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Guía de prevención de recaídas

In document 88703040.pdf (página 50-52)

(Adaptación de Echeburúa y Corral, 1998)

Objetivos terapéuticos Técnicas

Déficits en autoestima Reevaluación cognitiva

Establecimiento de metas positivas Consumo abusivo de alcohol y drogas Programa de consumo controlado Evitación de la reincidencia Identificación de situaciones de riesgo

Aprendizaje de estrategias de afrontamiento Creación de un estilo de vida positivo

riesgo de repetición de las conductas violentas contra la pareja.

Una razón adicional para el tratamiento de los agresores es el carácter crónico de la vio- lencia contra la mujer. Se trata de una conduc- ta sobreaprendida por parte del maltratador, que está consolidada en su repertorio de con- ductas por los beneficios logrados: obtención de la sumisión de la mujer, sensación de poder, etcétera. Si se produce una separación o divor- cio y el hombre violento se vuelve a emparejar, se puede predecir que va a haber, más allá del enamoramiento transitorio, una repetición de las conductas de maltrato con la nueva pareja. Por ello, la prevención de futuras víctimas hace también aconsejable el tratamiento psicológico del agresor.

Hay todavía una razón más a favor de la terapia. Los tratamientos psicológicos de hombres violentos en el hogar ofrecen unos resultados aceptables. Si bien el nivel de re- chazos y abandonos prematuros es todavía alto, los resultados obtenidos hasta la fecha son satisfactorios: se ha conseguido reducir las conductas de maltrato y evitar la reincidencia, así como lograr un mayor bienestar para el agresor y para la víctima.

Por último, desde una perspectiva preventi- va, en la medida en que disminuya el número de hombres violentos en el hogar, también lo hará la violencia futura. Se trata, en definitiva, de interrumpir la cadena de transmisión inter- generacional y el aprendizaje observacional por parte de los hijos.

La intervención clínica puede llevarse a cabo en un entorno comunitario, especial- mente cuando la pareja sigue unida y cuando la violencia no es excesivamente grave, o en un medio judicial, cuando el agresor está con la suspensión de la pena o recluido en pri- sión. En este último caso, se trata de que el maltratador, al que se considera responsable de los delitos violentos cometidos contra su pareja, no reincida cuando recupere la vida en libertad.

Los agresores domésticos deben cumplir con unos requisitos previos antes de comen- zar propiamente con la intervención clínica: reconocer la existencia del maltrato y asumir la responsabilidad de la violencia ejercida, así como del daño producido a la víctima; mos- trar una motivación mínima para el cambio; y, por último, aceptar los principios básicos del tratamiento, a nivel formal (asistencia a las sesiones, realización de las tareas prescri-

tas, etcétera) y de contenido (compromiso de interrupción total de la violencia).

En la primera tabla aparece un resumen de los principales aspectos psicopatológicos tratados en el programa de intervención y de las técnicas terapéuticas utilizadas para cada uno de ellos.

Las perspectivas de futuro se centran en la aplicación de un tratamiento individual, ajus- tado a las necesidades específicas de cada persona, intercalado con sesiones grupales de hombres violentos, en el marco global de un programa de violencia familiar, en un con- texto preciso (en la comunidad, en prisión o bajo vigilancia judicial, según los casos) y con un tratamiento psicofarmacológico de control de la conducta violenta, a modo de apoyo complementario, en algunos casos de sujetos especialmente impulsivos o con trastornos del estado de ánimo. El programa terapéutico debe ser prolongado (al menos, 20 o 30 sesiones y de 6 meses de duración) y con unos controles de seguimiento regulares que cubran un pe- ríodo de 1 o 2 años.

Enrique Echeburúa

Catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco

BIBLIOGRAFIA COMPLEMENTARIA

EL GOLPEADOR. UN PERFIL PSICOLOGICO. D. G. Dutton y S. K. Golant. Paidós; Buenos Aires, 1997.

MANUAL DE VIOLENCIA FAMILIAR. E. Echeburúa y P. Corral. Siglo XXI; Ma- drid, 1998.

HOMBRES QUE AGREDEN A SUS MUJERES. J. Gottman y N. Jacobson. Paidós; Bar- celona, 2001.

VIVIR SIN VIOLENCIA. E. Echeburúa, P. J. Amor y J. Fernández-Montalvo. Pirámi- de; Madrid, 2002.

EL ROMPECABEZAS, ANATOMIA DEL MAL- TRATADOR. M. Lorente. Crítica; Madrid, 2004.

HOMBRES MALTRATADORES. TRATAMIENTO PSICOLOGICO DE AGRESORES. A. Quinte- ros y P. Carbajosa. Editorial Grupo 5; Madrid, 2008.

E

l burnout o síndrome de quemarse por el trabajo (SQT) constituye uno de los ries- gos psicosociales más importantes que pueden ocurrir en individuos normales. Es la respuesta del sujeto al estrés derivado de su interacción permanente con determinadas condiciones la- borales y que se hace incontrolable porque las estrategias de afrontamiento empleadas por la persona (estrategias activas o de evitación) no son eficaces para reducir el estrés.

Ese proceso progresivo de inadaptación la- boral puede tener resultados negativos para la salud física y mental del sujeto, así como para la calidad del servicio que pretende dar la empresa.

En los años setenta comenzó a estudiarse el burnout como fenómeno psicológico. Freuden- berger lo asociaba al excesivo esfuerzo de los sujetos ante el estrés laboral, que les llevaba al agotamiento y a la desmotivación, hasta el punto de ser agresivos con sus pacientes. Para Maslach, constituía una retirada emocional y desinterés cínico empleado por numerosos trabajadores.

Se estima que profesionales del sector ser- vicios como profesores, sanitarios, policías o funcionarios de prisiones tienen los mayores riesgos, pues su labor implica el trato con personas que demandan algún tipo de ayuda, se hallan en dificultades o son problemáticas. Estos profesionales se encuentran sometidos a fuertes tensiones, en las que se requiere una alta implicación emocional. No obstante, el SQT ha sido identificado en un amplio y variado conjunto de ocupaciones que incluyen desde teleoperadores y empleados de banca hasta estudiantes universitarios y amas de casa.

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