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CAPÍTULO 1. ANTECEDENTES

1.2 Revisión de la literatura

1.2.2 Competencias digitales en la sociedad del conocimiento

1.2.2.1 Investigaciones y estudios previos de competencias digitales

La competencia digital es materia de análisis para organismos oficiales, investigadores, educadores y expertos de diversas latitudes, ha sido descrita desde diferentes ámbitos y perspectivas y se ha constituido en objeto de estudio de numerosas investigaciones que buscan determinar, entre otras cosas, las mejores estrategias para su desarrollo. Sin embargo, para establecer condiciones apropiadas que permitan una adecuada comprensión de las competencias digitales en el contexto actual, es necesario, en principio, reconocer aquellos constructos, fenómenos y problemáticas, surgidos como resultado de las nuevas relaciones que vincularon al hombre y a la tecnología, al inicio de este segundo milenio, la brecha digital se sitúa entre ellos.

La brecha digital es un término utilizado por autores como Brunner (1999), Cabero (2000), Castells (2001), Giddens (2001) y Negroponte (1995) que define la ausencia de acceso a la información en el contexto de la Red. Desde una perspectiva más amplia, podría entenderse como:

la distancia tecnológica que media entre individuos, familias, empresas, grupos de interés, países y áreas geográficas en sus oportunidades en el acceso a la información y a las tecnologías de la comunicación y en el uso de Internet para un amplio rango de actividades. (ALADI, 2003, p. 5).

Dicho concepto, surge en el contexto socioeconómico y cultural de finales del siglo pasado, como una explicación teórica a las enormes diferencias de disponibilidad, uso y apropiación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), entre los diferentes países del orbe y aún por parte de los diferentes grupos sociales existentes en cada uno de ellos. Lo anterior, debido a que a pesar de los esfuerzos conjuntos de las naciones para incluir las TIC en sus diferentes procesos sociales, no podía asegurarse la completa accesibilidad y uso eficaz, y eficiente, de la tecnología y sus recursos digitales por parte de la población. De esta manera, surge el concepto denominado por la UNESCO como Brecha Cognitiva, la cual existe entre quienes tienen “habilidades y destrezas dentro de los circuitos de producción y transferencia de los nuevos conocimientos (digitales) y los que no” (Didriksson, 2007, p. 58). Así, dado que en la sociedad del conocimiento casi toda información está disponible en formato digital, aquellos sin habilidades necesarias para acceder a ella son excluidos. En la brecha digital se distinguen cuatro niveles: a) acceso; b)

uso; c) apropiación y d) producción.

Reconociendo esta problemática, en 2004, el Parlamento Europeo destacó la importancia de fortalecer las habilidades de uso y optimización de los recursos digitales, e incluyó a la Competencia digital, como competencia clave para abatir la brecha digital, generar el aprendizaje permanente y promover la competitividad e innovación en la Comunidad Económica Europea. Así, la competencia digital fue considerada desde entonces, una herramienta fundamental que favorece el aprendizaje para toda la vida, más allá del ámbito universitario y el contexto académico. En nuestro país, la importancia de la adquisición de dicha competencia fue considerada, con el establecimiento de los estándares de uso de las TIC (UNESCO, 2004; 2008) que deberían generarse como parte de la formación del estudiante mexicano (SEP, 2008).

De esta manera, la Comisión de Enmiendas del Parlamento Europeo definió competencia digital como “uso seguro y crítico de las Tecnologías de la Sociedad de la Información (TSI) para el trabajo, el ocio y la comunicación”(Parlamento Europeo, 2006, p. 15). Dicha competencia, se sustentaba a su vez en competencias básicas en materia de tecnología que permitían la “gestión de información involucrando procesos de búsqueda, evaluación, obtención, almacenamiento, producción, presentación e intercambio de datos, incluyendo procesos de comunicación e interacción en redes de colaboración como internet” (p. 15).

Desde esta perspectiva, la competencia digital involucraba el conocimiento y uso de aplicaciones informáticas tales como: hojas de cálculo, procesadores de textos, herramientas de comunicación por medios digitales (correo electrónico, mensajería instantánea, foros en línea) y herramientas de red para la colaboración y el aprendizaje académico (plataformas virtuales, bases de datos digitales, foros académicos). Ampliando esta definición, el uso crítico de tales tecnologías significaba contemplar las TSI, como herramientas para la generación del conocimiento en el contexto profesional, verificando la fiabilidad y pertinencia de la información disponible; el uso seguro: comprender la importancia de su utilización respetando los límites éticos del uso interactivo de dichas herramientas, en la comunicación con otros individuos; y el uso creativo, estimular la innovación de procesos a través de dicha información, favoreciendo el pensamiento crítico y potenciando el uso de los recursos digitales disponibles.

