De todo lo hasta ahora expuesto se extrapola sin dificultad el deseo de Lessing de mostrar en sus novelas la mente individual como espacio independiente del mundo real, con su propias reglas y funcionamiento idiosincrático: un lugar para el que las palabras “habituales” no funcionan, y en el que se subvierten conceptos básicos como espacio o tiempo. La mente, sin embargo, al igual que creaba mediante mecanismos de proyección y escisión del yo una serie de personajes que eran fiel reflejo de distintas características de ese yo original, también utiliza el espacio externo (el mundo “real”) para reflejar partes de su interior. Así, el espacio físico externo se convierte en representación del espacio interno psíquico. El mundo se transforma, pues, en “the landscape of . . . paranoia” (FGC 635): algo muy similar a lo que ya sucedía en The Fall
of the House of Usher, de Edgar Allan Poe, donde el progresivo deterioro de la psique
de los protagonistas se refleja en el hundimiento de la casa que ha sido el bastión familiar durante siglos. En The Four-Gated City, son dos casas los espacios físicos que se presentan como reflejos de la evolución psíquica de los protagonistas y de las relaciones entre ellos: la primera y más importante, la casa de los Coldridge (de la que antes se apuntó su importancia como sede de una “familia alternativa”), donde se llevan a cabo, además, varios procesos de metanoia, unos encubiertos (como el de Mark) y otros desarrollados de forma abierta (como los que repiten Lynda, Dorothy y la propia Martha).
Antes de llegar a la casa, Martha recorre (y busca, de ahí parte de la simbología de su apellido “Quest”) distintos espacios, casas y ciudades en su intento de encontrar una vida privada y colectiva viable. Así, al comienzo de The Four-Gated City Martha deambula por zonas bombardeadas de Londres, pasando por la casa de Jack, hasta llegar al hogar de los Coldridge, que en principio resulta amenazante hasta que empieza a ser reflejo de la personalidad individual de sus miembros (como vimos en el apartado tercero de este capítulo). La casa evoluciona desde la llegada de Martha, reflejando el desarrollo de los seres que en ella habitan: del aislamiento que sufren durante el escándalo en que se ve envuelto el hermano de Mark y, por extensión, toda la familia; pasando por su etapa casi comunal, en la que resulta imposible llevar cuenta de quién entra y quién sale, hasta acabar siendo comprada por el Ayuntamiento y demolida. La destrucción de la casa coincide con un momento de demolición física y psíquica de los personajes principales80, y las casas se convierten en “coverings for the people who live in them” (Sprague, 1987, 8), pero no tienen tan sólo la función de cubrir, sino también de definir, de proporcionar un espacio físico paralelo (y que refleja) al espacio mental.
Como ha definido Sprague, las casas de The Four-Gated City son “mirrors of psychological reality” (159). Pero, aún habida cuenta de su condición de reflejo, tienen una realidad física que se halla ausente en Briefing for a Descent into Hell, donde Lessing utiliza espacios físicos no reales (como la ciudad que Watkins encuentra en su periplo) para reflejar la psique. Esta ciudad mítica (que también hallaremos,
80 Se puede encontrar más información sobre simetría y proyecciones entre espacios internos y externos
reelaborada, en la novela de Mark Coldridge – The City in the Desert – que aparece en
The Four-Gated City) está, cuando Watkins la encuentra, necesitada de limpieza. De
forma paralela, éste siente la necesidad de “purificar” su propia mente para hacerse merecedor de ser abducido por el Cristal. Más tarde, la ciudad es invadida por dos razas distintas de animales irracionales y constantemente en guerra entre sí que repugnan al protagonista. No es difícil analizar estos animales como creaciones de la mente de Watkins, como proyecciones del yo interno de éste, partes negativas de sí mismo que reconoce como “invaders in this city which I had been thinking of as mine” (BDH 72). Estos animales, además, impiden mantener la ciudad limpia y por tanto hacen a Watkins indigno de ser “recogido” por el Cristal en el centro de la ciudad. La ciudad es, pues, “the theater of Charles’s psyche. Within it Charles experiences his own creation myth, his own fall and redemption” (Sprague 159).
