• No se han encontrado resultados

Gerardo Bocco*

In document Introducción. Arturo Argueta Villamar (página 38-46)

Introducción

Hacia mediados de los noventa, la Empresa Forestal Comunal de San Juan Nuevo Parangaricutiro, Michoacán, decidió solicitar a la UNAM el apoyo técnico para diversificar sus actividades productivas, a partir de haber convertido el plan de manejo forestal en un verdadero programa de acción integral comunitaria. Ello implicó una labor conjunta de cin- co años, cuyos resultados se describen en Velásquez et al. (2003).

Para los propósitos de este trabajo, la actividad desarrollada será circunscrita a dos proyectos enmarcados en la colaboración indicada arriba. En primer lugar, el uso de percepción remota y sistemas de información geográfica digitales en la ejecución del plan de manejo forestal (tipificadas en este documento como alta tecnología), y en segundo lugar la caracterización del sistema agrícola tradicional, en el suroeste de la comunidad, utilizando un enfoque de geografía cultural.2 Lo que comparten ambos proyectos es el recurrir, en ambos

casos, a unidades geográficas como elemento sustancial de la actividad

1 Agradecimientos. La revisión de por lo menos un árbitro externo, así como los comentarios del editor, Dr. Arturo Argueta, contribuyeron a mejorar la versión final de este capítulo

2 Los participantes por parte de la UNAM en este esfuerzo fueron un biólogo con especialidad en recursos naturales (F. Rosete), un agrónomo especialista en suelos (J. Pulido), y un geógrafo especialista en geoformas y sistemas de información geo- gráfica. Los dos primeros elaboraron sus respectivas tesis de maestría en ciencias bajo la supervisión del último, autor de este trabajo.

* Investigador titular y Director, Centro de Investigaciones en Geografía Am- biental - UNAM, Campus Morelia

científica aplicada y participativa. La esencia de esta contribución es extraer las enseñanzas del uso de esta estrategia, y en ese contexto eva- luar la contribución del uso de tecnologías digitales en algo cercano a un diálogo de saberes.

La comunidad de Nuevo San Juan3

La Comunidad Indígena de Nuevo San Juan Parangaricutiro (CIN- SJP) abarca casi 18,200 ha, y se localiza a unos 15 km al occidente de la ciudad de Uruapan, en el estado de Michoacán de Ocampo. Sus terrenos mantienen colindancia al oeste y norte con las comunidades indígenas de Caltzontzin, Santa Ana Zirosto, Zacán y Angahuan, y al este con varias pequeñas propiedades. Una superficie de aproximada- mente 2,000 ha de los terrenos de la CINSJP forman parte del Parque Nacional Pico del Tancítaro. La comunidad se localiza en el extremo suroccidental de la meseta Purépecha, en el Sistema Volcánico Trans- versal, con altitudes entre los 1 800 y 3 200 msnm. Su límite meridional está en contacto con la transición fisiográfica a la depresión del río Tepalcatepec. Las formas del terreno y suelos se derivan de materia- les volcánicos recientes, con cobertura original de bosques templados (encinos, pinos, abetos y sus asociaciones). Al menos un 50% de los terrenos se presentan cubiertos por espesores variables de cenizas del volcán Paricutín, localizado a pocos km de su lindero occidental.

Las precipitaciones pluviales varían en el territorio comunal, pero se concentran entre mayo y octubre con un promedio anual de alrededor de 1,200 mm. Las temperaturas medias anuales también varían y no superan los 18º C. El uso del suelo incluye agricultura de subsistencia (principalmente maíz), ganadería extensiva en pastizal- matorral y bosque, huertas de aguacate y durazno, y aprovechamiento de madera y resina en los bosques de pino.

3 La información de esta parte proviene de varios capítulos de Velázquez, A., G. Bocco y A. Torres (comps.) 2003. Las enseñanzas de San Juan: investigación parti- cipativa para el manejo integral de recursos naturales. Instituto Nacional de Ecología- Semarnat, 595 p.

Después de la erupción del volcán Paricutín (iniciada en 1943), la comunidad debió abandonar sus terrenos y fue dotada, al igual que otras comunidades afectadas, de terrenos en áreas adyacentes, donde re-iniciaron su vida comunitaria y productiva (agricultura, ganadería y aprovechamiento forestal). Como consecuencia de su fortaleza frente a la adversidad, nuevas oportunidades en el manejo forestal, y la capa- citación de un grupo de sus miembros, la comunidad pudo, en primer lugar, manejar sus propios servicios técnicos. Asimismo, organizó una empresa comunal para el aprovechamiento integral de sus bosques, la generación de productos finales (como muebles, pisos y resinas), y su comercialización.

El plan de manejo forestal y su automatización

El plan de manejo forestal es uno de los documentos que la legislación ambiental requiere para autorizar el aprovechamiento forestal, tanto para pequeños propietarios como para ejidos y comunidades. Un plan consta esencialmente de un estudio técnico con las previsiones nece- sarias para garantizar que el corte no afecte la regeneración de la masa arbórea aprovechable de un predio. A este efecto, el plan contempla la estratificación de los terrenos en rodales y subrodales; éstas son uni- dades espaciales homogéneas desde el punto de vista de la calidad del bosque para su aprovechamiento maderable. Dicha homogeneidad su- pone relativa homogeneidad en los factores ambientales (relieve, suelo, hidrología) que controlan parcialmente el despliegue de las comunida- des vegetales en aprovechamiento.

