1. Versículos 20-24
Lucas sabía de la enseñanza de Jesús acerca de una huida rápida en el tiempo de la segunda venida. He sugerido que una de las razo-
nes por las cuales Lucas omitió la referencia a la abominación desoladora y la referencia a la huida rápida, en el sermón del monte de los Olivos, es que había incluido una enseñanza semejante en la sección de Perea.
Frecuentemente los versículos de Lucas 17.20 y 21 han sido sa- cados de su contexto, sin leer los siguientes tres versículos, en que Jesús da Su propia explicación. Estos cinco versículos deben ser in- terpretados juntos.
“Preguntado por los fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con adverten- cia, ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros” (vv. 20,21).
“Y dijo a sus discípulos: Tiempo vendrá cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del Hombre, y no lo veréis. Y os dirán: Helo aquí, o helo allí. No vayáis, ni los sigáis. Porque como el relámpago que al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día” (vv. 22-24).
Jesús no enseñó que Su venida y Su reino sería un evento visible y observable, tampoco que Su reino era algo solamente interior, invi- sible, en el corazón. Las palabras traducidas “entre vosotros” fueron dirigidas a Sus enemigos. Seguramente no estaba diciendo que el reino de Dios estaba en sus corazones. El pasaje entero simplemente enseña que Su venida será repentina y visible a todo el mundo, tal como un relámpago. Es decir “(de repente) está entre vosotros”. Se encuentra exactamente la misma enseñanza en 1 Corintios 15.51,52, “...pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta...”.
2. Versículos 26-33
En el contexto de Lucas 17, Jesús procede a advertir a Sus discípu- los acerca de Su muerte en Jerusalén, y después vuelve al tema de lo repentino y lo inesperado de Su retorno, ilustrando el punto con la refe- rencia al gran diluvio (vv. 26,27) y a la destrucción de Sodoma (vv. 28,29). Continúa, “del cielo hasta el otro, así también será el Hijo del Hombre en su día. “Así será el día en que el Hijo del Hombre se mani- fieste. En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descienda a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot” (vv. 30-32), ver Génesis 19.26).
El versículo 33 enseña que el propósito de la huida instantánea no es solamente el de salvar la vida propia. “Todo el que procure salvar su vida, la perderá; y todo aquel que la pierda, la salvará”. El
señor Alford sugiere que debemos entender esto así, “El que haya intentado salvarse a sí mismo durante su vida previa, la perderá, pero el que pierde su vida recibirá una vida nueva”.
3. Uno es llevado y el otro dejado
Jesús continúa enfatizando lo repentino del evento. “Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada” (vv. 34,35).
En el sermón del monte de los Olivos, diciendo algo semejante, Jesús omitió la referencia a los dos hombre durmiendo, pero agregó, “Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado” (Mateo 24.40).
El significado exacto de la palabra paralambano, traducido “será tomado”, ha sido discutido. Alford la interpreta como “será tomado por los ángeles”, como profetizado en Mateo 24.31, es decir, en el rapto de la iglesia. Esta interpretación parece la más probable. Des- pués de las palabras, “uno será tomado, y el otro será dejado”, Mateo continúa, “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vues- tro Señor” (v. 42). El contexto sugiere que los que son “tomados” son llevados a conocer al Señor. La palabra “paralambano” realmente sugiere “llevar consigo”, y esto armoniza mejor con la idea de ser llevado a conocer al Señor.
Es verdad que en el contexto de Lucas, no hay ninguna palabra que sugiera el arrebatamiento de la iglesia, como se encuentra en Mateo 24.31. Sin embargo, en los dos evangelios, antes de hablar del hecho de que uno es tomado y el otro dejado, se habla del diluvio de Noé (Mateo 24.37-39; Lucas 17.26,27). En el evangelio de Lucas, hay también una referencia a Lot y a la destrucción de Sodoma (Lucas 17.28-30). En los dos casos, los que son “tomados” son protegidos, y los que son “dejados” son destruidos.
