De algarrobas a becerros
PUEDES DESCANSAR EN MÍ MI AMOR PUEDES DESCANSAR
5. El hijo de Dios
A veces nosotros también desconocemos lo que la Palabra de Dios y la Iglesia quieren decirnos cuando nos enseñan que somos los hijos de Dios. Y si
39 Podemos descubrir en estas tres declaraciones un cuadro trinitario: la filiación referida al Padre, la
comunión referida al Espíritu Santo y la pertenencia a Jesucristo, el Hijo de Dios. (Cf. 2 Cor 13, 14: “El amor de Dios, la gracia de nuestro Señor Jesucristo y la comunión del Espíritu Santo esté con todos ustedes”)
40 Esta es la mayor de las herencias que Dios nos puede dar a los hombres; esta es la herencia que nos tiene reservada en la Vida Eterna: “Esa será la herencia del vencedor: Yo seré Dios para él y él será hijo
para mí” (Ap 21, 7) Ninguna cosa mayor podemos anhelar, pues no existe privilegio semejante.
entendemos quizás teológicamente el tema de la filiación divina, en muchos de nosotros falta la experiencia de sabernos cada uno de nosotros “el hijo” y no solo “un hijo” más de Dios.
Un cambio de artículo
Nuestras vidas cambian poderosamente cuando logramos entender el alcance de esta afirmación, que “soy el hijo de Dios”. Si antepusiéramos a nuestro apellido el nombre Dios, quizás lograríamos empezar a convencernos de esta verdad; es decir, si empezáramos a pensar de nosotros que nos llamamos por ejemplo Juan Dios Pérez; Daniela Dios González, etc. nuestra vida tomaría otro rumbo en muchas cuestiones. Por ejemplo, ¿cómo podría andar mendigando cualquier cariño si soy consciente de que soy “el” hijo de Dios? ¿Cómo voy a andar con miedo si mi papá es nada más y nada menos que Dios? ¿Cómo vivir una vida miserable si mi Padre es el creador del cielo y de la tierra? ¿Cómo voy a dejar que me manoseen, se burlen de mí, me maltraten, me griten… si soy “la” hija, “el” hijo de Dios? De hecho, te invito a que luego de leer este libro puedas enderezar tu cabeza y alzar tu frente con dignidad, y que al próximo que te quiera humillar o maltratar puedas decirle con orgullo a la cara algo así como:
“Oye, ¿Qué te pasa? ¿No sabes con quién te estás metiendo, no sabés quién soy? Soy “el” hijo de Dios. Si, escuchaste bien, de Dios, no de un gran presidente, ni de un gran deportista o cantante, o de
Todopoderoso…de Dios. ¡Cuidado con meterte conmigo o te las verás con mi Papá!”
Lo que estamos diciendo no es solo un modo figurado de hablar, es una verdad de fe; los que hemos sido bautizados y que hemos aceptado la fe en el Hijo de Dios, participamos de la misma filiación divina que participa Jesús. Cuando el Padre nos mira, nos mira tan hijos suyos como lo ve a Jesús. Esto debe parecer una herejía a muchos lectores que ya deben estar queriendo rasgarse las vestiduras; pero es lo que declara la Biblia y lo que siempre ha enseñado nuestra santa Madre Iglesia. Veamos, sólo a modo de demostración, algunos pasajes bíblicos y magisteriales:
“Pero a todos los que lo recibieron y le creyeron les dio capacidad para ser hijos de Dios”
Jn 1, 12
Dios hizo cargar con nuestro pecado al que no cometió pecado, para que así nosotros participáramos en él de la justicia y perfección de Dios”
2 Cor 5, 21
“Ustedes ahora son hijos, por lo cual Dios ha mandado a nuestros corazones el Espíritu de su propio Hijo que clama al Padre: ¡Abba!, o sea: ¡Papá! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo, y siendo hijo, Dios te da la herencia”
Gal 4, 6-7 (Cf. Rom 8, 14-17)
“Nos ha concedido lo más grande y precioso que se puede ofrecer: ustedes llegan a ser partícipes de la naturaleza divina”
“Miren qué amor tan singular nos ha tenido el Padre, que no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que realmente lo somos”
1 Jn 3, 1
“Porque tal es la razón por la que el Verbo se hizo hombre, y el Hijo de Dios, Hijo del hombre: para que el hombre, al entrar en comunión con el Verbo y al recibir así la filiación divina, se convirtiera en hijo de Dios”42
“Porque el Hijo de Dios se hizo hombre para hacernos Dios”43
“El Bautismo no solamente purifica de todos los pecados, hace también del neófito “una nueva creación” (2 Cor 5, 17), un hijo adoptivo de Dios que ha sido hecho partícipe de la naturaleza divina, miembro de Cristo, coheredero con Él y templo del Espíritu Santo”44
“Por la participación del Espíritu venimos a ser partícipes de la naturaleza divina…Por eso, aquellos en quienes habita el Espíritu están divinizados”45
No cabe duda entonces que eres “el”, “la” hija de Dios. Hace poco vi la película de dibujos animados
Kung Fu Panda, una encantadora película que trata
del esfuerzo que realiza Po, un oso panda un poco obeso, por convertirse en un gran luchador de Kung Fu. Hacia el final de la película, su enemigo, el leopardo Tai Lung burlándose de él le señala con el dedo y le dice: “Tú no puedes vencerme a mí, pues
eres un panda panzón” Pero Po, el panda, le agarra el
dedo y mirándole con orgullo a los ojos le dice: “No
soy “un” panda panzón, soy “el” panda panzón”, y
logra vencerlo. Recuerdo que con mis hermanos de la banda y de la comunidad con quienes fuimos esa
42 SAN IRENEO DE LYON, Adversus haereses, 3, 19, 1. CIC 460
43 SAN ATANASIO DE ALEJANDRÍA, De incarnatione, 54, 3: PG 25, 192B; CIC 460 44
CIC 1261
noche al cine, nos miramos inmediatamente al ver esta escena, pues es lo que siempre predico cuando hablo de este tema de la filiación divina. Qué maravilloso lo que puede hacer simplemente el cambiar un artículo dentro de una frase.
