8. visión de que la gestión territorial va más allá de lo local y de la necesidad de trabajar en mancomunidades y en coordina- ción con el Estado;
9. la creciente preocupación política por generar cambios a ni- vel de cada país evidencia que la idea «localista» no tiene via- bilidad por sí misma.
Por último, siguiendo a Sergio Boisier, es importante relacionar territorio e identidad. Como bien afirma el autor:
Desde el punto de vista cultural e identitario el territorio también se valoriza, eso sí, dentro de una dialéctica globalizadora producida por la confrontación entre las tendencias homogeneizadoras, tanto tecno- lógicas como culturales, y la defensa del ser individual y colectivo. ¿Quién se quedaría impávido ante una pérdida completa de la iden- tidad, reemplazada por una alienación total? ¿Quién vería con indife- rencia la pérdida de la nacionalidad en favor de una imaginaria ciu- dadanía corporativa? ¿Quién preferiría ser «ciudadano de la Coca- Cola o de la Mitsubishi» en vez de ser chileno, o argentino, por ejem- plo? […] Por algo el exilio es considerado como una pena extrema. Si alguien todavía tiene dudas acerca de nuestra irrenunciable naturaleza de «animal territorial», puede preguntar a judíos y palestinos si acaso el territorio «importa» o no29.
La cooperación internacional
Uno de los grandes problemas que enfrenta el desarrollo local es su financiamiento y, sin duda, la cooperación internacional apa- rece como una alternativa válida para encarar este reto, sobre todo dado el desinterés estatal en el tema.
29 Boisier, Sergio, «Globalización, inte-
gración supranacional y procesos te- rritoriales locales: ¿hay sincronía?».
No obstante, la cooperación internacional es heterogénea y di- versa; tiene estrategias diferenciadas, objetivos específicos disímiles y formas múltiples de operación; constituye un mercado finan- ciero disperso, rígido y fragmentado, que demanda conocimiento, especialización y solvencia de quienes quieren acceder a él. A sabiendas de que las prioridades están establecidas por la polí- tica exterior y de cooperación de cada país donante, hay quienes tienen alto interés en lo local, mientras otros organismos privile- gian sus intervenciones en el nivel nacional. En el caso de la Fun- dación Interamericana (FIA) de Estados Unidos, el desarrollo de base no lineal que promueve se sustenta en proyectos que son
[…] concebidos y son administrados por la población local que trata de resolver por sí misma los problemas de su comunidad30.
Contrariamente, para la Unión Europea el desarrollo local es más una metodología y una estrategia que un objetivo, pues
la complejidad para definir el desarrollo local con sus múltiples di- mensiones (multisectorialidad, descentralización, enfoque participa- tivo, proceso a largo plazo) complica la formulación de programas31.
Desde el Norte la cooperación internacional tiene dos elemen- tos que se conjugan en discursos y prácticas: la modernización y la lucha contra la pobreza en los paí-
ses atrasados. En la actualidad dece- nas de programas y proyectos tienen como finalidad contribuir a la re- forma del Estado que muchos países latinoamericanos han emprendido32 y la lucha contra la pobreza es el pa- raguas que justifica la razón de ser de
30 Wright, Wilbur. «El desarrollo no li-
neal».
31 Baulain, Pierre Ives, «La Comisión Eu-
ropea y el desarrollo local: de la teoría a la práctica».
32 Según Javier Ponce en la ponencia ya
citada, en el caso ecuatoriano se han fi- nanciado 103 proyectos en esta mate- ria desde el año 2000.
las intervenciones, como claramente explicita Pierre Ives Bau- lain cuando afirma que
el objetivo principal de la Unión en este ámbito será la reducción y finalmente la erradicación de la pobreza33.
Los temas de modernización que aparecen explícitamente en los discursos y estrategias de la cooperación apuntan, también ex- plícitamente, a viabilizar
que los países se integren a la economía mundial y alcancen un creci- miento y un desarrollo sostenibles34.
Es interesante resaltar la dialéctica construida entre los agentes de desarrollo local y la cooperación internacional en el diseño de enfoques más coherentes con las necesidades de los nuevos tiem- pos de globalización:
Uno de nuestros principales recursos intelectuales es la corriente de propuestas que llegan a nuestra oficina cada año. A medida que las examinamos, surge un cuadro de las transformaciones que se produ- cen al nivel de base en América Latina y el Caribe. A pesar de que a veces toma tiempo percibirlo, la oportunidad de analizar todas esas ideas nos permite a menudo vislumbrar con antelación el futuro35. Esta observación de la FIA demuestra cómo se recuperan y pro- cesan las señales que desde el otro lado se generan y les permi- ten medir el pulso y monitorear las tendencias del movimiento de base en América Latina para, desde esa comprensión, definir sus prioridades.
Desde el pensamiento crítico sobre la cooperación, Javier Ponce sostiene que el punto de inflexión analítica surge cuando examinamos los objetivos de
33 Boulain, Pierre Ives, ponencia citada. 34 Íd.
la cooperación internacional, pues la línea divisoria entre transpa- rencia e hipocresía se ha vuelto muy sutil, por no decir confusa:
Cada vez que me siento en una mesa a discutir un programa de coo- peración, ya sea con la Comisión Europea o con una ONG de Eu- ropa, tengo la sensación de sentarme a desenrollar un malentendido y a desembocar en un acuerdo, con la plena convicción, los unos y los otros, de que hemos fraguado un engaño para que el malentendido sobreviva y sigamos comprendiéndonos y cooperando, de que hemos concertado un programa para que permanezca el desconcierto36. Varios expositores expresan su desconfianza en el quehacer de la cooperación internacional cuyo objetivo mayor parecería ser la integración de la periferia a lo que hoy se denomina globaliza- ción (y hasta hace unas décadas «civilización») y en el cual lo lo- cal resulta ser una adecuada entrada para incidir en las estructu- ras caducas de los países y provocar cambios en la dirección mo- dernizante y globalizadora.
Desde esta lógica, los requerimientos locales se desvanecen ante la opción de financiar prioridades diseñadas desde el exterior. El desarrollo local corre entonces el riesgo de convertirse en un li- bre mercado de proyectos, sin beneficio de inventario.
Pero la desconfianza no solo viene desde la visión crítica sino que también existe en el Norte. En efecto, una evaluación seria mos- traría lo superficial de los impactos en el combate a la pobreza. La derechización de los gobiernos de esa parte del mundo ha dado paso a una corriente neoliberal de cooperación, que concibe a la pobreza más bien como una amenaza a su seguridad interna, a su estabilidad políticay, por ende, como una necesidad de paliar
el desorden político en nombre de la lla-
para determinar la necesidad de que nuestros países no hagan olas, no alteren los frágiles términos del equilibrio determinado por las poten- cias del Norte37.
Así, la cooperación internacional aparece como otro escenario de un diálogo de sordos entre el Norte y el Sur. De hecho, una relación transparente pasa por un cambio de actitud latinoame- ricana ante las agencias y los donantes, que hasta ahora no ha sido del todo responsable, ya sea por una posición de complici- dad o de mentalidad colonizada. Se requiere de voces de sobe- ranía y dignidad para que la agenda de la cooperación sea al me- nos compartida y no constituya una enteramente «suya». En esta línea Javier Ponce38propone algunos puntos que mere- cen anotarse:
1. La cooperación debe tener una perspectiva integral en las re-