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2. ESPAÑA EN EL FIN DE SIGLO

2.4. Grupos de presión a la acción de Protectorado

A principios del siglo XX, asociado a la industrialización y al fenómeno de la urbanización, se incrementaron las tensiones sociales. El punto culminante de la radicalización social se produjo con la Semana Trágica, en 1909. A partir de entonces, España entró en una espiral de violencia y polarización social71 y la oposición a la acción colonial se incrementó con el crecimiento de los movimientos obreros,

que se afianzarían con fuerza en España:

“...Son momentos donde aparecen las primeras organizaciones de clase: la UGT, el PSOE, la CNT y, en 1921, el PCE. Tal y como plantea Pierre Villar: “...En el siglo XX, se hablará de la España “anarquista”, “socialista” o “marxista”: generalizaciones abusivas pero significativas; el proletariado español ha sido históricamente más importante de lo que su débil número hacía prever. ¿No recuerda esto, precisamente, el análisis de Lenin sobre la sociedad rusa? En un país predominantemente agrícola, donde se acentúa la crisis agraria, donde un sistema se resquebraja en medio de las catástrofes políticas ¿no basta con algunos núcleos proletarios, superexplotados por un capital frecuentemente extranjero, tome valor decisivo de dirección?...”72.

French and Germany, Secret. Foreing office, Jannuary, 1907 (F.O. 371/257). BD III, pp. 397-420, datos correspondientes a otras potencias navales.

69

ALONSO BAQUER M., op. cit., Madrid, 1971, p. 221. 70

PÉREZ ADÁN M., Los Acuerdos de Cartagena y la inauguración del Palacio Consistorial (8 y 9 de abril de 1907). Cartagena, 2007”, Anales de Historia Contemporánea, nº 25, 2009, p. 509.

En 1879, Pablo Iglesias creó el partido socialista y, en 1910, consiguió el primer escaño de diputado. Fue en las postrimerías de 1909, año en que comienza la primera campaña militar africana, cuando el movimiento socialista despegó definitivamente, doblando prácticamente el número de sus afiliados con respecto a 1900 y se consolidó como partido del sistema político español. El partido socialista, con un marcado tinte anti militar y anticlerical73, lideró el enfrentamiento social hasta bien entrado el siglo XX.

Durante la fase más exigente de las campañas en África, entre 1921 y 1927, el partido socialista tenía un número de asociados superior a los 200.000, empleando su capacidad de movilización para presionar al Gobierno y condicionar el desarrollo de la acción africana.

El socialismo tuvo su derivación funesta en la aparición del anarquismo74 que, con frecuencia, empleó

la violencia y la acción terrorista como armas75 para oponerse a cualquier intento de gobierno, ley y

orden. Este movimiento comenzó a manifestarse en los primeros años del siglo, estableciendo sus elementos más radicales, tanto españoles como europeos, el centro de operaciones en Barcelona. Estas realidades influyeron de forma decisiva en los procesos de toma de decisión de los diferentes gobiernos, siempre cautelosos a la hora de proporcionar recursos económicos y materiales (personal, armamento y equipo), para la acción de protectorado.

Por su parte, el separatismo no se manifestó de forma efectiva, en las dos regiones más industrializadas, Vascongadas y Cataluña, hasta 1898. A partir de entonces, los movimientos nacionalistas proclamaron su animadversión al Ejército como representante del poder central76.

El separatismo vasco77 tiene su origen, en 1869, en el fuerismo, interpretando el fuero como una

constitución progresista, laica y garantista, “de un pueblo que no reconoce amos”78. Sin embargo,

muchos de los personajes políticos vascos equipararon fuerismo y federalismo79.

73

JOVER ZAMORA J.M., op. cit., Madrid, 1995, p. LXIII. 74

CABALLERO F., op. cit., Madrid, 1932, p. 68. 75

PALOMARES J.M. y otros, op. cit., Madrid, 1978, pp. 287 y 288. 76

En años 1870, desde sus primeras generaciones, entre los fueristas aparecieron elementos que se oponían a cualquier acción "colonial" que supusiera la opresión de los pueblos, como vehículo de sus propias reivindicaciones80. Entre los años ochenta y noventa del siglo XIX, Sabino Arana (1865-1903),

fundador del nacionalismo vasco, buscó equiparar fuerismo e independencia con su fórmula: “fuerismo

es separatismo”.

En el primer tercio del siglo XX, cuando las provincias vascongadas estaban sumidas en pleno proceso de transformación industrial, aparecieron nuevos actores, que hicieron conectar el socialismo y el nacionalismo. Entre los máximos representantes de esta época se encuentran personajes de la izquierda republicana, entre ellos el bilbaíno Horacio Echevarrieta, que posteriormente se vería implicado en varios sucesos relacionados con el desastre de Annual. De esta corriente, que desde el congreso de 1918 proclamaba su adhesión al federalismo, también formaba parte el Partido Socialista81.

Por su parte, el separatismo catalán nació con una fuerte componente literaria cultural que le confieren unas características particulares. En la década de 1830, el movimiento se caracterizó por una continua propaganda literaria que evolucionó de una fórmula regionalista meramente sentimental a otra de contenido político. La fórmula política separatista surgió en el régimen de libertades que rodeó al constitucionalismo español del siglo XIX y que culminó con Enrique Prat de la Riba (1870-1917) que, en su libro La nacionalitat catalana, definió el credo nacionalista. En 1901, cuatro diputados catalanistas, que se autodenominaban “regionalistas”, llegaron al Parlamento. El separatismo catalán, en sus orígenes, no buscaba una pleno separación de la vida de España, sino más bien una fusión con los demás territorios españoles, sobre la base de un previo reconocimiento de libertades.

Separatismo y acción colonial eran conceptos encontrados. Los movimientos separatistas se opusieron desde el principio al Protectorado, pues para los separatistas “el imperialismo es la mayor violación de

la justicia que puede concebirse” 82. Los separatistas se sentían hermanos en la opresión, en su caso,

por el centralismo nacional:

“...Destino inevitable de todo país que persigue ilusiones imperialistas. Desastroso fin de todo estado que no respeta sus propias fronteras nacionales y que vulnera los rangos más inviolables de su propia estructura histórica...”83

.

de Oñati, celebradas en dicha localidad los días 21 y 22 de junio de 2002, y publicada en CALVO-GARCÍA M. FESTINER W. L. F., Federalismo/Federalism, Dykinson, 2004, pp. 189-219.

78

JAMAR J., Lo que es el Fuero y lo que se deriva del Fuero, 1868. 79

JOSÉ IZU M., Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra. Madrid, 2001, p. 158, referido a un escrito de Serafín Olave fechado en 1878.

80

PI I MARGALL, Las nacionalidades, Madrid, 1876 81