Aunque Lucas no menciona el rapto de la iglesia cuando habla de la venida repentina de Cristo (Lucas 17.20-18.8), es evidente que las epístolas de Pablo a los tesalonicenses y a los corintios, en que se enseña el rapto (1 Tesalonicenses 4, 1 Corintios 15), habían sido escritas antes de que Lucas terminara su evangelio. Se supone que Lucas da por sabido el rapto en su referencia a “el día en que el Hijo del Hombre se manifieste” (Lucas 17.30).
Otro elemento explícito en la enseñanza de Mateo acerca del re- torno repentino del Señor, pero no mencionado en la sección de Lucas
acerca del mismo tema, es el intervalo breve de la huida a esconderse en las montañas. Como indicado arriba, en la referencia a Jerusalén rodeada de ejércitos, en el sermón del monte de los Olivos en Lucas, ocurren las palabras, “Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes” (Lucas 21.21ª). Esta palabras son idénticas a las de Mateo 24.16 y el paralelo de Marcos, pero Lucas omite aquí el hecho de que la huida será inmediata. Algunos buscaron refugio en las montañas cuando Jerusalén fue destruida en el año 70 A.D., pero como se ha aclarado, el proceso de encerrar la ciudad durante el sitio fue gradual. Es verdad que no se menciona la huida a las montañas en la sección de Lucas, donde se habla de lo repentino de la segunda venida. No obstan- te, Lucas implica la necesidad de huir y de esconderse (Lucas 17.31), “En aquel día, el que esté en la azotea, y sus bienes en casa, no descien- da a tomarlos; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás”.
4. Las águilas
El versículo 37 de esta sección de Lucas es difícil de entender. La misma enseñanza con palabras casi idénticas, e igualmente confusa, se encuentra en el sermón del monte de los Olivos en Mateo 24.28. La frase en Lucas, “donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán tam- bién las águilas”, viene como respuesta a la pregunta, “¿dónde, Se- ñor”? En el sermón del monte de los Olivos, esta pregunta específica no se menciona, pero Jesús había estado enfatizando el hecho de que Su venida sería un evento público tan visible como un relámpago que cubre el horizonte. Fue en este contexto que dijo, “donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las águilas”.
Se me ha dicho que cuando alguien está perdido en el campo árido abierto, frecuentemente las águilas empiezan a volar en círcu- los sobre la persona, muy arriba en el cielo. Se supone que así pueden encontrar a una persona perdida o muerta, observando el vuelo de las águilas arriba. Si esta información es válida, posiblemente las perso- nas a quienes hablaba Jesús lo hayan sabido. Yo sugiero entonces, que Jesús quiso decir a los discípulos, “Tal como no buscan a una persona caminando por el desierto, tampoco deben ir buscando al Hijo del Hombre de un lugar a otro. Al contrario, deben mirar hacia los cielos”. Mi interpretación es especulativa, por supuesto, pero no he escuchado ninguna explicación mejor.
5. La venganza repentina
La sección escatológica de Lucas concluye con la narración del capítulo 18.1-8, con gran énfasis en el retorno repentino del Señor. La enseñanza aquí aclara que cuando vuelva el Señor, hará justicia a Sus elegidos “pronto”, en tachei (v. 8).
Ahora hemos concluido nuestro estudio breve de Lucas 17.20-18.8. Como indiqué arriba, mi razón para estudiar este pasaje en relación con el sermón de Cristo en el monte de los Olivos y en paralelo con Mateo 24.15-20 y Marcos 13.14-18 es de mostrar que Lucas ya había incluido una enseñanza muy similar en la sección del ministerio de Cristo en Perea, materia relacionada con el retorno del Señor. Se ha sugerido que la omisión de parte de Lucas de esa sección en el sermón del monte de los Olivos se debe al hecho de que ya estaba incluida en otro lugar.
VI. U
NA TRIBULACIÓN,
MUY SEVERA,
PERO MUY BREVEDespués de la instrucción acerca de la huida repentina que sería necesaria “cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel” (Mateo 24.15), Jesús procedió a pre- decir un tiempo de tribulación muy severa, pero muy breve (también está incluido en Mateo y Marcos). Dice, “porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acorta- dos” (Mateo 24.21,22, ver Marcos 13.19,20).