Capítulo I: MARCO TEÓRICO
4. LA GENERACIÓN LITERARIA DE 1938
4.1. Generación del 38: Aproximación y desarrollo
En un estudio –mencionado anteriormente- desarrollado por Ricardo Latcham acerca del criollismo, -a propósito de su participación en 1954, del Ciclo: La querella del criollismo, en la Universidad de Chile-, entre otros muchos aspectos tratados en él, finaliza aquella exposición sosteniendo que el "Naturalismo" regresa al entorno literario chileno, reflejado "en el rostro del Neocriollismo de los más recientes años." (Ibíd. 1956:50). Agregando más adelante que todo ese nuevo caudal narrativo, novedoso en todos los aspectos, aunque inmerso en lo nacional, se identifica con una narrativa donde se "mezclan lo mítico con lo realista, lo épico con lo psicológico, lo poético con lo social." (Ibíd. Latcham: 51). Era evidente que la literatura a la que se refería Latcham como neocriollista, se identificaba con aquellas creaciones que, sin salir del ámbito nacional, explotaban nuevos espacios, otros elementos y que comenzó a ser publicada en torno a la década de los treinta, aunque distanciándose del naturalismo y acercándose mucho más al realismo. A esta misma generación Cedomil Goic la llamó Neorrealista, destacándola como una generación que se caracterizó por manifestar "un verdadero crecimiento histórico-cultural que empequeñece las dimensiones del mundo físico." (1960: 254).
Por otro lado, Mario Ferrero persiste en esta denominación establecida por Latcham – Neocriollismo-, cuando hace mención a las obras publicadas entre los años 1922 y 1942, por un grupo de escritores, quienes, posteriormente, a pesar de las controversias, formarían el primer grupo de la que más adelante sería denominada Generación del 38. Entre ellos cabe destacar a Carlos Sepúlveda Leyton (1895-1941), Alberto Romero (1896-1981), Manuel Rojas (1896-1973), José Santos González Vera (1897-1970), Marta Brunet (1897-1967) Juan Modesto Castro (1898-1943) y Rubén Azocar (1901-1965). En este estudio Ferrero señala a este conjunto de escritores como el "tercer grupo" de criollistas "que Latcham ha bautizado como «neocriollista» y que, a su vez, abre paso al realismo popular." (1960: 17-18).
La discrepancia con respecto a este grupo de narradores estaba servida, pues algunos críticos la denominaron, en primera instancia, Generación literaria de 1942. Posteriormente, bajo el influjo de Ricardo Latcham y Hernán Díaz Arrieta (el famoso crítico literario chileno, Alone), el mismo grupo fue bautizado como, ‘generación neocriollista de 1940,’ motivados por las relevantes características de las producciones realizadas. Obras en prosa, que por un lado seguían apegadas a lo nacional, es decir, no habían dejado el criollismo tradicional, aunque
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bastante más diluido y distanciado del naturalismo decimonónico y, por otro, la utilización de nuevos elementos, otros escenarios, temáticas mucho más elaboradas, dentro de una actitud, un estilismo y unos contenidos psicológicos más profundos, además de la evidente distancia establecida con la generación anterior.
En un trabajo presentado por Volodia Teitelboim,126 dicho investigador sostiene que Latcham llama a la generación a la que pertenecen ambos "generación de 1940, aplicándole el óleo y la crisma de la cifra redonda." En tal sentido y estando en completo desacuerdo con esta denominación sugiere lo siguiente:
Sería tal vez más significativo y ubicador denominar a la nuestra ‘generación de 1938, o del 38’ a secas. La mayoría (…) frisaba entonces los veinte años y se precipitó a la vida civil y literaria, bajo el torbellino sonoro del Frente Popular. […]. Chile ya no sería más objeto, sino sujeto de la historia. Los aprendices de escritores […] nos sentimos parte del pueblo. Nos impulsaba un ansia apasionada y vaga […] de dar […] al escritor y artista un sitio de dignidad […] donde la poesía ocupara una silla dorada […]. (1958: 107).
