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Globalización y desarrollo local

In document Retos del desarrollo local (página 41-62)

El concepto mismo de desarrollo nace maniatado por los in- tereses de las potencias mundiales, concretamente de Estados Unidos. Su contenido, tal como se ha tejido en la historia, apunta a que los países dominados asuman los patrones discursi- vos de los dominadores y se organicen en mayor o menor medida según ese espejo. Una vez logrado este objetivo, la cancha se traza para un desenvolvimiento de actores donde cada uno tiene que reproducir su papel. La globalización alcanza entonces su ideal, es decir funcionar sincronizadamente como sistema. De fallar en el intento, el escenario es el uso de la fuerza militar. Así, las prio- ridades de quienes diseñan la política global han evolucionado de los discursos del desarrollo a la globalización y, hoy, a la seguri- dad. Los Estados nacionales de la periferia, guiados por sus elites económicas y políticas, marcan el paso con mayor o menor dis- ciplina y ritmo, pero en la dirección impuesta38.

En este marco ¿qué espacio viable existe para el desarrollo lo- cal? Este aparece como una estrategia defensiva generada desde espacios locales (pero a su vez apropiada con fines funcionalis- tas) ante el debilitamiento del Es-

tado y el abandono progresivo de su responsabilidad con los territorios y

39 Tortosa, José María, «Desarrollo local,

la ciudadanía, y ante la impotencia de incidir (o responder a la homogeneización) en lo global. No es una respuesta sistémica y organizada globalmente, ni se plantea una revolución política y económica contra la situación de cada país y del sistema mun- dial. Según Boisier:

Puede concluirse que la globalización, en tanto proceso que simultá- neamente busca formar un solo espacio de mercado y múltiples territo- rios de producción, contiene fuerzas que empujan la diseminación te- rritorial de segmentos de variadas cadenas de valor, al tiempo que hace surgir fuerzas de descentramiento y de descentralización, así como de centralización y concentración y, desde tal punto de vista, de un «mix» de efectos, puede afirmarse que la globalización estimula el surgimiento de procesos de crecimiento local, de lo cual no puede inferirse sin em- bargo que estimule también procesos de desarrollo local40.

En definitiva, la globalización es una oportunidad para el creci- miento local, pero el desarrollo local depende de cómo los acto- res manejen la dialéctica de la relación global-local.

La perspectiva latinoamericana plantea un conjunto de posibili- dades susceptibles de alcanzarse en la escala local para mejorar las condiciones de existencia sobre la base de un acuerdo terri- torial que respete e incorpore diferenciadamente las identidades, que igualmente respete el entorno ambiental, promueva el desa- rrollo económico, siente las bases de una nueva institucionali- dad e incorpore en la gestión territorial una participación ciuda- dana activa, organizada, informada y con capacidad de interpre- tar los procesos globales actuales.

Visto así, el espacio para el desarrollo local está determinado precisamente por la capacidad de sus actores de generar redes de comunicación e interacción para in- cidir en cambios de fondo en la

estructura del Estado nacional y desde allí viabilizar e institucio- nalizar los procesos locales y lograr su sostenibilidad. No obs- tante, esto implica que el perfil de ese nuevo Estado tenga tam- bién capacidad para interactuar regionalmente y presentar una agenda compartida en el concierto global, y abrir el espacio ne- cesario para viabilizarla.

De todos modos, esa es la debilidad del pensamiento y las prácticas del desarrollo mientras no seamos capaces (y no lo somos) de organi- zar un desarrollo global, pensando globalmente y actuando global- mente, más allá de la afirmación, poco discutible, de que «otro mundo es posible»: de momento, las políticas explotadoras y ame- drentadoras de los países centrales y la rendición de los países perifé- ricos impiden que sea probable41.

