E. Intermedio antes de la séptima trompeta
2. El misterio de Dios
“Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo, y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.” (vv. 5-7)
Es mi convicción de que la frase, “el misterio de Dios” en el versículo 7, tiene un sentido especial, refiriéndose al uso paulino. Pablo usa la palabra “misterio” frecuentemente para hablar de la obra de Cristo al redimir a la iglesia en esta edad. Si es así, entonces cuando Juan escucha al ángel decir, “el misterio de Dios se consuma- rá”, entiende que la iglesia será completada en esta edad actual.
Ofrezco el siguiente estudio de la palabra:
La palabra “misterio” ocurre solamente cinco veces en el Anti- guo Testamento en español, todas en Daniel (2.18,27,30,47, y 4.9). Aquí la palabra (rz, en arameo) está prestada del idioma persa, y significa “secreto”. Daniel dice que Dios revela los secretos, o los misterios (4.27). Hay otras palabras hebreas en el Antiguo Testa- mento que comunican la idea de secreto. Quizás la más común es
sthr, que significa “tapar”, o “esconder”. En Deuteronomio 29.29,
esta palabra está en contraste con la palabra glh, que significa “des- velar”. Este concepto es importante para el resto de la Biblia. El propósito de Dios hacia el hombre es el de revelar. Amós dice “Por- que no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas. Si el león ruge, ¿quién no temerá? Si habla Jehová el Señor, ¿quién no profetizará?” (Amós 3.7,8). En Marcos 4.22, Jesús dice, “Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifesta- do; ni escondido, que no haya de salir a luz”. Es importante notar que Mateo (10.26) y Lucas (12.2 y 8.17) citan este dicho del Señor. Dios no guarda secretos para un grupo de élite solamente.
En el Nuevo Testamento, la palabra mysterion, se usa veintiocho veces. El significado básico es “cerrado” o “escondido”. La posibili- dad relativa de abrir o revelar un misterio debe ser aprendido del contexto. Fuera del Nuevo Testamento, la palabra tiene distintos sen- tidos, desde secretos de ordenes fraternales, hasta todo tipo de cien- cia que requiere ser enseñada.
Dentro del Nuevo Testamento, la palabra siempre se refiere a la verdad que los escritores inspirados tratan de aclarar. Los usos de la palabra “misterio” se pueden clasificar en tres grupos:
(1) El misterio del reino es analizado en secciones paralelas en Mateo (13.10-17), Marcos (4.10-13), y Lucas (8.9,10). Marcos dice, “Cuando estuvo solo, los que estaban cerca de él con los doce le preguntaron sobre la parábola. Y les dijo: A vosotros os es dado sa- ber el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, por pará- bolas todas las cosas; para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; para que no se conviertan, y les sean perdona- dos los pecados.” (4.10-13).
La clave para entender los pasajes citados arriba está en cómo el Señor reprende a los discípulos por su indiferencia. Obviamente el propósito de la parábola es revelar, y no esconder. El Señor cita las palabras sarcásticas de Isaías (Ver Mateo 13.14,15, Isaías 6.9,10) para estimular las mentes flojas entre los que escuchaban. Los si- guientes hechos comprueban que esta es la interpretación correcta, y que el Señor quería revelar los misterios, no esconderlos:
(a) Las parábolas del Señor que contienen los “misterios del rei- no” son unos de los pasajes más claros y más simples de todo el Nuevo Testamento.
(b) Mateo, Marcos, y Lucas escribieron estos misterios en forma completa, incluyendo los comentarios explicativos, y los cristianos siem- pre han tenido el deber de publicarlos lo más ampliamente posible.
(2) Los siguientes pasajes mencionan “misterios” que fueron re- velados:
Romanos 11.25, “ Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”.
1 Corintios 15.51, “He aquí, os digo un misterio: No todos dor- miremos; pero todos seremos transformados,...”
Efesios 5.31, “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne.”
Apocalipsis 1.20, “El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias.”
Debemos incluir en esta lista 1 Corintios 13.2 y 14.2, referencias a misterios en general; Apocalipsis 17.5,7 y siguiente, el misterio de la mujer y la bestia, explicado en detalle; 2 Tesalonicenses 2.7, el misterio de la iniquidad.
(3) Los restantes usos de esta palabra parecen estar en un grupo. Todos menos uno se encuentran en las epístolas paulinas. Todos los pa- sajes explican lo que es el misterio, pero lo mencionan como si fuera de conocimiento común, sin necesidad de explicarlo. Varios de estos pasa- jes dicen que el misterio no fue revelado en días anteriores como ahora. Si nos preguntamos, según principios generales, qué fue un se- creto antes del tiempo de Pablo, y que fue revelado en su tiempo, la respuesta es la persona y la obra de Cristo en la redención de la iglesia. Lo que Él fue, y lo que Él hizo, y continúa haciendo están implícitos en el evangelio predicado a Abraham (Gálatas 3.8), “el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo,...” (Romanos 1.1-3). Pero ahora en Su nacimiento, vida, muerte, resurrección, y glorificación, y en la proclamación de las buenas nuevas a todo el mundo, llamando a los elegidos, ahora en estos asuntos, se contesta la pregunta, “¿Cómo puede hacerse esto”? (Juan 3.9). El misterio ha sido explicado.
