• No se han encontrado resultados

CAPÍTULO 1. ANTECEDENTES

1.2 Revisión de la literatura

1.2.1 Sociedad del conocimiento e incorporación de las TIC a la educación

1.2.1.1 Formación de capital humano en la sociedad del conocimiento

Adam Smith analizó la importancia de las habilidades personales, como factor determinante de la riqueza del individuo y de las naciones. En su trabajo An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations (1904), sentó las bases de lo que posteriormente, en la década de los sesenta del siglo veinte, sería conceptualizado como la Teoría del capital humano, por autores como Schultz (1960, 1961 y 1962), Becker (1962, 1964 y 1990) y Denison (1962, 1964) quienes desarrollaron estudios que profundizaron sobre la relación existente entre la educación, la productividad y la riqueza; con temas como a) la formación de capital a través de la educación; b) la trascendencia de la inversión en el hombre como capital humano; y c) la medición de la contribución de la educación como factor residual para el crecimiento económico. No se debe perder de vista el contexto político mundial de este periodo histórico, que en plena guerra fría, buscaba legitimar al capitalismo, como un sistema económico ideal para el crecimiento y el desarrollo social, frente al comunismo soviético.

Giménez (2005) asevera que la educación de los individuos ya había sido objeto de interés por parte de numerosas disciplinas como la ciencia política, la sociología y la economía, esto debido a su gran influencia e impacto en el funcionamiento general de las sociedades. Sin embargo, y aún en el citado contexto de legitimación capitalista de la época, el vincular el concepto de capital al del sujeto, provocó fuertes críticas.

El hecho de asociar el concepto de capital a los seres humanos creó una gran polémica entre los economistas de la época, pero pese a las críticas surgidas inicialmente, el capital humano pronto se perfiló como uno de los conceptos económicos más importantes de la segunda mitad del siglo XX (p. 104).

El concepto de capital humano irrumpió en la literatura económica y a partir de este momento se generaron estudios e investigaciones que buscaron profundizar en la relación que se da entre la formación del sujeto y el crecimiento económico. A continuación, se presenta una cronología de las diferentes etapas históricas de esta teoría (Ver figura 2), de sus autores representativos y de sus diversas conceptualizaciones.

Figura 2. Cronología de la Teoría del Capital Humano.

A pesar de ser ampliamente difundida y reconocida, la Teoría del capital humano continúa recibiendo fuertes críticas y en numerosas ocasiones, ha sido definida como un intento infructuoso de la oligarquía financiera para justificar la vinculación existente entre el

sujeto, el proceso productivo y la rentabilidad económica. A manera de ejemplo, en La educación desde la Teoría del Capital Humano y el Otro, Garrido (2007), presenta un análisis crítico sobre la visión de la educación en el proceso productivo capitalista, desde la Teoría del capital humano.

Comenta:

…se observa la existencia de cierta unilateralidad en la argumentación del capital humano. Consistente en el énfasis que se observa al vínculo entre la educación, la productividad y la elevada consideración al beneficio monetario como finalidad, y no como medio para un desarrollo social. En esta circunstancia, es necesario un análisis cuidadoso de la Teoría del capital humano para evitar tratar al individuo como mera herramienta del crecimiento económico, no olvidando la consideración clásica de la educación que aboga por el desarrollo armónico de las capacidades individuales para la resolución de las necesidades sociales (p. 74).

Aún más, Garrido declara que organismos como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el Banco mundial y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, ONU), consideran el concepto de capital humano desde una perspectiva puramente económica, dónde el sujeto existe, cosificado, como un activo del capital en el proceso productivo de la economía. Así, conceptos como funcionalidad técnica de la educación, sociedad del conocimiento y tasa de retorno, sirven como instrumentos de medida, para intentar justificar la relación costo-beneficio que se da al momento de invertir en la educación de un profesional. Desde esta mirada, se contempla la educación como una estrategia direccionada a incrementar los índices de producción económica, lo cual es a todas luces, es una versión reducida y sesgada que no reconoce ni la esencia, ni la finalidad del acto educativo.

Por otra parte, Sen (2004), argumenta que el concepto de capital humano es limitado, al estudiar las cualidades humanas únicamente en su relación con el crecimiento económico. Desde su perspectiva, el capital humano es sólo una parte importante de la cuestión y debe ser ampliado al concepto capacidad humana, que lo incluye, pero sólo como una de sus diversas dimensiones. Este segundo concepto considera la expansión de la capacidades humanas como elementos indispensables para llevar una vida más libre, más

digna y sobre todo valedera para los intereses del sujeto.