Pero, de todas maneras,

hay que apostar a ganar en la globalización42. 5. Los retos del desarrollo local

Retos en la dimensión política

De la democracia representativa a la democracia participativa Existe un cierto consenso en torno a que la democracia es una forma de gobierno y de vida que posibilita el desarrollo local. Por tanto, es necesario «deconstruir» el modelo de democracia (liberal-burguesa) que conocemos, cuyo aspecto más débil es la crisis del modelo de representación.

Es evidente entonces que hay que construir un nuevo enfoque de democracia que incorpore la

emergencia de la sociedad civil como 4142 Tortosa, José María, ponencia citada. Boisier, Sergio, ponencia citada.

actor clave, una democracia vivencial, deliberativa, participa- tiva, social.

La esencia de esta nueva democracia debe radicar en la parti- cipación de una ciudadanía que interpele y supere el modelo tradicional, y que asuma la corresponsabilidad del poder y de la gestión del desarrollo. En definitiva, una ciudadanía activa, autónoma y con interés emancipatorio, articulada a una nueva politicidad.

En lo que atañe al cambio de las relaciones de poder dentro de un territorio, una de las bases de la perspectiva de género es mo- dificar las que existen entre hombres y mujeres como sustento de una democracia vivencial que se proyecta desde las personas hacia la sociedad.

La viabilidad de este enfoque democrático y participativo ya tiene señales concretas en múltiples experiencias latinoamerica- nas, sobre todo en la institucionalización de espacios y mecanis- mos de participación ciudadana (asambleas, presupuestación, etc.). Se trata, desde luego, de señales iniciales que deben pro- fundizarse en materia de planificación estratégica y sistemas de evaluación desde la sociedad, de transparencia y acceso a la in- formación, de rendición de cuentas, control social, veedurías y de comunicación, entre otros aspectos.

El gran salto que está pendiente es aquel que permita, por un lado, anclar estas iniciativas en marcos locales institucionaliza- dos y, por otro, enlazar las que se encuentran dispersas en una propuesta con perspectiva nacional, lo que haría posible garan- tizar niveles de cambios sostenibles en la democracia que palmo a palmo intentamos construir.

Construcción de ciudadanía

Una democracia participativa que active procesos de desarrollo local requiere de ciudadanía y esta solo se construye sobre el in- terés público. Dado que en nuestros países ha crecido sustancial- mente la desconfianza de la población en el Estado, en los go- biernos y en la política, estos procesos deben necesariamente considerar acciones de sensibilización y de involucramiento de la población para construir o reconstruir la ciudadanía bajo la perspectiva de actoría en la democracia.

Los actores: organización, participación y tejido social

Si asumimos que es el sentido de la acción el que convierte en ac- tores a los ciudadanos y sus colectivos43, sería el proceso de gestión

del poder locallo que transformaría en actores a los habitantes. Esta opción tiene a su vez algunos condicionamientos que guardan relativa interdependencia: la voluntad política de los gestores (go- biernos locales) para convocar e institucionalizar espacios de parti- cipación y gobernabilidad democrática; el surgimiento de nuevos liderazgos, sobre todo colectivos y con capacidad de propuesta; y, la sinergia entre la oferta de participación, el objeto de participa- ción y la madurez ciudadana para intervenir en asuntos públicos. Aquí cumplen un papel relevante y fundamental los procesos de fortalecimiento de la organización social, cuyas estructu- ras deben adaptarse a los conceptos democráticos participati- vos, al desarrollo de «talentos» y capacidades, al conoci- miento de deberes y derechos, al entendimiento de la diver- sidad y a una nueva cultura de con-

Es desde esta base que se puede fortalecer el tejido social local y construir imaginarios colectivos sustentados en la inclusión, en aras de diseñar, promover e implementar un proyecto de terri- torio pero, vale la pena reiterar, sobre todo articular un tejido so- cial que desde la comunidad crezca nacionalmente hacia un pro- yecto de país y hacia la integración latinoamericana.

