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Huellas en la arena

Una noche tuve un sueño... soñé que estaba caminando por la playa con el Señor y, a través del cielo, pasaban escenas de mi vida.

Por cada escena que pasaba, percibí que quedaban dos pares de pisadas en la arena: unas eran las mías y las otras del Señor.

Cuando la última escena pasó delante nuestro, miré hacia atrás, hacia las pisadas en la arena y noté que muchas veces en el camino de mi vida quedaban sólo un par de pisadas en la arena.

Noté también que eso sucedía en los momentos más difíciles de mi vida.

Eso realmente me perturbó y pregunté entonces al Señor: "Señor, Tu me dijiste, cuando resolví seguirte, que andarías conmigo, a lo largo del camino, pero durante los peores momentos de mi vida, había en la arena sólo un par de pisadas. No comprendo porqué me dejaste en las horas en que yo más te necesitaba".

Entonces, El, clavando en mi su mirada infinita me contestó: "Mi querido hijo. Yo te he amado y jamás te abandonaría en los momentos más difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas fue justamente allí donde yo te cargué en mis brazos”.

Materiales: granos de mostaza, una tarjetita por integrante del grupo, papel contact, tijeras.

Entregar a los chicos un grano de mostaza para que los tengan en sus manos. Que lo miren, que se pregunten qué es y por qué creen que se lo damos.

Leer. Mt. 17, 14-21.

Analizar la lectura. Ojo con la palabra demonio, decirles a los chicos que se puede tratar de una enfermedad y por eso dice que “quedó curado”.

Analizar la frase: “si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza…”

• ¿Qué significa tener fe?

• ¿Por qué un grano de mostaza?

• ¿Cuánta fe tenemos nosotros?

• ¿Qué es lo que nos impide tener fe?

• ¿Cuántas veces lo negamos a Jesús? (para relacionar con: Jn. 18, 15-18 y 25-27)

• ¿De qué manera lo negamos?

Si nosotros no tenemos fe estamos impidiendo que Dios obre en nosotros por medio de la Gracia. Seríamos como los hombre en la primera lectura que leímos que tocaban a Jesús, pero esa fuerza no salía de él porque no tenían fe.

¿Cómo podemos hacer para tener más fe? Que propongan cosas.

Se termina la dinámica armando unas tarjetas para guardar el grano de mostaza y llevar de recuerdo en las billeteras o carteras o tener donde sea. Dar a los chicos una tarjetita y papel contact para que pongan el grano de mostaza en la tarjeta, la forren y la guarden. Decirles que la lleven en sus billeteras, o donde sea, y que cada vez que la vean se pregunten, ¿Cuánta fe tengo?

“Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: ‘trasládate

de aquí a allá’, y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible

para ustedes”.

Mt. 17, 20

Esta dinámica es útil para introducir el tema de la fe y que todos los chicos se larguen a hablar. Se pide a los chicos que saquen una hoja en blanco. En el medio de la hoja escriben la palabra “FE” Alrededor de esa palabra dibujan un círculo. Luego tienen 10 minutos para escribir todo lo que se les ocurra acerca de esa palabra. Cuando terminan, se hace una puesta en común y cada uno expone lo que escribió en su hoja.

A partir de ahí el coordinador desarrolla el tema de la reunión.

F12-04.

Charla: La Fe

L

A

F

E

Por: Josefina Pietranera

Como vimos con las otras charlas, cuando Dios se revela nos invita a comunicarnos con él, nos recibe. Nuestra respuesta a esa invitación, a ese llamado, es la fe. Pero, ¿Qué es la fe? La fe es un don que Dios nos da. Para darle esta respuesta de fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y nos ayuda (como auxiliándonos gratuitamente para que podamos responder a su llamado), y también el Espíritu Santo, que nos abre el corazón para creer y aceptar la verdad. Por medio de sus dones perfecciona la fe, nos ayuda a comprenderla.

Gracias a estos elementos podemos someter completamente nuestra inteligencia y voluntad a Dios (justamente, esto es la Fe) y a la palabra que escuchamos que es la verdad. Podemos creer absolutamente todo lo que el dice y nos revela. Creemos en Dios, en su hijo que nos envió para salvarnos y por eso no podemos dejar de creer en el Espíritu Santo, que es quien revela a los hombres quien es Jesús. En conclusión, creemos en un solo Dios, que es padre, hijo y Espíritu Santo. Y este es el misterio de la Santísima Trinidad.

Tenemos distintos modelos de esta obediencia de fe, para poder guiarnos y tomar como ejemplos. Son los llamados

“Testigos de Fe”, como la Virgen Maria, que por su fe es bienaventurada. Ella nunca duda, nunca vacila, nunca deja de creer en que Dios va a cumplir su palabra. Incluso cuando participa del sufrimiento de su hijo.

