• No se han encontrado resultados

HIPNOSIS Y CRIMINOLOGÍA [11]

In document Laclau Ernesto - La Razon Populista (página 39-44)

El epicentro de la consideración «científica» de la psicología de las masas fue proporcionado por el debate sobre la hipnosis que se estaba desarrollando en la psiquiatría francesa, en la última década del siglo XIX, entre las escuelas de Salpetrière y Nancy. Sin embargo, este debate tuvo lugar en el marco de una compleja historia intelectual en la cual había muchas más opciones disponibles para los teóricos del comportamiento de las masas que las que finalmente adoptaron. El nombre mismo que eligieron (multitud) ya tenía connotaciones peyorativas. Como afirman Apfelbaum y McGuire:

En realidad, la noción de multitud parecía ser esencialmente un eufemismo para el comportamiento violento y destructivo. Debería señalarse que, en esa época, el término multitud nunca era utilizado en los círculos socialistas, pues el socialismo estaba menos interesado en el contagio de las masas que en la solidaridad del colectivismo […]. La suscripción a esta concepción destructiva del comportamiento de las masas quedó ampliamente demostrada por el modo como estos dos autores [Tarde y Le Bon] recurrieron a un vocabulario abiertamente valorativo al describir el objeto de sus investigaciones. Por un lado, las descripciones de la multitud evocaban extrañamente la polémica literatura anti Comuna de la década de 1870 […]. Pero al mismo tiempo, la referencia a la metáfora de la sugestión hipnótica de hecho entrañaba una descalificación de aquellos implicados en acciones de masas, ya que en estos tiempos se había desarrollado la asociación de la sugestión hipnótica con la patología psicológica[12].

Si iban a apelar al magnetismo en el estudio del comportamiento de las masas, los psicólogos de masas tenían esencialmente tres opciones[13]. Una era la

tradición espiritualista de Bergasse, Carra y Brissot, cuyas «Societies of Harmony» constituyeron cierta forma de anarquismo semimístico. Las otras dos opciones eran las aproximaciones representadas por Charcot en la Salpetrière y por Liébeault y Bernheim en Nancy, y sobre este debate nos concentraremos especialmente. Para Charcot, los fenómenos hipnóticos tienen una base estrictamente fisiológica.

La postura de la escuela de Charcot […] está bien ejemplificada por su acento en varios factores claves, a saber: (a) que la hipnosis solo ocurrirá al

coincidir simultáneamente ciertas condiciones psicológicas; (b) que el sonambulismo hipnótico sigue una rigurosa evolución a través de tres etapas diferentes (letargo, catalepsia, sonambulismo); (c) que está relacionado irrevocablemente con la neuropatología, y (d) que existe una causa orgánica específica. La relación con los desórdenes patológicos fue considerada tan vital para la existencia de la hipnosis que se creyó que solo un análisis etiológico era suficiente para distinguir entre un estado hipnótico y la condición histérica[14].

Por el contrario, la postura de la escuela de Nancy era más psicológica; se negaba a aceptar cualquier relación necesaria entre patología y sugestión hipnótica, y sostenía que toda persona, en un estado normal, podía experimentar esta última.

Ahora bien, es característico de los valores que dominaban las elecciones teóricas de los psicólogos de masas que, de los diversos modelos de comportamiento colectivo que tenían a su disposición, eligieran las categorías de la escuela de Charcot, que son precisamente las que acentúan en mayor medida la dimensión patológica. (La terminología que utilizan es frecuentemente la de Bernheim —hablan de sugestión más que de hipnosis—, pero el marco conceptual lo da sin duda el modelo de histeria de Charcot. Además, como han señalado diversos autores, los teóricos de las masas rara vez se refieren al debate entre las distintas escuelas psiquiátricas y tienden a presentar los hallazgos de estas últimas como si fueran un todo indiferenciado). Con esta operación se completaba la inserción del comportamiento de las masas dentro de un marco patológico.