Asimismo, el Parlamento Europeo distinguía a la competencia tecnológica como capacidad esencial de la competencia digital definiéndola de la siguiente manera: “Capacidad de utilizar de manera crítica, eficaz y eficiente, aplicaciones informáticas, herramientas de comunicación digital y herramientas colaborativas en red, para la resolución de tareas y problemas determinados” (Parlamento Europeo, 2004, p. 2). También, distinguía otra competencia complementaria, la llamada Competencia comunicativa en entorno digital,definida como: “Capacidad de comunicarse a través de un entorno digital respetando los límites éticos en el uso de la información obtenida y la interactividad con otros usuarios” (Parlamento Europeo, 2006, p. 17).

Como se puede notar, la competencia digital se entendió principalmente en este primer momento, como la habilidad para desempeñarse de manera óptima en el mundo de la informática, de las computadoras, y de otras tecnologías, tanto en su dimensión de hardware como de software. Es decir, la capacidad de interactuar libremente con la tecnología. Esto explica por qué numerosas instituciones de educación superior facilitaron cursos de alfabetización digital que tenían por objetivo, desarrollar esta competencia desde un enfoque técnico. Su público meta estaba compuesto principalmente por adultos que debieron trascender su formación analógica para adaptarse a un contexto que evolucionaba hacia los entornos digitales. Es por ello que en primer término, la orientación formativa se enfocó en el reconocimiento de la tecnología y sus diversas herramientas de comunicación (Ver la figura 3).

Posteriormente, gracias al desarrollo tecnológico y la accesibilidad de sus recursos, cada vez más intuitivos y eficaces, así como a la llegada de nuevos públicos, más familiarizados con la tecnología, esta orientación de capacitación tecnológica fue redefinida y comenzó a considerar seriamente otras dimensiones, entre ellas, la informacional.

Autores como Romero (2007), Del Moral, Villalustre y Bermúdez (2004) y Guitert, Guerrero, Ornellas, Romeu, y Romero (2008), en sus estudios sobre bibliotecas virtuales y alfabetización en entornos virtuales de aprendizaje, estudiaron la competencia digital desde el ámbito informacional; definiéndola como la capacidad que permite distinguir cómo está organizado el conocimiento formal, cómo encontrar información pertinente y cómo usarlo.

Figura 3. Cuadro de operacionalización. Competencia digital en el Marco Europeo. Fuente: Elaborado a partir de datos obtenidos en Recomendación del Parlamento Europeo (2004).

Además, mencionan la necesidad de hacer uso eficaz y eficiente de las herramientas informáticas para el acceso y manejo de datos, adquirir las capacidades necesarias para buscar, obtener y tratar la información; evaluar su pertinencia y utilizarla de manera crítica y sistemática; además de comprender, presentar y producir información de carácter complejo. Posteriormente, UNESCO (2008), en su prefacio de los Estándares de Competencias en TIC para Docentes, ya profundizaba sobre la necesidad de considerar otros elementos en la competencia digital:

Para vivir, aprender y trabajar con éxito en una sociedad cada vez más compleja, rica en información y basada en el conocimiento, los estudiantes y los docentes deben utilizar la tecnología digital con eficacia. En un contexto educativo sólido, las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) pueden ayudar a los

Competencia Digital

Conocimientos

Comprensión sobre la naturaleza, función y oportunidades de las TSI en situaciones cotidianas de la vida privada, social y profesional.

Conocimiento de las principales aplicaciones informáticas: sistemas de tratamiento de textos, hojas de cálculo, bases de datos, almacenamiento y gestión de la información.

Comprensión de las oportunidades y los riesgos que ofrece Internet y la comunicación por medios electrónicos para la vida profesional, el ocio, la puesta en común de información y las redes de colaboración, el aprendizaje y la investigación.

Comprensión de las posibilidades que las TSI ofrecen como herramienta de apoyo a la creatividad y la innovación.

Comprensión de la validez y la fiabilidad de la información disponible.

Comprensión de los principios legales y éticos por los que debe regirse el uso interactivo de las TSI.

