El objetivo de este apartado es continuar las reflexiones iniciadas en los capítulos 2 y 3, profundizando en el papel de la escuela en la construcción/desconstrucción de las identidades en el campo brasileiro. Pensar la escuela como espacio de construcción de conocimientos específicos mediados por el ambiente y la historia que los envuelve, para ello es necesario percibir que la resistencia (persistencia, hasta hoy) de los movimientos campesinos no siempre ha sido fácil.
Lucharon por una forma de vida, una vez que, efectivamente, hay formas distintas de conferir significado al mundo. Lucharon, tal vez sin una noción clara de sus propósitos, por otro tipo de desarrollo y por otras identidades. La confrontación se da inicialmente en el mundo de las ideas y de los significados. Mediante la posesión de tierras, después de intensas e innumerables luchas, en un asentamiento (como Serrinha, por ejemplo), se concretizan sueños y el deseo de inserción en una sociedad que lo marginaliza. Pero también, con la tierra, surge la dualidad entre una cultura capitalista y una campesina. Entender la lógica de estos movimientos victoriosos, aunque militarmente derrotados, puede darnos pistas sobre descubrimientos interesantes en la construcción de sus identidades, conocimientos y costumbres más contemporáneas.
En la zona donde se ubica el Asentamiento de Serrinha se introdujo la caña de azúcar desde 1535. El proceso de artificialización de la naturaleza se centra en la deforestación de la mata atlántica y su inmediata substitución por el monocultivo de la caña de azúcar, cuyo “funcionamiento se encuentra inserido en una lógica industrial” (Mintz, 2003). En este caso, la distribución del trabajo es claramente estructurada en función de las
necesidades de la industria, primero los ingenios y después las usinas. Al trabajador le compete, como en la industria, sólo una fase del trabajo, así, se especializa en una parte y no consigue dominar el ciclo productivo.
Predomina el desierto verde de caña, y sólo caña. En este escenario, es que el agricultor busca alternativas, emigrando para la ciudad, luchan por una reforma agraria que no llega. La caña se constituye en la agricultura hegemónica de Pernambuco, sus obreros son indígenas, seguidos de africanos, esclavos y mestizos.
Sin embargo, éste no fue ni ha sido un proceso fácil, planificado, lineal. Es una historia donde la violencia (a través de la espada) tiene la fuerza, y la iglesia (aliada a los terratenientes) tiene la justificación divina. La cultura de creación de mitos, héroes o santos, para explicar la construcción de la sociedad, es ideológica. Es la descalificación del pueblo y la reafirmación de la importancia de las leyes y del respeto a las autoridades, o reafirmación de un tipo de sociedad y de su propia elite… de un proyecto hegemónico.
No obstante, históricamente los pueblos brasileiros han luchado y, con sus resistencias, apuntan hacia otra lógica de desarrollo, desnudando, por sus resultados, la falacia del modelo hegemónico y de la lógica adoptada hasta entonces, que no conducía (como no condujo) este país hacia un desarrollo más justo. Porque, en síntesis, eran ejemplos concretos de que podría ser otra la estrategia de desarrollo para este país si fuesen adoptados aquellos principios de solidaridad, democratización y de diversidad, de cooperación, de maximizar en la organización los talentos individuales en beneficio del colectivo.
5.1 “Orden y progreso”…
Las contradicciones, distorsiones y desvíos hasta hoy identificados, encuentran en la lógica del desarrollo adoptado (un desarrollo donde se privilegian el latifundio, el
monocultivo, el trabajo servil, el autoritarismo, la acumulación y concentración, colocando el Estado al servicio de pocos) su razón y su explicación para las desigualdades.
La educación no está concebida para la mayoría de los brasileiros, pobres y excluidos, toda vez que ni siquiera son considerados ciudadanos,… son vistos como marginales y desvalidos, por lo tanto, ilegítimos. Sin poder de reivindicación de una paternidad que les otorgaría la posibilidad de luchar por derechos de convertirse en ciudadanos. Este proceso educacional está inserto en un contexto más amplio, la modernización de la sociedad brasileira, con sus avances y retrocesos. “El año de 1917 es considerado el año inaugural del modernismo. En él acontece la exposición de pintura de Anita Malfatti, considerada un parteaguas” (Oliveira, 1997: 190). Adoptamos este hecho por considerar que el entendimiento de la educación pasa necesariamente por la simbología, los valores y comportamientos que le ofrecen significado y se constituye de forma inequívoca la vida de la sociedad.
Vale la pena también destacar que en este período de la llamada Primera República (1889-1930) se inicia la lucha por implantación de siderurgias en el país, por ser considerada una estrategia fundamental que viabiliza el desarrollo. Mientras tanto, la siderurgia o la exposición de arte de Malfatti expresan apenas parte del complejo proceso de desarrollo brasileiro, donde la agricultura aparece unas veces como la esencia de la patria, y otras tantas como la villana, por sus resistencias a la “modernización”…
Lippi Oliveira (1997) sugiere la existencia de tres comprensiones distintas de esta modernización. Aquellos donde la parte (Brasil) pretende prescindir del todo (mundo); la
parte que pretende tragarse el todo y, finalmente, la parte que pretende incorporarse al todo.73 Lo que es importante, independientemente de las formas utilizadas de
categorizar, es el movimiento de construcción de una nación.
73 La primera tiene en el movimiento verde y amarillo su destaque, que propone abandonar las influencias
La búsqueda de las identidades se manifiesta de maneras diversas. En este período, debe resaltarse la participación de la intelectualidad y los debates que promueven en torno de lo que es Brasil, principalmente desde una perspectiva urbana. Entre éstos se destaca Monteiro Lobato, que, en libros y artículos crea una figura, denominada como Jeca Tatu, donde marca al labriego, al hombre del campo, el trabajador rural, como apático, ocioso, incapaz de moverse.
Posteriormente, Monteiro, reformula su concepción y concede que “el Jeca no es así, está así”. De cualquier forma, estando así o siendo así, ocioso, apático e incapaz de moverse, esta afirmación revela una mirada y comprensión discriminatoria con relación al trabajo en el campo, señalizando para una miopía de análisis que reafirma el latifundio y un proyecto elitista para Brasil.
Una educación es para afirmar identidades, ideología y concepción de mundo. Históricamente se ha considerado a Brasil como un país agrícola, por lo que no sería errado esperar que se tuviese también una identidad agrícola. Es importante destacar que solamente en 2006 se consigue una ley que contempla la agricultura familiar. También, fruto de muchas luchas de los movimientos sociales, se consigue una legislación que diferencie los distintos estratos de agricultores. En principio se tienen los propietarios y los trabajadores, así se camufla a quien efectivamente produce.
Hablando de manera genérica es imposible configurar quiénes son los productores de la agricultura brasileña. Siempre en el poder y siempre con el destino de las políticas en sus manos, el latifundio hasta 2006, tiene la obscuridad como un aliado para que no se revele su cara. Así, cuando se habla de educación, en realidad se está hablando de los hijos de latifundistas; cuando se dice crédito, éste es para financiar al gran latifundio.