E
l estudio de la antropología teológica en el AT debería abarcar toda la teología bíblica, ya que todo es gracia en cuanto autodonación de Dios al hombre1. La pregunta ¿qué es el hombre? se plantea con poca frecuencia -Sal 8, 5; 143, 3: Jb 7, 17- y sin interés teórico-filosófico, pero desde una situación existencial complicada2 y con una actitud de profundo asombro, gratitud y alabanza a Dios. Esta sencilla pregunta se dirige a Dios, desde el cual el ser humano se comprende. Así lo explícita también la reformulación de la pregunta ¿quién soy yo? -Ex 3, 11-. De tal modo resalta con fuerza que todo lo que tiene que ver con el hombre en el AT es don de Dios y don gratuito. Cabe afinar, sin embargo, el núcleo propio del estudio a partir de la polaridad de relaciones totales, lo que permitirá comprender en profundidad el misterio del hombre a la luz de la realidad de la gracia y del pecado, que refleja sobre todo la inversión de la pregunta, cuando Dios le dice al hombre: ¿dónde estás? -Gn 3, 93.Planteamiento del problema: diversidad de aproximaciones
No debe sorprender la diversidad de aproximaciones a la realidad de gracia y pecado en el AT, ya que no solo existe una progresiva comprensión de parte del hombre, sino que también la misma autodonación de Dios adquiere formas cada vez nuevas y sorprendentes. En primer lugar, resalta la atención que prestan los estudiosos a los estratos literarios históricos por medio del método histórico crítico, tal como lo encontramos en el MS4. Muchos autores se restringen a un mero panorama terminológico de los conceptos principales implicados5. Otros señalan como eje articulador "la libre autodonación de Dios a lo largo de la historia de salvación", sobre todo a partir del "Espíritu de Dios"6 y "el amor de Dios" para con el hombre7. Sin duda, está en juego la dimensión de "encuentro y experiencia" entre Dios y el hombre8. Luego se tiene en cuenta la compenetración de la ley y la gratuidad, que para algunos autores ya se inicia en la estructura del libro Deuteronomio y se consuma en la problemática "Ley y Evangelio" de Pablo9. La "delectación en Dios" es, finalmente, el principio que permite abrir el amplio campo de la experiencia de Dios y su relación con el hombre ansioso de deleitarse en Yahvé y su ley en el AT, señalando sobre todo que se trata de relaciones totales entre Dios y el hombre10.
La presente aproximación sigue una lógica interna relacional, que se ilumina desde el centro en torno al cual circula: Cristo. Sin la concentración en Cristo, los diversos
elementos de una antropología teológica en el AT pueden aparecer solo como una sucesión de diferentes maneras de creer, sin interrelación, esto es, como proceso de adaptación del pueblo de Dios a las determinadas evoluciones culturales de los pueblos de su medio ambiente. A partir de Cristo, sin embargo, se comprende esta historia de la autodonación de Yahvé a Su Pueblo como una preparación para la auto-donación de Dios en Jesucristo, donde la comunicación de Dios para con el hombre llega a su punto culminante, adquiriendo una peculiaridad irreductible11.
En esta autocomunicación de Dios en Jesucristo, Dios no aparece al hombre en la forma de un poder liberador, tampoco meramente como celoso de la relación interna con Su pueblo, manifestando una misericordia soberana. Aquí Dios se manifiesta como Dios. Con esto, las formas anteriores de la autodonación de Dios al hombre se superan en una forma de entrega incondicional de amor. La lógica histórica de la libertad y de la comunicación entre Dios y el hombre llega a su consumación y perfección. En esta autocomunicación de Dios en Jesucristo Dios se realiza a partir del hombre porque el hombre se puede realizar totalmente a partir de Dios12.
