2. Marco teórico
2.2. Referentes teóricos
2.2.4. La lectura en voz alta entendida como una práctica social para la ciudadanía
Abordar la lectura como una práctica social, implica pensar las prácticas de lectura como alternativas para el desarrollo de la ciudadanía, donde se emplea el lenguaje al introducir a los estudiantes en las prácticas sociales y culturales, a través de la formación de lectores donde los niños y niñas se construyen y constituyen como sujetos sociales. De acuerdo con los Lineamientos Curriculares del Ministerio de Educación vigentes en el país, para lengua castellana:
En una orientación de corte significativo y semiótico tendríamos que entender el acto de leer como un proceso de interacción entre un sujeto portador de saberes culturales, intereses deseos, gustos,…y un texto como el soporte portador de un significado, de una perspectiva cultural, política, ideológica y estética particulares, y que postula un modelo de lector; elementos inscritos en un contexto: una situación de la comunicación en la que se juegan intereses, intencionalidades, el poder; en la que está presente la ideología y las valoraciones culturales de un grupo social determinado. El acto de leer es concebido como un proceso significativo y semiótico cultural e históricamente situado, complejo, que va más allá de la búsqueda del significado y que en última instancia configura al sujeto lector. (1998)
En consonancia con lo anterior, se puede decir que las prácticas de lectura transforman al estudiante, le brindan senderos por donde caminar, y quizás, una ruta para lograr que se integren ciudadanamente en prácticas y ambientes que socialmente contribuyen al desarrollo de un grupo o comunidad, desde la mirada individual y colectiva.
Liliana Turriago – Carolina González – 2015 50 Para Trelease (2004), la lectura es una habilidad que se desarrolla con la práctica. Lo anterior, indica que la lectura sólo se fortalece si se emplea como lo que es, una práctica social que está inmersa en la cotidianidad de las personas y marca de manera significativa la vida en sociedad; de allí la necesidad de estimular prácticas de lectura en los niños, permitiendo que vivan esa experiencia de la mejor manera.
Si bien, se quiere promover la lectura como una experiencia gratificante, no se puede dejar de lado la importancia que tiene el establecer normas, ya que es indispensable construir condiciones que permitan el éxito de las diferentes intervenciones relacionadas con el ejercicio de la palabra. Por otra parte, las prácticas sociales de lectura están marcadas por las características de lo que se lee, su materialidad, la procedencia e historia de ese texto, y las maneras de leer, que a su vez están determinadas por el grupo social y la cultura particular (Chartier, 1995).
Para participar en las prácticas sociales según Cassany (2009, p 20 y 21): En la propuesta sociocultural, la lectura deja de ser una técnica individual y se considera una práctica social, vinculada a unas instituciones y modelada por unos valores y un orden preestablecidos. Al leer, el aprendiz comprende un significado, adopta un rol, construye una imagen y participa en una determinada organización de la comunidad. Se requiere mucho más que el conocimiento lingüístico de los signos o unos procesos cognitivos.
Así pues, la práctica lectora se vincula todavía más con el entorno social del aprendiz. Se leen y se discuten los textos del ámbito más cercano, para mostrar el interés y la utilidad social de la lectura. Se adopta una actitud decididamente crítica. Se discuten las prácticas letradas establecidas, porque se asume que reflejan relaciones de poder y las jerarquías sociales de la comunidad.
Todo lo anterior, permite tener una mirada del proceso de lectura más allá de la codificación de un texto, permite verla como un proceso de significación que está inmerso en las prácticas sociales que incluyen lo semiótico y cultural, transformando al sujeto lector. A su vez, al generar ambientes para la lectura, se crean espacios propicios para la formación de ciudadanía,
Liliana Turriago – Carolina González – 2015 51 los cuales son necesarios para una interacción acertada entre los aprendices frente a un el contexto o espacio determinado como sujetos sociales.
La lectura en voz alta: camino para la convivencia y el ejercicio de la ciudadanía
Dentro de las modalidades de lectura presentes en los Referentes para la Didáctica del Lenguaje para ciclo uno, se encuentra la lectura en voz alta. Está se puede dar, por parte del docente, de un lector invitado y los mismos estudiantes. Esta modalidad cuenta con muchas ventajas para el trabajo en el aula, en la medida en que permite que el niño ingrese al mundo de los libros. Por medio de ella se introduce al mundo y disfrute de textos escritos. Además, permite la participación de cualquier miembro de la comunidad educativa, al favorecer las competencias ciudadanas como la escucha activa (Pérez & Roa, 2010, p.40).
