156 La formación de las nociones morales en los niños49
Jean Piaget, comienza a investigar el criterio moral en el niño, a través de los juegos, asimismo señala…”Los juegos de los niños constituyen admirables instituciones socia- les”. (Piaget, 1987: 9) Algunos de ellos, como el juego de las canicas, poseen un siste- ma complejo de reglas, es decir un código y una jurisprudencia, entonces afirmará, si se quiere comprender algo de la moral del niño, hay que analizar estos hechos. Y luego agregará: “Toda moral consiste en un sistema de reglas y la escencia de cualquier mora- lidad hay que buscarla en el respeto que el individuo adquiere hacia estas reglas”. (Pia- get, 1987: 9). Más adelante expresa, que la mayoría de las reglas morales que el niño aprende a respetar, las recibe del adulto, es decir, que éstos, se las dan elaboradas, y, muchas veces, construidas no a medida de las que van necesitando y pensadas para ellos, sino de una vez por todas y a través de la sucesión permanente de las generaciones adultas anteriores.
En lo que se refiere al comportamiento colectivo de los niños comprobamos que a partir de los siete años se da un cambio significativo en las actitudes sociales, por ejemplo en los juegos reglados. Antes, durante la primera infancia, los jugadores de cuatro a seis años intentan imitar los comportamientos de los mayores y observan algunas reglas, cada uno juega a su modo sin ninguna coordinación, manifiestan conductas impulsivas, acompañadas de una creencia inmediata y un egocentrismo intelectual.
Lo fundamental es que el niño después de los seis o siete años, es susceptible a un prin- cipio de reflexión, éste piensa antes de actuar y comienza de este modo a conquistar la difícil conducta de la reflexión, que no es más que una deliberación interior, o sea una discusión llevada a cabo con uno mismo, al igual que podría llevarse a cabo con otros. Se producen nuevas coordinaciones, que van tener importancia tanto para la inteligencia como la afectividad. En relación a la primera, estamos en los inicios de la propia cons- trucción lógica:
”…la lógica –señala Piaget- constituye precisamente un sistema de relaciones que permite la coordinación de diversos puntos de vista entre sí, puntos de vista corres- pondientes tanto a distintos individuos como aquellos que corresponden a percepcio- nes o intuiciones sucesivas de un mismo individuo.” (Piaget, 1974: 58)
Con respecto a la afectividad el propio sistema de coordinaciones sociales e individua- les, genera una moral de cooperación y de autonomía personal diferente a la moral intui- tiva de heteronomìa propia de los más pequeños. En la segunda infancia, emergen nue- vos sentimientos morales y especialmente, una organización de la voluntad, que condu- cen a una mayor integración del yo y a un ajuste más funcional de la vida afectiva. En esta etapa surge también el respeto mutuo, que se diferencia progresivamente del respeto unilateral, conduce a una nueva organización de los valores morales. Su carac- terística esencial, reside en involucrar una relativa autonomía de la conciencia moral de los individuos y, desde aquí se logra discurrir esta moral de cooperación, como una
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157 forma de equilibrio superior a la moral de simple sumisión. El epistemólogo suizo afir- ma:
”…al crecer, el niño escapa progresivamente a su círculo de familia, y, como asimila las reglas del juego a los deberes prescriptos por los adultos, en un principio cuanto más escape al conformismo familiar, más se transformará su conciencia de la regla.” (Piaget, 1987: 86)
Es decir, el suceso primordial, en la evolución de las reglas de juego, es que el niño está cada vez menos dominado por los adultos y las sociedades de los “viejos”. Entonces, señalaría Jean Piaget, que el factor principal de conformismo obligatorio en los peque- ños, no es más que el respeto por la edad, respeto por los mayores, y en un momento dado, la cooperación sucede a la presión y la autonomía al conformismo.
Consideramos fundamental diferenciar dos planos en el pensamiento moral del niño, tenemos al pensamiento moral efectivo, dado por la experiencia moral, que se erige pa- so a paso en la acción, en relación a los hechos, a los conflictos que llevan a juicios de valor que permiten al individuo orientarse en cada caso particular y evaluar los actos de los otros cuando le interesan, ya sean por cercanos o lejanos. Y el pensamiento moral teórico o verbal, cuando el niño se ve impuesto a juzgar los actos de los demás, que no le interesan directamente o a formular principios generales que pertenecen a su propia conducta, independientemente de la acción actual.
En el niño existen dos morales diferentes, las mismas, se deben a procesos formadores que se suceden, explica en su investigación Piaget, cuando describe:
“…el primero de esos procesos es la presión moral del adulto, presión que da por re- sultado la heteronomía, y por consiguiente el esta manera realismo moral. El segundo es la cooperación que provoca la autonomía. Entre estos dos, puede distinguirse una fase de interiorización y de generalización de las reglas y consignas.”
(Piaget, 1987: 164)
Entonces podemos aseverar que las relaciones del niño con sus padres son unas relacio- nes puras de presión, hay un afecto mutuo espontáneo que empuja a los niños, a actos de generosidad e incluso de sacrificio que no están en absoluto prescritas. Luego el niño no obedece solo a las ordenes del adulto, sino a la regla en sí misma, generalizada y aplicada de una manera original. De esta manera el niño llega a la autonomía moral pro- piamente dicha, cuando la conciencia considera necesario un ideal independiente de toda presión exterior, la reciprocidad, con el respeto mutuo es lo bastante fuerte para que el individuo experimente desde dentro la necesidad de tratar a los demás, como el querría ser tratado.
Bibliografía
PIAGET, J. (1974). Seis estudios de psicología. Barcelona: Barral.
158 PIAGET, J. (1979). La formación del símbolo en el niño. México: Fondo de Cultura Económica.
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