Capítulo 2: La problemática alimentaria a nivel internacional
2.1. El hambre como problema estructural
La influencia de la Segunda Guerra Mundial y los posteriores planes alimenticios, como el Plan Marshall, dieron forma al sistema agroalimentario corporativo incrementando el poder de las empresas. Este sistema se caracteriza por una profunda dependencia del petróleo, el uso de las cosechas para la producción de agrocombustibles, la especulación financiera con materias primas alimentarias y la integración vertical de las empresas agroalimentarias, aspectos que han ido configurando la crisis alimentaria de 2008. (McMichel, 2009:40)
La dinámica de la internalización e industrialización de la alimentación se acentuó con la globalización neoliberal (Friedmann, 2005). Dicha industrialización de la agricultura junto a la liberalización de los mercados han consolidado una crisis permanente en las agriculturas nacionales de todo el mundo.
El hambre es el resultado de la inseguridad alimentaria y nutricional y se expresa, por una parte, en el consumo insuficiente de alimentos para satisfacer los requerimientos energéticos, y por otra, en la desnutrición. El hambre puede presentar diferentes formas y niveles de gravedad. En algunos casos se trata de una desnutrición crónica que afecta a amplios colectivos desfavorecidos, mientras que en otros, particularmente durante las hambrunas, se trata de situaciones de “hambre aguda que puede desembocar en la muerte” (Pérez de Armiño, 2002:12). La inseguridad alimentaría es una “situación que se da cuando las personas carecen de un acceso seguro a suficientes alimentos inocuos y nutritivos para un crecimiento y desarrollo normal y una vida activa y sana” (FAO, 2008). Por su parte, el hambre y la hambruna son conceptos más visibles y urgentes. Es decir, el concepto de inseguridad alimentaría es más amplio y permite vislumbrar acciones preventivas para evitar que las personas lleguen a una situación de hambre. Para ello, es necesario actuar con las personas en situación de inseguridad alimentaria (que no se alimentan
35 con regularidad y con calidad) antes de que estás lleguen a tal estado crítico. Según el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas, el hambre se manifiesta de maneras diversas y cada una es definida de forma diferente:
Subnutrición: Es el término usado para describir la situación de aquellas personas cuya ingesta de energía alimentaria se encuentra por debajo del mínimo requerido para llevar una vida activa.
Desnutrición: Es una medida de lo que comemos o no comemos. Se caracteriza por la falta de ingesta de proteínas, calorías (energía) y micronutrientes, y por las frecuentes infecciones y enfermedades en las personas. Incluso, al ser privadas de una correcta nutrición, las personas se mueren de infecciones comunes como la diarrea o el sarampión. No se mide por la cantidad de comida que ingiere, sino por las medidas antropométricas (peso o talla) y la edad.
Emaciación: Es un indicador de desnutrición aguda que refleja un grave y reciente proceso que ha conducido a una pérdida de peso sustancial. Usualmente esto suele ser el resultado del hambre a largo plazo y/o enfermedad degenerativa.
El problema del hambre fue visto principalmente como una batalla entre la producción de alimentos y el crecimiento de la población, donde la tecnología aparecía como la llave maestra para la solución del problema (enfoque de disponibilidad) y en menor medida se consideró la distribución del ingreso como limitante (enfoque de accesibilidad). Se sostenía que la producción agrícola no podría abastecer plenamente a los requerimientos alimentarios porque en los países con sistemas agrícolas avanzados los rendimientos habían alcanzado un límite y estaban en uso todas las superficies cultivables de mejor calidad. En este contexto, la investigación agraria comenzó a tener cierta relevancia en las agendas públicas como respuesta a la problemática de la alimentación mundial. Un caso paradigmático fue la creación (en 1943) del Centro Internacional para la Mejora del Maíz y el Trigo (CIMMyT) en México1. Similares preocupaciones fueron la base de la creación de la FAO en 1945, una de las primeras iniciativas que buscaron
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El CIMMyY es una organización de investigaciones agrícolas internacionales y centro de entrenamiento dedicado al desarrollo de variedades mejoradas de trigo y de maíz.
36 institucionalizar el problema mediante la búsqueda sistemática de información estadística que permitiera diagnosticar y encarar el problema mundial del hambre (Grain, 2008).
