3 La entrevista de valoración
4. Historia personal
El examen de la historia personal del sujeto es otra pieza clásica de toda evaluación psicológica que es preciso incorporar a la valoración vocacional. Esta historia se puede explorar de modo cronológico y con atención a unas mismas áreas de atención: situaciones externas, actividad (estudio o trabajo), sentimientos y pensamientos, imagen de sí y de los otros, relaciones dentro y fuera de la familia, con uno y otro sexo, logros y fracasos personales, etc. Con las preguntas e informaciones sobre la infancia, la niñez y la adolescencia el entrevistador busca comprender en lo posible el ambiente en que vive el sujeto y en que frecuentemente se origina la vocación[163]
, el desarrollo evolutivo del sujeto en sus distintas fases, así como las primeras manifestaciones de un estilo de carácter personal que se forma en esos años. En los candidatos jóvenes y en las primeras etapas formativas es especialmente importante la consideración de la etapa evolutiva en que se encuentra el sujeto para que se acompasen en lo posible la maduración psicológica y humana, la maduración cristiana y la específicamente vocacional[164]
. En este desarrollo humano y vocacional se inserta necesariamente el desarrollo intelectual, el desarrollo moral y el desarrollo religioso que se pueden detectar en la narración de la historia personal.
En la entrevista de la vida, el entrevistador no sólo se interesa por los sucesos objetivos, sino por los significados que ha tenido para el sujeto; no sólo busca conocer las historias, sino también el modo de vivirlas emotivamente; no sólo escucha la realización o frustración de los proyectos emprendidos, sino también de las expectativas soñadas; y no sólo se fija en las figuras de las personas nombradas, sino en su importancia como generadoras o como reverberación de apegos y desapegos, afectos y desafectos, miedos y desconfianzas, identificaciones o rechazos. Con todo ello, la historia personal no sólo constituye una sucesión de hechos, sino que se hace lugar de nacimiento y formación de una persona, resultando así verdadera matriz del presente.
Por ejemplo, un candidato puede mostrar desde muy niño precoces manifestaciones de dependencia o de independencia reactiva; envidas y celos frecuentes; confianzas o desconfianzas respecto a los mayores. Se pueden escuchar narraciones de infancias felices, que pueden incluso contrastar con la situación presente que el candidato vive. Hay niños que han sufrido abuso físico o castigos desproporcionados a su edad, a su conciencia o a su emotividad; y esas vicisitudes pueden dejar secuelas de ansiedad, temor, inquietud o rechazo ante determinadas figuras. El abuso sexual, seguramente más frecuente en niñas que en niños[165], es sin duda
una parte de la historia especialmente dolorosa en los casos en que tal cosa sucede; y que, además, en muy alto porcentaje aparece producido por el entorno familiar cercano.
A través de la narración de la vida se percibe la socialización del sujeto y su encuentro con la dura realidad, manifestada de modo distinto en cada etapa. Importa por eso escuchar al candidato también sobre el estudio y el trabajo. El estudio es el trabajo del joven, y el trabajo regular y responsable es en el adulto una oportunidad y una
responsabilidad, una obligación y una ocasión de manifestar ordinariamente la capacidad para la objetividad y el realismo, para empeñarse en la transformación de la realidad. La persona madura es capaz de trabajar.
Se puede encontrar en un candidato, por ejemplo, muestras tempranas de su tesón y de su capacidad de sufrir. O bien se percibe en otra historia expresiones más o menos repetidas de lucha por el éxito, de orgullo por los logros. O se puede detectar un derrotismo prematuro, un sentimiento continuo de fracaso, tal vez con envidia pesarosa por el éxito ajeno. Es muy probable que muchas de estas pautas se repitan en el candidato adulto con muy semejantes significados.
También importa en este recorrido por la vida del sujeto repasar las relaciones con iguales, superiores e inferiores. Las relaciones interpersonales pueden ser campo de manifestación de los conflictos y amenazas, pero también y sobre todo ocasión de mostrar la capacidad de amar y de fiarse, y señal muy fiable del grado de madurez de una persona[166]
. En este sentido, las relaciones con las personas del otro sexo son otro ámbito de la narración en el que es útil detenerse, así como en la exploración de la sexualidad del candidato o candidata; y es que conviene conocer bien el área sexual de la persona que se pregunta por su vocación, como indican los documentos de la Iglesia[167]
, por muchas razones entre las que cabe destacar aquí algunas[168]
. Efectivamente:
1) La sexualidad resulta ser una especie de microcosmos en el que se refleja la madurez del sujeto, puesta en juego en el manejo de esta fuerza psíquica tan fuerte. 2) Por su plasticidad y por su fuerza simbólica, la sexualidad adquiere significados añadidos que el candidato casi nunca conoce, de modo que las manifestaciones sexuales del pensamiento o del comportamiento reflejan indirectamente la fuerza de otras necesidades psíquicas, por ejemplo la dependencia, el exhibicionismo, él éxito, la agresividad, y otras necesidades.
3) La sociedad de consumo y la cultura de hoy están hipersexualizadas, por lo que su influjo no ayudarán a la mayor integración natural de esta necesidad en los candidatos, sino que hará que sea muy conveniente la ayuda pedagógica de los educadores.
4) La especial consagración en celibato por el Reino de los cielos requiere una opción libre y madura, sin represión ni complejos, pero también sin expectativas ingenuas sobre la facilidad de guardar la continencia perfecta. Pues sabe ya la Iglesia por dolorosa evidencia que la guarda de la castidad consagrada no es siempre fácil, que la infidelidad no siempre es privada, y que esa infidelidad no sólo es producida por la fragilidad psíquica o por el pecado moral, sino por dinamismos psíquicos normales, con la concurrencia de carencias formativas.
