PARTE I: FUNDAMENTOS TEÓRICOS Y METODOLÓGICOS
Nivel 4 Subgénero Complejidad o variación temática “Poder para obtener un NIE, DNI o NIF”
2.2 El género en traductología
2.2.1. Influencia de la tradición lingüística
En el análisis del discurso y la lingüística del texto se aplica el concepto de género no solo para describir los géneros literarios, sino los géneros textuales en general. El lingüista ruso M. Bakhtin (1982: 248) se aparta de la tradición literaria y especifica qué aspectos son relevantes para dar cuenta del género discursivo: su contenido temático, sus recursos terminológicos y gramaticales, y su estructura. Sugiere una visión innovadora de los géneros discursivos a los que relaciona con “las multiformes esferas de actividad humana” de cada comunidad de hablantes. El autor, partiendo del amplio abanico de posibilidades que ofrece la actividad social, sostiene que en cada ámbito de uso lingüístico existe una gran variedad de géneros que crecen atendiendo al desarrollo y la complejidad de cada situación comunicativa.
El género (textual o discursivo) empieza a cobrar relevancia en traductología a partir de los años 70-80 (Bassnett y Lefevere, 1990). La Escuela Funcionalista alemana (Reiss y
Vermeer, 1984) introduce la noción de género, basada en el concepto utilizado en la lingüística aplicada. Aunque, en un principio, el concepto de género se vincula con los llamados “enfoques lingüísticos”, es a partir de los 80 cuando se van incorporando nuevos aspectos y concepciones procedentes de corrientes diversas en el ámbito de la traducción: la Escuela de Sídney, basada en la Lingüística Funcional Sistémica, pioneros en introducir la noción a la disciplina de la lingüística (Halliday & Hasan, 1985; Martin, 1985; y Matthiessen, 1993); los estudios de la Escuela Norteamericana o
Nueva Retórica, que presta especial atención a las acciones retóricas utilizadas
estratégicamente por los hablantes en situaciones sociocomunicativas reiteradas (Miller, 1984; Bazerman, 1998); y la corriente del LSP (Languages For Specific Purposes) o lenguas para fines específicos que muestran un creciente interés por el concepto de género y su clasificación (Swales, 1990, 2004; Bhatia, 1993, 2004).
Citando a Swales (1990: 467) “Genres are types of texts that are recognizable to
readers and writers, and that meet the needs of the rhetorical situations in which they function.” Según la percepción de este autor, el género es un fenómeno comunicativo en
el que la comunidad discursiva adquiere singular importancia, pues se incide en el hecho de que son los miembros de una comunidad (social, profesional o académica) los que identifican, comparten y entienden una serie de convencionalismos formales y funcionales que configuran el género.
Bhatia (2004: 198) se refiere a los géneros como “forms of recontextualization
embedded in professional or social practices, and hence they tend to derive additional meanings as a result of their association with profesional or disciplinary cultures”. Al
igual que ocurre con el postulado de Swales (1990), esta definición se remite a la comunidad discursiva profesional, académica y a las prácticas sociales. Además, hace referencia a la asociación del concepto de género con aspectos no únicamente textuales, sino extratextuales (additional meanings) con connotaciones culturales (professional or
disciplinary cultures).
El estudio del género enfocado desde la perspectiva de las lenguas para fines específicos ha aportado un valor cualitativo y cuantitativo indiscutible en el marco de la didáctica de lenguas en entornos de especialidad y para la propia didáctica de la traducción. Sin embargo, el único acercamiento traductológico que se centra en el texto, como
herramienta con la que trabaja el traductor, es el enfoque textual (García Izquierdo, 2005b: 352). Los representantes de esta corriente en traductología (Hatim & Mason, 1990; Trosborg, 2000 o Schäffner, 2002, entre otros) conciben la traducción como operación textual, pero, lejos de abordar únicamente el sistema, se ocupan de elementos lingüísticos y extralingüísticos (como son la función del TO y del TM, los factores comunicativos o el contexto sociocultural de la traducción). Luego se pone énfasis en aspectos no estrictamente textuales que también se utilizan en otros enfoques.
Las aportaciones de Hatim & Mason (1990) han sido de gran transcendencia en el ámbito hispánico. En su opinión, el género se define del siguiente modo: “Genres are
‘conventionalised forms of texts’ which reflect the functions and goals involved in a particular social occasion as well as the purposes of the participants in them” (Hatim &
Mason, 1990: 69).