Habilidades Buscar, obtener y tratar información. Utilizar la información de manera crítica y sistemática, pero reconociendo al mismo tiempo los vínculos.

Evaluar la pertinencia de la información diferenciando entre información real y virtual.

Utilizar herramientas para producir, presentar y comprender información compleja.

Acceder a servicios basados en Internet, buscarlos y utilizarlos.

Utilizar las TSI en apoyo del pensamiento crítico, la creatividad y la innovación.

Actitudes

Actitud crítica y reflexiva con respecto a la información disponible.

Uso responsable de los medios interactivos.

Interés por participar en comunidades y redes con fines culturales, sociales o profesionales.

estudiantes a adquirir las capacidades necesarias para llegar a ser: competentes para utilizar tecnologías de la información; buscadores, analizadores y evaluadores de información; solucionadores de problemas y tomadores de decisiones; usuarios creativos y eficaces de herramientas de productividad; comunicadores, colaboradores, publicadores y productores; y ciudadanos informados, responsables y capaces de contribuir a la sociedad (p. 2).

En un segundo momento, se amplía el concepto de competencia digital y comienza a ser entendida como una competencia compleja que requiere de nuevos elementos para su consideración y estudio. La siguiente definición, (Ver figura 4), tomada de la wiki, La

competencia digital: una propuesta, creada por académicos interesados en desarrollar actividades innovadoras para el desarrollo de la competencia digital en el nivel de educación básica, dice:

La competencia digital es la combinación de conocimientos, habilidades y capacidades, en conjunción con valores y actitudes, para alcanzar objetivos con eficacia y eficiencia en contextos y con herramientas digitales. Esta competencia se expresa en el dominio estratégico de cinco grandes capacidades asociadas respectivamente a las diferentes dimensiones de la competencia digital. Acreditar un dominio en los cinco ámbitos que se proponen a continuación significa ser un competente digital, dominio al que deben aspirar todos los alumnos y promover todos los docentes. (Peña-López, 2009).

A partir de esta propuesta, las dimensiones consideradas en la competencia digital fueron: a) tecnológica: abarca la alfabetización tecnológica y el conocimiento y dominio de los entornos digitales; b) informacional: abarca la obtención, evaluación y el tratamiento de la información en entornos digitales; c) comunicativa: abarca la comunicación interpersonal y social en los entornos virtuales, y los lenguajes múltiples de la web 2.0; d) habilidad cognitiva: abarca la transformación de la información en conocimiento y su adquisición, y d) cultura digital: abarca las prácticas sociales y culturales de la sociedad del conocimiento y la ciudadanía digital.

Figura 4. Diagrama de Competencia Digital. Fuente: Elaborado a partir de información obtenida de la Wiki en línea: La Competencia Digital: una propuesta.

Competencia   digital   Ámbito  del   aprendizaje   Abarca  la   transformación  de   la  información  en   conocimiento  y  su  

adquisición  

Ámbito  de  la   información  

Abarca  la  obtención,   evaluación  y   tratamiento  de  la   información  en   entornos  digitales  

Ámbito  de  la   comunicación  

Abarca  la   comunicación   interpersonal  y  la  

social  

Ámbito  de  la   cultura  

Abarca  las  prácticas   sociales  y  culturales   de  la  sociedad  del   conocimiento  y  de   la  ciudadanía  

Ámbito  de  la   tecnología  

Abarca  la   alfabetización   tecnológica  y  el   dominio  de  los   entornos  digitales   Competencia   Mediacional     Capacidad  de   aprender  a   generar   conocimientos,   productos  y   procesos  

Habilidades  y  actitudes  

•Producir  conocimiento  con   herramientas  digitales   •Resolver  problemas  en  entornos  

digitales  

•Trabajar  en  entornos  virtuales  de   enseñanza-­‐aprendizaje   •Hacer  uso  de  las  TIC  como  

instrumento  del  pensamiento   reflexivo  y  crítico  

Competencia   Mediacional     Capacidad  de   obtener,   evaluar  y   organizar   información  

Habilidades  y  actitudes  

• Usar  sistemas  informáticos   y  acceder  a  recursos  en   internet  

• Utilizar  diferentes  fuentes   y  motores  de  búsqueda   según  el  formato  y  tipo  de   información  

• Guardar  y  recuperar   archivos  digitales Competencia   Mediacional     Capacidad  de   comunicarse,   relacionarse  y   colaborar  en   entornos   digitales  