Allí descansa la descalificación de las masas emergentes, en la elección deliberada de un modelo basado en la desorientación patológica. El hecho de que se procuraba aplicar este modelo a eventos históricos tales como la Comuna puede ser ejemplificado por la diferenciación que hace Tarde de las actividades de las multitudes en tres tipos de trastorno social, los cuales recordaban al autor, como dijimos, a la epilepsia disfrazada. Estos trastornos incluían: (a) la convulsión social y/o la guerra civil; (b) el entusiasmo, como ser el culto, la nación y la religión; y (c) la guerra exterior contra naciones […]. Tal enfoque destaca la elección deliberada, considerando las descripciones de las multitudes disponibles en ese momento […]. Ya habíamos observado que simultáneamente con la psicología de las masas existía abundante literatura sobre sindicalismo y comportamiento colectivo positivo, que percibía a las masas de un modo constructivo, pero con una visión ideológica que no compartían Tarde y Le Bon[15].

Aunque el debate francés sobre hipnotismo no era desconocido y produjo algunos efectos importantes, la mayor influencia fue la del darwinismo a través de su fusión con la tesis criminológica de Cesare Lombroso, cuyo libro L’Uomo Delinquente [El hombre delincuente] fue publicado en 1876. Lombroso, profesor de psiquiatría clínica y posteriormente de antropología criminal en Turín, comenzó como oficial médico midiendo a los reclutas del ejército italiano con el fin de descubrir en ellos posibles rasgos criminales atávicos. Después de tomar medidas físicas — especialmente craneanas— a un número considerable de criminales, llegó a la conclusión de que una serie de rasgos físicos distintivos eran estigmas de criminalidad, y que eran hereditarios. Afirmaba la posibilidad de que

rasgos personales perjudiciales […] tienden a reaparecer por atavismo, así como la negrura en las ovejas; y en el género humano, algunas de las peores disposiciones, que ocasionalmente y sin ninguna causa aparente hacen su aparición en ciertas familias, pueden tal vez ser atavismos de un estado salvaje, del cual no son removidos por muchísimas generaciones. De hecho, esta visión parece reconocerse en la expresión común según la cual alguien es la oveja negra de la familia[16].

Luego extendió sus estudios a los crímenes de las turbas que tuvieron lugar durante las agitaciones políticas (especialmente la Revolución Francesa), en los cuales —como era de esperar— hace referencia a Taine como una fuente importante.

A comienzos de la década de 1880, la escuela criminológica positivista inspirada por Lombroso comenzó la publicación de su propia revista, el Archivio di Psichiatria, Antropologia Criminale e Scienza Penale, seguida luego por La Scuola Positiva nella Giurisprudenza Civile e Penale. El tema principal de discusión era la cuestión de la responsabilidad penal de los criminales de las multitudes. Scipio Sighele, un miembro joven y destacado de la escuela, estableció en su influyente libro La Folla Delinquente [La multitud delincuente] la distinción entre los «criminales natos», organizados en torno a sectas de bandidos, cuyas motivaciones criminales tienen raíces antropológico-biológicas, y los «criminales ocasionales», inducidos a las acciones criminales por una variedad de factores ambientales. De acuerdo con Sighele, los criminales natos debían ser castigados con todo el rigor de la ley, mientras que los criminales ocasionales debían recibir solo sentencias reducidas a la mitad. El criterio para discriminar entre los dos debía ser si los criminales habían sido o no convictos previamente. (Como se ha señalado frecuentemente, este criterio es algo dudoso: la misma persona podría haber

cometido varias ofensas por razones puramente circunstanciales.)[17] En general,

Sighele —que estaba al tanto del debate francés— dio una explicación algo ecléctica de las fuentes del comportamiento de las masas. A las causas clásicas — contagio moral, imitación social y sugestión hipnótica— agregó tendencias emocionales primitivas y el factor cuantitativo, dado por la cantidad de personas que participan en actividades de multitudes. Enrico Ferri, mentor de Sighele, identificó por su parte cinco tipos de criminales: criminales «natos», insanos, habituales, ocasionales, pasionales.