De esta definición se desprende que tanto el género como el discurso están marcados culturalmente, pues el género es una convención propia de cada cultura, y las circunstancias sociales reflejadas convencionalmente y formalmente en los géneros se expresan en el discurso. Así, esta concepción del género alberga aspectos tanto formales (“conventionalised forms of texts”) como socioculturales (“a particular social
occasion”) y cognitivos (“the purposes of the participants”), mostrando su carácter
multidimensional (García Izquierdo, 2009).
Inspirada en las teorías cognitivas de Kress (1985) y de Hatim & Mason (1990), García Izquierdo (2002: 15) define el género textual como “forma convencionalizada de texto que posee una función específica en la cultura en la que se inscribe y refleja un propósito del emisor previsible por parte del receptor”. Observamos que esta definición igualmente recoge rasgos formales (“forma convencionalizada de texto”), socioculturales (“que posee una función específica en la cultura en la que se inscribe”) y cognitivos (“y refleja un propósito del emisor previsible por parte del receptor”), por lo que igualmente plasma el carácter multidimensional del género.
Ahondando en la caracterización multidimensional del género, Trosborg (1997, 2000) ofrece una definición ecléctica del género, en la que a las consideraciones de la Lingüística Funcional Sistémica, añade las de los estudios de lenguas para fines
específicos (Swales, 1990, 2004 y Bhatia, 1993, 2004) y algunas cuestiones de la pragmática y la estilística. Trosborg (2000: 15) aboga por un análisis del género desde la perspectiva de la traducción que recoja todos los propósitos posibles: los esperables y los menos reconocidos para así responder a las expectativas de los destinatarios y alcanzar nuevos propósitos comunicativos. En su caracterización, Trosborg (1997: 8) considera los géneros como fenómenos codificados y convencionales que se dan en procesos comunicativos sociales. A lo que añade la existencia de una relación bi- direccional existente entre género y registro (1997: 10):
[…] genres are subordinated to registers only in the sense that one register may be realized through various genres. Conversely, one genre may be realized through a number of registers.
Schäffner (2002: 4), más próxima a la Nueva Retórica, apuesta por la visión sociológica de las actividades en las que participa el género como componente novel en el análisis. La autora describe el concepto en cuestión como:
Genres are part of sociologically determined communicative activities. They are conventional or typical combinations of contextual (situational), communicative-functional, and structural (grammatical and thematic features).
Desde esta percepción, los géneros “están implicados en actividades comunicativas determinadas sociológicamente”, esto es, el género manifiesta la elección adecuada y consciente de los significados lingüísticos según una situación comunicativa dada. Schäffner integra, pues, elementos puramente formales y/o conceptuales como son los rasgos estructurales, gramaticales y temáticos; y rasgos pragmático-comunicativos como la situación comunicativa, el contexto y los matices sociológicos.
Autor Género* Dimensión Enfoque
Swales (1990, 2004)
“Tipo de texto identificable por lector y escritor que cumple necesidades retóricas y comunicativas”
Formal y comunicativa (propósito
comunicativo)
Lenguas para Fines Específicos Enseñanza de Segundas Lenguas Bhatia (1993, 2004) “Respuesta convencionalizada a una situación comunicativa (profesional o social) dada”
Formal y comunicativa (propósito
comunicativo)
Lenguas para Fines Específicos Enseñanza de Segundas Lenguas Hatim & Mason (1990) “Formas convencionalizadas de textos que reflejan tanto las funciones y metas asociadas a determinadas ocasiones sociales como los propósitos de quienes
Formal y comunicativa (ocasión sociocultural, propósito comunicativo) Comunicación Audiovisual y Funcionalismo Sistémico
participan en ellas”
Trosborg (1997, 2000)
“Fenómenos codificados y convencionales que se dan en procesos comunicativos sociales”
Formal y comunicativa (fenómeno convencional, códigos, proceso comunicativo socioprofesional) Traductología Schäffner (2002) “Combinaciones contextualizadas, comunicativas y estructurales implicadas en actividades comunicativas determinadas sociológicamente” Formal y comunicativa (combinación contextualizada, actividad comunicativa y social) Traductología
Tabla 2.2. Concepto de “género textual” en la tradición lingüística y traductológica
Abordado el género desde la perspectiva lingüístico-textual en traductología, retomamos las definiciones de los autores contenidos en la tabla 2.2, que conciben la traducción como texto (operación discursiva), nos cuestionamos qué factores o parámetros configuran la noción de género y procedemos a su caracterización para posteriormente definir las variables del género adecuadas al marco de nuestra investigación (el estudio del género del “poder notarial”).
