• No se han encontrado resultados

2.3. Ser joven igual a ser delincuente: los primeros estudios

2.3.1. Howard Becker: los extraños

Uno de los trabajos más importantes realizados en el campo de las conductas desviadas es el desarrollado por Howard Becker19, quien realizó un estudio sociológico sobre este fenómeno basándose en dos grupos bien diferenciados de extraños20 : fumadores de marihuana y músicos de Jazz.

En su obra Becker (1963) plantea que aquel que se desvía de las reglas del grupo, es decir, el marginal, el extraño; ha sido objeto de muchas especulaciones y que en todo caso “lo que los legos quieren saber sobre los desviados es: ¿Por qué lo hacen? ¿Cómo podemos explicar sus transgresiones? ¿Qué hay en ellos que los lleva a hacer cosas prohibidas?” (p.15), preguntas que se podrían considerar como la columna vertebral de esta investigación, si se tiene en cuenta que lo que se pretende indagar es la subjetividad de jóvenes transgresores de la ley.

A lo largo de las primeras páginas de su obra Becker (1963) expone las posibles causas de las conductas desviadas y termina planteando su hipótesis central: “el hecho fundamental de la desviación es: Que es creada por la sociedad” (p. 19). Con esta afirmación el autor no se refiere a las condiciones materiales o condiciones sociales desfavorables de los desviados que pueden impulsar sus acciones delictivas; sino que, son los grupos sociales los que crean la desviación

19

Su teoría con respecto a las conductas desviadas es conocida como Teoría del Etiquetamiento, plasmada en su interesante obra: “Los Extraños” Sociología de la desviación. 1963. Becker, define el concepto de desviación no sin antes dilucidar las versiones usuales en relación a este fenómeno, afirma que la concepción más simple de la desviación es esencialmente estadística, la cual define como desviado a todo el que se aleje demasiado del promedio, por otro lado, un enfoque más común identifica la desviación como algo esencialmente patológico, anunciando la presencia de una enfermedad; estos enfoques según Becker, simplifican el problema y se alejan de la preocupación por la transgresión de las reglas, además dejan de lado los numerosos problemas de valores que surgen habitualmente en las discusiones sobre la naturaleza de este fenómeno.

20

El concepto de “extraños” en su traducción “outsiders” (literalmente “los de afuera”), es referido en el libro como “marginales”.

instaurando normas por las que las transgresiones al orden establecido se constituyen como desviación.

Desde este punto de vista, la desviación es consecuencia de la aplicación de normas por otras personas que criminalizan ciertas acciones del individuo y lo estigmatizan como transgresor al salirse de los parámetros establecidos por la sociedad; es decir, es la reacción social frente a una acción la que determina si esta es desviada o no. Cuando las transgresiones a las normas son repetitivas los individuos son etiquetados como desviados; lo cual puede tener considerables implicaciones en la construcción de identidad del individuo etiquetado, pues puede resistirse y persistir en su accionar.

Es importante tener en cuenta que desde la perspectiva de Becker, para que el etiquetamiento exista, es necesario que existan personas que se encarguen de señalar a los desviados como tales, es decir, “instigadores de la moral” si la conducta desviada no se hace pública el proceso de etiquetamiento no se produce.

Con respecto a esta teoría conocida como “Teoría del Etiquetamiento” valdría la pena preguntarse qué piensa el denominado “desviado” al respecto, pues en las sociedades muchas conductas pueden ser vistas como desviadas por parte de los “no desviados”, pero para el sujeto etiquetado su conducta es vista y sentida como normal desde su fuero interno e incluso el desviado sería la persona que lo estigmatiza por su conducta.

Para los jóvenes, por ejemplo, son normales las formas de relación con sus pares en términos de las agresiones, los golpes al saludarse o las palabras soeces en sus conversaciones cotidianas. Es normal el consumo de sustancias que los mantengan en un estado alterado de conciencia, al

igual que la distribución de las mismas, pues es lo que le permite adquirir dinero con facilidad; es normal, de igual forma, tener un grupo de amigos que vengan en su defensa cuando son víctimas del ataque de otro; para los “no desviados” este grupo de pares no es visto como un ejemplo de lealtad entre amigos, sino una pandilla de delincuentes que debe ser reprimida y encerrada para proteger la sociedad.

Es claro aquí que las reglas o normas están hechas sin tomar en consideración lo que piensa el grueso o el total de la sociedad; tal vez el querer tomar en cuenta el sentir de todos sería imposible, pero es evidente que quienes hacen las reglas o establecen las normas por las cuales se deben regir todos los miembros de la sociedad son un grupo minoritario que además de hacerlas las imponen por cualquier medio. Seguramente son personas que viven en condiciones materiales favorables, con un nivel de educación que les permite desempeñar roles importantes dentro de la sociedad y para quienes llegar al tan anhelado éxito no ha sido complicado y demás; en contraposición con aquella mayoría social que no ha tenido esas posibilidades y que nombrarlas aquí sería redundar.

Gran parte de esa mayoría social hace parte del fenómeno delincuencial, y en mayor medida los jóvenes, para quienes ciertas normas o reglas no tienen sentido en tanto, no solo no avalan sus acciones, sino que se centran en anularlos, desplazarlos, excluirlos o marginarlos. Para ellos el mundo adulto no entiende la encrucijada en la que se encuentra a raíz de no poder llevar a cabo proyectos de vida a futuro, es decir, algunos jóvenes saben lo que quieren para sus vidas, pero no saben cómo llegar a ello. Esta incertidumbre y a la vez impotencia produce estados de tensión: entre lo que culturalmente se ha dicho que se debe llegar a ser y lo que realmente se es

o se puede ser a causa de la situación desfavorable por la que muchos jóvenes atraviesan en una sociedad sin o con muy pocas oportunidades para ellos.