Los pasajes que se refieren al hecho de que el misterio no fue explicado hasta que haya venido Cristo, son los siguientes: Romanos 16.25,26; 1 Corintios 2.7-10; Efesios 3.3-13, Colosenses 1.26,27. Estos pasajes no niegan el hecho de que Cristo y Su obra fueron profetizados en tipos y símbolos, y en predicción literal. Lo que ense- ñan estos pasajes es que el misterio no fue conocido en aquel enton- ces tal como es conocido ahora (Efesios 3.5). De hecho, cuando el misterio es explicado en Cristo, son los profetas que se usan para darlo a conocer a las naciones (Romanos 16.26). Cuando el corazón se convierte a Cristo, entonces se puede entender correctamente a Moisés (2 Corintios 3.16).
No nos sorprende, entonces, encontrar que el misterio mencionado en estos pasajes es nada menos que Cristo mismo, y Su obra especial como Redentor de la iglesia. Esto está indicado en Colosenses, porque Pablo ora que conozcan “el misterio de Dios el Padre, y de Cristo” (2.2). En el párrafo anterior, Pablo había declarado que el misterio aho-
ra manifiesto a los santos es “Cristo en vosotros, la esperanza de glo- ria”. En Colosenses 4.3, encontramos la frase, “el misterio de Cristo”. Sugiero que tomemos esto como genitivo de explicación o de aposición. (Ver Smyth, Greek Grammar, p. 317, párrafo 1322). “El misterio de Cristo” es Cristo. Cuando decimos “un niño nombrado Juan”, el nom- bre de Juan es Juan. Gramaticalmente, sería correcto traducir la frase, “el misterio Cristo”, o “el misterio que es Cristo”.
De forma semejante, en Efesios 3.4, el misterio de Cristo es Cris- to. También en Efesios 6.19, “el misterio del evangelio” es el evange- lio, que es Cristo crucificado. En Efesios 1.9, el misterio de la volun- tad de Dios es que Cristo sea la Cabeza de todo. En Efesios 3.3-6, el misterio es que todos somos partícipes con Cristo.
Timoteo también comprueba el hecho de que el gran misterio que Pablo menciona tanto es Cristo mismo como Redentor de la iglesia. “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en glo- ria.” (1 Timoteo 3.16). Cuando Pablo dice en el mismo contexto que un oficial de la iglesia debe “guardar el misterio de la fe con limpia conciencia”, debemos entender que está diciendo que debe “guardar a Cristo por la fe con limpia conciencia”.
Cuando Pablo se refiere a “la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos” (Romanos 16.25), debemos entender que la predicación es
la revelación de Cristo como Redentor.
Los manuscritos antiguos nos dejan con cierta duda acerca de si Pablo usó la palabra “misterio” o “testimonio” en 1 Corintios 2.1-2. Si usó la primera palabra, tenemos más evidencia de que el misterio es Cristo. “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabidu- ría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesu- cristo, y a éste crucificado.” Según estas palabras, lo que predicó Pablo era el “misterio de Dios”, Cristo mismo.
Debemos suponer que, cuando Pablo dice que “hablamos sabiduría de Dios en misterio” (1 Corintios 2.7), es lo mismo que decir, “hablamos la sabiduría de Dios en Cristo”. Pablo dice que somos “servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios” (1 Corintios 4.1). Esto es el mismo contenido del mensaje en Romanos, escrito un poco más tarde en su vida, “...soy deudor. Así que, en cuanto a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma. Porque no me aver-
güenzo del evangelio...” (Romanos 1.14-16). También dice algo parecido en 1 Corintios 9.16,17, “¡ay de mí si no anunciare el evangelio!... la comi- sión me ha sido encomendada”, y en 2 Corintios 5.20, “Así que, somos embajadores en nombre de Cristo...”.
En todos estos pasajes, el misterio de Dios es Cristo, en Su obra especial como Redentor de la iglesia. Esta obra fue profetizada en som- bra en el Antiguo Testamento, y ahora ha sido revelada en Sus logros históricos, a favor de la iglesia de esta edad.
Ahora llegamos al uso de la palabra “misterio” en Apocalipsis 10.7, aparentemente en el sentido paulino, “Sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como él lo anunció a sus siervos los profetas.”
Es razonable pensar que Juan está usando la frase, “el misterio de Dios”, en el sentido paulino. Al sonar la séptima trompeta, la obra que Cristo comenzó en su encarnación será perfeccionada con el número completo de los elegidos. La verdadera iglesia de esta edad será comple- ta. Además, otra fase de profecía será revelada tan claramente como el evangelio de gracia: Su reinado sobre las naciones desde el trono de David, Su soberanía sobre toda la naturaleza (Efesios 1.9), y Su iglesia glorificada y reinando con Él. Así, el misterio de Dios en Cristo será completo. Cuando suene la gran trompeta, ya no será un secreto.