El mismo autor continúa su exposición señalando, con cierta nostalgia, que todo aquello que ellos pensaban y hacían respondía únicamente a "sueños de artistas" y que lo único que los movía a todos esos jóvenes en aquella época era un infinito "ánimo colectivo." Uno de los sueños más relevantes fue la intención de imponer sobre los gobernantes corruptos, sin preparación y sin espíritu renovador, pero con mucho dinero, una nueva escala de valores, donde primara la "inteligencia," el "pueblo," la "belleza y el país." (Ibíd. Teitelboim: 107). Fue evidente que este grupo respondió claramente a los patrones establecidos por los teóricos en lo que respecta al nacimiento de una Generación. Salvando las excepciones. Sin embargo, esta denominación generacional no se registra como tal, sino a partir de una perspectiva reflexiva, crítica y retrospectiva hecha por todos los participantes que concurrieron y participaron del Primer Encuentro Nacional de Escritores en el año 1958.
126 Reproducción de los ensayos presentados en el Primer Encuentro de Escritores Chilenos: Salón de Honor de
la Universidad de Concepción, del 20 al 25 de enero de 1958. Atenea Nº 380 – 381, Año XXXV, Tomo CXXXI, abril – septiembre de 1958. Número extraordinario dedicado a los Encuentro de Escritores Chilenos, p. 106- 107.
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Mientras se producía en el país todo ese torbellino de cambios, en todo orden, una serie de hechos internacionales, ampliamente señalados por la historia, caracterizó la década de los treinta. La crisis económica norteamericana del 29 y la polarización ideológica europea, tocó especialmente a Chile; donde, desde la década de los veinte, se fortalecieron fuertemente las organizaciones sociales tanto de derecha, defendiendo su estatus; como de izquierda, en la que surgiendo una serie de formaciones que cuestionaban abiertamente a la clase conservadora y poderosa. Todo esto, obviamente, bajo el influjo de la experiencia vivida por el Frente Popular, en Francia 1935 y, la de España en 1936. De igual forma las noticias del crecimiento e instauración del fascismo en Europa y la Guerra Civil española fueron acontecimientos extremadamente fuertes que, a pesar de la distancia, contribuyeron a la movilización de la población chilena hacia un interés común. Así, sorprendentemente, El Frente Popular organizado en Chile, logra la victoria en las elecciones de 1938, resultando Presidente de la República, el Profesor y Abogado don Pedro Aguirre Cerda (1879-1941). Este fue un acontecimiento que transformó a la sociedad chilena, por las características del personaje, sus raíces y su ideología. Entre otros muchos aspectos, una de las preocupaciones del mandatario fue el fomento de la educación y la cultura. Para tal efecto su Gobierno llevó a cabo una serie de iniciativas que en muy poco tiempo se hicieron notar ante el notable crecimiento de las diversas manifestaciones culturales e intelectuales.
A este respecto, Mario Ferrero127 señala que la "Generación del 38 comienza a
incorporar todo este elemento vivo a sus creaciones literarias." Actividad que daría la "clave" de una de las principales características de la generación, pues fijaría su visión creadora en "el análisis en profundidad de un hecho social nuevo," que traspasa los límites de lo ideológico, lo político y del "romanticismo revolucionario." Se incorporan así, a la escena literaria "una serie interminable de tipos y personajes de compleja psicología, pertenecientes a los más variados grupos sociales." En la narrativa de esta generación el centro temático es el hombre, su acontecer histórico, su pensamiento, su condición laboral y social, su supervivencia en medio de una urbe que lo desprecia y cuya existencia social es incuestionable. (1990: 6).
Por otra parte, se da el fenómeno del redescubrimiento de la nacionalidad, la fijación de la identidad psicológica y sus proyecciones hacia el futuro. (Ibíd. Ferrero: 6). En el aspecto literario, especialmente, a partir de 1935, se da una suerte de acercamiento entre dos "generaciones" continuadas, referidas a la primera oleada que preside la generación del 38 y la
127 Mario Ferrero (1990) Fundamentos de una gran Generación de creadores chilenos. Revista Fortín Mapocho,
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que emerge cuando ésta ya está instaurada, -aunque todavía no lleva esa denominación. De acuerdo al modelo generacional de Cedomil Goic (Ibíd. Promis. 1977: 99). De igual forma las nuevas obras en prosa comenzaron a presentar una evidente reacción mucho más precisas y excluyentes, frente al criollismo superficial, siendo estimuladas a "dar categoría literaria a las luchas de emancipación política y económica de las clases trabajadoras," de acuerdo a lo que comenta Alegría (Ibíd. 1967: 80). Así, en respuesta a todo ese mundo de transformaciones que se proclamaba, cobra vida la emergente y divergente Generación del 38, sobre ese enorme mosaico contextual, que será el que le servirá de telón de fondo para su presentación.