Como apunta Ezpeleta (2008: 4) en la caracterización de los componentes o aspectos que conforman el género siempre hay que tener en cuenta que la definición del fenómeno genológico no puede determinarse de manera estanca por uno solo de los componentes; además, cada uno de estos presenta un peso específico más o menos determinante en cada uno de los géneros, luego “se hace necesario contar con todos ellos con el fin de establecer patrones de caracterización flexibles y definir el fenómeno en todas sus dimensiones”.
A la hora de determinar las características de un género, observamos que se producendivergencias entre las opiniones de los autores. Así, partiendo de la Nueva
Retórica de Miller (1984), se da preponderancia al “propósito comunicativo”, de
manera que el emisor, según la reacción del receptor en experiencias discursivas previas, selecciona uno u otro género adecuado a una situación similar. Las teorías cognitivas de Kress (1985) y de Hatim & Mason (1990: 69) también se refieren a “the
purposes of the participants”. Desde el estudio de las Lenguas para Fines Específicos y
la Enseñanza de Segundas Lenguas, Swales (1990) y Bhatia (1993) se definen del mismo modo al considerar que el criterio determinante que configura el género es el “propósito retórico”. Trosborg (1997: 11), partiendo de las consideraciones de la
Lingüística Funcional Sistémica, aplica las tres variables de “campo”, “tenor” y “modo” a la configuración del género.
Y García Izquierdo (2002: 15), como acabamos de ver al definir el género desde una perspectiva multidimensional, incluye en su caracterización aspectos formales, comunicativos y cognitivos. Así, a modo de resumen, procedemos a distribuir cada una de las caracterizaciones expuestas por los autores arriba citados en los diferentes aspectos destacados por García Izquierdo (2002)23:
• Aspectos formales. Microestructura (gramatical features) (Schäffner, 2002). La disposición y las características de los elementos que proporcionan cohesión y coherencia al texto (el léxico, la gramática, la oración y sus relaciones), convirtiéndolo en un mensaje reconocido por la comunidad discursiva a la que va destinado.
• Aspectos comunicativos. Macroestructura (structural and thematic features) (Schäffner, 2002), es decir, el esquema organizativo que permite la anticipación de contextos (predictibilidad estructural), la lectura selectiva en busca de una información pertinente al contexto (pertinencia temática) y la interpretación de las intenciones del autor dentro de la comunidad discursiva (intencionalidad
compartida) (“todos los propósitos comunicativos posibles”) (Trosborg, 2000:
15) . El desarrollo temático del género vendrá delimitado por las expectativas compartidas por los miembros de la comunidad discursiva (expectativas
temáticas compartidas). Esta estructura textual global también goza de una predictibilidad secuencial compuesta por secciones (en su esquema más básico:
introducción, desarrollo y conclusión); y movimientos (partes integrantes y diferenciadas de cada sección, que cumplen una función concreta dentro de ella) (moves de Swales, 1981, 1990).
• Aspectos comunicativos (communicative-functional features) (Schäffner, 2002). Una vez identificada la macroestructura y la función del género, los participantes
23 Cabe apuntar que García Izquierdo, en su trabajo de 2011, distribuye todos estos aspectos entre las tres vertientes del género: formal, comunicativa y cognitiva, con lo que la correspondencia entre el concepto de género y los enfoques textuales se hace todavía más evidente.
de la situación comunicativa pueden anticipar gran parte de las intenciones de su contenido, lo que facilita la posibilidad de acceder a la intención comunicativa prevista (“communicative purpose” de Miller, 1984); (“purposes of the
participants” de Kress, 1985 y Hatim & Mason, 1990). Es el propósito
comunicativo de Bhatia (“a set of communicative purposes”) que configura el género y determina su estructura interna (Bhatia, 1993:14).
