como animal totémico significa un retorno y una valorización de los mitos y cultura tupi La segunda, se
5.4 Proyectos en disputa
5.4.1 Identidades y ciudadanía la constante búsqueda
en el campo, que se relaciona con la certidumbre del nacimiento de los hijos de los campesinos, cuando en su párrafo único, esta misma Clausula establece: “la matricula de la población en edad escolar será obligatoria sin cualquier exigencia, más allá de la constancia de nacimiento, para cuya obtención el empleador proporcionará todas las facilidades a los responsables por la crianza” ¿Se vuelve a lo que fue interrumpido en 1963? A partir de 1980, se amplía la lucha por la reforma agraria y los derechos en el campo, pasan a discutirse y a implantarse.
Después de esta huelga se sucedieron varias otras. “En 1980, cerca de 1 millón 500 mil campesinos haciendo huelga, saliendo a las calles en manifestaciones o concentraciones, cerrando carreteras, re-ocupando tierras que les fueron tomadas o, resistiendo contra la implantación de proyectos antisociales, manifestaran su insatisfacción con las condiciones de vida en el campo y con los rumbos de la Política Agraria y de la Política Agrícola del Gobierno” (CONTAG, 1981: 1).
En Pernambuco, los trabajadores y sus sindicatos promueven una huelga, en su campaña salarial, que el movimiento denominó “huelga de los 240 mil”. Con trabajadores de varios sitios que paran en sus labores, llegó a crearse una situación poco esperada toda vez que la represión se mantuvo de forma dura en todo el período. Fue un trabajo verdaderamente intenso, dentro de lo que determina la legislación, que los trabajadores pudiesen efectuar la huelga sin provocar a las autoridades; una ardua labor de preparación de asambleas en cada sitio, de organización de abogados para un enfrentamiento jurídico, de comparecencias ante la policía y otras autoridades.
5.4.1 Identidades y ciudadanía… la constante búsqueda
Con la creación del MST, en los años 80, se retoman y renuevan las movilizaciones en pro de la reforma agraria y una educación ciudadana. Desde finales de los ochenta comienza una efervescencia donde los movimientos retoman las banderas de lucha y la
búsqueda por la “identidad campesina”. Hay una recuperación de la cultura campesina, es decir, de una forma de atribuir significado al mundo.
“Más que las practicas específicamente económicas o mismo políticas, el éxito de la reforma agraria parece ligado a las formas como la colectividad dan significado a la vida, sus visiones del mundo. Cosmovisiones que están inscritas no solamente a los objetos, o sea, en los conjuntos de bienes materiales producidos y manipulados por el ser humano, en el caso la comunidad, pero también en las formas de comportamiento, las actitudes, en los juegos, en las bromas, en la culinaria, en los ritos cotidianos, en las manifestaciones artísticas, en los cultos religiosos, en las fiestas, en los procedimientos del trabajo, en la manera de transmitir saberes y de renovar la memoria” (Barroso, 2005: 21). En resumen, las maneras que la comunidad utilice como estrategias para vivir, producir y reproducir sus fuerzas de trabajo.
En la realidad campesina hay un modo de vivir. Hay una lógica de reproducción de la fuerza de trabajo. Hay un modo de hacer explicaciones del mundo. Hay una economía de trabajo que funciona bajo la lógica de la escasez. Entonces, una escuela para los campesinos debe respetar estas especificaciones. Identidad es la síntesis del ser, que se desarrolla libremente, pero, en un contexto donde la escuela tiene un rol importante. En la escuela cuando se trabaja la formación del ser, “resbala, incondicionalmente, en las teorías del currículo y en su entendimiento de carácter ideológico, contribuyendo para instalar y mantener creencias y valores dominantes al establecer cuáles son los conocimientos validos, para qué fin, en qué medida proporción y tiempo” (Soares, 2000: 28).
En esa su forma de trabajo durante muchos años, conocen parte del proceso productivo, principalmente el corte de la caña, etapa productiva a la que periódicamente vuelven aquellos que habitan las periferias de las ciudades. Aquellos que aún no han sido expulsados de las tierras, trabajan en otras etapas productivas: siembra, cuidado del crecimiento de las plantas, además del corte y acarreo de la caña a los vehículos que la transportarán hacia las industrias cañeras.
Las competencias desarrolladas, y las estrategias adoptadas, están correlacionadas con el monocultivo de la caña. Las competencias forman parte de una cultura, de una forma particular de ver el mundo. Así, “un modo de producción es una especie de estructura que articula formas de producir con maneras de pensar y de actuar, surgidas de ella de cierta manera” (Sevilla Guzmán y González de Molina, 2005: 43). Sin embargo, en sus estrategias de resistencia al latifundio, crearán opciones a ese tipo de agricultura, muchas veces conocidos como “sitios” o “quintales”, donde, algunas veces clandestinamente, sembraban para comer.
