III. ATENAS O JERUSALÉN
8. G Scholem, Sabbatai Zwi, Frankfurt a M., 1992, pp 243 ss.
I S R A E L O A T E N A S
transformación del mesianismo herético que Scholem denomina «nihilismo religioso».
Scholem lo estudia mediante el ejemplo de la figura populista de Jakob Frank, que se erigió en la región de Galizia en la reen carnación de Shabbetay Zwi y que en 1759 se convirtió al cato licismo. También Jakob Frank practicó la caída en el abismo como la vía subversiva de la salvación: «Líbrate de toda ley y prescrip ción, de toda virtud, de la continencia y la pudicia. Líbrate de la santidad misma. Desciende a ti mismo como a una tumba»9. Aho ra la doctrina antinómica de la santidad del pecado ya no explica las actuaciones extrañas de Mesías, sino que más bien se eleva a ley de la praxis transgresora de la ley de toda la comunidad.
Lo que a Scholem le fascina es la transformación dialéctica del mesianismo en ilustración; pues las energías utópicas libera das por el mesianismo herético se desviaron finalmente durante la Revolución francesa a objetivos políticos de carácter inmanen te. Este camino lo recorrió de manera ejemplar el frankista Mo- ses Dobrushka, que se hizo católico cuando Thomas von Schón- feld se erigió en representante de la ilustración josefina, fundó una orden masónica y, tras el estallido de la Revolución francesa, se convirtió en jacobino: «En abril de 1794, con cuarenta años, fue enviado a la guillotina, junto con Danton, bajo el nombre de Junius Frey»10. Esta conversión de religión en ilustración ilumina ahora la interesante conexión entre la historia de la influencia de la Cábala y la comprensión que Scholem tenía de sí como investi gador de la misma. Scholem es un investigador de la historia que ya no puede retroceder al umbral de la Ilustración histórica y no quiere conformarse, pues, con el «velo de niebla histórica que cubre el propio ámbito temático como historia de la tradición mística». La ilustración es, para Scholem, el destino, aunque no deba tener la última palabra. Siempre consideró a Marx y Freud como auténticos renegados; estaba convencido de que también los impulsos religiosos de los últimos shabbetaicos no se asimila ron sin dejar resto alguno en la utopía política. No obstante, to dos nosotros nos hemos convertidos en hijos e hijas de la Revo
9. G. Scholem, «Die Metamorphose des háretischen Messianismus», en íd., Ju daica 3, cit., p. 208.
lución francesa. Scholem ha experimentado la transformación de la religión en ilustración como algo tan insoslayable como insa tisfactorio. Y en este dilema se encuentra presa la investigación histórico-filológica de la Cábala.
Así, pues, a Scholem no le quedó otro remedio que incorpo rar el motivo antinómico a su propia praxis; se atrincheró en el positivismo para romper desde dentro el velo de niebla que cu bre los hechos históricos. La renuncia cientificista a la investiga ción crítica del material histórico debería ponerle al alcance una verdad que trasciende a toda historia porque se manifiesta única mente a los ojos internos. Entiendo el trabajo detallista de esta admirable biografía de Shabbetay Zwi, realizada según todas las reglas del quehacer académico, también como un exercitium, esto es, como un ejercicio con el que Scholem quería al menos encerrar las visiones de este Natán de Gaza. Scholem se ha colo cado una sola vez, en sus «Diez reflexiones ahistóricas sobre la Cábala», las lentes del científico y se ha dado a conocer como teólogo negativo. La tercera sección trata de la naturaleza medial de todo conocimiento proporcionado por la tradición y la inter pretación, que de nuevo siempre rebota sin consuelo alguno el sinsentido del conocimiento más elevado reservado a la inspira ción mística. Esta reflexión desemboca en una frase casi consola dora:
El «quién» es la última palabra de toda teoría y es bastante sorpren dente que la teoría vaya tan lejos que se olvide del «qué» al que estaba adherido su origen11.
[Traducción de Juan Carlos Velasco Arroyo]
ISRAEL O ATENAS.
¿A QUIÉN PERTENECE LA RAZÓN ANAMNÉTICA? JOHANN BAPTIST METZ Y LA UNIDAD EN LA MULTIPLICIDAD MULTICULTURAL*
El pensamiento de Johann Baptist Metz me fascina también por que, pasando por alto ciertas distancias, reconozco en él inten ciones comunes. El hecho de que a alguien que, desde una pers pectiva filosófica, adopta la posición de un ateísmo metódico se le planteen las mismas cuestiones que a un teólogo, resulta me nos sorprendente que el paralelismo de las respuestas. Intentan do conseguir cierta claridad en torno a estos paralelismos quiero mostrar mi agradecimiento al teólogo contemporáneo.
Metz, refiriéndose a su propia biografía, ilustró en su día el hecho de la simultaneidad de lo no simultáneo con el que nos to pamos hoy en el abanico multicultural de una sociedad mundial descentrada:
Procedo de una pequeña ciudad bávara profundamente católica. Viniendo de allí, se viene de muy lejos. Es como si uno no hubiera nacido hace cincuenta años (o hace sesenta y cinco) sino en algún punto en los márgenes crepusculares de la Edad Media. Me costó mucho esfuerzo descubrir cosas que otros, que «la sociedad», según parece, hacía tiempo que ya habían descubierto [...]: la democracia en la cotidianeidad política, por ejemplo, el trato con una esfera pública difusa, reglas de juego para el conflicto incluso en la vida familiar, etc. Mucho resultaba extraño y, en realidad, continuó siendo siempre extraño1.
* Contribución al simposio que tuvo lugar en Münster el 16 de junio de 1993 con ocasión del acto de investidura de Johann Baptist Metz como profesor emérito.