La lectura en voz alta, es una experiencia que contribuye de manera significativa en la formación como lector y actor social, por cierto Pérez & Roa (2010) afirman que “al leer en voz alta se transmite no solo el contenido lingüístico del texto, la voz de quien lee transmite emoción, asombro y otros sentimientos que el texto genera”. (p. 40).
Ahora bien, para llevar a cabo este tipo de lectura y propiciar un ambiente agradable para que se favorezca la exploración de la voz propia y respeto por la palabra, Pérez & Roa (2010) afirman que requiere elegir el texto que se va leer según los intereses y expectativas de los niños, también se puede conversar y argumentar para elegir el texto que los niños quieren que se lea, disponer de un espacio adecuado, preparar muy bien la lectura, leer previamente el texto y generar espacios para intervenciones, comentarios o de preguntas que hará la docente y estudiantes.
¿Por qué leer en voz alta?
Leer a los estudiantes contribuye a estrechar el vínculo afectivo, ya que es una actividad conjunta y placentera, que afianza los lazos emocionales de una forma divertida y relajada, ayuda
Liliana Turriago – Carolina González – 2015 52 al desarrollo del lenguaje, amplia vocabulario de los oyentes, los orienta a tener otra perspectiva del mundo en el que viven y les permite ver en quien lee a un modelo de ciudadano, capaz de comunicarles lo que otro individuo quiso transmitir en un texto escrito.
De acuerdo con lo anterior, este tipo de lectura ofrece un modelo de lector, que brinda amplios beneficios tal como los plantea Trelease (2004):
Les leemos a los niños por las mismas razones que les hablamos: para tranquilizarlos, para entretenerlos, para crear lazos; para informarles o explicarles algo, para despertar su curiosidad, para inspirarlos. Pero al leerles en voz alta también:
Condicionamos el cerebro del niño para que asocie la lectura con el placer.
Creamos bases de conocimiento. (p. 38).
Cabe mencionar, que la lectura en voz alta, como práctica cotidiana, mejora su capacidad de expresarse, al escuchar estructuras gramaticales y sintácticas variadas, a su vez propicia espacios de ciudadanía, en cuanto al respeto por el otro, a la interacción en grupo, el escuchar para opinar frente a los demás y dar aportes y consejos frente a un lector. Por tanto, los estudiantes bajo las condiciones adecuadas, pronto aprenden que otros de la clase también pueden tener conocimiento y que se puede compartir (Bruner, 2000, p. 70), en este orden de ideas se puede corroborar que la lectura es una práctica social que les permite compartir y expresar lo que piensan ante un grupo o público determinado.
¿Cómo favorece la lectura en voz alta de cuentos, la convivencia y la paz?
En este apartado se retoma el ámbito de convivencia y paz, propuesto en los procesos de formación Ciudadana en Colombia, vale la pena recordar que este corresponde a “asuntos referidos a las relaciones interpersonales e intergrupales propias de la vida en sociedad como conflictos, la agresión, el cuidado, las acciones prosociales (ayudar o cooperar) y la prevención de la violencia” (Ministerio de Educación Nacional 2004; Ruiz, Silva & Chaux, 1999).
Liliana Turriago – Carolina González – 2015 53 Es un ámbito que sin lugar a duda debe tener apertura en la escuela, especialmente en el aula de clase, al considerar que de él surge la oportunidad para propiciar y modelar las conductas socialmente aprobadas, pues en éste caso la labor del docente no se centra en enseñar contenidos curriculares sino que es una “excusa” para formar ciudadanos socialmente activos, con voz propia y eso se da en la medida que los niños exploran su voz desde el ejercicio de la palabra en la participación pública, es el caso de la práctica de la lectura en voz alta.
Al relacionar lo anterior con la práctica de la lectura en voz alta, Marín (2013) considera que leer “es la oportunidad de reconocernos en las experiencias de otros. Es la posibilidad de conocer otras personas, otros lugares, otras maneras de vivir con las que podemos sentirnos identificados” (p.25). Por consiguiente, lo mencionado debe ser generado en el aula de clase, pues allí, se convive con otras personas que muchas veces piensan diferente, tienen otros intereses, con las que se pueden generar conflictos que requieren ser resueltos de la mejor manera.
En este orden de ideas, es importante poner en práctica la lectura de cuentos en voz alta, pues en esta es posible que los lectores y los oyentes reconozcan situaciones que les sean familiares, en las que al verse reflejados puedan identificarse con ellas. Pueden ser situaciones conflictivas en donde el autor incluya la agresividad como alternativa de solución.