Retos en la dimensión cultural y de identidades Visibilización y concertación de identidades

En los territorios conviven visiones y valores diferentes sobre la vida y la prosperidad, la naturaleza, la familia y la comunidad, la propiedad y el bien común, aspectos que de alguna manera orientan las decisiones individuales y colectivas sobre el quehacer para transformar (preparar) el futuro en un presente deseado. Detrás de estas percepciones están culturas y detrás de estas, identidades, es decir personas y colectivos con nombre propio, con sentido de pertenencia.

El desarrollo local mantiene como desafío visibilizar las múlti- ples identidades, ampliar sus expresiones y provocar diálogos in- terculturales para, sobre la base de la diversidad, definir objeti- vos comunes que permitan la concertación.

Esta aproximación posibilita un conjunto de cambios societales tendientes a modificar los sustentos de la exclusión, la primacía del eurocentrismo y el «derecho» a «civilizar» (integrar) a unos en la cosmovisión de los otros.

Tales cambios permitirían la emergencia y desarrollo de identi- dades sumergidas (de género, sexuales); la revalorización, la

autoestima y la proyección de otras (etnias); la deconstrucción y reconstrucción de aquellas como la «mestiza», más exactamente la latinoamericana que, por efectos de la colonización en todos los niveles, tiene dificultades para encontrar sus propios referen- tes. Asimismo, permitirían a otras repensar su papel en la nueva configuración social (cultura occidental, blanca, adulta, mascu- lina). A su vez, una concertación intercultural posibilitará la construcción de una identidad territorial mayor, articulada en el proyecto común.

Es necesario que esta perspectiva implemente estrategias afirma- tivas para identidades menos reconocidas por el colectivo, como punto de partida para recuperar dignidades avasalladas por una historia que atropella las diferencias y las particularidades. En el diálogo intercultural no caben protagonismos ni lideraz- gos unilaterales, que sólo reproducirían el esquema tradicional: caben la horizontalidad, la legitimación y la institucionalización de este reconocimiento en procesos de socialización y educa- ción, en políticas públicas y, cuando corresponda, en presupues- tos de los gobiernos locales orientados a fortalecer acciones afir- mativas hacia los más excluidos.

Bienestar

El desarrollo no puede obedecer a «recetas» únicas. Es necesario construir enfoques, estrategias y líneas de acción que emanen de diálogos y concertaciones interculturales, intergeneracionales, intergénero para llegar a entender el bienestar desde diferentes perspectivas y responder con políticas diferenciadas, siempre dentro del proyecto de territorio, a las particularidades cultura- les de cada cual.

Retos en la dimensión territorial Objetivos territoriales

La incorporación de la dimensión territorial en los procesos de desarrollo local, como una categoría más amplia que define sus prioridades, es un ejercicio reciente que va cobrando mucha fuerza y sentido tanto en los debates teóricos cuanto en la pla- nificación operativa en los países latinoamericanos. Es un ejer- cicio que plantea nuevos retos a nuestra perspectiva de desa- rrollo, pues el actual modelo ha mostrado, mediante múltiples indicadores, ser insostenible (agotamiento de recursos, cambio climático, migraciones, contaminación, pobreza, etc.), lo que demanda un cambio de actitud en lo que atañe al territorio: es necesario partir de su aptitud para revertir la tendencia. Concebir al territorio como agente de desarrollo es el punto de partida para la definición de lo local y de su gestión, cuya meta es la interacción equitativa y recíproca entre las actividades eco- nómicas, las estructuras sociales y la lógica de la naturaleza. El cambio de actitud hace referencia a la cultura de depredación: es necesario impulsar desde lo local la defensa ambiental, pues ya no hay espacio para reeditar los estilos de vida consumistas y destructores de la naturaleza.

El patrimonio natural (biodiversidad, agua, bosques, suelos, pai- saje) constituye el potencial que nos permitiría, en el presente y en el futuro, crear una nueva economía basada en el bien-estar, alcanzar soberanía y seguridad alimentaria, impulsar el creci- miento de las personas y de la sociedad a través de la educación, la información, la autoestima y la identidad.