Sin embargo, a medida que progresaba el debate, fue creciendo la tendencia a cuestionar la relación entre rasgos anatómicos y criminalidad propuesta por Lombroso, y él mismo, en sucesivas ediciones de L’Uomo Delinquente, tendió a aumentar la importancia de los factores ambientales por sobre aquellos puramente biológicos. El Primer Congreso Internacional de Antropología Criminal, que tuvo lugar en Roma en 1885, fue el escenario de una primera confrontación entre criminólogos italianos y franceses, en la que los últimos cuestionaron por primera vez el modelo anatómico-biológico de los primeros. El enfrentamiento fue aún más profundo en París en 1889, en el Segundo Congreso Internacional, cuando fue atacada la totalidad de la evidencia anatómica de los italianos. A partir de la década de 1890, las explicaciones biológicas del comportamiento de las masas entraron en un claro retroceso. La escuela positivista italiana mantuvo ciertas posiciones de poder en Italia, e incluso obtuvo algunas victorias en la reforma de la ley penal a principios del período fascista, pero a nivel internacional su poder se debilitó. Esto se debió, en parte, al surgimiento de nuevas tendencias en la investigación sobre el comportamiento de las masas como consecuencia de la desintegración del modelo patológico.

El acontecimiento decisivo de esta desintegración tuvo lugar en el país donde había comenzado toda la tradición de la psicología de las masas: Francia. Durante la última década del siglo XIX, la discusión entre las corrientes psiquiátricas rivales de Charcot y Bernheim se resolvió definitivamente: la victoria correspondió a la escuela de Nancy. Esto tuvo una serie de consecuencias que son de gran importancia para nuestra investigación. En primer lugar, el colapso del modelo fisiológico disolvió el terreno patológico en el cual tradicionalmente se había fundamentado la psicología de las masas. Cualesquiera que fueran las novedades —incluso los peligros— que implicaba la transición a una sociedad de masas, era cada vez más claro que no podían ser tratadas mediante el enfoque patológico que había dominado en la teoría de las masas en sus comienzos. La sociedad de masas requería una caracterización positiva, no una dominada por el

lenguaje de la desintegración social. Pero había algo más, tal vez de mayor importancia. Cualesquiera que fueran sus defectos, la psicología de las masas había tocado algunos aspectos de crucial importancia en la construcción de las identidades políticas y sociales, aspectos que no se habían tratado apropiadamente antes. La relación palabras/imágenes, el predominio de lo «emotivo» por sobre lo «racional», la sensación de omnipotencia, la sugestibilidad y la identificación con los líderes, etcétera, constituyen rasgos reales del comportamiento colectivo. El hecho de concentrarse en ellos fue la contribución más original de la teoría de las masas a la comprensión del actor social y de la acción social. Sin embargo, ¿por qué los psicólogos de masas finalmente fracasaron? No resulta difícil hallar la razón: por su sesgo ideológico antipopular; porque enmarcaban sus discursos dentro de dicotomías crudas y estériles —el individuo/la masa; lo racional/lo irracional; lo normal/lo patológico—. No obstante, basta con introducir cierta souplesse en estas oposiciones rígidas, con permitir que cada uno de estos polos contamine parcialmente al otro, para que surja un panorama completamente diferente, ya que, en ese caso, el comportamiento de las masas descripto por los teóricos de las masas no sería un catálogo de aberraciones sociales, sino de procesos que, en diferentes grados, estructuran cualquier tipo de vida sociopolítica. Lo que se necesitaba era integrar sus hallazgos a una teoría global de la política, que no los relegara a lo aberrante, marginal e irracional. Era necesario un cambio radical de perspectiva para hacer posible este importante progreso. Este «Rubicón» fue cruzado unos años más tarde en Viena: Freud dirá que en la psicopatología está el secreto de la comprensión de la psicología normal. Y para probar este punto no comenzó su estudio de la psicología de las masas con la canaille descripta por Taine y Le Bon, sino con dos grupos altamente organizados: el ejército y la Iglesia. Sin embargo, antes de llegar a Freud debemos referirnos a algunos otros acontecimientos que, en alguna medida, hicieron posible el descubrimiento freudiano.

In document Laclau Ernesto - La Razon Populista (página 39-44)