FUSIONARSE CON EL CREADOR
La Cábala se llama «la ciencia de lo oculto» porque revela al que la estudia lo que estaba previamente escondido. La imagen verdadera de la existencia es revelada sólo al que la capta, como está escrito en el poema del rabino Ashlag:
La milagrosa verdad irradiará, Y la boca proferirá sólo esa verdad, Y todo lo que será revelado en confidencia ¡Tú lo verás, y nadie más!
La Cabalá es la enseñanza de lo que es secreto, puesto que se oculta del lector común y se va revelando solamente bajo condiciones muy es- peciales. Aquellos que la estudian encontrarán que, gradualmente, estos secretos se van develando de las propias enseñanzas, en combinación con una orientación especial que dirige los deseos y pensamientos del lector.
Sólo el individuo para quien la Cábala deja de ser una enseñanza oculta y se le revela, puede ver y entender la construcción del mundo; y la así llamada alma y cuerpo, sólo pueden ser vistos y entendidos por aquellos para los cuales la Cabalá deja de ser una enseñanza oculta, y se convierte en una revelada. No obstante, aun ellos son incapaces de trans- mitir sus revelaciones percibidas de la Creación a nadie más, al no tener el derecho de pasar esa información, salvo en un caso: durante el ascen- so espiritual, uno aprende la verdad de la Creación: ¡no hay nada más ex- cepto el Creador!
Los órganos sensoriales con los cuales fuimos creados, son capaces de percibir solamente una pequeña parte de toda la Creación, conocida co- mo nuestro mundo. Todos los mecanismos que hemos inventado amplían el alcance de nuestros órganos sensoriales. Somos incapaces de imagi- narnos cuáles son los órganos sensoriales que nos hacen falta, porque no sentimos ninguna privación por su ausencia.
Esto puede ser comparado a no sentir la necesidad de un sexto dedo en la mano. Debido a que no tenemos los sentidos requeridos para per- cibir otros mundos, no los podemos sentir. Por lo tanto, a pesar de que estamos rodeados por un entorno tan rico, somos capaces de ver única-
mente un fragmento pequeño de ello. Es más, incluso el fragmento que percibimos es bastante distorsionado, ya que sólo podemos captar sola- mente una pequeña parte de este.
Sin embargo, al utilizar lo que percibimos como una base, creamos nuestras perspectivas de toda la existencia. Así como los que ven todo a manera de una radiografía, en la cual todo se percibe como una imagen del esqueleto que bloquea los rayos-x, también nosotros tenemos una vi- sión distorsionada del universo. Así como no podemos recibir una ima- gen verdadera de este universo según la visión radiográfica, tampoco podemos entender la imagen verdadera de la Creación por medio de nuestros sentidos limitados.
Ninguna medida de imaginación puede compensar nuestra falta de ha- bilidad de percibir, ya que incluso nuestras fantasías se construyen en ba- se a experiencias pasadas. A pesar de eso, tratemos de crear un concepto sencillo del llamado otro mundo, que existe del otro lado de nuestra con- cepción, el que está más allá del rango de nuestros órganos sensoriales.
Primero, imagínate que estás en un vacío. Ante ti, se tiende un ca- mino. A lo largo del camino en ciertos intervalos, hay marcas desde ce- ro, en donde estás parado ahora, hasta el final. Estas marcas dividen el camino en tres partes.
No transitamos el camino a través del avance alternado de nuestros pies, sino por cambios alternados en los deseos.
En el mundo espiritual, el lugar, el espacio y el movimiento, no exis- ten como los conocemos. El mundo espiritual es el mundo de las emo- ciones que existen fuera del reino de los cuerpos físicos.
Los objetos son las emociones. El movimiento es el cambio de cuali- dades. El lugar es cierta cualidad. El lugar en el mundo espiritual está ca- talogado por sus características. Por lo tanto, el movimiento se define como el cambio de las emociones de uno, similar al concepto del movi- miento espiritual en nuestro mundo, el movimiento de las emociones, pero no el movimiento físico.
Así, el sendero que procuramos entender es el cambio gradual de nuestras cualidades internas, de nuestros deseos.
La distancia entre objetos espirituales se define y se mide por la dife- rencia en sus cualidades. Cuanto más similares son las cualidades, más cercanos son considerados los objetos. La proximidad o la distancia en- tre los objetos están definidas por el cambio relativo en sus característi- cas. Si dos objetos son idénticos, entonces se fusionan en uno. Sin embargo, si aparece una nueva cualidad en uno de los objetos espiritua-
les, esa cualidad particular se separa de la primera, y de esta manera na- ce un nuevo objeto espiritual.
