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4. MARCO TÉORICO

4.1. Generalidades de la radio: ¿cómo se hace?

4.1.2. Funciones de la radio

La radio en tanto medio de comunicación masivo, cumple funciones de cara a la ciudadanía, de modo tal que poseen distintos roles en la sociedad, para Holgado (2010): La radio recupera la palabra para hacerla colectiva, porque todos tenemos algo que decir, porque todos tenemos derecho a hacernos oír (p. 22). Por tanto, su rango de acción es comprendido desde varias aristas, para López (2005), el protagonismo de la radio se enfoca en tres dimensiones, a saber: en la legitimación de lo que transmiten, en el establecimiento de la “realidad” y en la representación de los ciudadanos.

En cuanto a la legitimación de la verdad, es entendida como la autenticidad de aquello que se dice en el medio, según López (2005): “la gente confía, tiene fe en las palabras e imágenes que

presentan. Los medios avalan hechos, situaciones, opiniones y personas” (p. 20). En ese sentido, lo que se presenta en radio goza de prestigio o desprestigio, según el valor que la radio misma le otorgue.

Esto da lugar a que se establezca la realidad, desde la perspectiva del medio de que la transmite: “Lo que no sale en la pantalla o por los micrófonos, es como si no hubiera ocurrido. Lo que los medios afirman, afirmado queda. Lo que ignoran, no existe” (López, 2005, p. 20); lo anterior, evidencia el poder de los medios de comunicación para decidir lo que se hace público o no, a su vez que, crean para su audiencia actores específicos, por medio de una retórica que divide a dichos actores: victima – victimario, amigo – enemigo, bueno – malo, presunto – flagrante, etc.

Con respecto a la representación de los ciudadanos, se puede afirmar que la radio en tanto medio de comunicación, figura como un espacio de encuentro de muchos sectores de la sociedad donde confluyen distintas voces, esta polifonía que va desde radios comerciales y corporativas, hasta radios comunitarias y locales, hace de la radio un medio que representa a un grupo social, o cuando menos, sus intereses en la esfera pública.

4.2. Gramática de la radio

Las funciones mencionadas, son llevadas a cabo con un lenguaje propio, no se habla en TV, como se habla en la radio, para legitimar la verdad, establecer la realidad y representar a los ciudadanos, la radio exige una gramática particular, pues no en vano, tiene a su disposición códigos singulares con los cuales constituye una gramática de su propio lenguaje. Siguiendo a López (2005) y Holgado (2010), la radio posee cuatro elementos esenciales: voz, efectos sonoros, música y silencio. Así entonces, a continuación se presenta cada uno de ellos:

4.2.1. Voz

En la gramática de la radio, la voz es uno de los aspectos más esenciales, pues permite emitir la palabra de quien habla, con la carga argumental o emotiva que la misma supone. El tono, la intensidad y el timbre de la palabra, se encargan de configurar el sentido de lo que se quiere decir.

Por ejemplo, un tono agudo: “suele asociar con los niños o con situaciones de humor. El tono grave, por el contrario, se lo asocia a la seriedad, seguridad, credibilidad, madurez” (Holgado, A. 2010. p. 32); por otro lado, la intensidad: alta o fuerte sugiere agresividad, fuerza, cólera, ira, pero también alegría y optimismo. Una voz baja connota tristeza, pesimismo, debilidad, pero también tranquilidad” (Holgado, A. 2010. p. 32); finalmente, el timbre: “nos puede llegar a informar sobre la edad, la altura y la constitución física del hablante” (Holgado, A. 2010. p. 32).

Ahora bien, el sentido de lo que se dice, no corresponde exclusivamente al tono, la intensidad y timbre con que se impregna la voz al emitir las palabras, de hecho, el sentido puede cambiar totalmente si la música, los efectos o el silencio así lo requieren.

4.2.2. Música

En la gramática de la radio, la música “le habla prioritariamente a los sentimientos del oyente” (López, 2005. 49) y tiene distintas funciones según sea la intención del locutor: función ordenadora, programática, adjetiva y sustantiva.

a. Función ordenadora: Bajo esta función la música tiene el objetivo de distribuir y diferenciar contenidos, por ejemplo de un programa de la parrilla de la emisora, o de una sección que corresponde a un programa. En este caso, la música funciona para dotar de identidad un segmento de determinado espacio.

b. Función programática: Esta función se hace explicita únicamente en las emisoras cuyo contenido es prioritariamente musical, sin la intervención de voz, efectos o silencio.

c. Función adjetiva: Refiere a la intención de reforzar un mensaje que fue dicho verbalmente, a partir de melodías o música.

d. Función sustantiva: Bajo esta función, se reemplaza el texto verbal por un contenido música con el fin de expresar una idea. Así, en vez de decir algo con palabras se emite una canción con la fuerza expresiva que contiene la idea de aquello que no se dice.

4.2.3. Efectos sonoros

En cuanto a los efectos sonoros, su objetivo es “describir los ambientes, pintar el paisaje, poner la escenografía del cuento, hacer ver con el tercer ojo, el del espíritu. Los efectos van directo a la imaginación del oyente” (López, 2005, p. 49). Cuando se habla de efectos sonoros, se alude a los sonidos naturales o artificiales que recrean y fuerzan una imagen. Estos efectos tienen dos funciones: describir y reemplazar.

a. Función descriptiva: El efecto nos remite a un determinado ambiente, selva, tormenta, etc., plasmando así la imagen de lo que se escucha.

b. Reemplazar un texto: Suelen ser onomatopéyicos, por ejemplo, el sonido de un arma de fuego al finalizar una discusión.

4.2.4. Silencio

Un cuarto elemento de la gramática de la radio es comprendida por el silencio. Antes de conceptualizarlo, hay que diferenciarlo con el bache; este último, es una irrupción inesperada de orden técnico en la transmisión radial; mientras el silencio está cargado de sentido, por sí mismo: “crea suspenso, nos prepara para lo que vendrá (…) se puede describir una duda, un alejamiento, un momento de tensión” (Holgado, A. 2010. p. 38).

El silencio en la radiodifusión se opone al ruido, ya que el último niega la posibilidad de un diálogo entre dos o más personas. El ruido puede ser de orden técnico (ruido ambiente); pero

también puede ser ruido humano, es decir aquellas prácticas que no apuntan al dialogo, sino al monólogo, obviando la participación de la audiencia y dejando por fuera la participación activa del oyente.