Tres clases de eunucos
En Mateo 19,12 leemos las enseñanzas de Jesús sobre los eunucos de su tiempo. Como hemos señalado ante- riormente, en la antigüedad el término se aplica generalmente a los varones castrados. No obstante, el evangelio los divide en tres categorías: (1) los que nacieron así, (2) los castrados y (3) los que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Para los lectores de hoy, la categoría más trans- parente es evidentemente la (2). En cuanto a (1), es posible que Jesús se refiera a aquellas personas que nacen sin presentar las características comunes de varón o de hembra, o cuyos órganos sexuales son incompletos o atípicos. En este contexto los biólogos hablan de hermafroditas y pseudohermafro- ditas, es decir, las personas que en al- guna medida son intersexuales o in- tergénero. Las estadísticas revelan que el fenómeno es poco frecuente, pero de todas maneras es un hecho que de cuando en cuando aparecen bebés cuya fisonomía no responde a la nomencla- tura establecida. El fenómeno puede llevarnos a pensar en el primer ser hu- mano creado en el Génesis ya que es tanto varón como hembra. Por otra parte, en el contexto de Mt 19 debemos también tomar en cuenta las personas asexuales. Son aquellas que pocas ve- ces, o nunca, experimentan ganas de tener relaciones sexuales con otras. Y algunos investigadores del periodo he- lenístico han sugerido que la palabra eunuco se refiere tal vez a los hombres renuentes a casarse debido a su incli- nación u orientación homoerótica. El grupo (3) puede ser una alusión a aquellos que eligen la vida célibe al ingresar en una orden religiosa. Asi- mismo es de justicia enfocar el gran número de discípulos de Jesús que han renunciado a la vida en familia para darle prioridad al seguimiento del maestro que, por su parte, nunca se casó. En tiempos recientes han salido estudios que documentan que permaneció soltero un gran número de sus discípulos, y Jesús los elogia
en virtud de la profundidad de su com- promiso (Mt 19,27-30; Mc 10,28-30; Lc 18,28-32). De todas maneras, es evidente en Mt 19 que los comentarios del maestro sobre el tema de los eunu- cos revelan una actitud de respeto. Comprobamos así que existe una ar- monía total entre estas breves refle- xiones del evangelio y los pasajes aportados por los profetas Isaías y Je- remías.
En resumidas cuentas, está claro que los eunucos intervienen con alguna frecuencia a lo largo de la Biblia, desde el Génesis hasta los Hechos de los Apóstoles. Hemos observado que evoluciona la posición social y religiosa del eunuco desde la exclusión casi total (Deuteronomio) hasta alcanzar la plena inclusión (Hechos), permi- tiéndole ocupar un lugar de igualdad en la comunidad creyente.
Las versiones castellanas
En este contexto, las cuatro versiones castellanas examinadas son Nueva Bi- blia de Jerusalén(NBJ), Nueva Versión Internacional(NVI), Reina-Valera Ac- tualizada (RVA) y Dios Habla Hoy (DHH). La edición que más fielmente refleja los textos originales es la NBJ ya que traduce de forma consecuente
los vocablos hebreos y griego mediante la palabra “eunucos”. La RVA tiende a preferir “eunuco”, pero introduce en determinados pasajes el término “fun- cionarios”, recurriendo así a un eufe- mismo. La situación en la NVI es pa- recida, pero en este caso los vocablos de carácter eufemístico empleados por los traductores son dos: “funcionarios” y “oficiales”. Por último, la DHH se ubica en una categoría aparte dado que evita en numerosos casos la tra- ducción literal. Muy pocas veces en- contramos en esta versión la palabra “eunuco”. En su lugar, la DHH aporta una gran diversidad de voces y expre- siones: “funcionarios”, “oficiales de palacio”, “hombres de confianza”, “jefe del servicio de palacio”, “personajes importantes”, “incapacitados para el matrimonio” y “viven como incapaci- tados por causa del reino de Dios”. De esta manera, al no dar pistas coherentes o reconocibles, de las cuatro versiones castellanas la DHH es la menos ade- cuada para los lectores curiosos sin conocimientos sólidos del hebreo y del griego. Todo el que quiera ver la interconexión de aquellos pasajes bí- blicos donde figuran o intervienen eu- nucos, tema al que hemos dedicado tres artículos publicados en la presente revista, debe recurrir a la NBJ. R
A
nalizaremos el versículo tres del capítulo siete de Cantares: “Tus dos pechos, como ge- melos de gacela”.Lo primero es definir la función fun- damental de los pechos de una mujer, que es amamantar a sus hijos. La leche materna es el alimento más completo que el niño/a necesita para satisfacer sus necesidades biológicas y nutricio- nales. En la base del cerebro existe una glándula llamada hipófisis que re- gula todo el funcionamiento hormonal del organismo. Esta glándula estimula la producción de prolactina, una hor- mona que durante el embarazo actúa sobre las glándulas mamarias y las modifica, para que puedan cumplir de manera satisfactoria sus funciones fi- siológicas con la finalidad de aportar al nuevo ser todos los elementos bio- lógicos para su desarrollo normal, desde el punto de vista somático y nu- tricional.
En otra descripción de su amada, el esposo describe esta parte tan impor- tante del cuerpo de su esposa de la si- guiente manera: “Tus dos pechos, como gemelos de gacela, que seapacientan entre lirios (o violetas)”. En el capítulo anterior hablábamos del vientre de la esposa como “montón de trigo cercado de lirios”; la idea es la de una mujer
embarazada en la que el vientre aumenta de volumen, de manera armoniosa, y las vetas azules que se aprecian en el mismo –de muchas mujeres embara- zadas– corresponderían a los lirios o azucenas que aquí se describen. Todas estas transformaciones –de forma y de color– se deben a las alteraciones circulatorias que se producen en el vientre de una mujer grávida. En el embarazo los ovarios dejan de funcionar y desde la base del cerebro actúa una sustancia que estimula los pechos y favorece su transformacón, aumento de tamaño y multiplicacón de los con- ductos galacóforos, que conducián la leche secretada por la gestante al ex- terior, para alimentar al recén nacido. Volviendo a la exégesis y a la inter- pretación alegórica, diríamos que los pechos de la esposa-iglesia, sirven para alimentar a los que están dentro del vientre materno en periodo de gestación y un día saldrán fuera, al ser alumbrados a una nueva vida. Así, pues, los pechos dan un fruto que serviá́ de alimento a los recién nacidos para su crecimiento, a fin de ir creándose una infraestructura sólida que favorezca un desarrollo idó- neo en los diversos estadios por los que pasa su personalidad. A este pro- pósito escribía el apóstol Pedro: “Des- echando, pues, toda malicia, todo en- gaño, hipocresía, envidias, y todas las
José M. González Campa
Licenciado en Medicina y Ci- rugía. Especialista en Psiquiatría Comunitaria. Psicoterapeuta. Especialista en alcoholismo y toxicomanías. Conferenciante de temas científicos, paracien- tíficos y teológicos, a nivel na- cional e internacional. Teólogo y Escritor evangélico.