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Pero tanto en Heráclito

In document Renovación nº 65 Enero 2019 (página 32-34)

como en

Parménides la

concepción

que ambos

tenían de la

realidad

estaba exenta

de

connotaciones

sobrenaturales

Por medio de la

inducción

abstractiva

podemos llegar a

describir lo

universal que

existe en todo

particular

conocido, es decir,

poder alcanzar lo

desconocido a

través de lo

conocido

losófico influiría notablemente

algo más tarde en el mismo Pla-

tón. Pero tanto en

Heráclito

como en Parménides

la con-

cepción que ambos tenían de la

realidad estaba exenta de conno-

taciones sobrenaturales. Sobre

el rigor de los dos presocráticos

fundamentaría en buena medida

Platón (427-347 a. C.) su siste-

ma filosófico. Sería P. M. Huby

en alusión al Vol. I de la Histo-

ria

crítica de la Filosofía occi-

dental de

O´Connor (comp.)

quien consideraría que tanto Só-

crates como Platón realizaron

la principal contribución en el

intento de definir el conocimien-

to.

Platón,

en concreto, aplicó

el rigor epistemológico a diver-

sos campos del saber, tales

como las matemáticas, la políti-

ca, la ética o la pedagogía. Su

célebre Teeteto, compuesto ha-

cia el año 386 a. C. es todo un

estudio investigativo no supera-

do todavía sobre el conocimien-

to. El conocido como

método

dialéctico implantado por

Só-

crates, su maestro, y por él per-

feccionado, supuso toda una in-

novación en el mundo del pen-

samiento y que como técnica de

razonamiento en la búsqueda de

la verdad ha ido adquiriendo

cada vez más rigor científico.

Sería con

Platón precisamente

donde se empieza a tener los pri-

meros atisbos de la idea de un

ente

superior o sobrenatural de

carácter divino, es decir, surge

la teología como tal, si bien to-

davía bastante rudimentaria.

Pero tuvo tal repercusión su idea

de lo divino que sería, bastante

tiempo después, santo y seña del

pensamiento cristiano a partir de

Agustín de Hipona. Lo que lla-

ma poderosamente la atención

es el hecho de que los primeros

intentos de búsqueda de un ente

sobrenatural

entre los grandes

pensadores y sofistas de la anti-

güedad se efectuaron sin refe-

rencia alguna sobre una posible

e hipotética revelación de carác-

ter divino, lo cual da a entender

de que “algo” despertó el interés

en el ser humano para atribuir la

posible existencia de que “algo”

o “alguien” regía los destinos y

los tiempos del universo.

En Platón la verdadera realidad

teñida de divinidad la encarna la

conocida como Idea del Bien. Es

cierto que explícitamente no hay

una alusión directa a la divini-

dad o ente sobrenatural, pero no

cabe duda que alguna referencia

implícita existe. Los neoplatóni-

cos y algunos de los primeros

pensadores cristianos así lo esti-

maron. Lo que parece evidente,

más allá de las supuestas conno-

taciones referidas a la divinidad,

es que la Idea del Bien viene a

representar la perfección y la

verdad de las cosas, algo atribui-

ble, hemos de pensar, tan solo a

un ser divino o con propiedades

divinas. Y aún más, la Idea

del

Bien platónica supone la “Idea”

por excelencia, de la que depen-

den las demás ideas. Y el Bien,

en la concepción platónica, vie-

ne a ser una idea, objeto de toda

filosofía con carácter inteligible.

Desde luego, que si hemos de

concebir la divinidad es asocián-

dola con el Bien por excelencia.

También con el Amor, según la

definición en el

Nuevo Testa-

mento para referirse a Dios mis-

mo, en el lenguaje de sanJuan.

De ninguna de las maneras pare-

ce apropiado referirse a la divi-

nidad como portador de algún

mal. Otra cuestión es el origen

del Mal y la permisividad de la

divinidad, a la que presupone-

mos omnipotente, para con el

problema irresoluble del mal en

el mundo. Pero a esto nos referi-

remos con cierta extensión más

adelante.