La ciudad como símbolo de la psique no es empleada por Lessing tan sólo en
Briefing for a Descent into Hell. En The Four-Gated City encontramos ya incluso en su
propio título la promesa de una reflexión sobre la “ciudad de las cuatro puertas”: el cuatro, además, se convierte en número cuasicabalístico con una plétora de significados. La novela, estructuralmente, se divide en cuatro partes con cuatro capítulos cada una: la ciudad a la que se hace referencia y que se corresponde con el arquetipo jungiano de la “ciudad ideal” tiene cuatro puertas y también cuatro muros infranqueables (otra vez hallamos, como en la ciudad simbólica de Briefing for a Descent into Hell, un centro urbano cuadrado y sin techo). Estos cuatro muros, que rodean a los habitantes, se pueden entender, como luego veremos, bien como refugio o bien como prisión. Sin embargo, la perfección evocada por el número cuatro, como número par, es subvertida
por la misma existencia de esta novela dentro de la serie a la que pertenece: The Four-
Gated City no es la cuarta, sino la quinta novela de la serie Children of Violence.
Debemos, por tanto, considerar esta novela como una adenda que trasciende y complementa el periplo vital y psíquico de Martha desarrollada en las cuatro obras anteriores.
El símbolo de la ciudad arquetípica buscada por los personajes de la novela es elaborado por escrito por Mark Coldridge en su novela A City in the Desert. Mark observa como Martha “was seeking, without knowing it, for the mythical city, the one which appeared in legends and in fables and fairy stories (FGC 150-151), y construye una historia en torno a esta ciudad utópica, que ubica en algún lugar “in a desert, in North Africa perhaps, or in Asia” (FGC 153). Esta ciudad, tal y como la elaboran conjuntamente Mark y Martha en el manuscrito, es un prototipo de orden y armonía, de crecimiento planificado: “The city had been planned as a whole once, long ago: had been built as a whole. It had not grown into existence, haphazard, as we are accustomed to think of cities doing” (FGC 151). En este sentido, no podría existir algo tan opuesto a este conjunto de armonía como la casa de los Coldridge, con su desorden, su variedad y su caos, sus continuas evoluciones y cambios; un entorno que, de hecho, va construyéndose desordenadamente según van creciendo y mutando sus habitantes. La ciudad de A City in the Desert, la ciudad arquetípica que Martha ha buscado siempre, es en la novela de Mark destruida por otra ciudad que crece, caóticamente, extramuros. La perfección monolítica y jerárquica de una sociedad ideal es destrozada por la realidad de una sociedad cambiante y entrópica, viva y estimulante. Así, Martha se ve obligada a aceptar el fracaso de su ideal de la “ciudad de cuatro puertas” para admitir otro tipo de
asociaciones humanas, tal como la casa de los Coldridge o la comunidad post-nuclear que se desarrolla en la isla, que, aún siendo menos “perfectas” (en lo que se refiere a orden y jerarquización), permiten el desarrollo psíquico e individual de aquellos que viven en ellas. La fuerte crítica de Lessing hacia el microcosmos familiar, jerarquizado y en el que se trata de imponer a sus miembros una falsa visión de perfección, ignorando la realidad del mundo exterior, es bien evidente.
El otro espacio físico que se presenta en The Four-Gated City como un reflejo de la personalidad de sus habitantes es la casa de Jack, amante ocasional de Martha. Al principio de la obra, Jack acaba de instalarse en un edificio que está reformando y decorando a su gusto. En ese momento, la casa aún no ha adquirido una personalidad propia que refleje la crisis psíquica de Jack. Poco después, cuando éste sufre una grave enfermedad física que, según presupone Martha, ha producido también una ruptura en su mente - “some time while he had been ill the old Jack had simply died, or gone away, and this new person had walked in and taken possession” (FGC 426), el edificio en el que vive, su casa, comienza a reflejar los recovecos más retorcidos de su mente: “It was elegant, formal, but also enciting – there was something sly about it . . . The house was all like that, a surface of solid, indeed, gloomy formality: under it, something else” (FGC 421). Así, ese nuevo Jack que Martha no consigue identificar con la persona que conoció diez años antes y su casa se han transformado en “an elaborate stage or setting for fantasies of perverse sex . . . For all those years, while Martha had been in Mark’s house, Jack had been here, creating a house which was like a perverted millionaire’s brothel” (FGC 425-426).