A pesar de que necesitemos de la gracia y del Espíritu Santo para tener fe, creer es un acto humano. Confiar en sus promesas y someter nuestra inteligencia y voluntad a Dios, no esta interfiriendo con nuestra libertad q el nos da: nosotros creemos libremente, nadie nos obliga. Jesús nos invita a la fe, pero no fuerza a nadie, no la impone.

Entonces si nosotros elegimos creer, ¿Cuál es el motivo por el que creemos? ¿Por qué?

Creemos no porque sus verdades aparezcan reveladas ante nuestros ojos como verdaderas y con nuestra razón las comprendamos. Por el contrario, creemos en los Misterios de la fe, y no necesitamos ver para creer. Creemos en misterios absolutos como la Santísima Trinidad, la encarnación, la eucaristía, porque creemos en Dios y él no puede engañarse ni engañarnos. Aceptamos todo esto que no vemos porque aceptamos la autoridad de Dios, y al

aceptar a Dios aceptamos que él nos creo.

A veces las verdades pueden parecer oscuras a la razón humana, por eso a veces los auxilios interiores del Espíritu Santo van acompañados por pruebas exteriores (como los milagros de Jesús, las profecías). Son como motivos de credibilidad que nos demuestran que la fe no es un movimiento ciego del espíritu, ya que con la gracias de la fe abrimos los ojos del corazón y comprendemos mejor los misterios. Muchas veces vemos todo lo que nos revela Jesús como en un cuarto a oscuras, donde no podemos distinguir las cosas. La fe es como la luz que nos ilumina todo y nos ayuda a entender. La fe nos ayuda a comprender. Es inherente a tener fe, que queramos conocer y comprender mejor a aquel en quien depositamos nuestra fe. San Agustín mismo decía “creo para comprender y comprendo para creer mejor”

¿Por qué es necesario tener fe? Para poder obtener la salvación. La fe es el comienzo de la vida eterna, por eso hay que perseverar en ella hasta el fin. Alimentarla con la palabra y rezarle a Dios, pedirle que la aumente.

Este don que es la fe esta siempre. Nunca lo perdemos. Lo que podemos perder es el sentimiento de la fe. El sentir que tenemos fe, que creemos y que Dios esta a nuestro lado. Ese sentimiento podemos perderlo. Vamos caminando en la fe, pero no en la visión y muchas veces conocemos a Dios pero de forma imperfecta, como en un cuarto a oscuras. En esos momentos la fe es puesta a prueba, principalmente en el mundo en que vivimos que esta lleno de mal, sufrimiento e injusticias. Todo esto parece contradecir lo que la fe y las bienaventuranzas nos prometen: esa felicidad plena, que parece que no llega mas. Estas son tentaciones que estremecen el sentimiento de fe, y hacen que podamos caer en una crisis de fe. Para poder resolverla tenemos que vivir como Iglesia, en comunión en la fe, resolver las crisis, sacarnos las dudas, permaneciendo en la Iglesia. En nuestra vida tenemos picos de Fe, altibajos, momentos buenos y malos, de clímax de

nuestra fe. De cada uno de ellos podemos aprender y sacar lo bueno, lo positivo. Yo el año pasado tuve una crisis de fe. Empecé a sentir que Dios no estaba a mi lado, no lo sentía a pesar de que el siempre esta a nuestro lado, y si me pasaba algo malo pensaba que era su culpa. Y empecé a tener dudas. Sin embargo, yo sabía que estaba atravesando una etapa y era conciente de eso, y en vez de alejarme, dejar de ir a misa, y que no me importe nada, hice todo lo contrario. Empecé a ir más a misa, a adoración al santísimo, a los ensayos de coro, a rezar más, al grupo de jóvenes, hable con el Padre Guillermo, con mis coordinadores, con mis amigas de la Parroquia. Entre todos me re ayudaron y salí adelante, y lo superé. Lo importante es que cuando tenés una crisis de fe tenés que seguir funcionando como comunidad, no hay que alejarse, sino hacer todo lo contrario, acercarnos más todavía. Si estamos buscando una respuesta a algo pero nos alejamos, nunca la vamos a encontrar! En cambio, si vamos a Misa y participamos de todo el resto de las actividades que tenemos la suerte de tener en Fátima, nunca sabemos, Dios nos puede dar la respuesta en cualquier momento.

La fe no es un acto aislado, nosotros recibimos esa fe de alguien, y por eso tenemos que transmitirla, hablarles a otros de nuestra fe, difundirla. También podemos hacerlo con nuestra forma de actuar, ya que una fe sin obras esta muerta. Esto es un requerimiento para la salvación. Jesús nos dijo “todo aquel que se declare por mi ante los hombres, yo también me declarare por el ante mi Padre que esta en los cielos, pero a quien me niegue ante los hombres, lo negare yo también ante mi Padre que esta en los cielos” (Mt. 10, 32-33). Una fe verdadera exige amor, “aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada” (1 Cor. 13, 2). Transmitir nuestra fe nos ayuda a que cada vez haya más gente viviendo en comunión en la fe. No podemos creer sin ser sostenidos por la fe de los otros, y a la vez con nuestra fe sostenemos la fe de los otros. La Iglesia es la madre de los creyentes. Nos conduce y alimenta

nuestra fe, tenemos el Credo. El Credo es un símbolo de la Fe. Con el la estamos profesando ya que es un resumen que expresa toda nuestra fe. Es como un granito de mostaza que contiene un gran

La primera vez que profesamos nuestra fe es en el bautismo. Sean concientes de que ahora cuando se confirmen lo que están confirmando es esa fe.