Habilidades  y  actitudes  

• Comunicarse  mediante   dispositivos  digitales   • Emplear  herramientas  de  

elaboración  colectiva  de   conocimiento  

• Participar  proactivamente   en  entornos  virtuales  de   aprendizaje  

• Colaborar  y  construir  el   aprendizaje  mutuo  con   herramientas  digitales   Competencia   Mediacional     Actuar  de   forma   responsable,   segura  y  cívica  

Habilidades  y  actitudes  

• Gestionar  la  privacidad  y   seguridad  de  datos   personales  en  internet   • Actuar  de  forma  cívica  

respecto  a  los  derechos  de   propiedad  de  software  y   contenido  digital   • Reflexionar  sobre  la  

dimensión  social  y  cultural   de  la  sociedad  del   conocimiento Competencia   Mediacional     Utilizar  y   gestionar   dispositivos  y   entornos  de   trabajo   digitales  

• Comprender,  utilizar  y  cuidar   con  eficiencia  los  dispositivos   y  sistemas  propios  de  las  TIC   • Utilizar  las  funciones  de  

navegación  locales  y  en  red   • Determinar  y  configurar  el  

software  en  el  entorno  de   trabajo  

• Instalar,  actualizar  y   desinstalar  software.

Asimismo, contempló como capacidades relativas a entornos y medios digitales: aprender y generar conocimientos, productos o procesos; obtener, evaluar y organizar información en formatos digitales; comunicarse, relacionarse y colaborar en entornos digitales; actuar de forma responsable, segura y cívica; y utilizar, y gestionar, dispositivos y entornos de trabajo digitales. Como se puede notar, esta visión estableció nuevas dimensiones que permitieron distinguir otras capacidades a desarrollar en el sujeto, más allá de las habilidades instrumentales, comunicativas e informacionales.

Cabe decir que el reconocimiento de otras dimensiones de la competencia digital no debe restar importancia a la dimensión tecnológica, ni que se debe obviar el desarrollo de las habilidades instrumentales. Por el contrario, dichas habilidades deben seguir siendo consideradas, no como la parte medular de la competencia digital, sino como capacidades que sirven de medio y sientan base para la consolidación de otros ámbitos de la competencia digital y, por ende, de otras competencias profesionales. Se precisa del uso habitual y la actualización constante, en el manejo de los recursos tecnológicos disponibles para resolver problemas reales de modo eficiente. En este sentido, un error común consiste en confundir las habilidades tecnológicas e instrumentales de un sujeto, pertenecientes exclusivamente a su dimensión instrumental, con la competencia digital en pleno, que como podemos observar comprende también otras dimensiones.

Esto lleva a un tercer momento, en el cual diversas investigaciones profundizan en los riesgos de establecer falsos supuestos sobre los perfiles y las habilidades de las nuevas generaciones al momento de interactuar con la tecnología y de nuevos niveles de exclusión generados, no por falta de acceso a los recursos digitales, sino por la ausencia de capacidades de aprendizaje y gestión de conocimiento en entorno digital, lo que influye directamente en el rendimiento académico del sujeto.

Así, de manera crítica, Ferreiro (2009) hablando de tecnofilia, declara que la adicción tecnológica del ciudadano de la segunda década del presente siglo, no representa necesariamente competencia en materia de gestión del conocimiento en el entorno virtual. Un individuo tecnófilo, no es necesariamente un individuo competente, digitalmente hablando, y no basta con utilizar de manera frecuente dispositivos móviles y comunicarse de manera cotidiana, a través de las redes sociales, para considerarse una persona culta en el entorno digital, para ello, sería necesario llevar dicha interacción tecnológica a campos

de desarrollo académico e intelectual que, en algunas ocasiones, son completamente abandonados por los tecnófilos.

Desde esta perspectiva, parece lejana la opinión de autores que de manera optimista en la década pasada, al hablar de la generación NET (nacidos a partir de 1990) opinaban que al poseer éstos una gran base de conocimiento, facilitada por el acceso a la información, a través de internet y de los recursos electrónicos, estarían en condiciones de ser sujetos académica e intelectualmente independientes, debido principalmente a sus habilidades digitales de alto nivel (Tapscott, 1988).

