2.2. Antecedentes histórico-políticos de Camp David: Nasser y la ocupación del
2.2.1. Guerra de los 6 días y Ocupación de la Península del Sinaí (1967)
En vista de que el nacionalismo de Nasser no solamente le restaba protagonismo internacional sino a su vez el papel de potencia militar regional, y ante la hostilidad de su entorno, Israel decidió establecer vínculos externos con el objetivo de amortiguar los fuertes efectos del aislamiento de las potencias líderes del momento.
Al mismo tiempo, el incumplimiento por parte de Egipto de los acuerdos que hicieron posible la desmilitarización israelí de la península del Sinaí en 1957 (tras la guerra del Canal), sustentaron de alguna manera la reacción bélica de Israel frente a la coyuntura fronteriza del momento. Es necesario resaltar, que Israel abandonó el Sinaí en 1957 “sólo después de habérsele otorgado la libre navegación por el Golfo de Eilat y el Canal de Suez, así como el establecimiento
de una fuerza de emergencia de las Naciones Unidas en el antiguo territorio ocupado con el fin de asegurar la desmilitarización del mismo”.23
La remilitarización de la Península del Sinaí por parte de Egipto, la expulsión de las tropas de la ONU y el nuevo bloqueo a Israel a partir del Golfo de Eilat, condujeron a Israel a volver a plantear la hipótesis de un nuevo enfrentamiento militar con Egipto.
Esta situación se agravaba debido a la alianza militar entre Egipto, Siria y Jordania, rodeando las fronteras israelíes, en una época en la cual Israel carecía de una alianza exterior definida y confiable.
Al mismo tiempo, en cuanto al contexto internacional, es necesario destacar el intento del entonces presidente norteamericano Eisenhower, de estrechar la cooperación económica y política con los países árabes productores de petróleo. Sin duda alguna, lo anterior es una muestra del incipiente cambio que se proyectaba en la configuración del sistema internacional, en el cual se esbozaban los principios condicionados por una interdependencia económica manejada desde la lógica de los intereses del petróleo como recurso clave para la obtención del poder económico.
La política israelí, por lo tanto, se orientó a establecer nuevos vínculos y alianzas que lo consolidaran frente a Estados Unidos como un Estado clave para el desarrollo de sus políticas comerciales en la región de Medio Oriente.
En un momento en el cual la existencia de Israel era totalmente desconocida y rechazada por los Estados árabes vecinos y bajo condiciones locales económicas dominadas por la ausencia de cooperación en todos los aspectos, dicho país
23 Ibíd. Cáp. III. Pág 85.
continuaba en su camino por fortalecer y encontrar caminos para el desarrollo social y económico en la región. En esta época el gobierno israelí estaba dirigido por una mayoría laborista, que consideraba que las dimensiones del Estado no eran suficientes para garantizar su seguridad.
Existieron distintas acciones por parte de todos los actores regionales principales, tales como Siria, Egipto y Jordania, en pro de la unificación de los intereses árabes en la región para evitar no solamente la expansión del sionismo sino a su vez del imperialismo sobre esta parte del Medio Oriente.
Es así como bajo esta dinámica y en concordancia con su política doméstica, Israel inició la construcción de un Acueducto Nacional, culminado en 1964, que comprendía el trazado de canales que conducirían agua dulce desde su mayor reserva, el lago Tiberíades (Kineret), hacia el sur del país.
La realización del dicho proyecto, fue la causa de lo que se conoció como la guerra del Agua, entre sirios, israelíes y jordanos. En 1965, durante la Cumbre de
Casablanca de la Liga Árabe, los Estados árabes se mostraron dispuestos a detener el proyecto israelí. En esa época apareció en la escena política regional el movimiento radical palestino Al-Fatá, que, en nombre de la defensa de la causa palestina, realizó su primera acción militar al atacar las obras de regadío israelíes.
Siria, por su parte, asumía una posición más activa en el campo de la oposición a la existencia de un estado judío, permitiendo la actuación de Al-Fatá en contra de Israel en la región fronteriza con este territorio, apropiándose de un discurso anti- sionista y anti-imperialista gozando además del apoyo soviético.
En consecuencia, los orígenes de la Guerra de los Seis Días, demuestran no sólo el inicio de un nuevo período de enfrentamiento militar entre los israelíes y sus vecinos, sino además, que las garantías internacionales establecidas luego de la ocupación del 1956 habían sido violadas, demostrando la insuficiencia de las instituciones internacionales en su tarea de evitar que los Estados solucionen sus diferendos por vía militar.