• Aspectos comunicativos. Registro o nivel de formalidad mensurable a través de las variables de campo, tenor y modo (Halliday, 1976). El campo designa el grado de especificidad de un texto (marco en el que se desarrolla la situación comunicativa y tema dominante). El tenor del discurso (Hatim & Mason, 1990: 75) es el factor de la situación relacionado con los interlocutores y con la función perseguida en la comunicación. El modo es el canal o medio en que se produce la comunicación (oral, escrito, informatizado, audiovisual). El tono determina el grado de formalidad de los textos (solemne, neutral, informal, íntimo, etc.), las formas de tratamiento escogidas (corteses o no), y las marcas de subjetividad u objetividad.
• Aspectos comunicativos (socioculturales). Tal y como los incluye Schäffner (2002) en su definición (“sociologically determined communicative activities”), se trata de una categoría marcada culturalmente. A través del género es posible cubrir todas las manifestaciones sociolingüísticas inmersas en la cultura, es decir, todas las maneras de conceptualizar la realidad a través del lenguaje de los géneros discursivos (una receta, una carta comercial, un sermón, una noticia periodística o un contrato). El género es una categoría universal, pues todas las culturas disponen de una gran cantidad de géneros entre los que pueden elegir para comunicarse, adaptándolos a las circunstancias concretas de uso (“géneros como fenómenos codificados y convencionales que se dan en procesos comunicativos sociales”) (Trosborg, 1997: 8).
• Aspectos cognitivos. Aspectos psicolingüísticos del género. Para Bhatia (1993: 15, 19) son los factores que revelan la estructura cognitiva de los géneros y las estrategias retóricas de sus autores. En su estudio del género, Bhatia (1993: 34) alude a la utilidad de la vertiente psicológica de dicho análisis al constatar que “[…] The specialist reaction confirms his findings, brings validaty to his insights
and adds psychological reality to his analysis. It is an important aspect of genre analysis, if one wishes to bring in relevant explanation rather than mere
description in one’s analysis”. Los aspectos cognitivos del género contribuyen a
analizar cómo el significado textual se combina entre la concepción del texto por parte del emisor y los conocimientos previos del receptor. Estos conocimientos previos son los schemata de Swales (1990: 84) para quien “prior knowledge, in
terms of experience of the world and of previous texts, determines the shape of genres to come”).
A modo de síntesis de lo hasta aquí planteado, proponemos esta tabla ilustrativa que recoge algunos de los componentes del género en la tradición lingüística (que no es la totalidad de los principios que lo conforman). Hay que dejar claro que se trata de componentes deducidos de algunos de los trabajos citados, que sin duda contribuyen a la caracterización del concepto de género, pero no son necesariamente los que vamos a emplear en nuestro estudio empírico.
Tabla 2.3. Componentes del “género textual”
(Swales, 1990, 2004; Bhatia 1993, 2004; Hatim & Mason, 1990; Trosborg 1997, 2000; Schäffner 2002)
Aunque el género es la categoría en la que convergen todos los conceptos relevantes para el análisis traductológico (García Izquierdo, 2002: 15), su proceso de caracterización resulta si cabe más complejo que la mera enumeración de las variables que lo componen. Por otro lado, el género tampoco es un compartimento estanco que se defina por uno solo de los elementos que lo conforman (Ezpeleta, 2008: 4). Al contrario, cada género puede presentar varios parámetros que serán más o menos pertinentes según su naturaleza (por ejemplo, en el género “certificado de nacimiento”
la macroestructura tiene un valor determinante, pero el parámetro de la cohesión es casi imperceptible). Por todo ello, la selección pertinente de uno u otro elemento variará en función de la idiosincrasia de cada género.
Además, como manifiesta Bhatia de manera acertada: es fundamental que en la concepción y caracterización del género consideremos, junto con la integridad genológica, que preserva los elementos prototípicos del mismo, las características de flexibilidad, creatividad e innovación aparte de los patrones léxico-gramaticales y la organización discursiva (Bhatia, 1999: 21), puesto que los géneros son versátiles y tienen cierta tendencia natural a la variedad (de propósitos, de contextos, etc.) (Bhatia, 1999: 27).
Ahora bien, es importante destacar que la caracterización del género por parte del traductor deberá siempre basarse en fenómenos observables, determinados por la actuación de los usuarios del lenguaje (Monzó, 2002a: 105). Y que, a pesar del carácter convencional y recurrente del concepto, el dinamismo y la posible hibridación de la categoría (Bhatia, 2002), sobre los que hemos comentado en apartados anteriores, deberán tenerse presente en cualquier análisis, huyendo en la medida de lo posible de las consideraciones prescriptivas y primando las características del contexto y el encargo por encima de las caracterizaciones inamovibles.