5) El tópico mediático de la dificultad del celibato consagrado, especialmente para los varones, no es sólo producido por una campaña mediática; numerosas infidelidades (con delito o sin él) indican la mayor dificultad específica del varón para integrar su sexualidad, del mismo modo que la mujer puede tener más dificultad para madurar e integrar su afectividad.
6) Una identidad sexual insegura puede tener sus manifestaciones tempranas antes de la juventud, pero puede consolidarse positivamente con la edad hasta lograr la formación de una buena identidad personal. Sin embargo, una orientación claramente homosexual, cada vez más aceptada culturalmente, puede resultar más conflictiva para el varón consagrado de lo que suponen algunos argumentos tolerantes; y si esta orientación es muy marcada (y, más aún, si tiene una historia precedente de comportamientos homosexuales prolongados), suele introducir en el sujeto tensiones añadidas durante su formación y su vida de celibato.
En la exploración del área sexual del candidato el entrevistador puede dejar la iniciativa a su narración espontánea, aunque una serie de preguntas posteriores completará la información si fuera necesario. Las cuestiones se han de referir a su despertar sexual, a las fantasías y/o sueños sexuales, a la utilización de los medios de comunicación para búsqueda de historias, imágenes o escenas de contenido sexual, al uso de internet para buscar relaciones, a la experiencia de masturbación, a la existencia de relaciones sexuales de algún tipo (completas o no), a posibles sentimientos o experiencias homosexuales. No se debe dejar de explorar la eventual existencia de experiencias sexuales infantiles (traumáticas o no), y de cualquier tipo de preocupación en este ámbito. En esta área interesan los datos, especialmente si son problemáticos; pero interesan también, y sobre todo, los significados, las emociones antiguas o actuales en torno a estas situaciones y los criterios que se tengan al respecto.
Existen muchas diferencias personales. Hay candidatos con un mundo sexual muy agitado en su adolescencia, que son más tarde buenos y castos seminaristas, religiosos o pastores del pueblo de Dios. Hay candidatos con un mundo sexual muy sereno y equilibrado casi desde el vientre materno, seguramente favorecido por un desarrollo afectivo infantil muy armónico. Hay muchos candidatos y candidatas con una historia psicológicamente sana y normal; pero hay algunos otros que han sufrido o sufren más su sexualidad (en sus escrúpulos, su identidad incierta o su tensión sexual), por razones espirituales o psicológicas. Y hay personas que superan bastante bien sus etapas ordinarias del desarrollo, aunque otras parecen detenerse en alguna de sus etapas (en esto consiste la fijación), o padecer crisis como adultos que implican cierta regresión a etapas más inmaduras.
Estas cosas se detectan en pequeñas situaciones concretas. Por ejemplo, hay candidatos que nunca tuvieron novia duradera y esta circunstancia la consideran (con cierto orgullo) como una postura coherente con su vocación temprana; pero otros tampoco la tuvieron y señalan que a veces la añoran, aunque en su oración ofrecen ese sacrificio al Señor; todavía otros nunca la tuvieron y viven luego la frustración de esa añoranza, desean secretamente hacer la experiencia de pareja, y sueñan con alguna intimidad afectiva y física, como demostración a sí mismos de su valor personal. Cosas parecidas podrían sucederle a una candidata. Finalmente, hay candidatos o candidatas un poco mayores que han tenido una vida sexual activa, lo cual fue relativamente «normal» en los parámetros en que se movían; aunque hayan vivido en su día con normalidad tales experiencias, con todo sí conviene evaluar en lo posible si pueden ahora comprometerse serenamente con el celibato consagrado, tras el suficiente tiempo de formación y vivencia cotidiana de su castidad.
Aunque el examen de la madurez sexual[169]
requerida por los documentos vocacionales y de formación es una tarea compleja, el entrevistador debe adquirir una visión global
que le permita una valoración vocacional suficientemente fundada también en relación a este punto.
Por ejemplo, el examen de la calidad de las relaciones de pareja que haya tenido el candidato puede indicar algo de su madurez; aunque, contra opiniones a veces generalizadas, esta madurez no se garantiza por haber tenido relación más o menos duradera e íntima con un novio o una novia; algunos datos[170] afirman que dichas
relaciones maduran sólo al sujeto que ya es maduro y no suelen madurar al inmaduro.
En definitiva, debe tener el entrevistador la conciencia de que la sexualidad del candidato o candidata está examinada, que sus informaciones son creíbles y que la integración existencial lograda en este momento de su vida es la adecuada para su edad y circunstancias. En algunos casos convendrá explorar más a fondo, antes o después, algunas situaciones; pero en numerosas ocasiones un breve repaso por la historia de la sexualidad da una suficiente comprensión de un fenómeno que en muchos casos es fácil de entender y en modo alguno traumático. Y generalmente, con alguna peculiaridad de género, pues es estadísticamente más probable que los problemas sexuales sean de tipo genital en el varón más que en la mujer y que muchas candidatas tengan una genitalidad altamente integrada; por el contrario, es muy probable que los sentimientos afectivos sean más problemáticos en la mujer que en el varón y que, consiguientemente, en las candidatas se encuentre el voto de la castidad más vulnerable en el área de los sentimientos y no en el de los sentidos[171]
.
La historia de la vida puede terminar con una narración significativa del momento presente, del ambiente en el que el candidato vive, de las circunstancias de trabajo, familia y relaciones significativas, y de cualquier aspecto que ilumine el mejor conocimiento de la persona entrevistada.