Narrativas Convencionales y Formas Temporal/espaciales.
8. En la Frontera: Tiempo, Espacio y Verdad Reconsideración de Conceptos Monolíticos.
I don’t think there is any truth. I think there are only points of view.
Allen Ginsberg84
Conectando con la cita que introduce este apartado de nuestro análisis, es crucial para el estudio de los tropos y temas esquizofrénicos en la obra de Lessing el plantearnos cómo se subvierten conceptos monolíticos hasta entonces incuestionables como los de verdad, tiempo o lugar. Así, por ejemplo, la ruptura del continuo temporal es una constante en literatura (modernista y postmodernista) de todo el siglo XX, pero también en la vida de aquel diagnosticado como esquizofrénico: éste vive en un presente perpetuo, en el que se hace casi imposible encontrar datos del pasado o proyectarse en el futuro, lo que Laing denomina “uncertainty of identity in time” o “discontinuity in the temporal self” (DS 109). Es por esta ausencia de capacidad para relacionar presente y pasado por lo que el hecho mismo de recordar se hace poco menos que imposible. El concepto de memoria en Lessing se torna esquivo y difuso, se deja de concebir el pasado como algo ya sucedido y, por tanto, prefijado e inamovible, para convertirse en una idea en constante renegociación entre los hechos en sí y el análisis que de éstos hace la propia psique.
La memoria se convierte, pues, en tema fundamental en las obras de Lessing que venimos analizando: ésta es, según Marder, “a first step towards an awareness of multiple time scales” (442), y su pérdida implica la dificultad para apreciar y asimilar diferentes perspectivas, y el ceñirse a una intención falsa de ver el mundo como homogéneo, cuando la experiencia del psicótico (y los cuadernos de Anna Wulf, entre otros símbolos dispersos en la obra de Lessing) indican que es al contrario.
Sin embargo, esta pérdida de memoria también purifica y permite borrar supuestos falsos que han sido interiorizados (e impuestos, en ocasiones, por la sociedad) sin ser cuestionados por el sujeto: así, la amnesia deja de ser una enfermedad para convertirse en una oportunidad para los protagonistas de comenzar a construir su bagaje mental “desde cero” sin presiones sociales ni familiares. El caso más claro de pérdida de memoria lo hallamos en Briefing for a Descent into Hell, donde Watkins pierde todo recuerdo de su vida anterior (su matrimonio, sus amantes, sus hijos, su trabajo,...) y se convierte en un ser que explora el espacio y el tiempo intrapsíquicos. La “incapacidad” de Watkins para recordar, pese a la insistencia de los médicos y su familia, le permite operar (tal y como veíamos antes en la cita de Marder) en una serie de distintas perspectivas míticas y fantásticas que no podría haber alcanzado a través de su conciencia ordinaria. La pulsión constante de recordar (que analizamos en el apartado 5) que siente Watkins es de un signo diametralmente opuesto a la que la sociedad le impone. Ésta, por medio de los médicos y su familia, concibe el recuerdo no como el regreso a una vida intrauterina, sino como un regreso a su existencia anterior, negándole el conocimiento que ha adquirido por medio de su viaje metanoico. Al final, Watkins se amolda, al aceptar el electrochoque, al concepto de recuerdo que trataba de imponerle la
sociedad, esto es, al regreso a la vida mediocre e insatisfactoria que llevaba hasta ese momento, olvidando todo lo que ha aprendido en su viaje intrapsíquico.
Esta negociación constante del concepto de “pasado” (en tanto que la memoria es el único mecanismo que Watkins posee para acceder a lo ya sucedido) y, por tanto, del tiempo, se extiende a otros conceptos prefijados, por ejemplo, como antes se indicó, el de verdad. Ésta se supone algo externo al hombre y, por tanto, no negociable: sin embargo, las distintas “verdades” que aparecen en The Golden Notebook, donde se mezclan y entrecruzan versiones distintas de un mismo hecho (sin que se pueda elegir una como “auténtica” respecto a las demás), nos llevan a cuestionar el suceso mismo. Así, por ejemplo, Tommy en Free Women es un intelectual que trata de suicidarse, quedando ciego como resultado; en el cuaderno azul, sin embargo, nada de esto sucede, y Tommy se convierte en un joven que comienza a trabajar en una mina de carbón y se aparta así del modelo capitalista que le ofrecía su padre. Como ha señalado Saxton (1994), cada cuaderno tiene su propia verdad interna; de la misma manera, en Briefing
for a Descent into Hell, los dos niveles narrativos (real e imaginario) no son dos
narraciones que se excluyan mutuamente, sino que manejan diferentes escalas temporales, y cada una tiene su propio espacio, así como su particular sentido de la lógica y verdad.
La negociación entre el lector y el texto es, pues, continua en estas obras. Y nos estamos refiriendo a negociación en varios niveles, en varias fronteras. En la frontera de la verdad, en la frontera de narraciones que se oponen y deberían, por lógica, excluirse,
y en la reelaboración del mismo personaje según distintas perspectivas, como si el pasado permitiera la bifurcación y la existencia de distintos “futuros”. Precisamente, el uso de la palabra frontera como metáfora de las posibles existencias paralelas de distintos sentidos de un mismo concepto nos permite referirnos a cómo los dos territorios separados por tales fronteras ilusorias pueden llegar a transgredirlas e internarse el uno en el terreno del otro. Así, por ejemplo, en Briefing for a Descent into
Hell, el marco realista a menudo penetra el reino del viaje psíquico, y viceversa (véase,
a tal efecto, la ya citada narración del descenso a Yugoslavia, donde una historia real se reelabora, cuestionando el concepto de lo que es “cierto”. ¿Qué es más cierto para Watkins: lo que se le dice que vivió pero no recuerda, o aquello que no ha vivido pero que recuerda vívidamente y guarda para él una significación infinitamente más rica que su “vida real”?).
La distinción entre presente y pasado que se da en Briefing for a Descent into
Hell, unida a otros problemas de creación de un todo homogéneo, desafían de este modo
la razón. Según afirma Hynes, “reason likes duality and mutual exclusiveness” (1973, 108), y no debemos olvidar que la locura ha sido considerada, durante siglos, una
sinrazón, lo opuesto a lo racional y correcto. La oscuridad de los sueños y la fantasía
frente a la diáfana luz de la inteligencia, y otra serie de metáforas que Lessing utiliza para mostrar cómo sus personajes están precisamente explorando ese otro terreno que habitualmente se ha despreciado e ignorado, y cómo de su búsqueda pueden obtener importantes claves para el análisis de su propia personalidad y de su papel dentro de la sociedad, es también uno de los elementos fundamentales en el próximo autor que ocupará nuestra atención, el poeta norteamericano Theodore Roethke.