La sostenibilidadimplica cultivar / crear las condiciones y conservar / crear las relaciones que generan y sostienen la vida44.

Por último, es necesario afirmar que el territorio es un lugar de construcción cultural y social, y que el desarrollo local considera la dimensión cultural y de identidades (conocimientos y saberes de pueblos y nacionalidades) como punto de partida de sus es- trategias de animación territorial.

Ordenamiento y gestión

El ordenamiento para la gestión territorial con base ambiental tiene poca trayectoria. En efecto, es más lo que se ha dicho que lo que se ha hecho. Lo sustentable y lo sostenible requieren to- davía de marcos operativos para ser funcionales a las necesida- des del desarrollo local.

La tarea comienza por redefinir política, cultural y ambiental- mente el territorio de acuerdo a configuraciones político admi- nistrativas, históricas, identitarias y ecosociales.

En esa línea es necesario fortalecer las instancias locales de ges- tión y dar continuidad a procesos de planificación y control, en un marco participativo y en función de institucionalizar nuevos modelos de gestión y transformarlos en políticas públicas, en consonancia con el nivel nacional, tarea que por otra parte re- quiere de una entidad (institución o colectivo) con liderazgo, capacidad de convocación y legitimidad.

La gestión territorial tiene dos niveles de concreción: uno polí- tico, que supone negociar y concertar con los diferentes actores y sus intereses, y otro tecnológico,

de información y comunicación económica, ecológica y social, sistemas de planificación participativos y acciones sustentadas en el diálogo sobre saberes entre pobladores y técnicos.

El ordenamiento y la gestión territorial deben fundamentarse entonces en la identificación de los actores con el territorio, en el conocimiento y la caracterización del mismo, y en las posibi- lidades de decidir localmente (descentralización/autonomías) sobre qué hacer, cuándo y cómo, de acuerdo a la dinámica y las especificidades locales y a sus procesos de concertación.

Finalmente, dentro de los procesos de planeación estratégica te- rritorial se deben identificar las potencialidades productivas que, sin afectar la sustentabilidad, permitan al territorio dinamizar su economía y proyectarse a niveles más amplios de competitivi- dad. Esto no excluye las otras variables, pero es un tema crucial en la sostenibilidad y en las perspectivas de mejorar la calidad de vida de la población.

Formación y conocimiento

La gestión territorial necesita talentos humanos capacitados téc- nica y metodológicamente para facilitar procesos de cambio en la línea señalada en los puntos anteriores, lo cual convoca a ini- ciar o fortalecer sistemas de formación en temas territoriales y ambientales tanto a nivel de universidades cuanto de gobiernos locales y comunidades.

Concertación y alianzas

La esencia del desarrollo local es la participación y la concerta- ción de los actores que, de una u otra manera, están articulados al territorio, con el fin de definir un proyecto común. Ello

demanda desarrollar espacios de reconocimiento, institucionali- zar y garantizar que dicho proyecto tenga continuidad más allá de los cambios de gobierno.

En ese empeño municipalidades, instituciones, universidades, ONG y organizaciones sociales que activan lo local y que generan propuestas tienen la posibilidad de establecer vínculos y agendas que les permitan articularse en torno a temas concretos. Solo así maduran los espacios y la calidad y sostenibilidad de las alianzas. La concertación y la posibilidad de alianzas estratégicas deben incorporar estamentos que hasta ahora se encuentran dispersos y fragmentados en el territorio, como la relación entre lo público-privado, lo público-público, lo privado-privado, lo urbano-rural, el Estado nacional-local, lo regional-local.

Retos en la dimensión económica

La dimensión económica en el sistema del desarrollo local

La dimensión económica es un pilar indispensable del desarro- llo local entendido como sistema. No obstante, al ser parte de ese engranaje, por sí misma no basta para cumplir con el obje- tivo de desarrollo que estamos construyendo.

