2. Marco teórico
2.2. Referentes teóricos
2.2.2. Formar en ciudadanía: un reto para la escuela
“Las competencias ciudadanas son todas aquellas capacidades emocionales, cognitivas y comunicativas, que integradas con conocimientos y disposiciones, hacen posible que las personas puedan actuar de maneras constructivas en la sociedad” (Chaux, Lleras y Velásquez, 2004; Ministerio de Educación de Colombia, 2004; Ruiz-Silva y Chaux, 2005).
Es importante que las competencias ciudadanas sean vistas con una mirada más profunda, respetuosa y reflexiva, que dejen de ser encasilladas como la ruta que únicamente le permiten a la persona poner en práctica un conjunto de reglas o normas de cortesía y de buenos modales. Estas competencias son más que eso, son básicamente un llamado para que cada uno como ser social, sujeto único e irrepetible se apropie y alimente a través de su acción; para afrontar de una manera asertiva y eficaz las diferentes situaciones a las que la vida lo enfrente, como un sujeto activo que debe ejercer responsablemente sus derechos y deberes en una sociedad y reconozca que cada acción que ejecute tienen un impacto en la comunidad que lo rodea.
Teniendo en cuenta lo anterior, dentro de la formación ciudadana propuesta para las instituciones educativas Colombianas, se plantean tres ámbitos que de manera articulada trabajan
Liliana Turriago – Carolina González – 2015 43 en pro de la construcción de una sociedad democrática (Ministerio de Educación Nacional y Ruiz- Silva y Chaux, 2005):
Convivencia y paz, que incluye asuntos referidos a las relaciones interpersonales e intergrupales propias de la vida en sociedad como conflictos, agresión, el cuidado, las acciones pros sociales y la prevención de la violencia.
Participación y responsabilidad democrática, incluye temas como la construcción colectiva de acuerdos, la participación en decisiones colectivas, el análisis crítico de las normas y leyes, las iniciativas para la transformación de contextos sociales.
Pluralidad, identidad y valoración de las diferencias, se refieren a los asuntos propios de las interacciones en una sociedad pluriétnica y multicultural, en la que están en juego muchas identidades y en las que pueden haber problemas graves de prejuicios, estereotipos y discriminación.
Los anteriores ámbitos apuntan al bien común y a las transformaciones sociales y democráticas que tanto se espera de los ciudadanos. Para ponerlos en práctica se desglosan en varios grupos de competencias. Gracias a un grupo de investigadores como Chaux, Lleras & Velazquéz (2004); Ruiz- Silva y Chaux (2005) y al Ministerio de Educación Nacional (2004) estas competencias se han estructurado teóricamente y se han propuesto para ser desarrolladas en Colombia. A continuación se desglosa cada una:
Las competencias cognitivas “son las capacidades para realizar diferentes procesos mentales, capacidades para llevar a cabo procesos que favorecen el ejercicio de la ciudadanía” (Silva y Chaux, 2005). Esta competencia contempla el valor de la empatía, reconocida como la capacidad que nos permite a todos los individuos, ponernos en la situación del otro, en los zapatos del otro y así mirar las situaciones desde otra perspectiva, y por ende actuar de una manera más acertada y humana
Las competencias emocionales entendidas como “las capacidades necesarias para identificar las emociones propias y las de los otros y responder a ellas de forma constructiva”.Es importante tener en cuenta que existen dos tipos de competencias emocionales las de la
Liliana Turriago – Carolina González – 2015 44 identificación y manejo de las propias emociones, y las de identificación y respuesta empática ante las emociones de los demás.
En lo que refiere a las competencias comunicativas, “se puede entender como la capacidad del sujeto de acceder a una realidad simbólica compartida, esto es, de actuar socialmente, de participar en sistemas de interacción y de enfrentar y solucionar problemas interpersonales” Silva y Chaux, 2005, (citado por Chaux 2012). Cabe aclarar que esta competencia agrupa unas específicas y que si bien todas son importantes, al momento de trabajarlas en el contexto educativo se pueden priorizar de acuerdo a los intereses y necesidades de la población escolar.
Dicho lo anterior, la investigación que aquí se presenta, está enfocada especialmente en las siguientes, desde las orientaciones dadas por Chaux (2012).
Asertividad:
Es la capacidad para expresar las necesidades, intereses, posiciones, derechos e ideas propias de maneras claras y enfáticas, pero evitando herir a los demás o hacer daño a las relaciones.
Muchos niños, niñas y adultos creen que frente a una ofensa solo hay dos opciones: “dejarse” o responder agresivamente. La asertividad es una tercera alternativa, por medio de la cual las personas pueden ponerle freno a la ofensa sin recurrir a la agresión.
La asertividad facilita hacer reclamos de manera calmada, aumentando la posibilidad de que estos reclamos sean tenidos en cuenta. Permite también responder de maneras no agresivas frente a las situaciones de injusticia o maltrato que las personas observen a su alrededor, no solo las que sufren directamente. Es decir, la asertividad es una competencia que no sólo facilita la comunicación clara y directa entre las personas, sino que contribuye a que se respeten tanto los derechos propios como los de los demás. En el fondo, refleja ser consciente de que los derechos propios son tan validos como los de los demás. De esta forma, la asertividad permite frenar y evitar que escale la agresión y el maltrato que se observa entre otros. (Lange y Jakubowski, 1980, p. 77. Velázquez, 2005).