Al final del sendero, ante nosotros está el Creador mismo. Su atributo –la completa Voluntad de conferir– determina Su distancia de nosotros. Debido a que nacemos en este mundo sólo con características egoístas, es- tamos distanciados del Creador, como el Este del Oeste. Y la meta que el Creador pone ante nosotros es lograr Sus cualidades, mientras vivimos en este mundo, es decir, para fusionarnos espiritualmente con Él.
Nuestra trayectoria debe conducirnos a un cambio gradual de nues- tras cualidades, hasta que sean exactamente como las del Creador. La úni- ca cualidad del Creador que define Su esencia, es la ausencia absoluta de cualquier rastro de egoísmo.
Esto es seguido por la falta de cualquier pensamiento sobre uno mis- mo, o la condición y poder de cada quien, es decir, la falta de todo lo que constituye la esencia de nuestros pensamientos y aspiraciones. Pero de- bido a que existimos en este mundo dentro de una envoltura externa de- terminada, debemos preocuparnos por lo imprescindible, para mantener esta envoltura. Esto no es considerado una muestra de egoísmo.
En general, podemos determinar si un pensamiento o un deseo del cuerpo es egoísta a través de una prueba sencilla: si deseamos librarnos de algún pensamiento, pero nuestra supervivencia depende de eso, en- tonces tal pensamiento o acción se considera involuntaria, no egoísta, y por lo tanto, tampoco nos separa del Creador. El Creador nos hace avan- zar hacia nuestra meta de la siguiente manera: Él nos dota de un mal de- seo o de sufrimiento, lo cual puede ser comparado a ir hacia adelante con el pie izquierdo.
Si encontramos dentro de nosotros la fuerza necesaria para pedir ayu- da al Creador, entonces el Creador nos dará un buen deseo o placer, lo cual se puede comparar con adelantar con el pie derecho. Una vez más, recibimos desde lo Alto un mal deseo aún más fuerte o dudas respecto al Creador, y de nuevo, con un esfuerzo todavía mayor de la voluntad, de- bemos pedirle que nos ayude.
El Creador nos ayudará, proporcionándonos un buen deseo aún ma- yor, y así sucesivamente.
De tal manera, seguimos avanzando. No hay marcha atrás. Mientras más puros son los deseos, más lejos está la persona del punto de partida del egoísmo absoluto. El movimiento hacia adelante puede ser descrito de varias maneras, pero es siempre un avance alternado a través de todos los sentimientos.
Después de una sensación de algo espiritual, una percepción subcons- ciente de la existencia del Creador, es seguida por una sensación de con- fianza, la que luego da lugar a una sensación de alegría. Luego, este sentimiento comienza a desvanecerse, indicando que hemos subido a otro peldaño del ascenso espiritual, el cual no podemos percibir debido a nues- tra falta de órganos sensoriales con los que podríamos experimentarlo por completo. Debido a que todavía no hemos alcanzado el siguiente nivel por medio del sufrimiento, el esfuerzo y el trabajo (no hemos construido las vasijas apropiadas), la percepción del siguiente nivel todavía no ha nacido.
Los nuevos órganos sensoriales para la etapa siguiente (el deseo de placer, y la sensación de sufrimiento por la carencia de este placer) pue- den ser desarrollados en dos maneras:
1. El camino de la Cabalá: Aquí, comenzamos a percibir al Creador, luego perdemos nuestra conexión. En su lugar aparece el sufrimiento por- que no podemos sentir placer.
El sufrimiento es necesario para que eventualmente sintamos placer.
De tal manera, entonces, nacen nuevos órganos sensoriales que nos permiten percibir al Creador en cada etapa consecutiva. Así como en nuestro mundo, sin el deseo de una meta u objeto, somos incapaces de experimentar placer de eso.
Las diferencias entre las personas, y entre el hombre y el animal, son determinadas por aquello que eligen para que les traiga placer. Por lo tan- to, el avance espiritual no es posible sin primero sentir una carencia. De- bemos sufrir por la falta de lo que deseamos.
2. El camino del sufrimiento: Si uno fuera incapaz, a través del es- fuerzo, de los estudios, de las súplicas al Creador, y de los ruegos de ami- gos, de elevarse a los nuevos deseos de amar y de temer al Creador; si uno exhibiera poca profundidad de pensamiento, falta de respeto por lo es- piritual, y atracción por los placeres bajos, entonces esa persona descen- derá al nivel de los poderes del mal.
En este caso, la persona caminaría a lo largo de la vía izquierda, en los niveles correspondientes a los mundos malvados (egoístas) ABYA (At-
zilut, Beriá, Yetzirá, Assiyá). No obstante, el sufrimiento se convertiría en
una vasija dentro de la cual una nueva percepción del Creador puede ser recibida.