En tanto la empresa comunal solicitó el apoyo de la UNAM para fortalecer la diversificación de las actividades de la comunidad, la propuesta básica de los académicos fue convertir al plan en un instru- mento integral de desarrollo, análogo a un programa de ordenamiento territorial, sin dejar de cumplir con los requerimientos legales. A tal efecto, la propuesta consideró re-conceptualizar a los rodales (básica- mente pensados para fines forestales) en unidades de manejo ambien- tal, incluyendo lo forestal; para ello los rodales fueron considerados como unidades integrales de paisaje.

Esta noción guió buena parte de la actividad académica de la UNAM, y se plasmó en la realización de un programa de capacita- ción-ejecución de los siguientes inventarios: formas del terreno y sue- los, aptitud productiva (forestal según calidad, agrícola según sistema productivo, pecuario). Estas actividades supusieron el uso de técnicas de fotointepretación de geoformas, caracterización de tipo y aptitud de suelos, inventario forestal y plan en el sentido tradicional, verifi- cación en campo, diseño de bases de datos, digitalización, creación y análisis de las bases de datos resultantes. Al menos dos integrantes de la dirección técnica de la comunidad fueron capacitados en cada una de las técnicas, en gabinete, campo y cómputo. El resultado final fue un plan de manejo automatizado, utilizando los métodos, técnicas, equipo y programas más eficientes en el momento.

Específicamente el programa de capacitación-ejecución para el uso de alta tecnología tomó un periodo de al menos 24 meses a dos especialistas (sin los trabajos de campo y otras capacitaciones). Pero incluyó la adquisición de equipo, programas, conformación de los ma- pas base y temáticos, rodalización, reconceptualización de los rodales, mapas de aptitud productiva y construcción de las bases de datos digi- tales para su posterior monitoreo, por un lado, y para su ensamble con el inventario por calidad forestal propiamente dicho, por otro.

De este modo, se recurrió a tecnología de punta tanto en sis- temas de información geográfica (SIG), como de posicionamiento global. Esta tarea pudo desarrollarse sin problema serio alguno, debido a la formación básica de los técnicos comunitarios en cartografía no digital y profundo conocimiento de sus terrenos.

El sistema tradicional de año y vez

Si bien la actividad central de la comunidad y su empresa es el apro- vechamiento maderable en términos integrales, existen predios aún dedicados a la agricultura de temporal de maíz. Se trata de terrenos que recibieron menor aporte de cenizas de la erupción del Paricutín, y fueron desmontadas para poder garantizar el abasto de alimento en las décadas de los cuarenta y cincuenta. Hacia mediados de los no-

venta estos terrenos, localizados en los alrededores del poblado de San Nicolás, aún eran manejados de acuerdo con las técnicas tradicionales basadas en el descanso de uno a varios años de una parcela, mientras que la o las adyacentes se cultivaban, en una suerte de ciclicidad aná- loga al sistema de manejo forestal por anualidades. El descanso tiene el propósito de permitir la recuperación relativa de los nutrientes de los suelos y por tanto de su fertilidad. Asimismo, el descanso permite el pastoreo de ganado vacuno de manera rotativa, de parcela a parcela, evitando el pisoteo excesivo y la compactación de suelos sumamente frágiles dado su origen volcánico.

Cuando solicitamos a la comunidad incluir este análisis en el programa de colaboración, los técnicos y dirigentes pensaron que no era una buena idea, y debimos esperar al menos tres años para poder realizar el estudio, sin que éste formara parte del plan de capacitación y reconceptualización del programa de manejo integral de la comuni- dad. El trabajo que realizamos contó con la cooperación de un grupo aproximado de 10 productores tradicionales, en general mayores de 60 años, que contaban con predios en la zona de San Nicolás. Estos productores vivían en San Juan Nuevo pero se desplazaban cotidiana- mente a San Nicolás para las faenas, cotidianamente, y mantenían un gran apego a sus maíces para diversos propósitos de la vida comunita- ria. La mayoría de los hablantes de idioma purépecha de la comunidad forma parte de este grupo.

El estudio, de índole participativa, consistió en la descripción y evaluación del sistema productivo tradicional de año y vez, destacando sus características principales, sus bondades y limitaciones. Una par- te medular del estudio se orientó a delimitar, sobre fotografías aéreas amplificadas, las unidades territoriales identificadas por los producto- res, en compañía de ellos, y en las parcelas de cada uno de ellos. Así, definimos unidades campesinas de paisaje, ya que integraban todos los componentes que sugiere la teoría del paisaje desde el punto de vista científico. También en compañía de los productores, cada unidad fue clasificada de acuerdo con su calidad, entendida ésta como aptitud en el rendimiento del cultivo. Esta clasificación fue representada espa- cialmente, y cada unidad fue nombrada en términos locales (tanto en español como en purépecha), descrita en términos de sus propiedades

de acuerdo con el conocimiento local, y todo ello complementado con los nombres derivados de la terminología y tipología científica de geo- formas, suelos, y aptitud (calidad).

