(1763-1827)
No c a b e duda de que Fray Servando Teresa de Mier, el andariego y per
seguido mexicano, es un autor realmente vivo en las letras de comienzos del siglo XIX. Autor vivo, aunque la base de su prestigio literario (vale de cir, sus Memorias) se hayan conocido mucho después de su muerte. Exac tamente, en 1876. A las citadas Memorias pueden agregarse los escritos pu blicados en nuestro siglo por J. M. Miquel i Vergés y Hugo Díaz-Thomé, escritos que, sin tener el valor de aquella obra la completan en distintos aspectos.
Resalta en las Memorias de Fray Servando la ostentación del perseguido religioso, el fervor del patriota y un permanente espíritu burlón. Esto últi mo, por encima de las penurias que relata y, creemos, abulta. Estos des bordes conceden un carácter especial al autor y, no dudamos, forman parte de su perfil esencial.
Las Memorias muestran, por un lado, la denodada defensa que Fray Servando hace, por ejemplo, de la idea de que la Virgen de Guadalupe apa reció en México con anterioridad a la Conquista. Idea que, sorprende, sea defendida con tal fervor. Pero no es esta la única nota extraña en Mier, cuya vida (tal como la conocemos por palabras propias y ajenas) ofrece en abundancia reacciones llamativas.
Importa también, de manera especial, su visión de la realidad europea, con abundantes rasgos de humor y certeros toques, casi siempre negativos
visión a la que contrapone, más de una vez, la defensa de lo americano. Es evidente, en Mier, la alternancia de luces y sombras. Por eso siguen siendo válidas las exactas palabras de Alfonso Reyes:
El P. Mier habría sido un estrafalario si las persecuciones no lo hubieran engrandecido y la fe en la Patria no lo hubiera orientado.
A los argentinos Mier nos recuerda en más de una ocasión la figura del P. Castañeda. Es decir, un P. Castañeda recortado sobre un fondo internacional que el fraile rioplatense no tuvo. A veces, también prefigura aspectos de Sarmiento (no muchos). En cambio, no me parece acertada la comparación con Casanova que establecen los editores de los Escritos inéditos.
En algún lugar de sus Memorias habla Mier de “ mi genio festivo, can doroso y abierto. . . ” La declaración vale como un principio de autocon- fesión que reconocemos válido. Si bien, conviene agregar de inmediato, resulta insuficiente para abarcar su personalidad total.
Por supuesto, la dimensión más exacta —y más alta— es la que refleja la prosa de Mier, ya que la prosa es el vehículo adecuado de su pasión y prédica. El verso aparece sólo como un elemento ocasional “ improvisacio nes” las llama el autor, y tiene razón.
Sólo el deseo de incorporar a esta galería el nombre del P. Mier obliga a considerarlo como poeta lírico, pero con la aclaración de que no nos da aquí su mejor nivel. Es este el motivo de su inserción en la presente obra a través de un perfil que, repito, no es el mejor de nuestro autor.
Por último, me parece oportuno señalar que, sin desconocer méritos a la reciente versión novelesca de Reinaldo Arenas, falta todavía una básica y detallada semblanza histórica de Fray Servando, acorde con la abundan cia de materiales y la compleja y esperpéntica fisonomía del fraile mexicano.
BIBLIOGRAFIA
T E X T O S:
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F r a y S e r v a n d o T e r e s a d e M ie r , Escritos inéditos, publicados por J. M.
Miguel i Vergés y Hugo Díaz-Thomé, México, 1944.
EST U D IO S:
A l f o n s o R e y e s, Prólogo a su edición.
J . M . M i q u e l i V e r g é s y H u g o D ía z -T h o m é , Advertencia a su edición.
Luis G. U r b in a , P e d r o H e n r íq u e z U r e ñ a y N ic o lá s R a n g e l, Antolo
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m era p arte, págs. CLXIX-CXCVI; Rangel, Bibliografía e iconografía,
Luis G. U r b in a , La vida literaria en México y la literatura mexicana duran
te la Guerra de la Independencia (reproducción del estudio anterior), México, 1946, págs. 209-403.
R a im u n d o R am os, prólogo a Memorias y autobiografías de escritores mexi
canos (México, 1967, págs. XV-XXI).
G e r m á n A r c in ie g a s , “ Fray Servando” (en América Mágica. Los hombres
SUEÑO POETICO (FRAGMENTO)
a Jovellanos
tendido el negro m anto de la noche, imagen de la vida que yo v iv o ,
a tiem po que descansan b rutos y hom bres, yo sucumbí a mi dolor activo;
tal es el sueño, sí, tal es el sueño de un m ísero m ortal, desfallecido a fuerza de llo ra r males inmensos y de regar con lágrimas sus grillos, en un acceso de su desventura, que el alma, no bastando a resistirlo, se rinde, sin que hórridos fantasmas dejen adorm ecer el dolor mismo.
Así dormía yo, cuando un perfume embalsamó mi olfato peregrino, y la ambrosía misma de los dioses me fingió luego el sueño en su delirio. Un susurro de ahí a poco suave como el céfiro de alas conmovido, cada vez entendiéndose más claro enteramente deportó mi oído.
Revine un poco, y estregué mis ojos, de dolor y tristeza oscurecidos.
Una luz, cual aquélla con que Venus usa anunciar el alba en el estío
me deslumbró, y sorprendido exclamo: ¿Cómo me dormí tanto? Ha amanecido.
Sonrióse entonces la belleza alada que al punto divisé; numen divino, empuña un cetro, lleva una balanza, una diadema sobre el frente, lindo.
Desplegando dos labios más bermejos que rosas de vergel alejandrino,
descubriendo dos órdenes de perlas encadenadas en coral subido,
“—Yo sé que a ti, me dice, en otro tiempo deleitaron de Apolo los sonidos:
toma la lira, ensaya con tus dedos acordar los acentos consabidos” . “—Rota está de una vez la que tocaba,
mis manos yertas han perdido el tino; 40 no concuerdan los ecos armoniosos
con el tosco chillido de los grillos. Nunca las Gracias visitaron, nunca, un albergue tan sucio y tan sombrío;
las Musas no inspiraron corazones 45
tan maltratados y tan malheridos. En el Anáhuac, en mi amada patria, era libre y canté; hoy es distinto. .
(Memorias [1856], ed. Editorial América, Madrid, s. a., págs. 192-193)
SONETO
t u v e indulto y capitulación
en Soto, y mi equipaje me robaron; por traerme con grillos me estropearon un brazo; de ahí fui a la Inquisición.
Sin otra causa que disposición 5
del gobierno, tres años me encerraron, y a esta cárcel por fin me trasladaron con la misma incomunicación.
¿Cesó la Inquisición? Cesó el local,
varióse el nombre con el edificio 10
es hoy Capitanía General
lo que antes se llamaba Santo Oficio. Con la Constitución todo es lo mismo: mudóse el nombre, sigue el despotismo.
(Manifiesto apologético del Dr. Don Servando Teresa de Mier. . en