Ficha nº 13

LA EUCARISTÍA

TEMA DE LA FICHA:

F13-02.

Dinámica: La Vasija

Materiales: fotocopias de la vasija (abajo) para cada uno de los chicos.

Duración: 30-40 minutos.

El primer milagro que hizo Jesús fue en las bodas de Caná (Jn. 2, 1-12), transformó el agua de las vasijas en vino. En la Última Cena (Mt. 26, 26-29) hizo algo similar, transformó el pan y el vino en su Cuerpo y Sangre. Jesús usa como especies cosas materiales y del mundo, y las transforma. En el caso del pan y del vino, las transforma en él mismo. Esto es muy importante, porque si nosotros queremos ser transformados, le tenemos que ofrecer algo a Jesús.

De eso se trata esta dinámica, de ofrecerle a Jesús nuestras vidas, todo lo que tenemos, todo lo que somos, todo lo que nos rodea, para que las transforme, las haga más parecidas a Él, para que las alimente con su propio ser.

Es esencial que los chicos tengan algún conocimiento acerca de la Eucaristía. Por eso es conveniente que esta dinámica hecha en una reunión o en la siguiente, donde se hable sobre la Eucaristía y la transubstanciación de las especies vino y pan, en Cuerpo y Sangre de Cristo.

Transformación no es cambiar totalmente, sino que con la ayuda de Cristo esas cosas pueden ser mejores, pueden ser “Cristificadas”. Ante el mal, Jesús lo transforma en bien. Ante la debilidad, Jesús la transforma en fortaleza. Ante el vicio, Jesús lo transforma en virtud. Ante el pecado, Jesús lo transforma en pureza. Jesús transforma la injusticia en justicia y amor. Transforma la esclavitud en libertad, la lucha en paz, la incredulidad en fe, la mentira en verdad, la soberbia en humildad y honestidad, el rencor en perdón, etc. etc. Sólo hace falta que se lo ofrezcamos.

(i) Al principio se leen las lecturas: Jn. 2, 1-12 y Mt. 26, 26-29. Destacar lo dicho en el primer párrafo.

(ii) Entregar a los chicos la hoja con la vasija. Explicarles que para que Jesús obre, tenemos que llenar esas vasijas con algo. Se lo tenemos que ofrecer.

(iii) En forma individual cada uno escribe las cosas que le ofrece a Jesús para que transforme, como se transforma él mismo en la Eucaristía y como transformó el agua en vino en las bodas de Caná. Cada uno escribe una oración personal ofreciéndole lo que sea.

(iv) Luego nos vamos al Templo, al frente del Sagrario. Si es posible, pedirle al sacerdote que exponga el Santísimo.

(v) En frente de Jesús vamos a pedirle que nos transforme y le vamos a ofrecer todas aquellas cosas que deseemos que Jesús transforme, purifique y ‘cristifique’, todo lo que se les ocurra. Vamos a leer cantar alguna oración o leer alguna oración y vamos a ofrecerle a Jesús en voz alta todo lo que hayamos pensado. El coordinador irá diciendo algunas cosas como por ejemplo: “nuestra falta de fe”; “nuestra falta de amor”; “las injusticias en nuestra sociedad”; “por las personas carentes de amor”; “la Iglesia”; “nuestras familias”; “nuestra soberbia”; “nuestra sexualidad”; “el mismo grupo”; “por nuestros amigos”; etc.

(vi) Entre medio podemos cantar algunas canciones como por ejemplo: “Esto que soy, eso te doy”; “Padre me pongo en tus manos”; etc. Más abajo incluimos un mini-cancionero con estas canciones para hacer frente al sagrario. Recomendamos seriamente cantar ‘Esto que soy eso te doy’ ya que esta canción es especial para este momento (no está en los cancioneros de Fátima). También pusimos los acordes de estas canciones. Si está expuesto el Santísimo, cantar canciones de Adoración como por ejemplo “Quiero Alabarte”, “Te Alabo”, etc.

Una alternativa que pueden hacer es conseguir una vasija real, ponerla al lado de Jesús e ir llenándola con las hojitas de cada uno. Cada uno puede ir pasando con su vasija y decir algo.

También pueden hacerla al revés, van al oratorio, leen las lecturas, hacen un buen momento de oración en silencio, canta canciones, después ofrecen todo en voz alta y después en forma individual escriben en las vasijas las ofrendas de cada uno y por qué ofrecen esas cosas a Jesús.

Jesús, quiero llenar esta