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D. Claudio Sainz

10. Guadalajara / ciudad de ciudades

En el horizonte futuro de nuestra ciudad se asoma con gran fortaleza el concepto metropolitano, como la idea rectora para organizarnos y para progresar. Guadalajara es hoy una ciudad de ciudades, por territorio, por vocación y por el patrimonio diverso que contiene. Guadalajara es una ciudad que se compone de diversas comunidades, de los municipios de Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, El Salto, Tlajomulco de Zúñiga, Juanacatlán, Ixtlahuacán de los Membrillos, Arenal y Tala. De esta gran diversidad proviene una gran riqueza, de recursos naturales, humanos y poblacionales, de recursos patrimoniales y económicos.

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Esta ciudad de ciudades es hoy una región metropolitana que requiere cuidar su patrimonio natural y paisajístico, sanear lo que ha contaminado, mantener las identidades locales y lograr una identidad metropolitana, promover oportunidades de empleo, incrementar la productividad de su economía, crear infraestructura urbana, cultural y productiva que la ponga en ruta a una futuro cierto.

Si regresamos en el tiempo con una mirada retrospectiva entenderemos porque a Guadalajara se le nombra “ciudad de ciudades. La ciudad original nace a la vera del Río San Juan de Dios entre premoniciones y arrojos. Desde el inicio es un lugar de intercambios. La ciudad itinerante de la fundación se torna en la sede de una ciudad que al tiempo se convierte en fundamental anclaje para el desarrollo del país, ciudad que al tiempo es capital de la Nueva Galicia, luego del Estado de Xalisco y hoy en día siendo la capital del Estado Libre y Soberano de Jalisco, es a la vez la capital regional para un territorio que aloja al 2% de la población de México.

La ciudad se funda definitivamente, luego de un recorrido de sus pobladores originales, no exento de heroísmos y de sinrazones, cuando ese grupo humano encabezado por Oñate y Hernández decide aquí quedarse, lo hace con la ley por delante, en cumplimiento al referente soberano de quien reconoce la autoridad como principio de actuación, aquellas palabras, hoy reconocidas como historia, cuando Beatriz Hernández pronuncia el Rey es mi gallo refleja no tan sólo arrojo, sino respeto. A la distancia que el tiempo actual otorga a la visión de sus primeras épocas, se reconoce en Guadalajara una ciudad de ley, esta ciudad ha sido así por el impulso y el talante de sus habitantes.

En Guadalajara, así como en algunas otras ciudades hispanoamericanas, la voluntad real de ordenamiento espacial, expresada a través de una serie de ordenanzas, no experimentó dificultades en el trazado fundacional ni en los primeros años de su vida. Incluso el desarrollo urbano posterior se inspiró y sustentó en el modelo de damero.

Es decir, una traza primitiva con sus calles orientadas de norte a sur y oriente-poniente y la ubicación de los solares para la plaza, la iglesia y las autoridades civiles como punto central (Vázquez, 199), son las características de este modelo, que en su forma de organizar el espacio es soporte de una gradación centro-periferia de jerarquías sociales (López Moreno, 1992).

Fundada en 152, Guadalajara contaba con una extensión de ochenta hectáreas aproximadamente, las que contenían a 6 vecinos. La actual Guadalajara se formó del crecimiento y unión de tres núcleos primitivos de población: Mezquitán, Analco y Mexicaltzingo, que en 1667 se anexaron a la ciudad, fenómeno importante para la posterior consolidación del municipio.

La gobernanza democrática: un nuevo enfoque para los grandes retos urbanos y regionales

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La mancha de la ciudad se expande de manera bastante uniforme en el siglo XVI y el crecimiento de la ciudad se reguló sin la necesidad de crear una legislación urbana especial a las Leyes de Indias. En 172, la ciudad contaba ya con once mil habitantes y se respiraba un aire de pacificación. En estos años, Guadalajara se consolida como un centro urbano de importancia, las actividades principales que lo propician son esencialmente comerciales. La heterogeneidad de actividades: agrícolas, artesanales y principalmente administrativas y militares, hacen pensar que la ciudad nació con “vocación urbana” y funciones de capital. Y si bien en el siglo XVI no encuentra las condiciones propicias para desarrollarse, Guadalajara impone el papel de “ciudad puente entre la ciudad de México y Zacatecas” (Calvo, 19).

Durante los próximos 50 años (150), Guadalajara no observó modificaciones importantes en su traza a pesar de haber tenido un crecimiento urbano significativo: más del 25 por ciento de su superficie, que fue propiciado por las migraciones de refugiados de la guerra de independencia, provenientes de las zonas rurales del occidente del país, así como por la expansión de la producción y del comercio interregional. Con este tipo de comercio “la sociedad va a ampliar, no sólo sus funciones de distribución económica, sino también su superficie” (Riviere d´Arc, 197). Con este impulso la ciudad va a extenderse casi uniformemente en todas las direcciones, con la característica de concentrarse en espacios urbanos definidos, como por ejemplo el Hospicio Cabañas al oriente. Sin embargo, a pesar del respeto general de leyes y normas, dentro de la cuadrícula existe una ocupación ilegal del espacio fuera de la traza urbana, en los ejidos circundantes.

Luego de la revolución de 1910 se genera un ensanche en la ciudad. A demás, de duplicarse en población. Cabe señalar que varias zonas de la urbe tapatía se encontraban en 195 aún en proyecto, esto es, no todas las colonias en la periferia estaban totalmente urbanizadas ni mucho menos habitadas. En este periodo se crearon una serie de planos generales de la ciudad (1907, 190, 1920, 1926 y 195) la cual en términos globales, crecía en todas las direcciones, teniendo un eje preferencial de desarrollo: este-oeste y uno secundario al sur, ocasionado por la construcción de la colonia Ferrocarril (Vázquez, 199) y por el intento de reglamentación de las nuevas colonias.

Se sucede la ciudad del orden urbano planificado de 1950 a 1960 con el organismo ciudadanizado denominado “Junta General de Planeación y Urbanización” junto con el organismo de colaboración que ha sido el Consejo de Colaboración Municipal. Continuó el crecimiento de colonias y fraccionamientos por toda la ciudad: surgieron aproximadamente 7 nuevos asentamientos, que provocaron que la mancha urbana rebasara los límites del municipio de Guadalajara y se extendiera a los de Zapopan y Tlaquepaque. En el siguiente decenio la ciudad se había ampliado de tal manera que llegó al municipio de Tonalá.

En seguida, viene la explosión demográfica y a la par con ella se sobreviene la política pública de no control de la expansión urbana, permitiendo a los ejidos la venta sin control

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de sus parcelas. Generando el desorden urbano de 1970 a 1990, en donde la tendencia a la reducción de la tasa demográfica otorga un espacio significativo al crecimiento urbano.

Cuando el municipio original, Guadalajara, crece más allá de sus límites (15,000 hectáreas) surge la zona metropolitana y en 199, se crea el Consejo de la Zona Metropolitana de Guadalajara, como una instancia de coordinación y concertación para la gestión de las acciones de alcance intermunicipal en la Zona Metropolitana de Guadalajara. Las tareas prioritarias de este consejo son: Ordenar y regular el crecimiento urbano, buscar las fórmulas para operar y administrar con eficiencia los servicios públicos y acordar las formas más eficaces para ejecutar las Obras de Infraestructura y Equipamiento de gran magnitud. La Zona conurbada al abarcar ocho municipios, hace vigente el concepto de Guadalajara ciudad metropolitana, ciudad de ciudades y ciudad región.