No es posible lograr el bienestar sin antes entender las especificida- des locales en los aspectos económicos, naturales, étnicos, religiosos, políticos, sociales y este entendimiento puede ser factible a través de la participación ciudadana en procesos democráticos, inclusivos, que permitan el ejercicio de ciudadanía y el empoderamiento de los actores locales en un proceso integral e integrado de desarrollo. En lo que respecta al bienestar de la población, la generación de riqueza no puede permanecer ajena a las políticas públicas de fomento a la

producción; a la organización, capacidades y conocimientos de los actores; y, a la práctica de valores éticos universales y al respeto de aquellos particulares a culturas específicas, entre otros aspectos. Desarrollo económico local

La especificidad del desarrollo económico local radica en la pro- ducción de bienes y servicios, en la generación de riqueza, la creación de empleo, el mejoramiento de los ingresos, todo ello dentro de un marco redistributivo, anticoncentrador y demo- crático respecto de las oportunidades de la población para acce- der a los beneficios del crecimiento, privilegiando a aquellos sec- tores históricamente excluidos como las mujeres y los grupos ét- nicos. Así, el desarrollo económico se convierte en una estrate- gia para dinamizar el territorio y combatir la pobreza.

El objetivo es caminar hacia escenarios donde el mercado sea concebido como construcción social y no como espacio de acu- mulación individualista.

El reto institucional más visible para el desarrollo económico lo encaran los gobiernos locales pues deben transformarse de insti- tuciones clientelares que ejecutan obras físicas sin sentido terri- torial, en agentes de desarrollo que faciliten alianzas y nexos para la inversión productiva. Ello pasa por propiciar las condi- ciones más adecuadas para la dinamización económica, entre las que se cuentan las siguientes:

• proyectos de conectividad territorial y de dotación de infraes- tructura básica para la producción;

políticas públicas que fomenten el desarrollo de Pymes, im- pulsen el uso sustentable de las potencialidades del territorio y fortalezcan el mercado interno.

legislación para proteger y manejar adecuadamente el patri- monio natural local;

articulaciones interinstitucionales y relacionamientos con el Estado y el nivel nacional;

promoción del territorio en el exterior y apalancamiento de recursos de la cooperación para el financiamiento del desarro- llo local;

impulso de la descentralización;

promoción de mancomunidades y construcción de microrre- giones con criterios de democracia territorial;

impulso de conexiones para el desarrollo tecnológico;

formación y calificación de talentos para el desarrollo econó- mico local.

Si los procesos económicos locales no son sostenibles, tam- poco podrán serlo el desarrollo local ni el propio territorio. Las economías locales dinámicas contribuyen a la construc- ción de países democráticos sólidos; las que están en creci- miento abren opciones para la integración efectiva entre lati- noamericanos; y, las competitivas permiten articulaciones globales equitativas.

Políticas públicas

Las políticas públicas deben nacer de las necesidades y diversi- dades locales y ser promotoras de desarrollo. Para viabilizarlas, nuevamente es necesario considerar el tema de la capacidad lo- cal para formularlas y aplicarlas –un marco adecuado de descen- tralización– y analizar su compatibilidad con las políticas nacio- nales vigentes.

Se requiere de una institucionalidad adecuada para aplicar las políticas públicas y de espacios o instancias ciudadanas que las observen y monitoreen.

Organización económica

La promoción de la organización económica local y la confor- mación de redes de producción constituyen un factor de calidad territorial toda vez que el territorio funcionaría como un sistema integrado con capacidad de respuesta a la demanda externa (na- cional, internacional).

Este modelo a su vez impulsaría el desarrollo de capacidades; de redes informáticas, redes de apoyo y asesoría; el fortalecimiento de instituciones locales (para adecuarse al modelo); la activación de los centros de formación en consonancia con las necesidades

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