor tienen cabida géneros (como por ejemplo, condiciones generales, reglamentaciones o folletos de instrucciones) que establecen cómo ha de realizarse una determinada acción o actividad. El
carácter directivo de estos géneros resulta aplicable sólo en el caso de que el propio receptor decida llevar a cabo dicha acción o actividad y se da, por tanto, de forma condicional (ibid. 232). Esta circunstancia puede hacer que se les considere textos expositivos, habida cuenta de que en ellos se proporcionan informaciones al receptor sobre qué ha de hacer o dejar de hacer. Sin embargo, no lo serán si por textos informativos entendemos, con Rolf (ibid. 233), los que pretenden influir cognitivamente sobre el receptor sin implicar ningún otro tipo de acción práctica posterior. Rolf justifica además el carácter directivo de esos géneros basándose en tres razones complementarias (ibid. 235-236):
1. Dichos textos regulan el desarrollo de actividades (como por ejemplo el transcurso de las clases o la correcta utilización de un aparato) que aparecen vinculadas a prescripciones y resultan, por ello, directivos. 2. El hecho de que en ellos el receptor no se vea obligado a realizar de
forma inmediata una acción concreta no significa que esa acción deje de tener un carácter condicionalmente directivo.
3. Del mismo modo, el hecho de que el emisor no espere que el receptor lleve a cabo de forma inmediata la acción que le propone no implica que no tenga interés en que dicho receptor actúe de una manera determinada. En el caso de las instrucciones de uso, al haber establecido previamente cómo ha de utilizarse correctamente el aparato en cuestión, el emisor podrá, por ejemplo, desestimar
reclamaciones por un uso inapropiado del mismo por parte del receptor, quien, por otra parte, también preferirá no realizarlas.
En ese sentido la función instructiva que suele adscribirse a instrucciones de uso y géneros similares (cf. Möhn y Pelka 1984: 6) no es, según Rolf17 (1993: 236), sino un ejemplo de función condicionalmente directiva.
b) Frente a los textos del grupo anterior, los referidos a una obligación que compromete al receptor se caracterizan porque son directivos de forma incondicional, es decir, lo obligan, aunque no quiera, a realizar una acción vinculada a la necesidad imperativa de proceder de una determinada forma (orden de detención) o de satisfacer un pago (factura) (ibid. 239). 2) Por oposición a los géneros directivos obligativos, los no obligativos (por
ejemplo, una invitación) se refieren a acciones que, como su nombre indica, no obligan al receptor, puesto que el emisor carece de la fuerza legal necesaria para imponerlas. Estos textos pueden dividirse de nuevo, como los actos de habla directivos (cf. Hindelang 1978: 132), en tres grupos según la acción que se ha de llevar a término responda a un interés específico por parte del emisor (por ejemplo, una solicitud), por parte del receptor (por ejemplo, una carta de recomendación) o por parte de ambos a la vez (por ejemplo, una oferta de trabajo) (Rolf 1993: 246-258).