No tienes que vivir así
Cuando pienso en el hijo mayor, no puedo dejar de pensar en la cantidad de personas que viven una vida miserable, ignorantes de quiénes son y de cuánto valen.
Solemos dedicar una inmensa cantidad de tiempo de nuestro día seduciendo a la gente para que nos acepten, quizás a causa de tantos rechazos que hemos tenido en el ayer. Y esa manera de vivir tratando de agradar a todo el mundo la trasladamos también al área espiritual; y es cuando Dios también entra a formar parte de las personas a las que tenemos que convencer para que nos “acepte”. Cuántas veces pensamos que Dios no nos puede aceptar en su Presencia porque somos tan impuros, tan débiles, tan pequeños, tan pecadores, con tantos defectos.
Lo que deberíamos entender es lo que nos enseña San Pablo en la carta a los efesios:
“…habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el
amado” (Ef 1, 5-6)46. Ser aceptos en el Amado
quiere decir que Dios nos acepta a nosotros como lo acepta a su Hijo Amado; la sangre de Jesús nos consiguió que Dios nos acepte en su Presencia; y más aún, que Dios Padre nos ame con la misma pasión con la que ama a su Hijo. Aunque nos parezca una locura, es así. C.H. Spurgeon decía comentando este texto bíblico: “Somos los objetos de la complacencia
divina; más aún, del gozo divino. ¡Cuán maravilloso es que nosotros: gusanos, mortales, pecadores, seamos los objetos del amor divino!...Tus pecados te atormentan, pero Dios ha echado tus pecados a sus espaldas, y tú quedas así acepto en el Justo…El demonio te tienta; ten coraje, él no te puede destruir, pues tú eres acepto en el que ha quebrado la cabeza de Satán. Conoce con plena seguridad tu gloriosa
posición”47
Por esa razón es que no tienes que vivir así, porque eres aceptado y amado como el Amado; eso es muy grande, muy inmerecido, muy sublime.
Y te voy a decir algo más aún como para que te estalle el corazón de ternura y la cabeza por semejante comentario. Hubo un momento X en la historia en el que el Padre tuvo que elegir entre vos y su Hijo y te eligió a vos; tenía la foto tuya y la de Jesús, su Hijo desde toda la eternidad, y eligió la tuya en contra de su Hijo. Déjame explicarte cuando fue este momento tan impactante.
Recuerdo que cuando era niño jugábamos con unos amiguitos a salvar la vida de uno en lugar de la
46 Versión de Casiodoro de REINA (1569), revisada por Cipriano de VALERA (1602). Revisión de 1960; Sociedad Bíblica Argentina.
del otro. Te preguntaban: “Si Pablo y Fernando se
estuviesen ahogando en el mar, y tuvieses tiempo de salvar a uno de los dos, ¿A quién de los dos rescatarías?” Y vos tenías que responder teniendo al
frente a los dos, a Pablo y a Fernando mirándote con fuego en sus miradas, sabiendo que después de tu respuesta uno de los dos te podría odiar para siempre en su corazón. ¿Qué entretenido juego, no te parece? Bueno, algo así fue lo que tiene que haber vivido Dios Padre cuando uno trata de recrearse en la mente los sucesos previos a la pasión de su Hijo. Puedo imaginarme, como me gusta hacerlo siempre, que el diablo en la noche en que Jesús se debatía en lágrimas de sangre en el Getsemaní, se llegó hasta el trono de Dios Padre con dos fotos en sus manos, la tuya y la de Jesús. Y le dijo al Padre en un tono amenazante:
“Es el momento de elegir… (Pronunció tu nombre)…o Jesús. Elige cuál de los dos pagará el precio. Y ojo con lo que vas a decir. Si me entregas a (tu nombre) lo pierdes para toda la eternidad. Si me entregas a tu Hijito, me tendrás que dejar que lo triture sin meterte para nada. Le destrozaré haciéndole pagar la culpa de todos los hombres, desde Adán y Eva hasta el último que pise la faz de la Tierra al final de los tiempos. Lo verás colgado de una cruz, madero de maldición, como si fuera un perro, con su cuerpo y su rostro desfigurado de tantos golpes, con el cráneo atravesado por una corona de espinas, con las manos y los pies atravesados por enormes clavos; Él te gritará que no lo abandones por favor, pero tú le negarás tu Presencia. Tendrás que soportar que se le burlen los
hombres, los mismos hombres por los cuales está sufriendo, y no podrás intervenir en su ayuda. Le harás sufrir aquello que eternamente rechazaste; y luego de eso lo verás morir en soledad. Y como si eso fuera poco lo verás ir al mismísimo infierno a contemplar todo el mal en su propia persona. Tú mientras tanto te quedarás mirando.
