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HERIDOS POR LA FE

In document Enigmas Extremos.pdf (página 170-175)

Siempre me inquietaron los estigmas. Hubo tiempos en que pensé - con sana sinceridad - seriamente en la posibilidad de que alguna inteligencia foránea fuera la responsable de producirlos, con el propósito de causar la morbosidad y compasión de la especie humana. Pero luego un vistazo a la historia terminó por desbarrancar esta atractiva idea.

Forzosamente tuve que reconocer que había un común denominador

en los casos más famosos de estigmatizados: la fe.

En efecto. Desde los tiempos de San Pablo - tal vez el primer

estigmatizado de la historia (Galateos 6:1) - hasta nuestros días, el gran porcentaje de episodios de estigmas están encauzados por fervorosos religiosos, muchos rayando el fanatismo más intenso.

Se habló, como explicación al fenómeno, de efectos de sugestión, de

histeria de conversión y hasta de “complejo de crucifixión” ( esta es la postura del especialista Herbert Thurston). A la sazón, nada sólido pudo demostrarse. O tal vez sí.

Por ejemplo: la evolución de los estigmas.

He aquí la clave que nos devela el origen de los estigmas.

LA EVOLUCION DE LOS CRISTOS

Así es. En principio, las marcas de la Pasión de Cristo se producían de manera muy ligera en la piel. Apenas eran manchas rojizas. Luego,

empezaron a modificarse en tremendos coágulos rojos de sangre. De redondas que eran, pasaron a ser rectangulares. Y a estar en todo sitio: primero en las palmas, luego en las muñecas. Y en todo esto, los

descubrimientos que se adosaban. Es decir que cada vez que se obtenía nueva información - difundida por la prensa - de cómo habría sido la crucifixión de Cristo las heridas variaban.

Cuando se supo – a través del sudario de Turín, fragante fraude del

cual ya he hablado “in extenso” – que los clavos debieron perforar las

muñecas, por el espacio de Destot, los estigmatizados dejaron de sufrir sus heridas en las palmas, y pasaron a las muñecas ajustándose – demasiado para una casualidad - a los nuevos hallazgos. A pesar de que estos

descubrimientos fueran falsos o erróneos.

Y claro. Esto sólo nos puede indicar una cosa: que el detonante es la

mente humana. Y no una fuerza sobrenatural.

Pero pasemos a los fraudes.

EL DOLOR DEL ENGAÑO

¿Qué pensaría el lector si le dijera que hubo y hay personas que, por fanatismo, histeria o “necesidad religiosa” se infringen estigmas en el cuerpo?.Exacto. Ya desde el siglo XIII, con

Lukardis de Oberweimar tenemos muchas

referencias. En este caso, la beata tenía la manía de clavarse las uñas en las palmas.

En otros casos, como el de Teresa

Neumann, curiosamente –cuando no

sospechosamente - la sangre fluía de sus heridas

cuando no habían ojos que la observaran. Siempre pedía intimidad para que ocurriera el milagro.

Y es natural. No por nada leemos en la propia Biblia:

“Y no deben hacerse cortaduras en su carne por un alma difunta, y no deben ponerse marcas de tatuaje. Yo soy Jehová.” (Levítico 19:2

Es de entenderse, por tanto, que la flagelación y automutilación está al orden del día desde los primitivos tiempos de la religiosidad.

Por fe. Por fanatismo. Por imitación piadosa. Por sugestión. Como

sea, el detonante es la creencia religiosa (es cierto que hubo casos de agnósticos o ateos con estigmas, pero se demostraron sus engaños y sus manejos publicitarios o monetarios por atestiguar el prodigio)

De algún modo el ser humano encuentra un resquicio de liberación al

infringirse heridas. Desde el simple estado nervioso que desemboca en morderse las uñas, hasta el estado patológico e histérico de generarse marcas religiosas en el cuerpo, todos obedecen a una necesidad del individuo.

Acaso la misma que los lleva en la actualidad a estamparse tatuajes y

piercing en zonas anatómicas realmente dolorosas.

Tan solo – y nunca poco - una expresión de

disconformidad con el mundo ordinario y consigo mismos.

Por otro lado, es interesante hacer mención

al caso de la críminologa forense y psiquiatra Helen Morrison (la "Clarise verdadera" del

Silencio de los Inocentes). Ella sin estar versada

en metafisica y todas las pseudociencias conocidas, interrogó a un asesino serial mediante la hipnosis. Se trataba de Richard Macek y en palabras de Morrison:

"[...]Concentré mi atención en la mano de Macek. Vi como aparecían

ampollas rojas del tamaño de una moneda en los dedos a causa del infierno que estaba reviviendo en su cabeza. Lo examiné todo atentamente para asegurarme que no había ninguna fuente externa de calor, como una cerilla oculta, un mechero o un cigarrillo. No había nada. Me asusté ante lo que parecía un hecho sobrenatural."

Eso fue suficiente para que la doctora interrumpiera, junto con su

colega psiquiatra, la sesión de hipnosis. Al parecer había llegado a un estado muy profundo de hipnosis. Y el hecho que el asesino serial Macek

rememoraba había generado la materialización en carne propia de lo que ocurría hipnotizado ¿es posible que los estigmatizados como Bongiovanni lleguen a estados de la mente tan profundos que sus ansias de dioses y Jesucristo le generen los estigmas en la piel, siempre basados en sus conocimientos teológicos e históricos de la pasión de Cristo?.

Yo creo que si. Y a la vista de los hechos es indudable. No obstante,

es motivo de investigación para poder entender de qué forma accedemos a esos recursos de sugestión o "vívida imaginación" que llegan a estimular nuestro organismo emulando lo que visualizamos. Porque si genera ampollas o estigmas, la mente también puede generar salud y curación.

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