En un estudio desarrollado por Hilda Ortiz Veas,128 acerca del surrealismo chileno, señala lo siguiente: En el mes "de julio de 1938" se presentan en la "tribuna de la sala de Conferencias de la Universidad de Chile" los señores Braulio Arenas (1913-1988), Teófilo Cid (1914-1964) y Enrique Gómez Correa (1915-1995). Todos jóvenes, que, con días de antelación, le habían dado una gran difusión al evento, en el que habían intercalado "textos" -que pensaban proclamar a viva voz-, de esa "novísima poesía." Por lo tanto, el sitio estaba abarrotado. En ese entorno saturado leyeron su manifiesto que anunciaba la "aparición en el país de un movimiento poético designado con el nombre de Mandrágora." Después leen algo de sus producciones poéticas en una favorecedora atmósfera. Este grupo se identificó claramente dentro de la corriente vanguardista por su tinte surrealista. Junto a la organización poética se fundó la Revista Mandrágora, donde el grupo publicó sus postulados y sus respectivas obras. Más tarde se les sumó a todas sus actividades del grupo y a la revista, el poeta Jorge Luis Cáceres (1923- 1949) entre otros muchos simpatizantes. A juicio de los mandragoristas, "la poesía, es decir, aquella que brota en estado puro desde las profundidades de la conciencia humana tiene que ser reconocida, tiene que ser aceptada en un pie de igualdad con todas las manifestaciones de la realidad." (1966: 30).
A juicio de Vergara, el grupo "Mandrágora intenta actualizar los proyectos [genuinos] del surrealismo europeo en Chile." Por esa razón establece posiciones mucho más extremas y excluyentes que las establecidas por sus antecesores. El ambiente político que rodea a la literatura chilena lleva a este grupo a no separarse de aquel referente surrealista, especialmente, el francés. Pues "las manifestaciones de vanguardia," emprendían un proceso de disolución puesto que, en general, el mundo intelectual se actualizaba en torno a la literatura social.
128 Esposa del escritor Gonzalo Rojas, e investigadora literaria, cuyos trabajos los publica en la Revista de la
Biblioteca Nacional de Chile, Mapocho. Hilda May Ortiz-Veas un ensayo titulado Contribución al estudio del surrealismo en Chile (1966) Santiago, Tomo 5, Nº 1 Volumen 13 p.30-49.
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Experimentando los vanguardistas una suerte de "aislamiento" y enfrentándose a una compleja variedad de grupos con manifestaciones culturales diversas cada vez más "radicales." (Ibíd. Vergara: 207-208). El grupo se mantuvo vigente hasta 1943.
En este sentido, en una postura algo distante, dentro del mismo período y formando parte de la misma generación, se encontraría la poesía de la Claridad (1938), una tendencia diferente a los consolidados bloques individuales como fueron [y son], por un lado, Huidobro, Mistral, de Rokha, Neruda, y, por otro, los mandragoristas. Esta tendencia, llamada por Nicanor Parra, de la Claridad, estaba compuesta por Luis Oyarzun (1920-1972), Jorge Millas (1917- 1982), Omar Cerda (1914-2003), Victoriano Vicario (1911-1966), Hernán Cañas (1910-1991), Alberto Baeza Flores (1914-1998), Oscar Castro (1910-1947) y el responsable de la denominación, Nicanor Parra (1914- vivo a la fecha: 102 años). Quien, en el ensayo presentado por él en el Primer Encuentro Nacional de Escritores de Chile, sostiene que 1938 fue un año de gran significación tanto en lo "político" como en lo "literario." Primero, por el éxito obtenido por el "Frente Popular" en el país. Segundo, por la publicación "de una Antología (1935), de los poetas jóvenes de aquel entonces," publicada por la Sociedad de Escritores de Chile.129 Dicha publicación -que reunió a los poetas antes señalados-, se llevó a cabo -según Parra- porque sus participantes contaban con una "virtud poética" auténtica, en la cual se encontraba inmersa la "claridad conceptual y formal." (1958: 45-46). El poeta, además de llamar a toda esa creación recogida en la antología mencionada, como el "credo de una poesía diurna," continúa su exposición, señalando que ellos representaban "a un tipo de poetas espontáneos, naturales, al alcance del grueso público." (Ibíd. Parra: 47).