En la década del 70´, se produjo la primera Cumbre Mundial de la Alimentación, donde se planteó un consenso internacional sobre las políticas y programas para aumentar la producción y la productividad alimentaria, sobre todo en países en desarrollo. Se plantea la seguridad alimentaria y el objetivo fue mejorar el consumo y la distribución de los alimentos, poner en marcha un sistema más eficaz de seguridad alimentaria mundial y conseguir un sistema más ordenado de comercio y ajuste en el sector agrícola. En el marco de renovación de ideas sobre el problema del hambre, la FAO oficializó el concepto de seguridad alimentaria. Lo definió como la disponibilidad de alimentos suficientes, estables, autónomos y sustentables en el largo plazo, así como el acceso universal a los alimentos necesarios para el pleno desarrollo de las potencialidades de los individuos. (FAO, 1996)
En el contexto de críticas mundiales a los procesos de globalización, organizaciones campesinas introdujeron el concepto de soberanía alimentaria en 1996 (en un foro paralelo al realizado por la FAO, organizado por Vía Campesina). Planteado como un concepto superador, la soberanía alimentaria es entendida como la facultad de cada estado para definir sus propias políticas alimentarias y agrarias de acuerdo a metas de desarrollo sustentable y a seguridad alimentaria. Esto implica reconocer el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas de acuerdo a sus circunstancias culturales únicas; dar prioridad a la producción de alimentos a nivel local basada en campesinos y pequeños productores, utilizando sistemas de producción sustentables; establecer precios justos para los agricultores y defenderlos de política de precios predatorios; garantizar el acceso a los recursos naturales por medio de acciones de redistribución, control comunitario de los recursos productivos, protección de las semillas y libre intercambio de las mismas, entre otras cosas. (Vía Campesina, 1996)
Posteriormente, surgen los Objetivos del Milenio (ODM), cuyo primer objetivo fue combatir el hambre para el año 2015. Plantea la necesidad de avanzar de forma integral, eficaz y eficiente, en los plazos más breves posibles, en la resolución de aquellas necesidades básicas de la población asociadas a las situaciones de hambre. Propone reducir a la mitad, entre 1990-2015, el número de malnutridos. El mismo ocupa un lugar central en los propósitos que guiaron la Declaración del Milenio dado que constituye el trasfondo de las demás metas y su evolución sintetiza buena parte
37 de los progresos que puedan lograrse. El cumplimiento de esta meta guarda relación con la satisfacción de las necesidades básicas de la población, en particular el derecho a la alimentación. Al concluir el período de los ODM, el informe de la FAO (2015) reconoce que no se ha cumplido con dicha meta, reconoce logros desiguales y las deficiencias en muchas áreas. En el año 2000 había 929 millones de personas con hambre en el mundo y para el año 2008, período que es foco de nuestro análisis, la cifra alcanzó los 1098 millones. El trabajo no se ha completado y debe continuar en la nueva era del desarrollo. Es así, como en septiembre de 2015, los estados miembros de la ONU se pusieron de acuerdo sobre un nuevo marco de desarrollo global para los próximos 15 años. Dentro de este nuevo marco se plantearon los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales son 17 y de ellos, los dos primeros hacen mención a la pobreza y al hambre a nivel mundial. El primero de ellos es poner fin a la pobreza en todas sus formas y en todo el mundo. El segundo, poner fin al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible. Los últimos datos facilitados por la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en su informe “El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo 2015”, indica que en el mundo sigue habiendo un total de 795 millones de personas que pasan hambre. (FAO, 2015)
Existen algunas paradojas llamativas en la situación actual: la primera es que la mayor concentración de hambrientos se encuentra en el mundo rural (allí vive el 70% de los pobres del mundo); la segunda es que dos tercios de la población mundial que se dedica a producir alimentos pasa hambre (Vivas, 2008). Tampoco se debe perder de vista que si bien el hambre no es la realidad precaria que afecta a la vida de todos los pobres, esta situación ocurre en un contexto mundial en el que las carencias extremas cada vez afectan a más personas, como lo demuestra el hecho de que más de la mitad de la humanidad subsiste al límite con menos de 2 dólares y medio al día (FAO, 2011a). Las causas de esta situación nos remiten a las Relaciones Internacionales. Es decir, la desigual distribución del poder, el dinero y los recursos, que están en el origen de tales problemas a nivel global, se han visto reforzadas por las políticas liberales impuestas a los países pobres por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en los últimos años. Se llevó por un camino erróneo a buena parte de los países que ahora atraviesan las situaciones más difíciles (Vivas, 2008). Finalmente, podemos concluir hasta aquí el hambre es una de las manifestaciones más extremas de la marginalización y la pobreza, y constituye una de
38 las más flagrantes violaciones de los Derechos Humanos. El hambre es un problema estructural que si bien ha sido abordado por diversos organismos internacionales, este se ha profundizado a partir de las crisis económicas que se han dado a nivel mundial, sobre todo la crisis alimentaria del 2008, que es la que nos interesa tomar como punto de referencia en nuestra investigación.
Figura 1: Referentes normativos internacionales prioritarios de la estrategia de lucha contra el hambre
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) que establece: “toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación”.
El Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales PIDESC (1966) que afirma: “el derecho fundamental de toda persona a estar protegida contra el hambre”, y su definición por el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU (1999) como obligación de los estados a respetar, proteger, facilitar y hacer efectivo el derecho a la alimentación y al agua; y la aprobación de las Directrices de aplicación voluntaria (2004) en apoyo a la realización progresiva de este derecho.
La Primera Cumbre Mundial de la Alimentación (1996) que consagra: “la voluntad política y dedicación común y nacional a conseguir la seguridad alimentaria para todos y a realizar un esfuerzo constante por erradicar el hambre de todos los países, con el objetivo inmediato de reducir el número de personas desnutridas a la mitad de su nivel actual no más tarde del año 2015”.
La Declaración del Milenio (2000), que acuerda como Objetivo 1 “la erradicación de la pobreza y el hambre”, cuya Meta No. 2 se concreta en “reducir a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre”.
La Declaración Final del Foro Mundial de Soberanía Alimentaría (2001) en el que se acuerda el posicionamiento conjunto de una amplia representación de la sociedad civil a nivel internacional en materia de la lucha contra el hambre.
La Cumbre de Alimentación (2002) y de Naciones Unidas (2005) reafirman estos compromisos y plantean iniciativas concretas para lograrlos. A ello contribuye también la Declaración de París sobre Eficacia de la Ayuda (2005).
La Cumbre de Roma (2008), en la que se acuerda eliminar el hambre y garantizar alimentos para todos. Incrementar la producción de alimentos e inversión en agricultura.
39 Objetivos de Desarrollo Sostenible (2015), en los cuales se plantea poner fin a la pobreza y al hambre en todas sus formas y en todo el mundo.
Fuente: FAO, 2015.