El progreso hecho por el camino de la Cabalá, se diferencia del ca- mino del sufrimiento en el hecho que estamos dotados de la Luz del Creador. Esta es una sensación de la Presencia del Creador, la que luego nos es sustraída.
Cuando carecemos de este placer, comenzamos a anhelar la Luz. Es- te anhelo es la vasija, o un nuevo grupo de órganos sensoriales, a través de los cuales podemos tratar de recibir una percepción del Creador. Es- tas metas nos impulsan hacia adelante hasta que recibimos las percep- ciones deseadas.
Cuando avanzamos por medio del sufrimiento, somos empujados desde atrás por éste, a diferencia del camino de la Cabalá, en el cual avan- zamos por el camino del deseo del placer. El Creador nos dirige de acuer- do a Su Plan, para traernos, para transferir a todos y cada uno de nosotros y de toda la humanidad –en esta vida o en las siguientes al punto final de este sendero en el cual Él se encuentra.
Este sendero representa los pasos que tomaremos para acercarnos a Él, mientras asumimos más de Sus características. Solamente fusionando nues- tras cualidades con las del Creador, lograremos la verdadera percepción de la creación del mundo y veremos que no existe nada más que el Creador. Todos los mundos y sus habitantes, todo lo que sentimos a nuestro alrededor, así como nosotros mismos, comprenden solamente una parte de Él. Siendo más precisos, nosotros somos Él. Todos nuestros pensa- mientos y acciones son determinados por nuestros deseos. El intelecto sirve únicamente para ayudarnos a alcanzar lo que deseamos.
Cuando recibimos nuestros deseos, nos son conferidos desde lo Al- to, y solamente el Creador mismo los puede cambiar.
El Creador hizo esto intencionalmente para que entendamos que to- do lo que nos sucedió en el pasado, lo que ocurre en el presente, y lo que pasará en el futuro en cada área de la vida, depende en absoluto de Él. Nuestras situaciones pueden mejorar sólo si el Creador así lo desea, pues- to que únicamente Él es la causa de lo que sucedió, sucede y sucederá.
Esto es necesario para reconocer y sentir la necesidad de una cone- xión con Él. Podemos rastrear este proceso a partir de la falta inicial del deseo de reconocerlo al comienzo del sendero, y hasta el final de éste, cuando nos habremos apegado a Él por completo.
Si alguien experimenta repentinamente un deseo de acercarse más al Creador, un deseo y atracción hacia lo espiritual, es el resultado de la con- ducción de esa persona por parte del Creador, para atraerla más a Él, in- fundiendo estos sentimientos en el individuo. En una situación inversa, nos damos cuenta que al caer en las aspiraciones de uno, o incluso en su estatus material, social u otro, a través de faltas y privaciones, comenza- mos gradualmente a comprender que esto es hecho intencionalmente por el Creador.
De esta manera, el individuo puede sentirse dependiente de la Fuen- te de todo lo que ocurre, creando un entendimiento de que «solamente el Creador puede ayudar, de otra manera uno perecerá». El Creador ha- ce esto adrede para despertar en nosotros una necesidad firme de Él, pa- ra que Le animemos a que cambie nuestro estado espiritual. De esta manera, anhelamos más proximidad con Él, y puede, de acuerdo con nuestros deseos, acercarnos a Él.
A raíz de esto, vemos que el Creador ayuda a salvarnos de un sueño espiritual o de una situación en la que permanecemos contentos con nuestro estado actual. Con el propósito de que progresemos hacia la me- ta definida por el Creador, Él nos envía sufrimiento y fracaso, tanto físi- co como espiritual, a través de nuestro entorno, familia, amigos, colegas y conocidos.
Hemos sido creados de modo que percibamos que cualquier cosa agradable es un resultado de nuestro acercamiento a Él. También senti- mos lo contrario: que todo lo desagradable es causado por nuestro ser distanciado de Él. Por esta razón, nuestro mundo está construido de tal manera que dependemos de la salud, la familia, y del amor y respeto de aquellos que nos rodean.
Para el Creador, todos estos sirven como mensajeros, de modo que Él puede ejercer influencias negativas que nos forzarían a buscar solu- ciones a estas presiones, finalmente reconociendo que todo el mundo de- pende solamente del Creador. Entonces, con suficiente fuerza y paciencia, podemos llegar a ser dignos de asociar todo lo que sucede en la vida con el deseo del Creador, más que con alguna otra causa, o incluso con nues- tras propias acciones y pensamientos del pasado. Con el tiempo, será cla- ro que sólo Él es la causa de todo lo que sucede.