Entre otros aspectos este grupo se declaró apolítico, pero con ideales de izquierda, aunque no militante y completamente distanciado de la religión. Parra señala que él es consciente de los aportes que los distintos grupos han hecho a la poesía nacional y, para dar fe de este criterio, observa "que por lo menos el cincuenta por ciento de nuestros principios no habían sido mal ideados. El otro cincuenta por ciento, […], estaba de parte de los surrealistas, que en aquella época representaban, […]: la inmersión en las profundidades del subconsciente colectivo." El poeta continúa su exposición agregando que para mantenerse vigentes tuvieron que estudiar y entender a Freud y hacer concesiones, además de conservar la camaradería y la fuerte constante en sus creaciones. Para concluir su ensayo, Parra asegura que el "antipoema,
129 SECH – Sociedad de Escritores de Chile. Una entidad cultural, fundada el 6 de noviembre de 1931, que
agrupa a poetas, narradores, dramaturgos y ensayistas, y tiene su sede central en la Casa del Escritor en Santiago de Chile.
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que, a la postre, no es otra cosa que el poema tradicional enriquecido con la savia surrealista - […]- debe aún ser resuelto desde el punto de vista psicológico y social del país y del continente […], para que pueda ser considerado como un verdadero ideal poético." (Ibíd. 48).
En este contexto es importante destacar que todo ese proyecto poético surrealista, planteado por los mandragoristas, muchas veces inaccesible y singularmente hermético, encontró su absoluto opuesto en los poetas de la Claridad liderado por Nicanor Parra, que salió a la palestra como una alternativa mucho más accesible para el público corriente. Aunque sin lugar a dudas, el único verdaderamente autorizado a determinar este criterio u otro de cualquier aspecto, sea éste positivo o negativo, referido a toda creación, era y es, el público lector.
En medio de la gran transformación experimentada por Chile en 1938, dentro del mundo de la política, que, a su vez, propicia sin demora acelerados cambios en su historia social, la evolución literaria no se hace esperar. Bajo este influjo, los creadores tienen necesidad de mostrar otros caminos y otras realidades en sus producciones aportando novedosas tendencias. En este aspecto, Soto sostiene que cualquiera que haya sido la expresión dada a esa nueva corriente emergente, "ellas, en conjunto sintonizan el surgimiento y recepción de un nuevo
verosímil, es decir, de un nuevo sistema de convenciones que modifica la estructura del género
y, con ello, la imagen de la realidad –simulacro- conducida por las convenciones precedentes (Todorov 1978: 11-15)." (1992:73).
Al hilo de lo anteriormente expuesto, una de las tendencias que emergió dentro de este período, fue el movimiento Angurrientista. Una tendencia literaria nacida a partir de la creación de la novela Angurrientos, escrita por Juan Godoy (1911-1981). Una novela, cuya primera edición salió publicada en 1940, aunque para esa fecha era ampliamente conocida por la sociedad intelectual de la época, pues circuló de forma manuscrita desde 1938.
A este respecto el propio Juan Godoy sostiene que el título de su novela es una palabra que "deriva del chilenismo ‘Angurrientos,’"130 sin embargo, de acuerdo al planteamiento de
Godoy, el vocablo habría sido "trasvasado a lo espiritual. Angurrientismo o angurrismo es omnímoda comprensión de lo humano, apetencia vital de estilo. El sentido del Angurrientismo es la marcha de lo vernáculo hacia lo cósmico." (Godoy, 1939: 4). En este mismo artículo, Godoy hace mención a algunas de las obras realizadas por los simpatizantes de sus postulados,
130 "Angurrientismo deriva del chilenismo ‘Angurriento’ y este vocablo, de Angurria, cuya significación literal es
hambre canina, hambre del pueblo…" Juan Godoy, (1938) Angurrientismo y Cultura. En: la revista Aurora de
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entre ellos están, Claudio Indo (1915-1998)131, Francisco Coloane (1910-2002), Nicasio Tangol
(1906-1981), Fernando Alegría (1918-2005), Pedro de la Barra (1912-1977), Jorge Millas (1917-1982), entre otros. (Ibíd. Godoy).