Íntimamente relacionado con las casas y edificios como espacios que reflejan la psique está el uso por parte de Lessing de las paredes como símbolo de una barrera física (y psíquica) que no se puede transpasar. En sus últimas obras, Lessing ha llevado más allá la noción de echar abajo las barreras y paredes (tanto físicas como fenomenológicas) cuyo germen se encontraba ya en The Four-Gated City. Así, en las obras de Lessing que se han dado en llamar “space fictions” - y que en muchos de sus supuestos no se alejan, en efecto, de la ciencia ficción - , como Memoirs of a Survivor (1974) o The Making of the Representative for Planet 8 (1982), se llegan a romper incluso (recurriendo desde luego a las posibilidades de una fractura de la realidad que permite la ficción científica) las fronteras de la materia.
El uso de la pared como elemento que refleja la mente consciente, que confina y a la vez define, en The Four-Gated City (aún sin adentrarse en la ruptura de las barreras de la materia), se desarrolla atendiendo al uso que de los muros hacen dos personajes, Mark y Lynda. Ambos aspiran a extender las paredes más allá de su espacio físico, como un intento también de expandir sus propias fronteras mentales, de llevar más allá su capacidad de comprensión de la realidad. Pero los dos utilizan formas muy diferentes: Lynda golpea y trata de abollar las paredes, las recorre con sus manos, esforzándose por encontrar una manera de ampliar el espacio que la confina. El proceso de expansión que intenta forzar en la materia inamovible que son las paredes es, así, paralelo a los procesos de expansión de la percepción (a través de sus viajes metanoicos) que están teniendo lugar dentro de su mente. El muro contiene y también protege, pero Lynda desearía ser capaz de ir más allá, de trascender las barreras físicas (el muro) y psíquicas que la limitan.
Mark también utiliza las paredes como reflejo físico de un proceso psíquico que está teniendo lugar en su interior. En un esfuerzo desesperado por comprender el mundo, utiliza las paredes de su cuarto como un enorme tablón de anuncios para resaltar hechos, utilizando gráficos, recortes de periódico, etcétera. La confusión resultante, con todas las paredes llenas de papeles, flechas y marcas relacionando hechos, es un espejo de su propia incapacidad psíquica para comprender lo que sucede. Incluso, para analizar la locura que le rodea, Mark recurre a una puerta suplementaria - “a hinged door” (FGC 50): se trascienden así las fronteras lógicas del espacio, al crear una “quinta pared” más allá de las cuatro que tiene cualquier habitación.
Algo muy similar sucede en The Golden Notebook. Tras el intento desesperado por parte de Anna de comprender la realidad insertando recortes de periódicos en el cuaderno azul, en la última parte de Free Women pasa directamente a utilizar las paredes de las habitaciones como cuaderno, pegando trozos de periódico que son vistos como “fragments of print, offering unassimilable information” (GN 566) para intentar formar secuencias con sentido, “matching statement with statement, one set of words with another” (GN 566). Estos recortes (que son definidos como un intento infructuoso de “[to] cage the truth” (GN 571) son posteriormente arrancados por Nelson, el amante americano de la Anna de Free Women: éste lo define como “a small service” hacia Anna que aporta “another soul for sanity” (GN 571). La propia Anna reconoce entonces el fracaso de esta estrategia: “Thanks for taking that nonsense off my walls” (GN 573) y está preparada para relacionar hechos recurriendo a un viaje metanoico, para integrar
parte de su personalidad en nuevos modos que no pasan por la interpretación consciente de hechos y relaciones.