Al respecto y con relación a la función del Estado como garante de derechos, los jóvenes arguyen la ineficacia del mismo para proveer oportunidades favorables para ellos y para la sociedad en general

(…) Ellos creen que por dar un refrigerio, ellos…. Porque sabemos que nosotros somos conformistas, ¿un refrigerio, un estudio? Usted cree que eso con toda la plata que recibe el país (…) la gente es conformista porque se conforman con chichiguas, con babosadas…. (Ent.

1)

(…) no el Estado no, el Estado es solo plata, el Estado solo roba a los pobres, a lo último no les hace ni chimba, solo pagan impuestos, y ellos son los que roban a los pobres… (Ent. 2)

Lo anterior puede generar una situación adversa e incluso peligrosa porque se llega así a la no observancia y transgresión a las normas impuestas para poder lograr ilegalmente lo que tal vez legalmente no se puede conseguir. Esta conducta podría constituirse como una forma de resistencia de los jóvenes o de cualquier sujeto, independiente de su condición etaria hacia una sociedad que solo tiene normas para estigmatizarlos, criminalizarlos, encerrarlos y proscribirlos de la sociedad “normal” cuando no se ajusta a los moldeamientos establecidos. Sociedad que no tiene políticas para apoyarlos en sus proyectos de vida, si es que todavía se puede hablar de proyecto en su real definición: camino en pro de sí mismo.

La ley se torna difusa en tanto que los que la representan son, al parecer de los jóvenes, igualmente transgresores de la misma. Las experiencias cotidianas de los jóvenes dan cuenta de las formas de estigmatización y represión de los que son objeto por parte de la policía, y sus temores están centrados más por ser lastimados que por la exigencia de acatar la ley. La fuerza pública que representa al Estado como garante de derechos y deberes para todos los ciudadanos independientemente de su condición, es tajantemente cuestionada por los jóvenes por sus formas de agresión implacables hacia ellos, y sus relatos dan cuenta de esta situación con acentos muy marcados por la ira en razón a los vejámenes de los que son objeto.

(…) aaaag esos tombos hijueputas, son un fastidio, esos tombos no respetan a nadie, ni que no tuvieran mamá ni nada, yo digo bueno péguenle a los hombres, sí ¿Pero pegarle a una mujer? No, por el culo… Pero igual con uno, se dieron duro, a ver como toca… (Ent. 2)

(…) que tristeza esos pirobos, no esos no, esos son un pescado no sirven pa’ nada!... aaaaaa pues que no hacen nada para salvar a la gente sino que también se la pasan en lo mismo, robando, fumando y en todo lado y pues sí, pss no aguanta… porque por ejemplo ellos le

quitan a uno la la marihuana, la yerba y ellos cuando uno los ve están detrás del CAI fumándosela, y uno dice pero si, si ustedes lo hacen porque le quitan a uno lo que uno esto porque es que nos, ustedes trabajan a uno no, a uno le toca írsela a rebuscar y pues tras del hecho lo cogen a uno y le meten corriente le hacen lo que, lo que ellos quieran que porque son la ley, porque tienen un uniforme verde, comienzan a pegarle a uno con sus bolillazos, lo botan a uno a el piso y le pegan le, le meten corriente, le meten patadas, puños…(Ent. 3)

(…) no esos tombos son, son muy lámparas, ósea son muy locas, son muy alzados con uno, por ejemplo una vez yo iba así por la calle normal y yo iba para donde mi novia, entonces a mi ese día se me olvido sacar los papeles, la tarjeta de identidad, eso fue como a los quince años, entonces yo tal yo llevaba un celular que me regalo mi mamá, era un celular chino… entonces yo iba con los audífonos normales escuchando música, cuando fun me paran, no que una requisa y pues normal, entonces cuando me sacan el celular me dicen, ¿ese celular es suyo? y yo sí, y me dicen que va ese celular es robado, y le dije no ese celular mi mamá me lo acabo de regalar, y me dijeron ¿cómo es el número? Yo le dije no, no me lo sé, y el tombo me dijo aaah entonces ese celular es robado, y yo le dije no pues mire ahí, mire ahí en el celular y lo verá que ese celular es mío, entonces llamaron, pusieron los contactos y llamaron a mi abuela, entonces dijeron no es para saber si usted conoce a este, y a este muchacho y tal y tal y mi abuela le dijo que sí, entonces me soltaron y en la otra esquina me cogieron otros, y me requisaron y me pidieron papeles y yo les dije que no los traía, entonces me subieron al CAI móvil y me dieron una pela porque no tenía papeles… me dieron re duro.(Ent. 4)

Estas discriminaciones y atropellos contra sus cuerpos devienen en resistencias y en la negación a sujetarse a estructuras de dominación que al estar ancladas en instituciones dan por hecho que los individuos deben reencaminarse, si por alguna razón han salido de la senda indicada. Las brechas entre lo joven y las instituciones son cada vez más profundas y marcadas por una vehemente distancia entre sí, la obstinación del joven al menor atisbo de disciplinamiento es evidente y subvierte enfáticamente los paradigmas establecidos en razón al cumplimiento de la norma, de tal suerte que el ser violentados por el solo hecho de ser jóvenes

potencializa en ellos actitudes anómicas, que sumadas a sus condiciones de precariedad material generan estados de tensión.