Sería pues a partir del pensa-

miento de Platón cuando en

buena medida la filosofía y el

quehacer filosófico se revestiría

de ciertos tintes teológicos de

los que, como decíamos,

san

Agustín (354-430) extraería im-

portantes y determinantes con-

clusiones tratando de conciliar

la filosofía, el pensamiento filo-

sófico, con la revelación por

medio de la adaptación de las

ideas platónicas al mensaje cris-

tiano. El éxito no se hizo esperar

dentro de los ambientes ecle-

siásticos de la época y la acepta-

ción de las tesis de

Agustín

fueron muy amplias.

En la misma línea de argumen-

tación filosófico-teológica se

encuentra el pensamiento de

Aristóteles (384-322). Difícil-

mente podemos encontrar una

rama del saber que no entronque,

directa o indirectamente, con el

pensamiento del gran filósofo

de Estagira. Se dice que la pri-

mera gran biblioteca de la anti-

güedad era suya. Su sentido de

la curiosidad y de la observa-

ción no tenía límites y se sabe

que fue el fundador de, cuando

menos, dos ciencias: la biología

y la lógica. Pero lo que más lla-

ma la atención es la gran in-

fluencia que tuvo en el pensa-

miento occidental posterior, tan-

to en el mundo de la filosofía y

de la ética como en el de la reli-

gión y sus planteamientos teoló-

gicos. Fue el primero en estable-

cer con rigor la necesidad de que

el saber científico debe ser de-

mostrativo y estar regulado por

principios o axiomas. Conceptos

tales como inducción abstractiva

y universales son propios de él.

Por medio de la inducción abs-

tractiva podemos llegar a descri-

bir lo universal que existe en

todo particular conocido, es de-

cir, poder alcanzar lo desconoci-

do a través de lo conocido, lo-

grando así describir su esencia.

Este concepto que en sus oríge-

nes es atribuible a

Aristóteles

sería luego desarrollado de ma-

nera más profunda por Francis

Bacon

en el siglo XVII, para

quien el método inductivo debe-

ría ser el método por excelencia

de todas las ciencias.

El pensamiento oriental

Si el mundo occidental

en sus

inicios se caracterizó por su aná-

lisis penetrante de la realidad

cosmogónica, en el mundo orien-

tal el pensamiento filosófico no

le fue a la zaga dando lugar a

distintas escuelas filosóficas. Y

es que en el mundo oriental más

que hablar de religiones se habla

de filosofías o distintos enfoques

filosóficos. Y esto es así porque

en el Lejano Oriente no existen

religiones al uso como las cono-

cemos en Occidente, como ver-

dades reveladas y plasmadas en

dogmas. En el hinduismo, el bu-

dismo, el confucianismo, el sin-

toísmo y el taoísmo, principal-

mente, las tradiciones son ele-

mentos fundamentales que es

preciso conocer para poder in-

terpretar correctamente el pensa-

miento filosófico oriental. Men-

ción especial merece el mazdeís-

mo, la religión o sistema religio-

so de la antigua Persia. Si algo

diferencia a las creencias de es-

tos sistemas filosófico-religiosos

de Oriente es que en ellos, a di-

ferencia del judeocristianismo y

el islam, no existen, como decía-

mos, dogmas establecidos.

Lo que particularmente más lla-

ma la atención de las distintas

escuelas filosóficas orientales –a

diferencia de las religiones occi-

dentales institucionalizadas– es

el hecho de la búsqueda de la

Parménides (Wikipedia) Aristóteles (Wikipedia)

Pero tanto en

Heráclito

como en

Parménides la

concepción

que ambos

tenían de la

realidad

estaba exenta

de

connotaciones

sobrenaturales

Por medio de la

inducción

abstractiva

podemos llegar a

describir lo

universal que

existe en todo

particular

conocido, es decir,

poder alcanzar lo

desconocido a

través de lo

conocido

verdad partiendo del mundo in-

In document Renovación nº 65 Enero 2019 (página 32-34)