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Identidad social e identidad discursiva

Todas las estrategias analizadas anteriormente responden a necesidades surgidas de la interacción entre la identidad social y la identidad discursiva de la oradora que entran en juego en el discurso. La identidad social política juega, según Charaudeau, un doble rol:

por un lado, da al sujeto instrucciones que lo obligan a construir a través de su discurso un “nosotros” enunciador que agrupe el Yo-instancia políti- ca, el Tu-instancia ciudadana y un Él-voz de un Tercero de referencia que funda los valores sobre los cuales se apoya; por otro lado, constituye la

base sobre la que el sujeto política podrá intentar construirse una credibi- lidad, o bien descartando los valores a los que se opone, o bien reforzando los valores que defiende, o bien justificando los valores y acciones que llevó a cabo y que son cuestionados (Charaudeau, 2009, p. 13).

Simone Veil es portadora de una identidad social con, al menos, dos face- tas importantes: por un lado, como Ministra de Salud encargada de preparar el proyecto de ley para el presidente de la República, su voz se encuentra le- gitimada por su posición y su poder político; por otro lado, como mujer, en un sistema (político, económico, cultural, social) en donde la voz de los hombres sigue siendo la privilegiada y legitimada para tomar decisiones, se ve obligada a reforzar su credibilidad. Como subrayamos anteriormente, las mujeres como grupo social determinado aparecen varias veces en el discurso de Veil como un objeto exterior a la enunciación, y no como parte de la voz enunciativa, lo que podría haber constituido un ethos y una construcción argumentativa com- pletamente diferente. Parecería que, incluso si el proyecto de ley concierne un derecho de las mujeres, no es el hecho de ser una mujer lo que determina la credibilidad de Veil, ya que ella elige inscribir sus argumentos, la mayoría de las veces, bajo la identidad discursiva de ese “nosotros” enunciador del que habla Charaudeau; un “nosotros” fundador de valores “políticamente correc- tos” en la medida en que se trata de un defensor del respeto del Estado y del orden social:

C’est à ce désordre qu’il faut mettre fin. C’est cette injustice qu’il convient de faire cesser […] Ainsi, conscient d’une situation intolérable pour l’Etat et injuste aux yeux de la plupart, le gouvernement a renoncé à la voie de la facilité, celle qui aurait consisté à ne pas intervenir. C’eût été cela le laxisme. […] la loi est ouvertement bafouée, pire même, ridi- culisée. Lorsque l’écart entre les infractions commises et celles qui sont poursuivies est tel qu’il n’y a plus à proprement parler de répression, c’est le respect des citoyens pour la loi, et donc l’autorité de l’Etat, qui sont mis en cause.

[Hay que poner fin a este desorden. Es necesario frenar esta injusticia […] Así, consciente de una situación intolerable para el Estado e injusta a los ojos de la mayoría, el gobierno renunció a la vía fácil, que hubiese

consistido en no intervenir. Eso habría sido laxismo. […] la ley es viola- da abiertamente, peor incluso, ridiculizada. Cuando la distancia entre las infracciones cometidas y las que son condenadas es tal que no se puede hablar más de represión, se cuestiona el respeto de los ciudadanos por la ley, y por consiguiente la autoridad del Estado].

Conclusión

Al principio de este trabajo, nos preguntamos cuál es la relación existente entre el logro en la obtención de derechos de las mujeres y los mecanismos discursivos utilizados en su discurso; más particularmente, en el caso de Si- mone Veil y su discurso de noviembre de 1974 sobre la ley de la IVE.

Analizamos las estrategias de presentación de sí en el texto y constata- mos que, fuera de algunos ejemplos aislados, la locutora se sitúa como parte (“yo”) de un colectivo (“nosotros”, “el gobierno”, “el Estado”) más o menos determinado, pero que representa en todo caso una voz defensora del Estado como garante del orden o del bienestar social. Esta voz le permite obtener la aprobación de una gran parte de los interlocutores.

Los conceptos de identidad social e identidad discursiva nos permitieron llegar a la idea de que, incluso si en principio parecería lo contrario, la identi- dad discursiva de la locutora se aleja de su identidad social como mujer. No es nuestra intención afirmar que abandona su identidad “femenina” para tomar la palabra, sino reconocer que su condición social de pertenencia al grupo de las mujeres no tiene lugar en el fundamento de su argumentación. La estructura del discurso no está construida en nombre y representación de las mujeres, sino en nombre y representación del organismo político que debe hacer respe- tar la Ley, controlar los fenómenos demográficos y sociales.

Queda explicar por qué la locutora eligió presentarse de esta manera. Le- jos de querer ofrecer una respuesta unívoca, simplemente vamos a recordar que entre identidad social e identidad discursiva existe siempre un juego de ida y vuelta y una influencia, y podemos preguntarnos si esta influencia puede ser determinante, sobre todo en la dirección que va de la dimensión social a la dimensión discursiva. Así, es posible pensar que, en este caso, la identidad so- cial influencia y condiciona la identidad discursiva, desde el momento en que el hecho de ser una mujer frente a un auditorio compuesto mayoritariamente

de hombres acarrea un esfuerzo suplementario de legitimación de la palabra. El desafío de ser mujer en ese contexto podría transformarse en limitación: basta constatar el número de mujeres políticas o parlamentarias en ese mo- mento para entender cuál era el valor atribuido a sus voces (y preguntarnos si no es el caso, aún hoy en día), a tal punto que la locutora prefiere construir su argumentación a partir de una identidad discursiva diferente, más cercana a la identidad social de sus interlocutores.

Volviendo a nuestra actualidad espacio-temporal, y sin querer generalizar, encontramos pertinente el hecho de preguntarnos si este fenómeno se repite, y si nosotras, las mujeres, seguimos reproduciendo, consciente o inconsciente- mente, un discurso que no nos representa, para ser escuchadas o valorizadas.

Referencias bibliográficas

Amossy, R. (2010). Images de soi, images de l’autre. «Je»-«Tu». En La présentation de soi. Ethos et identité verbale (pp. 103-130). Paris: Presses Universitaires de France (PUF).

Charaudeau, P. (1992). Grammaire du Sens et de l’Expression. Paris: Hachette Éducation.

Charaudeau, P. (2009). Identité sociale et identité discursive. Un jeu de miroir fondateur de l’activité langagière. En Identités sociales et discursives du sujet parlant. Paris: L’Harmattan.

Garbit, P. (2017). «Hommage à Simone Veil (1ère partie)», France Culture, 5 de julio de 2017. Recuperado de https://www.franceculture.fr/emissions/ hommage-simone-veil-1ere-partie/simone-veil-sur-lavortement-dans-ce- debat-je-massumais

Maingueneau, D. (2002). Version raccourcie et légèrement modifiée de «Problèmes d’ethos». Pratiques (113/114), 55-67.

Verbatim. L’intégralité du discours de Simone Veil du 26 novembre 1974 sur l’IVG (30 de septiembre de 2017). Le nouvel observateur. Recuperado de

https://www.nouvelobs.com/politique/20170630.OBS1430/verbatim-l- integralite-du-discours-de-simone-veil-du-26-novembre-1974-sur-l-ivg.html

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