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El “hombre de pecado”

In document Teologia Sistematica Buswell IV (página 116-118)

Otra corroboración de este orden de eventos se encuentra en 2 Tesalonicenses, capítulo 2. Pablo dice, “Pero con respecto a la veni- da de nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición” (2 Tesalonicenses 2.1-3).

Note que la palabra traducida “apostasía” es la palabra griega “rebelión”. Si la traducimos así, parece que es un solo evento, y no dos, una sola rebelión que constituye la señal para todos lo cristianos que deben huir y esconderse.

Ciertamente las Escrituras enseñan que la apostasía en la iglesia or- ganizada aumentará antes del retorno del Señor. En 1 Timoteo 4.1, Pablo dice, “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algu- nos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”. La palabra, “apostatarán” viene del griego apostesontai y significa un abandono de la fe que uno profesaba previamente.

Pero la palabra apostasía en 2 Tesalonicenses 2.3 no necesaria- mente implica una apostasía religiosa. Significa básicamente un aban- dono hostil, una rebelión. En 2 Tesalonicenses 2, Pablo está hablan- do de una señal observable, previa de cual los cristianos de Tesalónica no tendrían motivo para temer. Es difícil ver cómo una apostasía religiosa podría ser tal señal. Ha habido muchos períodos de aposta- sía en la iglesia. Uno de los más grandes se observó justo antes de Lutero y Calvino. Cuesta visualizar cómo una apostasía podría fun- cionar como una señal específica en el sentido en que Pablo usa la palabra en 2 Tesalonicenses 2.3.

Por otro lado, la palabra apostasía regularmente significa una revuelta o una rebelión, y así es usada en la Septuaginta. Traducir la palabra así es justificado por el uso establecido, y pone las palabras de Pablo en unión con las palabras de Cristo. Tal como la abomina- ción en el sermón del monte de los Olivos es una señal de que huyan los cristianos de Jerusalén a esconderse en las montañas, así también para Pablo la rebelión que involucra la revelación del hombre de pecado es una señal, previa de cual los cristianos no tienen que temer. Algunos pre-milenialistas han propuesto la idea de que la apos- tasía en 2 Tesalonicenses 2.3 es el “abandono” de la iglesia, saliendo

en el rapto. Contra esta idea es el hecho de que apostasía uniforme- mente significa una salida, un abandono, que representa algo hostil desde el punto de vista del escritor. No puedo encontrar ningún caso en que esta palabra, como verbo o como sustantivo, se refiera a una salida en que el que habla, o el que escribe, o los amigos del escritor, se van. Siempre designa una salida en un sentido hostil.

Evidentemente Pablo había instruido a los cristianos de Tesalónica con respecto a las palabras de Cristo acerca de la reunión (episunagoge) de la iglesia a juntarse con el Señor (Mateo 24.31; 1 Tesalonicenses 4.17; 2 Tesalonicenses 2.1). Habrá un tiempo breve pero intenso de dificultades, cuando los cristianos tendrán que escon- derse en las montañas. Sin embargo, este tiempo no debe producir miedo hasta que la abominación desoladora haya sido colocada en el lugar santo, o (y es el mismo evento) hasta que haya sucedido la rebelión y el hombre del pecado haya sido manifestado.

Pablo continúa con un comentario sobre una porción del sermón del monte de los Olivos. ¿Cómo será la “abominación desoladora” cuando haya sido colocada en el lugar santo? Pablo explica que el hijo del pecado, el hijo de destrucción, “se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto (ver Daniel 11.36); tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios” (2 Tesalonicenses 2.4).

Parece obvio que Pablo considera que el hombre del pecado es el príncipe del pacto de Daniel 11.22, quien erige la abominación desoladora (Daniel 11.31; ver 9.27; 12.11).

Pablo después hace referencia a algo que había enseñado mien- tras estaba con los tesalonicenses. “No os acordáis que cuando yo estaba todavía con vosotros, os decía esto? Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene (al hijo de pecado), a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo tiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca (Isaías 11.4), y destruirá con el resplandor de su venida” (2 Tesalonicenses 2.5-8).

Con respecto a esta referencia a “lo que lo detiene”, sugiero que hemos ayudado a entenderlo en otras discusiones anteriores. Aunque no estamos seguros exactamente de lo que quiso decir Pablo, pero sí estamos seguros de quién es la fuente de ese poder que restringe. Cuando Pablo dice, “vosotros sabéis lo que lo detiene”, podríamos contestar, “Sí, sabemos que, como sea el agente de esta restricción, el

poder viene del Dios soberano”. Dios está evitando que el anticristo sea manifiesto hasta el tiempo apropiado. Cuando Dios decide retirar Su mano, salir del camino, entonces el hombre de pecado será revelado.

La manera en que Pablo describe el hombre de pecado (vv. 9-12) lo identifica con el cuerno pequeño de la profecía en Daniel 7, con el príncipe que hace el pacto en Daniel 9, con el príncipe del pacto en Daniel 11 y 12, y con la primera bestia de Apocalipsis 13.

VII. ¿Q

UIÉNES SON LOS

ELEGIDOS

”?

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