El problema está en cómo considerar la historia de la relación entre Yahvé y su Pueblo como una unidad coherente a partir del principio estructurante señalado. No ha sido posible todavía demostrar una tal unidad a partir del mismo AT. Se puede concebir esta unidad tan sólo como evolución de la historia13. En este tipo de perspectiva evolutiva, sin embargo, no se ve claro de qué manera se puede hablar de la economía de salvación como una historia de libertad a partir del Espíritu. ¿Cómo poder determinar la unidad de la historia entre Yahvé y su Pueblo? Esto solo es posible a partir del NT, es decir, desde el punto de vista de la fe cristiana. Es el NT el que atestigua que el acontecimiento de Cristo es aquel momento a partir del cual toda la economía veterotestamentaria recibe su unidad interna y su consumación con una dinámica de semejanza con una desemejanza cada vez mayor.
Se comprende así la autodonación de Yahvé a Su Pueblo como un camino, una pedagogía divina hacia Cristo. La última razón para esto es la siguiente: en Cristo, Dios se ha revelado a sí mismo de modo definitivo -1 Jn 1, 1ss; Hb 1, 1ss. A partir del NT y de la consumación de la comunicación de Dios para con el hombre, se hace comprensible la unidad de la economía veterotestamentaria de la salvación. Por consiguiente, la lógica de esta economía se puede definir como una lógica de comunicación, basada en la amistad, consistente en que lo ahora existente o conveniente no se deja encerrar en el espacio dado o representado hasta ahora, y, por consiguiente, lo inunda o lo rebasa como sobreabundancia del tiempo salvífico tal como lo permiten vislumbrar los mismos términos aplicados, que en nuestro estudio sintetizamos a la luz de la raíz - abundar y sobreabundar14.
humano, centrada en la gracia, tal como esta es reflexionada en el NT, se encuentran en el AT y se comprenden al trasluz del planteamiento peculiar veterotestamentario de la pregunta por el hombre y una terminología más compleja, pero poca precisa. Además, hay una tensión peculiar entre el individuo y el pueblo. Cuando Moisés interroga a Dios por su nombre pregunta por la identidad del hombre15. Según Gn 3, la serpiente aliena al hombre de su identidad. En la lucha de Jacob con Dios el hombre recibe su nombre Is- ra-el. En el profeta Jeremías aparece la idea de individuo con más fuerza y esto permite comprender que el hombre en sí vale, independientemente de la utilidad, función, rango y riqueza. Todo esto requiere de nuestro estudio una breve atención previa a la cuestión hermenéutica, el marco teológico antropológico general y la terminología básica.
a. La cuestión hermenéutica y la teología del AT
La cuestión hermenéutica aborda el problema antiquísimo de la relación entre el AT y NT16. No cabe duda de que el NT está profundamente arraigado en el AT. La continuidad se considera constitutiva de la comprensión de la gracia (Mt 5, 17, por ejemplo). Pero esto no significa una mera realización de lo anunciado, sino una superación, porque Jesús da a los conceptos de Mesías y salvación una plenitud nunca antes vista. Esto no es nuevo, pero se advierte dos peligros: el uso apologético de los textos veterotestamentarios y la mera insistencia en la "obstinación" de los judíos. Pero la mera discontinuidad tampoco es lo más adecuado, pues terminaría en una espiritualización del dato neotestamentario, sin tomar en cuenta las raíces históricas. No cabe duda de que se trata de una complejidad a la cual hay que estar atento, sobre todo, si tomamos en serio a Rm. 9-1117.
b. El marco teológico antropológico de la gracia en el AT
Este marco emerge de la acción viva del Dios de la alianza en la historia, que se abre a la fe en una gran diversidad de aspectos, en la cual se articulan ciertos ejes fundamentales que resalta Leo Scheffcyzk18. Hace falta recordar brevemente la interrelación entre los diferentes ejes centrales de la teología veterotestamentaria, al interior de los cuales se va gestando la comprensión veterotestamentaria de la gracia, entre los que hay que destacar sobre todo el origen fundante de la creación, la realidad de la alianza, la fe en la redención y la expectación escatológica.
1) El origen fundante de la creación19
“Sin que aparezca la terminología de gracia, en los relatos de la creación hay elementos significativos: el carácter gratuito libre de la creación como don al hombre; la bendición del Creador y la fecundidad; el descanso del sábado, que revela una autodonación especial de Dios al hombre de un bien misterioso y santo; luego más fuerte en su expresión es la puesta del hombre en el paraíso, lo cual no significa una elevación a