Capítulo III: La concepción sustantivista de la técnica
2. Langdon Winner: la dimensión política de la tecnología
2.1. La tecnología como objeto del pensamiento político
2.1.2. Hacia una democratización de los procesos
La TPT no se agota en la crítica del instrumentalismo sino que remite a la generación de un compromiso tendiente a denunciar la difícil inserción de
154 Los artefactos –como se verá en el capítulo [IV]- cuentan con propiedades intrínsecamente
técnicas, condición que no resulta incompatible con el hecho de que sea posible descubrir en ellos contenidos políticos particulares.
marcos democráticos para debatir el diseño tecnológico y su implementación. De hecho, incluso en marcos democráticos, los procesos sociotécnicos ra- ramente aparecen como objeto de deliberaciones colectivas explícitas y, menos aún, como objeto de decisiones tomadas por el conjunto de los ciu- dadanos. En este sentido Winner apunta a desenmascarar los imperativos de tipo técnico o económico que generan un dominio unilateral sobre cual- quier otro tipo de razonamiento político o moral. A fin de revelar la trascen- dencia histórica de tales imperativos profundiza la intuición mumfordiana concerniente a la relación entre la magnitud de los sistemas tecnológicos y la comprensibilidad y poder de intervención por parte de los usuarios involucrados.155 El hecho irrefutable que utiliza como punto de partida es que los miembros de la sociedad moderna conocen cada vez menos acerca de los procesos o estructuras que vertebran al propio sistema, lo cual hace que el ideal de una vida civilizada conformada por una sociedad consciente, inteligente y autodeterminada comience a revelarse como «una patética fantasía» (1979: 290-291). Según este autor debería adoptarse la regla ge- neral de construir sistemas técnicos de una estructura tal que resulten comprensibles a los no expertos. También es imprescindible que dichos sis- temas puedan ser construidos con un alto grado de flexibilidad y mutabili- dad y que, por otra parte, se juzguen de manera negativa aquellas tecnolo- gías que tiendan a generar mayor dependencia.156
El mayor obstáculo para generar transformaciones como las menciona- das es la falta de espacios de debate público en torno a las decisiones sobre desarrollo tecnológico. De hecho, actualmente las organizaciones de interés público ofrecen el medio más directo que poseen las democracias liberales para focalizar y movilizar las preocupaciones de la gente común sobre tales controversias. Pero lo decisivo aquí es el hecho de que tales organizaciones son generalmente externas al poder que realmente tiene autoridad en la toma de decisiones. Por otra parte, no es sorprendente que la estrategia de recurrir a los expertos como medio para hallar orientaciones políticas de fondo no haya tenido resultados exitosos. La experticia está frecuentemente conecta- da y sesgada por intereses sociales particulares, lo cual produce que muchas veces los legisladores y los burócratas consideren los estudios científicos como
155 Véase Mumford, 1964: 1-5. 156 Winner, 1979: 321-322.
simples instrumentos para triunfar en luchas de poder. Otro obstáculo impor- tante está dado, según Winner, por el hecho de que las reflexiones filosóficas sobre controversias tecnológicas se realizan sobre «un vacío intelectual y social, localizado en una profunda brecha entre las esferas técnica y política» (1995: 77). Las democracias modernas carecen de roles e instituciones apro- piados para la tarea de definir el bien común en cuestiones tecnológicas.
Pese a este contexto institucional signado por la falta de espacio para el debate, Winner cree factible el proceso de democratización y ejemplifica su ideal de participación y consenso colectivo a través del proyecto «Utopía» de la industria de prensa gráfica de Suecia. Tal proyecto, surgido hacia media- dos de la década del ‘80, creó un espacio público para la deliberación política sobre las cualidades de un sistema técnico emergente, un nuevo sistema de gráficos computarizados usado en la edición de diarios. En dicho espacio participaron tanto tipógrafos y litógrafos como artistas gráficos, representan- tes gerenciales y especialistas universitarios en ciencias de la computación. Una vez eliminado el «ritual» de la experticia y una vez abierto el canal participativo, el proyecto «Utopía» produjo un acuerdo político negociado en- tre aquellos cuyos intereses serían afectados por el cambio tecnológico. Los participantes involucrados reconocieron el carácter decisivo de las condicio- nes del diseño del nuevo sistema. «Utopía» representa, de acuerdo con Winner, la posibilidad de «instituir prácticas tecnopolíticas desde las cuales pueden emerger nuevas virtudes ciudadanas» (1995: 80). En este contexto, la consti- tución de nuevos espacios y roles para la elección tecnológica significa un avance en la tarea de ligar la continuidad entre téchne y politeia disuelta en
la comprensión moderna de la ciudadanía.
Este proyecto llevado a cabo en Suecia, junto con otra serie de «expe- rimentos democráticos» en torno a decisiones sobre tecnología practica- dos en países escandinavos, muestran que la propuesta de Winner involucra –en lo esencial- una exigencia de tipo procedimental. En cierto sentido se trata de la afirmación del diálogo argumentativo como única vía legítima para la resolución de conflictos que atañen a la totalidad de los individuos que participarán de las consecuencias de un determinado cambio tecnoló- gico. La TPT, sin embargo, no se agota en este aspecto procedimental. No se trata simplemente de preguntar por los «riesgos» implícitos en la implementación de una determinada tecnología, sino de un proceso que requiere más bien indagar y establecer previamente -de modo conjunto- cuáles deberían ser los fines y los propósitos del cambio tecnológico gene- rando el tipo de preguntas que la concepción tecnocrática tiende a pasar
por alto.157 El objetivo que prioriza Winner no es estudiar los impactos del cambio técnico, sino evaluar las infraestructuras materiales y sociales que crean las tecnologías específicas en una cultura particular. Se trata de cons- truir regímenes técnicos que sean «compatibles con la libertad, la justicial social y otros fines políticos clave», aun cuando tales regímenes puedan en- trar en conflicto con las reglas de eficiencia técnica y económica.158