H. MATURANA F VARELA
3.2.5 LOS IMAGINARIOS EN EL EMPRENDIMIENTO
Los imaginarios del Emprendimiento, como representaciones individuales y colectivas que predominan entre los actores y las organizaciones en sus relaciones e interacciones, son uno de los elementos básicos constitutivos del Emprendimiento, que junto a los actores, a la complejidad autopoiésica y al ethos del Emprendimiento, hacen parte del “SER”, es decir, componente de su naturaleza interna ú “objectum”, ya que sobre la base de dichas representaciones, imágenes y hasta paradigmas, se realiza la acción emprendedora.
En el mundo existen representaciones colectivas que rigen los sistemas sociales predominantes, las cuales son “una forma de percibir la realidad” (Morin, 1996) y se erigen como “un conjunto de estructuras mentales que tienen relación con el contexto y que le dan cuerpo al conocer la realidad..., ya que el hombre construye imaginarios, con los cuales explica su relación con el mundo, y primero lo hace a través del objeto, en lo religioso, en lo político y hasta en el lenguaje, por ejemplo, a la palabra “casa” se le dá una significancia, la que se acepta socialmente y se asume por el colectivo, pero dicho fonema no necesariamente es una cosa con paredes y techo...” (Echeverri, 2005); tal es el caso del mito de Prometeo, de las esculturas agustinianas en el sur de Colombia que muestran figuras sin relación con el contexto moderno, pero estuvieron en la estructura mental de sus autores precolombinos, ó la formas antropológicas de nuestros dioses, ó la concepción institucional de la patria, ó
las estructuras de valores asociadas a lo masculino y a lo femenino, ó en las organizaciones.
Dicho de otra manera, los imaginarios son el conjunto de imágenes que interactúan simbólicamente, articuladas en forma orgánica (no mecánica, relaciones de presencia simultánea e interactuación) por algún tipo de narración (mítica ó científica, poética ó lógica) por el cual un individuo, un grupo social ó una sociedad completa, organiza y expresa sus valores existenciales y su interpretación del mundo –forma específica de conocer, ya que la ciencia explica –causa y efecto- y la hermenéutica comprende, cambiando el criterio de verdad- (“frente a los desafíos impuestos por el tiempo y la muerte”) con los cuales se adapta a ese mundo y establece relaciones con los otros, constituyéndose en factor motivador del comportamiento de ese individuo ó grupo social. En este sentido el imaginario es una categoría antropológica similar a “las formas simbólicas” de Cassirer, categoría “primordial y sintética, a partir de la cual pueden entenderse las obras de arte, y también las representaciones racionales (por lo tanto la ciencia misma) y a fin de cuentas el conjunto de la cultura (Durand, 2000). El imaginario se proyecta a través de representaciones... Estas representaciones son tanto racionales (tipo ciencia) como sensibles (tipo estética) y por lo tanto están inscritas en lo que llamamos de manera amplia la “cultura”.
Por lo tanto, las representaciones individuales y colectivas que permiten el desenvolvimiento de los seres vivos, en este caso del Hombre desde el emprendimiento en el entorno son los imaginarios del emprendimiento.
Precisamente, el fenómeno del emprendimiento anda atrapado entre imaginarios con un dominante aparataje técnico-economicista, pues el imaginario primario que se viene consolidando desde años atrás, es el de asociar dicho fenómeno a la empresa, y por ahí derecho al lucro, ya que la literatura y los estudios han tendido a estrechar la acción emprendedora a la dimensión economicista, desconociendo que el fenómeno emprendedor
también es de carácter social, político y ambiental, y que por lo tanto, debe trascender a la empresa, para considerar en una perspectiva incluyente mucho más amplia, a las organizaciones, ya que en estas “hay presencia de inconscientes colectivos y de imaginarios colectivos que no necesariamente se explicitan en la visión, sino es como la “careta” de la organización, no siendo el propósito calificar lo “bueno” ó lo “malo”, sino estableciendo “qué hay” en la organización” (Durand, 200).
Pero como la imaginación, y con ésta, los imaginarios han sido un tema marginal y de periferia, no hemos hecho consciente imaginarios del emprendimiento profundamente arraigados, como la conformista estructura mental implícita, de aceptar la “mano invisible” y el “libre mercado” como la única forma posible de intercambio y acceso a satisfactores; ó la utilidad como único y último objetivo; ó como el clímax del apoyo al emprendimiento, que se percibe simplemente limitado a la formulación de “planes de negocio”, enfocados esencialmente a lo instrumental como el mercadeo, lo administrativo, lo técnico y lo financiero; tal es el caso de la cátedra Ceinfi promovida por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, ó al programa emprendedor promovido por el Sena ó los proyectos de “biocomercio sostenible” y “mercados verdes y negocios ambientales” en ejecución en el Tolima en cumplimiento de convenios entre Cortolima y el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos “Alexander Von Humboldt”, en donde la acción principal se centra en la “construcción de planes de negocio con fortalecimiento en aspectos como el estudio de mercado, análisis técnico de producción, estudio organizacional, análisis financiero y de impacto ambiental, económico y social” (Instituto Humboldt, 2001).
Tampoco se debe olvidar el imaginario constituido como paradigma moderno, consistente en que el emprendimiento se asocia a la microempresa y a la subsistencia, cuyos efectos se ven reflejados en el predominio de la informalidad y la precariedad tecnológica.
No es un secreto, que el tema de la constitución y legalización de la empresa se viene generalizando alrededor de las estrechas opciones legalistas del Código de Comercio de Colombia, que contempla la formalización a través de sociedades comerciales, y que muchas veces se vienen omitiendo las alternativas “no lucrativas” como la de la economía solidaria basada en principios de asociacionismo, cooperación y solidaridad, ó como otras alternativas esencialmente culturales pero hoy prácticamente desechadas y poco conocidas, como las asociaciones mutualistas ó mutuarias, las mingas y el “brazo de vuelta” sólo para mencionar algunas, entre muchas que en el fondo muestran una estrecha relación integradora a lo ambiental.
Lo anterior, nos coloca frente a serios interrogantes vitales para el emprendimiento y para nuestra sociedad. ¿Será que estos imaginarios dominantes en el fenómeno del emprendimiento, son suficientes y contribuyen a resolver nuestros problemas de dominados, de dependientes, de desigualdades, de pauperización y de marginalidad? ¿Cómo administrar la teoría de los imaginarios en las organizaciones, que como organismos vivos manejan no sólo la razón, sino también imaginarios? ¿Será posible generar y construir nuevos imaginarios alternativos en el emprendimiento para un desarrollo regional sustentable?