El 5 de Junio de 1967, Israel lanzó un ataque sobre el territorio de Egipto, Jordania y Siria. Al final de la contienda el Estado Judío había ocupado la Península de Sinaí, la Franja de Gaza, los Altos del Golán y Cisjordania (Ver Anexo 5). Es decir, que no sólo había ocupado territorios de sus tres Estados enemigos, sino que se había apropiado del resto de los territorios palestinos. Asimismo, había demostrado la superioridad de las armas occidentales al vencer a los ejércitos de Egipto y Siria armados por la Unión Soviética.
Es aquí en donde podemos ver que la concepción del poder varía dentro de estos dos actores, en términos de la teoría de la interdependencia, en donde los estados
se ven obligados a actualizar sus métodos o vías para incrementar sus capacidades y mantener su hegemonía de poder (como lo hace el caso egipcio).24
Vinculado a lo anterior, los israelíes ya habían lanzado, antes de la Guerra de los Seis Días, ataques, sobre Siria y Jordania, en la denominada operación Samu, con la intención de detener los apoyos de estas dos naciones para con la causa palestina. Durante la mencionada operación, Egipto se limitó a observar las represalias que el estado judío tomaba para con sus aliados árabes.
24 El Autonomismo en el estudio de la política exterior de América Latina (el Estado en el proceso de globalización). Cáp. 3: El actual sistema internacional. Pág.5
La anexión de los Altos del Golán, la ocupación de la península del Sinaí y la ocupación de los territorios de Cisjordania y la Franja de Gaza en 1967 generó en el contexto local israelí un fortalecimiento el sentimiento nacional judío como producto de haber obtenido una clara supremacía militar en la región. 25
No obstante, dicho período histórico en el que se produjo un afianzamiento de un sistema político dominado por la realpolitik fue produciendo, con el pasar de los
años, un desgaste político y militar en las relaciones entre Israel y sus Estados vecinos, quienes aún no habían reconocido la existencia del mismo.
2.2.2. La Guerra de Octubre (1973). De la desnasserización al principio de
tierras por paz
Los presentes acontecimientos, evidenciarán el ya mencionado cambio en las condiciones locales como antesala a la realización de las negociaciones entre israelíes y egipcios y la inclusión del caso palestino.
Hacia 1972 los responsables de la seguridad israelí consideraban que ésta era inmejorable. Muchos sectores de la población se sorprendieron, entonces, cuando en el Yom Kipur del año 1973 se produjo un ataque conjunto por parte de los ejércitos de Siria y Egipto.
En una población de 2,8 millones de habitantes, Israel tuvo 2.625 bajas y alrededor de 7.500 heridos graves. Al poco tiempo de finalizar la contienda, y a pesar de que finalmente Israel obtuvo una victoria militar (ni Siria ni Egipto recuperaron territorios al finalizar la guerra), surgieron una serie de protestas en relación a las responsabilidades gubernamentales en el alto costo del conflicto.
25 BEN-AMI, Shlomo. Cicatrices de Guerra, heridas de paz: La tragedia árabe
Los reservistas desmovilizados reclamaban por los errores cometidos y la opinión pública exigía el nombramiento de una comisión que investigara las responsabilidades, tanto civiles como militares, en lo que consideraban por lo menos un descuido de la situación de amenaza anterior al conflicto.
En las elecciones que se convocaron en diciembre de 1973, el laborismo volvió a triunfar. Sin embargo, su responsabilidad en la guerra (su lema era “a pesar de todo, el Partido Laborista”) le costó la reducción de sus bancas en el parlamento.
Eso se debió no sólo a escisiones sufridas entre sus filas, sino al mayor apoyo de parte del electorado al principal partido de oposición, el Likud.
Al mismo tiempo, comenzaron a crecer agrupaciones religiosas que exigían el poblamiento efectivo de los territorios conquistados en la Guerra de los Seis Días, argumentando que formaban parte del Gran Israel, o el Israel bíblico que Dios
había prometido al pueblo judío. En otras palabras, rechazaban cualquier posibilidad de negociar esos territorios, y mucho menos restituirlos.
La comisión Agranat finalmente responsabilizó a media docena de oficiales de
rango medio del servicio secreto, a su jefe, al comandante del frente sur y al jefe del cuartel general. A su vez, liberó de toda responsabilidad a la primera ministro, Golda Meir, y atribuyó al ministro de defensa Moshé Dayán una responsabilidad “ministerial”. La primera ministro renunció un mes después, siendo reemplazada por Itzhak Rabin, quien había señalado que la comisión había evaluado las responsabilidades militares, pero no la de los políticos.
109. Editorial Ediciones B. Barcelona, 2006.
En 1974 se creó el grupo Gush Emunim, el bloque de la fe, que llamaba a la
colonización de los territorios conquistados en 1967. Si bien en principio el gobierno de Rabin se opuso a esa colonización, desde diciembre de 1975 el cada vez mayor apoyo a la misma dentro del parlamento y en la sociedad israelí, permitió que en forma privada, comenzara a producirse.
En mayo de 1977, por primera vez el laborismo perdió las elecciones, resultando ganador el líder del Likud, Menahem Beguin.
2.2.3. De la guerra de Yom Kipur hasta la firma de los Acuerdos de Camp David I: su injerencia en la configuración de un nuevo orden político regional (1977-1979)
La guerra de octubre de 1973 significó para Egipto apenas un paso en una estrategia que iba mucho más allá del conflicto en el Medio Oriente. No sólo fue un gesto realizado ante los Estados árabes, en el sentido de recuperar la iniciativa como líder de la región, sino que también implicó un intento por modificar la situación de extrema inferioridad, respecto de Israel, en que había quedado después de 1967. Esa equiparación de fuerzas era para el nuevo presidente egipcio, Anwar al-Sadat, imprescindible en el marco de su proyecto, más ambicioso, de cambiar la alianza de su país desde la Unión Soviética hacia los Estados Unidos.
Después de la expulsión de los asesores soviéticos en 1972, Sadat necesitaba demostrar a su pueblo que era capaz de enfrentar a Israel. Si bien no había obtenido un triunfo militar final, había quedado claro que el ejército de Israel no era invencible. Este último había logrado pasar a la ofensiva luego de sufrir enormes pérdidas, y sólo después de haber recibido una urgente ayuda de los Estados Unidos.
Ese último país también estaba interesado, además de preservar su alianza con el Estado de Israel, en atraer hacia su órbita a Egipto. Pero Egipto sólo podía unirse a Estados Unidos si renunciaba a su estado de guerra con Israel. Por eso, la administración americana presionaba a Israel para aceptar un acuerdo político con Egipto, paso que este último país ya estaba dispuesto a emprender.
De esta manera, se fueron dando las condiciones para que se abrieran las negociaciones bilaterales entre ambos países. En 1977 el presidente egipcio viajó a Jerusalén y dio un discurso en la Knésset (parlamento israelí) en la que no mencionó a la Organización para la Liberación de Palestina, considerada por Israel como una agrupación terrorista. Al año siguiente, se firmó, con la mediación de los Estados Unidos, la firma de un acuerdo de paz entre Israel y Egipto. La península del Sinaí le fue restituida al país árabe, mientras que éste reconocía la legalidad del Estado de Israel y renunciaba a la violencia en su contra.
Este histórico acuerdo, conocido por el lugar de la firma, la residencia veraniega del presidente de Estados Unidos, Camp David, le costó a Egipto la expulsión de la Liga Árabe. En 1981, el presidente egipcio fue asesinado por un grupo radical islámico.
Explicando con mayor detenimiento lo anterior, es necesario resaltar que hasta 1970, si bien el Estado judío gozaba de límites territoriales que iban más allá de lo estipulado en la resolución de 1947, la mayor parte de su liderazgo político no veía con buenos ojos una actitud conciliadora para con el régimen de Nasser. Las intenciones del presidente egipcio de convertir a la República Árabe de Egipto en
una potencia regional, además de la persistencia de su discurso antisionista y panárabe, fortalecían esa actitud del gobierno israelí.
En esa época, por otra parte, Israel se presentaba como un Estado definido sobre una voluntad nacional fortalecida y afirmando el principio de la extensión del territorio como instrumento base para su desarrollo económico, social y cultural. Pero a partir de la segunda mitad de la década del setenta, con la desnasserización llevada adelante por el nuevo presidente egipcio, Anwar al- Sadat, la relación entre ambos Estados podía presentarse de manera diferente.
Desde la ratificación de la voluntad política de Israel por cumplir y respetar la devolución del territorio egipcio ocupado en la campaña de 1967 (Península del Sinaí) a través del Acuerdo de Camp David establecido con Egipto, el poder político israelí obtuvo la pacificación de esta frontera, propiciándose así un nuevo ambiente político en la región movilizado por la idea del intercambio de paz por territorio.
Cabe resaltar que en esta época, el problema palestino llevaba casi 20 años por
fuera de la escena política en un momento en que las acciones militares y políticas israelíes esbozaban una estrategia destinada en concentrarse en una campaña destinada a obtener el reconocimiento de su soberanía entre los estados de la región, quienes demostraban una fuerte necesidad por proteger los intereses culturales, sociales, económicos y políticos de los árabes en el Medio Oriente.
III Éxitos y fracasos de Camp David I: los legados del contexto
Las condiciones políticas en el plano regional luego del establecimiento de las negociaciones entre el gobierno israelí, encabezado por Menagen Beguin y el presidente egipcio Al Sadat, estuvieron marcadas por la legitimación de un principio de negociación entre los actores del conflicto hasta el momento difícilmente concebible: el de “paz por territorios”. Dicho principio pretendía a su vez ser extendido también a las relaciones entre Israel y otros actores del conflicto, como la sociedad palestina, Siria y Jordania. No obstante, la extensión de este punto en el marco de los acuerdos fue uno de los puntos no cumplidos.
El presente capítulo, intentará entonces describir el marco legal y político de los Acuerdos, con el objetivo de comprender las condiciones políticas que permitieron la existencia del primer caso-testigo del diálogo entre actores históricamente enfrentados. Asimismo, se detallará de los contenidos de los Acuerdos tuvieron éxito, y cuáles no.
3.1. El Marco del Acuerdo y los Actores: La cuestión de la cooperación
Si bien la novedad del Acuerdo de Camp David I radica en la negociación bilateral entre Egipto e Israel, con la mediación de los Estados Unidos, el mismo pretendía consolidarse como un marco para la paz en todo el Medio Oriente. Es decir que, Egipto se presentaba como representante, no sólo de la causa palestina, sino
también como portavoz de los Estados árabes, especialmente de aquellos que, debido a sus fronteras comunes, mantenían con el Estado de Israel disputas resultantes de las guerras anteriores.
El Acuerdo adoptaba como marco o punto de referencia la Resolución 242 de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre todo en lo concerniente a la necesidad de una paz entre Israel y sus vecinos, a través de la cooperación, el desarrollo económico y el compromiso de trabajar sobre la seguridad, aunque no aceptaba los términos que dicha resolución utilizaba al abordar el problema palestino. Por ejemplo, mientras que la Resolución 242 exigía una “solución justa para el tema de los refugiados (palestinos)”, los Acuerdos firmados entre Israel y Egipto, no mencionaron a estos últimos.
El marco de la negociación estuvo dividido en los siguientes tres niveles:
A. West Bank y Gaza (Judea y Samaria y la Franja de Gaza): Israel, Egipto, Jordania y representantes del pueblo palestino (con la exclusión de la Organización para la Liberación de Palestina), deberán resolver el problema en todos sus aspectos.
B. Israel y Egipto deciden cooperar para el establecimiento de la paz fronteriza binacional y no hacer uso de la fuerza para solucionar sus disputas, acorde con lo estipulado en el artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas.
C. Principios Asociados: Los Estados de Egipto e Israel, deberán asegurarse que los principios expresados en este Acuerdo, serán aplicados en tratados de paz entre los vecinos Jordania, Siria y Líbano.
No obstante, de los anteriores tres parámetros estipulados en el texto oficial de las negociaciones, es necesario señalar que el resultado en materia de paz, estuvo netamente centrado en el tema de la cuestión bilateral. Es por esto que el punto B sobre el cual se establece la necesidad de la ratificación de una paz bilateral en materia de cooperación mutua y en virtud de la entrega de los territorios ocupados
por Israel en la guerra de 1967, logra materializar lo textualmente pactado en el texto de la negociación (Ver Anexo 6):
“B. Egipto e Israel se comprometen a no recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza para solucionar disputas. Toda disputa será resuelta por medios pacíficos, en conformidad con las disposiciones
del Artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas.”
El anterior párrafo consignado en el documento oficial y ratificado por los gobiernos de Estados Unidos, Egipto e Israel, establece claramente la necesidad del establecimiento de la paz entre los actores en mención y el obligatorio cumplimiento de las reglas internacionales establecidas por las Naciones Unidas. En profundidad, las partes acuerdan y cumplen lo siguiente:
a. Pleno ejercicio de la soberanía egipcia, hasta la frontera internacionalmente reconocida entre Egipto y lo que fue la Palestina Mandataria;
b. El retiro de las fuerzas armadas israelíes del Sinaí;
c. El uso, únicamente con propósitos civiles, de los aeródromos que sean dejados por los israelíes en las inmediaciones de el Arsih, Rafa Ras en Naqb y Sharm el Sheik, incluso la posible utilización comercial por parte de todas las naciones;
d. El derecho de libre navegación para los barcos de Israel por el Golfo de
Suez y el Canal de Suez, basándose en la Convención de Constantinopla de 1888, válida para todas las naciones; el estrecho de Tirán y el Golfo de Akaba son vías marítimas internacionales que permanecerán abiertas, sin impedimentos y, sin suspensiones, para la libre navegación y sobrevuelo de todas las naciones;
e. La presencia exclusiva de fuerzas militares bajo el mando de la ONU
Asimismo, en los logros adicionales pactados en el punto C del texto del Tratado, denominados como Principios Anexos, declara que (Pág. 3 del Acuerdo):
“los firmantes establecerán relaciones entre sí, como entre Estados que viven mutuamente en paz