A manera de ejemplo, Dorman (2000) consideraba que la conectividad y la ventaja de comunicarse a través de los medios digitales con muchas personas expondría a los usuarios a una amplitud de ideas y diferencias culturales que les permitiría construir una mirada socialmente inclusiva (en retrospectiva un comentario cuasi profético, ya que en el año 2000 nadie podría prever la manera en que las redes sociales, surgidas en 2004 aproximadamente, cambiarían nuestros hábitos de interacción social y la manera de comunicarnos). Aún más, Skiba, (2003) y Oblinger y Oblinger (2005) opinaban que esa generación sabría exactamente dónde conseguir lo que necesitase y que contarían con habilidades naturales para la alfabetización digital.

Hoy día es posible decir que sí, la alfabetización digital es la principal fortaleza de dicha generación, sin embargo, no podemos afirmar que saben lo que quieren. Los estudiantes universitarios de la segunda década del siglo XXI, son sujetos que deben resolver problemas de carácter real en la vida cotidiana; no obstante, en su mayoría, han caído en el impulso que supone disponer con suma facilidad de una cantidad incuantificable de información, sin considerar, ni dedicarle, el tiempo necesario para su correcta discriminación, análisis y asimilación. Aún más, consagran la mayor parte del tiempo que están conectados, a interactuar en las redes sociales, sin realizar actividades que les permitan gestionar y construir su propio conocimiento. Autores como Cabra y Marciales (2009), en su trabajo de investigación sobre los factores generadores de fracaso escolar de esta generación comentan:

la investigación fue haciendo evidente de forma progresiva que, si bien los estudiantes de hoy tienen una relación más «intuitiva y espontánea» con las tecnologías digitales en comparación con los adultos, tienden a ser usuarios y

creadores acríticos de información y, la mayoría de las veces, se orientan al consumo cultural poco reflexivo y al entretenimiento pasivo. Adicionalmente, se ha ido revelando que los jóvenes procedentes de grupos vulnerables carecen de oportunidades relevantes para el uso y apropiación de estas tecnologías, lo que los ubica en un lugar de marginación que los excluye tanto de la población de nativos como de la de inmigrantes digitales (p. 123).

Otra problemática compleja fue abordada por Carrera, Vaquero y Balsells (2011) en su estudio sobre competencias digitales y exclusión social, en el cual, se analiza a los adolescentes en riesgo, entre ellos, estudiantes universitarios que tienen un bajo nivel de capacitación en materia digital, lo cual impacta directamente en su futura inclusión laboral. Mencionan:

Disponer de una baja competencia digital puede suponer un hecho que junto con otros, alimente las situaciones de riesgo de exclusión de la infancia y la adolescencia y/o limite su proceso de inclusión. Las desigualdades, problemáticas y obstáculos derivados del uso de las TIC, pueden convertirse para la infancia y la adolescencia en factores de riesgo de exclusión digital y significar un elemento más a tener en cuenta en los procesos de exclusión social de este colectivo, junto con otros de distinta naturaleza (p. 3).

Aún más, dichos autores comentan sobre el riesgo de exclusión social de los grupos vulnerables por la ausencia de la competencia digital que incluye personas, grupos o colectivos, que se encuentran en situación de riesgo por verse privadas, o encontrarse con obstáculos que les dificultan el acceso a las oportunidades y derechos derivados del uso de las TIC. Como también menciona Ortoll (2006), llaman poderosamente la atención grupos que aparentemente, y por su ubicación sociocultural y económica, no deberían estar en condiciones de exclusión, entre ellos la comunidad universitaria.

Finalmente, en un cuarto momento, autores como Cabello, Cuervo, Puerta y Serrano (2013), afirman que la competencia digital y el tratamiento de la información, más allá de las dimensiones citadas anteriormente, consiste en disponer de habilidades para buscar, obtener, procesar, comunicar información, y transformarla en conocimiento a través de habilidades instrumentales básicas. Así, son requeridos:

1. Dominio de lenguajes específicos básicos (textual, numérico, icónico, visual, gráfico y sonoro), sus pautas de decodificación y transferencia, así como de las posibilidades de aplicación del conocimiento de la información en distintas situaciones y contextos;

2. Dominio de recursos expresivos y tecnológicos para comunicar la información y el conocimiento;

3. Comprensión de la naturaleza y el modo de operar de los sistemas tecnológicos y sus efectos en el mundo personal y socio laboral;

4. Estrategias para identificar y resolver los problemas habituales de software y hardware; y

5. Destrezas de razonamiento para transformar la información en conocimientos (organización, relación, análisis, síntesis, inferencia y deducción).

Con todas estas habilidades y destrezas, se observa que la competencia digital permite: