Lecciones de la crisis de las monedas
ILUSTRACIÓN 2.12 Caída del Acuerdo del
Consejo Monetario en Argentina 5.0 4.0 3.0 2.0 1.0 0.0 1995 1996 1997 1998 1999 2000 2001 2002 P
eso por dólar de Est
ados Unidos
Peso/dólar 1.00 17 de enero de 2002
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interna y externa. El firme tipo de cambio fijo que Argentina adoptó con el sistema de consejo monetario le impidió restaurar la competitividad mediante una tradicional depreciación de la moneda. Es más, un poderoso sindicalismo obrero también dificultó la posibilidad de bajar los salarios y, así, la reducción de los costos de producción que habría sido eficaz para lograr la depreciación real de la moneda con un tipo de cambio nominal fijo. La desaceleración de la entrada de capital internacional que ocurrió después de las crisis financieras de Rusia y Brasil exacerbó la situación. Además, la fuerte depreciación del real de Brasil en 1999 entorpeció las exportaciones de Argentina.
Aun cuando la crisis monetaria ha terminado, no ha quedado resuelto del todo el problema de la deuda. El gobierno de Argentina suspendió el pago de su deuda en diciembre de 2001, ante la presencia de una recesión persistente y un aumento de alborotos sociales y políticos. Este hecho representa el incumplimiento soberano más grande de la historia. Argentina ahora afronta la compleja tarea de reestructurar los más de 100 000 de dólares de su deuda, denomi- nada en siete monedas distintas y regida por las leyes de ocho jurisdicciones legales. En junio de 2004, el gobierno de Argentina hizo una oferta ‘final’ equivalente a una reducción del 75% del valor neto presente de su deuda. Los propietarios de bonos han rechazado esta oferta y solicitado que se les presente otra mejor.
Regímenes cambiarios con tipos flexibles o fijos
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Dado que algunos países, entre ellos Estados Unidos y posiblemente Japón, prefieren los tipos de cambio flexibles, mientras que otros, sobre todo los miembros de la UME y muchos países en desarrollo, quieren mantener los tipos de cambio fijos, es conveniente analizar algunos de los argumentos que se esgrimen a favor de los tipos de cambio fijos enfrentados a los fle- xibles.
Los argumentos básicos a favor de los tipos de cambio flexibles se fundamentan (1) en que los ajustes externos son más fáciles y (2) en la autonomía de las políticas nacionales. Suponga- mos que en un momento determinado cierto país registra un déficit de la balanza de pagos. Esto significa que hay una oferta excesiva de la moneda del país al tipo de cambio existente en el mercado de divisas. Con un régimen cambiario con tipos flexibles, el valor de la moneda del país en el exterior sencillamente se depreciará hasta llegar al nivel donde no haya exceso de oferta de la moneda del país. Con el nuevo nivel del tipo de cambio, el desequilibrio de la ba- lanza de pagos desaparecerá.
En la medida que se permita que el tipo de cambio sea determinado de acuerdo con las fuerzas del mercado, el equilibrio externo se alcanzará de forma automática. Por lo tanto, el gobierno no tiene que aplicar políticas para corregir el desequilibrio de la balanza de pagos. Así, con los tipos de cambio flexibles, el gobierno puede emplear la política monetaria y la fiscal para perseguir las metas económicas que desee. No obstante, con un régimen cambiario con tipos fijos, el gobierno probablemente tendría que aplicar políticas fiscales y monetarias contraccionistas (expansionistas) para corregir el déficit (superávit) de la balanza de pagos al tipo de cambio existente. Dado que necesita instrumentar las políticas para mantener el tipo de cambio, el gobierno no puede utilizar las mismas para perseguir otros objetivos económicos. Por lo tanto, el gobierno pierde la autonomía de sus políticas con un régimen cambiario con tipos fijos.
Con la ilustración 2.13, con el empleo de la libra británica como divisa representativa, se muestra la explicación anterior de cómo se corrige el desequilibrio de la balanza de pagos con los regímenes cambiarios alternativos. Como ocurre con casi todas las mercancías, la demanda de libras británicas tendrá una pendiente descendente, mientras que la oferta de éstas tendrá una pendiente ascendente. Suponga por el momento que el tipo de cambio es de 1.40 dólares/libra. Como muestra la ilustración, la demanda de libras excede por un amplio margen a la oferta (es decir, la oferta de dólares de Estados Unidos excede por mucho a la demanda) en este tipo de cambio. Estados Unidos registra déficits comerciales (o en la balanza de pagos). Con el régimen cambiario de tipos flexibles, el dólar simplemente se depreciará hasta llegar al nuevo nivel del tipo de cambio, 1.60 dólares/libra, en el cual desaparecerá la demanda excesiva de libras britá- nicas (y por lo tanto del déficit comercial). Ahora, suponga que el tipo de cambio es “fijo” a
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1.40/libra y, por lo tanto, el ajuste del tipo de cambio no puede eliminar el exceso de demanda de libras británicas. Ante esta situación, el Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos puede recurrir inicialmente a sus reservas de divisas y así satisfacer el exceso de demanda de libras británicas. No obstante, si la demanda excesiva persiste, el gobierno de Estados Unidos tendría que recurrir a políticas monetarias y fiscales contraccionistas de modo que la curva de la demanda cambie hacia la izquierda (de D a D* en la ilustración) hasta que el exceso de de- manda de libras británicas se elimine al tipo de cambio fijo de 1.40 dólares/libra. Es decir, es necesario que el gobierno aplique políticas para mantener el tipo de cambio fijo.
Un posible inconveniente del régimen cambiario con tipos flexibles es que la incertidumbre cambiaria podría entorpecer el comercio y las inversiones internacionales. Los partidarios del régimen de tipos flexibles argumentan que cuando los tipos de cambio futuros son inciertos, las empresas tienden a no realizar comercio exterior. Ya que los países no se benefician plenamen- te del comercio internacional al haber incertidumbre cambiaria, los recursos se asignarán glo- balmente de forma óptima. Los partidarios del régimen de tipos de cambio fijos argumentan que el tipo fijo elimina esta incertidumbre y, por ello, fomenta el comercio internacional. No obstante, en la medida que las empresas se puedan proteger contra el riesgo cambiario por medio de contratos de opciones o futuros monetarios, los tipos de cambio inciertos no necesa- riamente entorpecerán el comercio internacional.
Como sugiere la explicación anterior, la elección de un régimen cambiario u otro probable- mente implique un canje entre la independencia de las políticas nacionales y la integración económica internacional. Si los países quieren perseguir sus respectivas metas económicas internas es probable que sigan políticas macroeconómicas distintas y ello impide que los tipos de cambio fijos sean factibles. Por otra parte, si los países están decididos a fomentar la inte- gración económica internacional (como es el caso de los miembros principales de la Unión Europea, como Francia y Alemania) los beneficios de los tipos de cambio fijos seguramente pesarán más que los costos correspondientes.
Un “buen” (o ideal) sistema monetario internacional debe proporcionar (1) liquidez, (2) ajuste y (3) confianza. En otras palabras, un buen SMI también debe ser capaz de proporcionar a la economía mundial una cantidad suficiente de reservas monetarias como para sostener el crecimiento del comercio y la inversión internacionales. Asimismo, debe proporcionar un me- canismo efectivo que restaure el equilibrio de la balanza de pagos siempre que se altere. Por último, debe ofrecer una salvaguarda para evitar crisis de confianza en el sistema, las cuales dan por resultado el pánico y las fugas de los activos de una reserva a los de otra. Los políticos y los economistas deben tener en mente estos criterios cuando diseñan y evalúan el sistema monetario internacional.
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