El sendero presentado anteriormente es el camino para cada uno de nosotros, así como para la humanidad en general. Comenzando por el punto inicial en el que nos encontramos de acuerdo con nuestros deseos actuales (nuestro mundo) hasta el destino final al cual debemos llegar, aun en contra de nuestra voluntad (el mundo por venir), nuestro sendero se divide en cuatro etapas o estados:
1. La falta absoluta de percepción (la ocultación absoluta) del Creador.
Las consecuencias de este estado son: ausencia de creencia en el Crea- dor y en la Supervisión Divina desde lo Alto; creencia en el propio po- der de uno, en el poder de la naturaleza, de las circunstancias; y de la casualidad.
Toda la humanidad está en esta etapa (en este nivel espiritual). Cuan- do estamos en esta etapa, nuestras vidas se convierten en un proceso de acumulación de experiencias en nuestras almas a través de varios sufri- mientos enviados a nosotros.
El alma acumula experiencias a través de los repetidos retornos de la misma alma hacia este mundo en diversos cuerpos.
Una vez que el alma adquiere una cantidad suficiente de experien- cias, la persona es capaz de percibir el primer nivel espiritual.
2. La nebulosa percepción del Creador.
Las consecuencias de este estado son una creencia en el castigo y la recompensa, y una creencia que el sufrimiento es el resultado del distan- ciamiento del Creador. El placer es visto como el resultado de la proxi- midad al Creador.
Bajo la influencia de estas grandes dificultades, podremos volver a una etapa anterior. Sin embargo, acumulando experiencias, inconscien- tes de este proceso, continuamos aprendiendo hasta que nos damos cuen- ta que solamente nuestro reconocimiento completo del Gobierno del Creador nos dará fuerza para progresar.
En estas dos situaciones, tenemos la capacidad de creer en la Super- visión Superior. Si intentamos, a pesar de todos los disturbios enviados desde Arriba, fortalecer nuestra fe y trabajar para percibir el Gobierno del Creador en Su mundo, entonces después de un número específico e intensidad de esfuerzos, el Creador nos ayudará, revelándonos tanto a Sí mismo como al panorama de la existencia.
3. La revelación parcial de Su Gobierno en el mundo.
Aquí, somos capaces de ver la recompensa por las buenas acciones y el castigo por los malos hechos. Por lo tanto, somos incapaces de hacer algo que no sea el bien y nos abstenemos de lo malo, tal como cada uno de nosotros es incapaz de refrenarse de hacer el bien o de dañarnos a nosotros mismos. Sin embargo, esta etapa del desarrollo espiritual no es la final, pues- to que en esta etapa todas nuestras acciones son involuntarias, como re- sultado de nuestro conocimiento del castigo y de la recompensa. Por lo tanto, hay una etapa adicional del desarrollo espiritual: lograr la percep- ción de que todo lo que está hecho por el Creador, se ha hecho con amor absoluto y eterno para Sus seres creados.
4. La revelación del panorama completo de la Administración del Creador sobre el mundo.
Esto ofrece una clara percepción que el gobierno del mundo por par- te del Creador, está basado no en la recompensa y el castigo por las ac-
ciones de una persona, sino que está basado en Su ilimitado amor por Sus creaciones. Logramos esta etapa de desarrollo espiritual cuando ve- mos claramente que en todas las circunstancias, con todas las creaciones en general y con cada una en particular, sin juzgar si sus acciones son bue- nas o malas, el Creador siempre las maneja y las supervisa sólo con amor absoluto e ilimitado.
Cuando sentimos este Nivel Espiritual Superior, ya percibimos el es- tado futuro de cada uno. Podemos percibir la situación de quienes toda- vía no han logrado este estado, junto a aquellos del pasado y del presente que ya lo han alcanzado; también aprehendemos el conocimiento para experimentar la misma etapa, como individuos y como un todo.
Esta aprehensión es un resultado del Creador revelando el diseño en- tero de la Creación y Su relación con cada alma en cada generación, por la duración completa de la existencia de todos los mundos. Estos mun- dos fueron creados con un solo propósito: proveer placer a Sus seres crea- dos. Es el único propósito que determina todas las acciones del Creador hacia Sus seres creados.
Esto continúa desde el principio hasta el fin de la Creación, de mo- do que todos juntos, y cada uno por separado, puedan experimentar un placer ilimitado de su apego a Él. Como resultado, cuando podemos ver claramente que las acciones del Creador son sólo para hacer el bien y be- neficiar a Sus seres creados, se forman dentro de nosotros las acciones del Creador hacia Sus creaciones.
Por consiguiente, somos imbuidos con un sentimiento de amor ili- mitado por el Creador, y como resultado de la similitud de senti-