Todo lo expuesto nos lleva a inclinarnos, en nuestro análisis, por la aplicación flexible de aquellas subcategorías definitorias que contribuyan a la clasificación, sistematización y caracterización del “género notarial” como el que se inscribe en el marco de la comunicación socioprofesional especializada inter pares, esto es, entre profesionales expertos en Derecho, por un lado; y entre expertos y particulares/ciudadanos “legos” en materia de Derecho, por otro.
En otras palabras, los criterios que seleccionamos para el análisis de los géneros notariales (concretamente, el del “poder notarial”), además de adecuarse al encargo y a la propia realidad, son predominantemente formales y comunicativos (socioculturales y socioprofesionales): elementos propios del microanálisis lingüístico-textual (relaciones de cohesión y coherencia), y las correspondientes convenciones textuales; componentes macroestructurales como los moves de Swales (1981, 1990), junto a las implicaciones
jurídicas provenientes de la figura jurídica de “la representación” en el campo temático notarial de dos comunidades de hablantes; aspectos comunicativos y socioculturales, entre los que seleccionamos la caracterización de prácticas sociales, y la intención o finalidad comunicativa de Swales (1990). A todo ello, debido a nuestra convicción de la necesaria colaboración del traductor-investigador con la comunidad profesional implicada, sumamos ciertos parámetros socioprofesionales, es decir, algunos de los aspectos relacionados con la triangularidad sociocomunicativa y profesional (notario- traductor-ciudadano), que se establece entre los participantes de la situación comunicativa, el estatus de los interlocutores y el binomio notario-traductor.
Otra cuestión que hay que valorar en el marco de estudio sobre la traducción es la confusión existente entre género y tipo de texto. La dimensión lingüística del tipo de texto, constantemente tratada en la doctrina desde el punto de vista conceptual y terminológico (tipo textual, tipología de textos o tipología textual), es claramente definible como noción interrelacionada pero no equiparable a la categoría de género (dimensión cultural).
Ante esta formulación, Biber (1988) estima necesario trazar una distinción entre género y tipo de texto. Para Biber el género caracteriza los textos a partir de parámetros determinados por la comunidad a la que pertenecen (“discourse community” de Swales, 1990). Sin embargo, la categoría tipo de texto comprende grupos de textos afines en tanto que comparten patrones lingüísticos. Nord (1991: 18) apunta, respecto al tipo de texto, que se trata de “a distinctive configuration of relational dominances obtaining
between or among elements of surface text, textual world, stored knowledge patterns and situation of occurrence”.
Baker (1992: 113 y 114), considera las nociones de género y de tipo de texto y su “solapamiento” (“overlapping notions of genre and text type”) un rasgo determinante dentro de la organización textual. Y, aunque no las define, ofrece varios ejemplos de ambas: “newspaper editorial”, “travel brochure” (en el caso del género), y “narration”, “exposition”, “argumentation” o “instruction” (para el tipo textual).
El dilema traductológico entre el género y el tipo de texto está tratado en Castellà (1995: 74). El autor da buena cuenta de ello cuando afirma que los géneros se distinguen por
factores externos y según los parámetros situacionales en los que se producen. Por el contrario, la diferenciación de tipo de texto atiende a criterios internos y de carácter lingüístico. En palabras del autor:
El gènere és una forma discursiva estereotipada definida principalment per les seves característiques externes, de caràcter social i cultural. Els gèneres són reconeguts pels parlants segons el seu format extern i segons els paràmetres situacionals en què se solen produir. Constitueixen una llista oberta i es poden classificar per àmbits d’ús.
El tipus de text és una forma discursiva estereotipada, definida per les seves característiques internes, de caràcter lingüístic i informacional. Els tipus de text són descrits pels lingüistes segons la seva estructura informativa i segons els trets gramaticals que els configuren. Constitueixen una llista tancada i tenen un caràcter més abstracte que els gèneres.
En las dos definiciones se observa el uso del mismo descriptor (“forma discursiva
estereotipada”). Sin embargo, las diferencias entre ambas categorías están claramente
plasmadas de manera que se va desarrollando la descripción. El género se presenta como una categoría abierta, de uso real, y de carácter social y cultural; mientras que el