Parece haber concordancia en que toda identidad es fruto de una construcción social, las diferencias están en los cómo y por qués. En este sentido, en la presente tesis intentamos recuperar categoría histórica como eje fundamental. La construcción de la identidad en la zona de la caña tiene una lógica en las relaciones sociales establecidas mediante muchas luchas, así como la conquista de la tierra viene junto a la necesidad de reorganizar el significado de sus existencias a partir de sus condiciones materiales y culturales que son vividas. Son los elementos simbólicos que dan la caracterización de estas identidades. Hay un imaginario de la caña de azúcar. Pero como nos alerta Brandão (1986: 144) “la identidad tiende a emerger como un problema de relaciones entre culturas y apunta para el conflicto”. Son identidades que quieren ser hegemónicas. Son maneras de vivir que quieren prevalecer.
Al conquistar la parcela, la tierra, surgen innumerables desafíos, generando diversas luchas para posibilitar el rescate de sus identidades campesinas… Rescate de la posibilidad de tener derechos. Tierras degradadas durante años de uso de una única variedad vegetal, la caña; conocimientos y cultura forjados en la producción de esta noble gramínea…, el desafío es implantar un trabajo con una agricultura diversificada, que garantice su soberanía alimentaria, que posibilite su objetivo inmediato de garantizar la reproducción de la fuerza de trabajo familiar. Esa dificultad se hace más grande porque significa no sólo otra agricultura, sino también otras estrategias, otras formas de relacionarse con la naturaleza,… otras relaciones con los poderes públicos,
por ello, la afirmación de un campesino al decir “tenemos la tierra pero no sabemos producir” (Tavares de Lima, et al, 2006).
Expropiados de su relación con la naturaleza, a través de la expulsión y negación de acceso a tierras, sometidos al trabajo asalariado en la agricultura y en la producción de mercancías, los campesinos del Asentamiento de Serrinha han enfrentado al poder, en sus más variadas formas… lucharon y consiguieron un pedazo de tierra, iniciando una nueva fase de vida, construyendo en este proceso de lucha lo que Castells (1999) denomina una “identidad de resistencia”.
Nueva vida, donde el desafío es reconstruir sus identidades, reafirmar ciertos principios y lógicas de producción y de vida que reflejen y alcancen una calidad de vida digna. Para ello lucharon por la tierra, ahora, la lucha consiste en hacerla producir. Por eso es hora de la construcción de la “identidad del proyecto”, como le llamaría Castells (1999) a los pasos dados para la implantación de un proceso de viabilización de las unidades productivas y de vida de cada asentado, y del colectivo (en éste caso, el Asentamiento/agroecosistema).
Estos primeros pasos han generado muchos conocimientos, aunque es preciso reconocer que antes, cuando estaban insertos en la mera producción de una “mercancía”, también se generaron otros conocimientos. Trabajar el monocultivo configura actividades y relaciones con la naturaleza, que marcan, definen y configuran conocimientos y culturas. Son formas distintas de percibir y actuar. Una cosa es producir mercancía, que se convierte en materia prima para la industria, y otra muy distinta es “una forma de trabajo” (por ende de una cultura) donde se planta y vive del policultivo.
Ahora también son propietarios, tienen sus tierras, pero continúan en la pobreza y más donde una cultura de la pobreza no fue superada.86. Entonces, en el proceso de lucha
86 La cultura de la pobreza, según Oscar Lewis, “surge en contextos históricos muy diferentes, pero tiende
se va construyendo una identidad más colectiva, más política, donde la lucha por la tierra es también una lucha por la ciudadanía, por derechos de todos. Tienen una escuela, pero ¿cuál es la dirección de esta escuela? La escuela es una parte de la educación, en el artículo primero de la LDB (Ley de directrices brasileñas para la educación) dice: “la educación cubre los procesos formativos que se desarrollan en la vida familiar, en la convivencia humana, en el trabajo, en las instituciones de educación, en los movimientos sociales y organizaciones de la sociedad civil y en las manifestaciones culturales”.
La escuela en el campo y del campo señala para dos dimensiones importantes.87 La primera es que el espacio donde deben ser construidas las escuelas es en el campo mismo, y la segunda, es que esta escuela sea construida con aquellos que hacen el campo. Es decir, no es una escuela PARA los campesinos y sí una escuelas DE los campesinos. Sin embargo, es importante clarificar qué se entiende por “campo”… aquí trabajamos con la concepción del campo como un espacio de vida donde se desarrollan trabajos, costumbres, formas y maneras de vivir. Donde se tiene una visión del mundo y se explica éste a partir de sus referenciales, mediados por el ambiente que conforma y donde se establecen imaginarios, sueños, utopías y mitos.
Si el ambiente de origen de los asentados de Serrinha, por ejemplo, es la zona de la mata, el imaginario construido a lo largo de las luchas sociales está enfocado en la caña del azúcar, por el contrario, si la referencia es la región del semiárido, las dimensiones del agua se constituyen en un fuerte elemento definidor de su imaginario. Cada espacio