Liliana Turriago – Carolina González – 2015 45 A partir de lo anterior, la asertividad es un mecanismo de respuesta adecuado a la hora de mediar en una situación de conflicto. Es común encontrar que los estudiantes no cuentan con mecanismos pertinentes para enfrentar problemáticas que hacen parte de su diario vivir ya sea dentro de su entorno escolar, familiar o personal; por lo tanto la asertividad se muestra como una herramienta óptima para poner en práctica ya que los estudiantes darán a conocer su punto de vista, expresaran sus opiniones y compartirán sus ideas sin necesidad de acudir a la agresión como mecanismo de respuesta.
Escucha Activa:
Está habilidad implica no solo estar atento a comprender lo que los demás están tratando de decir, sino también demostrar a los demás que están siendo escuchados. Esto puede suceder de dos maneras: por un lado, demostrando atención con el lenguaje corporal o evitando interrumpir a los demás mientras hablan; por el otro, hacerles saber a los demás que están siendo escuchados, con estrategias como parafrasear (repetir en las propias palabras lo que entiendo que dice el otro: “entonces los que me estas queriendo decir es que…”), clarificar (hacer preguntas para profundizar y entender mejor lo que el otro está tratando de decir: “Explícame mejor este punto”), reflejar (resaltar las emociones que percibo en el otro. “Se nota que esto te hace sentir…”) o resumir lo que la otra persona está diciendo (sintetizar un relato: “en resumen, lo que estás diciendo es que…”)
En este sentido, la escucha activa no es escuchar en silencio o pasivamente como lo plantea, está competencia es muy importante en la interacción ciudadana, ya que nos permite tomar perspectiva del otro con mayor facilidad y asegurarle a esa persona que lo que está diciendo es valorado por nosotros.
Muchos problemas de convivencia pueden surgir de la poca y limitada capacidad para escucharse mutuamente. Sin escucha, fácilmente se generan interpretaciones sesgadas sobre el otro, lo que puede producir conflictos o hacerlos escalar. En cambio una buena escucha permite evitar mal entendidos, entender la perspectiva del otro, llegar más fácilmente a acuerdos, y que estos acuerdos sean más estables, y, en general, mejorar las relaciones. (Gordon, 1970, p.76).
La escucha activa permite a los estudiantes evitar conflictos, ya que al no hacer uso de ella, les cuesta escucharse mutuamente, no les demuestran a sus pares que están siendo escuchados y por lo tanto no comprenden lo que los demás les desean decir. Esta práctica se
Liliana Turriago – Carolina González – 2015 46 puede constituir en una herramienta de vida que no sólo les servirá para enfrentar sus problemáticas el ámbito escolar sino profesional y personal. La escucha activa va más allá de escuchar al otro, significa comprender de mejor manera lo que nos quieren decir a través de la escucha y por lo tanto demostrar que todas las opiniones son válidas.
Las competencias integradoras, requieren de la capacidad de articular conocimientos y las competencias cognitivas, emocionales y comunicativas. Una de las formas más comunes de ver en acción las competencias integradoras es la toma de decisiones morales, las cuales se caracterizan por tener en cuenta los intereses propios y los de los demás, buscando que las decisiones propias no los afecten negativamente.
La dimensión moral requiere analizar los puntos de vista de todos los integrantes de la situación o conflicto, donde está en juego la capacidad de análisis de las consecuencias que se pueden generar de manera individual y colectiva. Esta competencia encierra la expresión oral “no hagas a nadie lo que no quisieras que otros te hicieran a ti”. De acuerdo con lo anterior, es importante conocer no sólo los valores, sino, a ver las competencias ciudadanas como ocurren en la vida diaria, desde diferentes ángulos y ópticas, donde está en juego lo que creo, lo que pienso, como lo digo, como me benefició o perjudicó con mi actuar al otro.
Las competencias ciudadanas se ponen en juego, en todos en los procesos de interacción social que se presentan en el entorno educativo, no sólo de estudiante a estudiante, también de maestro a estudiantes. Estas deben ser utilizadas para abordar correctamente situaciones como: el abuso de autoridad, existencia de agresión física y verbal entre los factores que intervienen en los ambientes educativos, la falta de respeto por el otro, momentos de distensión e incomodidad entre estudiantes y maestros, amenazas entre compañeros y maestros, la indisciplina como factor que afecta la convivencia y el rendimiento escolar de los niños y niñas.
Además, deben ser aplicadas imprescindiblemente para evitar la pérdida de principios que garanticen el respeto por el otro y la falta de tolerancia, son una herramienta eficaz para apoyar y orientar a quienes no saben resolver conflictos de forma asertiva, direccionan el comportamiento
Liliana Turriago – Carolina González – 2015 47 frente al mal el uso de los medios informáticos, ayudan en la canalización de comportamientos disruptivos ocasionados por pandillas, micro tráfico, entre otros.