Ahora elige, ¿a quién de los dos rescatarás?”
Y el Padre tomó con cariño tu foto, la apretó entre sus manos, y dijo entre sollozos: “…A él/ella
elijo”. Y el diablo se alejó de su Presencia de regreso
al Getsemaní, mientras que por primera vez el Cielo estaba de luto y los ángeles tenían que consolar al mismísimo Dios que temblaba de dolor arrodillado al lado de su trono. El Génesis nos relata que en una ocasión Dios le reclamó a Abraham que le ofreciera en sacrificio a su hijo Isaac, el hijo de la promesa, que
le había nacido cuando tenía alrededor de 100 años.48
Y en obediencia, Abraham lo llevó a un monte para sacrificarlo. Pero cuando estaba con el cuchillo en mano para degollar a su propio hijo, el Ángel de Dios lo detuvo para que no lo haga; Dios no podría jamás dejar que un hijo suyo sufriera semejante dolor. Sin embargo Él mismo no pudo detener en esa hora fatal la muerte de su Hijo.
¿No te parece demasiado Amor? ¿Cómo entonces es que vos yo dudamos de cuánto valemos? ¡Dios te eligió por encima de su propio Hijo! Y si te parece una simple imagen metafórica lee lo que declara la Palabra: “…Si ni siquiera perdonó a su
48 Cf. Gen 22
propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Rom 8, 32). Por esa razón es que no podemos seguir
viviendo así. Valemos demasiado para andar caminando arrastrados.
Y visto esto desde la óptica de Jesús, tenemos más motivo aún para sabernos valiosos. San Pedro nos recuerda: “No olviden que han sido
rescatados…pero no con un rescate material de oro o de plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, el Cordero sin mancha ni defecto” (1 Pe 1, 18-19). Y San
Pablo lo confirma: “Ustedes han sido comprados a
un precio muy alto” (1 Cor 6, 20). Cuando pensamos
seriamente que el sacrificio de Jesús fue porque me ama apasionadamente nuestra vida no puede seguir
siendo la misma. 49
Recuerdo como si fuera ayer la noche en que aquella canción de Valverde entraba a mi corazón con las palabras de Jesús: “Mira la cruz…fue por
ti…fue porque te amo”. Fueron tantos años pensando
que no valía nada para nadie, y de pronto resulta ser que nada más y nada menos que el Hijo de Dios me estaba demostrando lo que le costé. Esa noche me propuse nunca más volver a dejar que me domine el monstruo de la autoestima baja, de los complejos de inferioridad, de vivir una vida vacía. Había aprendido a valorar lo que le costé al Señor.
Años después una película me hizo reflexionar más aún en esta verdad, la película “Rescatando al
soldado Ryan”, dirigida por el brillante Steven
Spielberg y representada por Matt Damon y por el
49 En definitiva, teológicamente hablando, el Padre y el Hijo comparten la misma naturaleza, por lo cual, en ambos el sacrificio tiene un mismo denominador: MORIR. Lo maravilloso es que ambos prefieren
genial Tom Hanks. La historia trata de una madre que pierde a tres de sus cuatro hijos que envió a la segunda guerra mundial, y el único que le queda vivo está expuesto a perder la vida en el medio del campo de batalla. Esto hace que el ejército estadounidense, para compensar un poco tanto dolor de esa madre, envíe una expedición de soldados preparados para que liberen con vida al cuarto hijo de esta sufrida mujer, el soldado James Ryan. Era una misión de muerte, que costó la vida de todo un pelotón de grandes soldados, y entre ellos la del teniente (Tom Haks), quien, antes de morir, mira a los ojos al soldado Ryan (Matt Damon) y le dice: “Sólo te pido
que vivas una vida digna del precio que has costado”.
Mi pregunta hacia ti es si estás viviendo una vida digna de lo que has costado. Él no se bajó de esa cruz pudiendo hacerlo, porque te ama, porque consideró que valía la pena pagar el precio que pagó por vos. Cada vez que te veas seducido con el engaño satánico de que no eres nadie, por favor te pido que mires esa cruz…contempla sus manos, su cuerpo destrozado, su humillación, su dolor…y recuérdalo bien: fue por ti, porque te ama, razón más que suficiente para no seguir viviendo así
FUE POR AMOR A TÍ