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PAISAJE Y AMBIENTE

HORIZONTE PROFUNDIDAD (cm)

DESCRIPCION

A 0-26 10YR5,5/4(s) Pardo grisáceo; 10YR4/3(h) Pardo; Franco; Bloques aplanados, medio a grueso, moderada; Ligeramente duro, no plástico, no adherente; raíces abundantes; pH 9,08; límite claro y plano.

Ac 26-41 10YR 6/3(s) Pardo claro ; 10YR4,5/4(h)Pardo amarillento; Franco arenosa; Bloques aplanados, media a gruesa, moderada; ligeramente duro, no plástico, no adherente; pH 9,55; pocas raíces; límite claro y plano.

Ck 41-74 10YR 7/3(s) Pardo muy claro; 10YR4/4(s) Pardo amarillento oscuro; Franco; Bloques aplanados, medios a finos, moderada; Duro, ligeramente plástico, no adherente; abundantes venillas de carbonato; pH 9,88; límite claro y plano.

2Ck 74-160 10YR8/3(s) Pardo muy claro; 10YR4/4h) Pardo amarillento oscuro; Franco; Bloques aplanados, mediana a gruesa, moderada; Blando, ligeramente plástico, no adherente; pH 9,7; abundantes venillas de carbonato.

Tabla I. Perfil Tipo de suelos en sector NE de Campo de Pucará.

En general, se trata de un material formado predominantemente por arena fina, que disminuye algo en profundidad y como consecuencia de eso se determina un leve aumento en los contenidos en limo y arcilla. La Textura presenta una composición

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gruesa (franco arenosa a arenosa) con escaso aporte de arcilla y limo, lo cual no le posibilita tener cohesión careciendo de Estructura.

En cuanto a los valores de acidez (pH) los mismos se mantienen prácticamente constantes en profundidad, con valores bastante altos (fuertemente alcalinos), salvo en superficie que es un poco más bajo, evidenciando un escaso lavado y disolución de sales y un contenido algo superior en materia orgánica. En general estos valores son acordes a las condiciones ambientales reinantes, al material originario, a la escasez de materia orgánica y a los contenidos de materiales calcáreos.

Esto valores, como ya se especificó están íntimamente ligados a los contenidos de carbonato de calcio, que se incrementan también desde la superficie y se reflejan morfológicamente como venillas y diseminados en la masa del suelo. Se observa un leve aumento en el último horizonte que podría deberse a un uso antrópico, ya que coincide con el estrato definido arqueológicamente como piso, o solamente a una disminución en el lavado natural en profundidad.

Los contenidos en carbono y materia orgánica, siguen un patrón lógico, disminuyen gradualmente en profundidad y a lo largo de todo el perfil valores son muy bajos (suelos extremadamente pobres), típicos de estos tipos de suelos y de estas condiciones ambientales. Esto se refleja en los colores muy claros de los horizontes, donde el proceso de melanización es poco evidente.

En relación a los valores de fósforo total es posible observar que presentan valores elevados en superficie que luego descienden en profundidad.

En relación con la agricultura

La información arqueobotánica existente sugiere que los grupos que habitaron Campo de Pucará incorporaron en su alimentación especies cultivadas. Algunas identificaciones de macrorestos carbonizados recuperados en contextos de habitación (sitios B-0 y D-0) nos informan de la presencia de especies como Zea mays (variedad

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A y en silos de un Recinto B, además de semillas de poroto (Phaseolus sp.) (Núñez Regueiro, 1971b). En contextos de descarte (montículos mayores sitios, B-0, C-0, D-1, H-0 y S-0) también se han recuperado especímenes correspondientes a estas especies.

En relación a la obras de ingeniería agrícola, se han registrado en la meseta de 1700 y 1800 m, alineamientos continuos de piedra que constituyen andenes de cultivo que interceptan sistemáticamente el escurrimiento de terrenos inclinados, que se disponen en zonas cercana a los ríos. Mediante el análisis pedológico realizado en diversas muestras de suelo que se obtuvieron de la zona el Bustos Thames (1994) considera que estos alineamientos de roca podían asociarse a actividades de cultivo.

Por otro lado, en la zona Norte de la meseta de 1800 m, adyacente al río Ojo de agua, se encuentra una zona plana y canchones de cultivos (Núñez Regueiro y Tartusi 2001).

En función de esto, el cultivo del maíz, poroto común y zapallo se estima se desarrollo en estas zonas identificadas, que están constituidas por sistemas de andenería, canchones de cultivos y numerosas áreas llanas que podrían haber servido como tierras de cultivo sin necesidad de riego.

Ahora bien, si tenemos en cuenta las características edafológicas del área, creemos que el cultivo de estas plantas ha sido posible, aunque tal vez no siempre se hayan obtenido los mejores rendimientos. En este sentido, las distintas variedades de zapallos, en general, se desarrollan perfectamente en suelos francos a franco arenosos, bien drenados, con pH de entre 5,5 y 6,8. Son medianamente tolerantes a la salinidad y bastante tolerantes a la sequía. Para germinar, las semillas necesitan una temperatura mínima del suelo de 15 ºC. (Della Gaspera 2002).

El maíz se adapta muy bien a todo tipo de suelos pero suelos con pH entre 6 a 7 son a los que mejor se adaptan y con buena circulación del drenaje para no producir encharques que originen asfixia radicular. El maíz requiere una temperatura de 25 a

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30ºC. En climas húmedos su rendimiento es más bajo. Para que se produzca la germinación en la semilla la temperatura debe situarse entre los 15 a 20ºC y puede soportar temperaturas mínimas de hasta 8ºC. Por su parte, el maní prospera en suelos livianos, de textura franco-arenoso o arenoso-franco, con buen drenaje, libre de sales y de reacción ligeramente ácida (pH 6 a 6,5) (Giambiastiani m.s.).

Teniendo en cuenta la estimación de las características paleoambientales para el área de Campo de Pucará (clima húmedo con mayor aporte de lluvias que en la actualidad, temperaturas similares, suelos permeables, etc.) durante la ocupación de los sitios Alamito creemos que las condiciones estaban dadas para el desarrollo del cultivo de estas plantas. Si bien en la zona se registran suelos con valores altos de pH, estos disminuirían con la incorporación de agua haciéndolos aptos para el cultivo (Cuenya com. per.), aunque, como dijimos anteriormente, tal vez no con los mejores rendimientos.

Si tenemos en cuenta que la información paleoambiental sugiere que el clima fue más húmedo, por lo menos en los primeros siglos de la Era Cristiana, podemos considerar variaciones en el mosaico vegetacional y pensar que el paisaje debió ser diferente, donde el pastizal herbáceo-arbustivo que ocupa el área en la actualidad, estuvo cubierto por bosques de algarrobo y densos arbustales (Oliszewski 2004). En este contexto la agricultura de secano también se habría favorecido. Incluso los boques de aliso y queñoa podrían ser más densos, suficientes para satisfacer la demanda de madera y combustible.

El nivel de autosuficiencia económica pudo ser óptimo para los núcleos familiares, cada uno de ellos con acceso y explotación de todos los recursos en su territorio inmediato.

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CAPITULO 4