Según Muñoz y Oelker "el Angurrientismo" constituye "un movimiento literario y artístico" cuya denominación fue inventada por Godoy y que, de acuerdo a valoraciones hechas por Mariano Latorre, dicha tendencia fue un "movimiento neocriollista" cuyo aporte estaría inmerso en la "renovación" de lo "psíquico en nuestro criollismo." Y que no se trata de una nueva escuela literaria, sino de un movimiento de la intuición de la esencia chileno-cultural. (Ibíd. 1992: 262-265). Por otro lado, a juicio de Román Soto esta manifestación es "un claro síntoma de las encontradas tensiones" que caracterizó "a la narrativa chilena" de aquel período. Godoy, innegablemente se reveló contra el añejo criollismo a través de su propuesta
Angurrientos una novela que "emplea una estrategia radicalmente distinta." Por una parte,
simplifica arbitrariamente la "trama novelesca" pues ya "no se trata de una ‘historia,’ sino de una serie de situaciones dialógicas independientes". Por otra, más que afirmar un conocimiento, lo erosiona postulando la radical precariedad de todo conocimiento." Sin embargo, pese a sus peculiares características la novela de Godoy, sin duda ‘excéntrica’, es otra manifestación que establece un punto de inflexión en todas aquellas nuevas propuestas copadas de nuevos planteamientos, transformándose en un referente más para las producciones futuras. (Ibíd. 1992: 77).
Asimismo, en el marco de toda esta nueva dinámica literaria emerge un grupo de cuentistas, que fue denominado por "la crítica chilena" como el grupo del "Verdadero cuento en Chile" para situarlos dentro de una tendencia novedosa cuyo nombre fue tomado del título de la antología elaborada por Miguel Serrano.132 (Ibíd. Oelker y Muñoz: 219). Dentro de esta Antología, Serrano incluye obras de Pedro Carillo (1910-s/n), Braulio Arenas (1913-1988), Adrián Jiménez (s/n-s/n), Juan Tejeda (1916-1972), Eduardo Anguita (1914-1992), Teófilo Cid (1914-1964), Juan Emar (1893-1964),133 Carlos Droguett (1912-1996), Anuar Atías (1917- 1979)134, Miguel Serrano (1917-2009) y Hector Barreto (1917-1936)135. Muchos de ellos,
131 Seudónimo masculino utilizado por Emma Jauch, a la que no le gustaba ser llamada poetisa, sino poeta; por
lo tanto, en sus primeras publicaciones prefirió llamarse con este seudónimo: Claudio Indo. El objetivo radicaba en que, cualquiera que hablara de ella fuera con el masculino: poeta.
132 El grupo denominado ‘Verdadero cuento en Chile’ es tomado de la obra de Miguel Serrano (1938) Antología
del verdadero cuento en Chile. Editada en Santiago por la imprenta Gutenberg.
133 Seudónimo de Álvaro Yáñez Bianchi, Juan Emar o Jean Emar, formó parte de los pioneros del Vanguardismo. 134 Seudónimo de Guillermo Atías que so lo usó en esa primera fase ya que a futuro retomó su nombre real. 135 Escritor que muere a los diecinueve años en una revuelta política.
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también formaban parte del grupo Mandrágora donde participaban activamente. En este sentido, Goic señala que, en ambos movimientos, además de existir una efectiva correlación, "hallamos la más vehemente voluntad de romper," tanto en la "novela corta" como en el "cuento, con las formas vigentes del cuento" de Maupassant, para reemplazarlo "por el cuento de técnicas surrealistas." Ambas tendencias eran parte del surrealismo chileno y una de sus características fundamentales era el "monologo interior" desarrollado en el mundo de los "sueños," los "símbolos esotéricos o de la libre fantasía creadora." Más adelante el mismo autor señala que la elaboración de aquella Antología por parte de Serrano, se transformó en el escape "natural de la polémica suscitada, sobre las limitaciones del género, contra las formas todavía vivas del añejo Mundonovismo." (Ibíd. 1960: 254).
En el marco de las manifestaciones literaria que singularizan a la generación del 38, hacia 1941 -el autor objeto de este estudio y parte activa de la Generación-, Nicomedes Guzmán, publica otra Antología con el título de Nuevos cuentistas chilenos. En esta publicación, tanto el prólogo, las notas críticas y biográficas de la selección de autores, fueron hechas por Guzmán. A juicio de Francisco Santana,136 después de la controversial «Antología» de Serrano, la obra de Guzmán adquiere una mayor relevancia "tanto por el estudio que hace del cuento", propiamente, "como por sus apreciaciones de los cuentistas chilenos." Valorando positivamente la obra, Santana subraya la referencia que allí se hace sobre la existencia de una nueva generación de cuentistas. (1949: 13).
En este aspecto es importante hacer notar que en las valoraciones expuestas por Guzmán en el prólogo de la Antología, también señala a la generación del 38, como, "la de 1940." De