El uso del concepto de capital humano, que presta atención a una sola parte del cuadro (una parte importante relacionada con la ampliación de la cantidad de recursos) es ciertamente un paso adelante, pero debe ser complementado, debido a que los seres humanos no son meros instrumentos de producción (aunque su capacidad como tales sea sobresaliente) sino también el fin de su aplicación (p. 3).

Por supuesto, utilizar la Teoría del capital humano desde una visión netamente económica conlleva el riesgo de: a) concebir la educación del sujeto como un objeto al servicio de la productividad económica; b) considerar que las instituciones de educación superior son un instrumento al servicio de los sectores productivos cuyo propósito principal es la formación de recursos humanos c) que los grupos del poder económico incidan en el currículo para favorecer la generación de mano de obra calificada para la industria y el sector económico.

Sin embargo, es necesario considerar que si bien la misión de la universidad debe incluir forzosamente aspectos sociales mucho más amplios que la mera formación de mano de obra calificada, no por ello pierde su responsabilidad como factor trascendental para la construcción, desarrollo, gestión y aplicación del conocimiento y la innovación, generados por su propia comunidad académica. Así, al hablar de capital humano y del rol de la universidades en su desarrollo, algunos autores como Inés (2011), establecen una postura un poco más conciliadora:

Las nuevas teorías sobre crecimiento económico coinciden en que el ritmo de crecimiento de la economía no está determinado solamente por variables como la población y la tecnología sino también por otras como el capital humano, el conocimiento y la innovación (p. 2).

Esta perspectiva es coincidente con Rodríguez-Ponce y Palma-Quiroz (2010), quienes declaran que la universidad tiene una gran responsabilidad social como espacio ideal para la gestión de estos procesos de vinculación del conocimiento con el entorno:

…las instituciones de educación superior deben constituirse en una fuente esencial de las oportunidades de formación continua y de movilidad social… la creación de conocimiento avanzado es un imperativo estratégico inherente a las

instituciones universitarias en la sociedad y economía del conocimiento (p. 11). Además Inés (2011) menciona que para que la universidad contribuya al crecimiento económico “es necesario abordar cuestiones de calidad y de oferta educativa, de articulación con el mercado laboral y productivo regional, así como también cuestiones relacionadas con las características propias de los territorios”, logrando una mayor relación con el sector productivo, generando valores y capacidades, además de fortalecer el capital social de un territorio para favorecer el desarrollo emergente.

Desde esta perspectiva, es la universidad, al contar con los espacios formativos necesarios para acceder a múltiples grupos sociales, la responsable de generar condiciones para el educación de sujetos que cuenten con aquellas capacidades humanas que les permitan, entre otras cosas, incidir en el desarrollo social y económico de su entorno.

Bajo este enfoque los programas educativos, en sus niveles de licenciatura, maestría y doctorado, la educación continua, la extensión universitaria y la capacitación laboral, entre otros, se constituyen en espacios curriculares idóneos para el desarrollo de capacidades humanas clave, competencias digitales incluidas, en las comunidades universitarias. Por ello, debe considerarse la formación y participación activa de profesionales de la educación y de pedagogos que cuenten con los recursos teóricos y metodológicos necesarios para impulsar el desarrollo curricular institucional, sin perder de vista, ni la misión tradicional de la universidad, ni los requerimientos que le demanda el contexto actual.

Es necesario entonces, construir un entorno universitario equilibrado que propicie procesos de formación orientados a dos metas: el desarrollo de un sujeto pleno en todas sus capacidades humanas y a la vez un sujeto capacitado que contribuya desde el enfoque del capital humano, al desarrollo social y económico de su entorno, ya que:

Mientras que los graduados de educación terciaria juegan un importante papel en la innovación y en el desarrollo sostenible de la sociedad, el tiempo que requiere una sociedad para crear un stock de individuos altamente educados puede ser relativamente largo (UNESCO, 2009, p. 26).

Para ello, resultará útil conocer los cambios experimentados en los sistemas educativos que han marcado tendencias a nivel internacional e influyen de manera directa o indirecta en la toma de decisiones curriculares universitarias.