Una vez completada esta etapa, se estableció, mediante muestreo estadísticamente válido, el rendimiento de cada unidad delimitada, y se compararon los resultados con las unidades campesinas y su aptitud. La conclusión final indicó que la calidad determinada por el rendi- miento correspondía a la indicada por los productores.

Aportes del enfoque de unidades geográficas

Como puede apreciarse, ambos casos resultaron de las estrategias de investigación participativa. El primero de ellos con una fuerte contri- bución del uso de alta tecnología, en tanto el segundo fue elaborado utilizando técnicas de análisis visual de imágenes (fotointerpretación). El elemento común en ambos fue el uso de unidades geográficas (ro- dales re-conceptualizados por un lado, y unidades campesinas por otro) como columna vertebral de ambas investigaciones. Éste es el elemento sustantivo y la lección derivada de esta experiencia. De este modo, lo relevante es el enfoque, en este caso el geográfico, y no su implantación en un sistema automatizado. En el primer caso privile- giamos el uso de alta tecnología, porque así convino a la demanda y al tipo de trabajo. En el segundo se optó por técnicas visuales ya que facilitaban la detección y caracterización campesina de las unidades. Conclusiones

Ambos ejercicios formaron parte de un proceso de intenso trabajo a lo largo de unos cinco años. Poco a poco la intensidad de la relación fue disminuyendo como consecuencia del cambio de autoridades en la comunidad y en la empresa. El contacto que, sin embargo, nunca cesó por completo, ha venido restableciéndose en los últimos años, aunque sobre bases diferentes de aquéllas en cuyo marco se formuló el proyec- to original. Por ejemplo, la oficina técnica de la comunidad continúa

utilizando el sistema de información geográfica para la actualización de su plan de manejo forestal y la certificación de sustentabilidad que hace años le ha otorgado el Consejo Silvícola Mundial.4 A inicios del

año 2010 la comunidad mostró interés en retomar el proyecto por me- dio de un programa de apoyo para la elaboración de tesis de ingeniería o maestría, mismos que incluirían un componente en el uso de SIG y otras técnicas para automatización de inventarios.

Aunque la comunidad, o tal vez sería mejor señalar que ha sido la empresa comunal, no ha mostrado, al menos por el momento, mayor interés en los resultados del segundo estudio de caso, sí ha mantenido un esfuerzo e inversión sostenida en el primero de los ejemplos.

Sin duda las relaciones de comunidad rural-academia no son li- neales, y los intereses y agendas naturalmente cambian con el tiempo. Es condición sine-qua-non que la agenda académica esté subordinada a la comunitaria. Pese a los cambios y variantes, la relación y el diálogo de saberes se ha mantenido, con diversas modalidades durante los últimos 15 años.

En este contexto, el uso de alta tecnología espacial —demanda inicial de la comunidad y la empresa forestal— puede caracterizar- se como exitoso, ya que éste se mantiene, y ha permitido a la ofici- na técnica abaratar costos de operación, y no ha debido cartografiar nuevamente su cobertura forestal sino actualizarla mediante técnicas visuales pero con bases de datos digitales. Asimismo, los cálculos para el aprovechamiento se realizan a partir de las bases de datos digitales generadas al inicio del proyecto, las cuales permiten mejorar la certi- dumbre en la estimación para cada anualidad (de acuerdo con el sis- tema silvícola mexicano de aprovechamiento de ciertos rodales y de cierta calidad cada año).

En cuanto al sistema productivo tradicional de maíz, pareciera no resultar de interés para la comunidad-empresa, como ya se dijo; sin embargo, la disponibilidad y participación tan activa de los agricultores de la comunidad permite señalar que sí resultó de su máximo interés.

4 La certidumbre de esta afirmación se deriva de numerosos contactos que mantenemos últimamente con la comunidad, en especial con la oficina técnica, para consultas sobre la renovación de la certificación “verde”

Pero no fue posible dar seguimiento a este proceso. En cualquier caso, una investigación similar se desarrolla actualmente en la comunidad de Comachuén, en la región purépecha.5

El análisis presentado en este trabajo debe complementarse con la evaluación que la propia comunidad realiza. Este análisis se presenta de manera separada, por parte de la especialista en comunicación de la ciencia que lo elaboró y atañe a toda la experiencia entre una co- munidad indígena y una institución de educación superior (ver en este mismo volumen Castillo, Alicia, “Comunicaciones e interacciones en- tre las ciencias ambientales (socie-ecológicas) y distintos sectores de la sociedad”). De tal manera que va más allá que el uso de alta tecnología en el plan de manejo.

5 Se trata del trabajo de tesis doctoral del Mtro. Juan Pulido, bajo la supervisión del autor de este capítulo.

59

In document Introducción. Arturo Argueta Villamar (página 38-46)