Capítulo 1. El entronque de la especie humana en la biosfera
3. La revolución de Charles Darwin (1809-1882)
3.3. El impacto del darwinismo
El impacto de las teorías darvinianas en su entorno social fue, como se sabe, muy fuerte y determinante, a la vez que muy variado. Mientras un grupo numeroso e importante de científicos e intelectuales aceptaron entu- siasmados sus conclusiones, otros presentaron diversas críticas a elementos parciales de la teoría, que Darwin tuvo en cuenta y con el tiempo corrigió y
24 Este concepto de selección natural desde la óptica del amateurismo chapucero
es el que resaltará en nuestro tiempo Fr. Jacob, en su Lógica de lo viviente, Barcelona, Laia, 1977.
completó; y hubo también un tercer grupo, que se opuso radicalmente a la selección natural desde posturas filosóficas y teológicas aprióricas25.
La verdad es que los críticos tenían sobrados aspectos para indicar nu- merosas debilidades a la teoría de Darwin, puesto que se trataba de una hi- pótesis que, si bien contaba con diversas evidencias y una gran coherencia a su favor, también presentaba diversos flancos débiles. Entre ellos se adu- cían la falta de pruebas directas de la eficacia de la selección natural y del proceso de especiación; la falta de evidencia de especies transicionales entre otras dos conocidas; el problema del desarrollo por etapas, y de su utilidad en cada una de ellas, de órganos complejos como el ojo de los vertebrados; el no haber pruebas de que la edad de la tierra fuera tan larga como para ha- ber posibilitado la lentitud de la selección natural; la relación entre leyes de la herencia y la selección natural; la inexistencia de la herencia de los carac- teres adquiridos; etc. Como hemos indicado, Darwin salió al paso paciente- mente de estas objeciones, con la ayuda de Wallace y de T. Huxley, sirvien- do esta confrontación para limar y completar su teoría26.
Pero no nos vamos a detener en la discusión sobre estos detalles con- cretos que ponen en evidencia las insuficiencias y limitaciones de la teoría de la evolución y de la selección natural darviniana, que eran consecuen- cia de las insuficiencias de los avances científicos de esa época. Años des- pués, con el avance de los descubrimientos en geología, biología, genética y demás, se irían solventando varias de esas dificultades y conformada la denominada teoría sintética de la evolución, como veremos más adelante.
Más nos interesa aquí centrarnos en la oposición que tuvo Darwin desde planteamientos filosóficos y teológicos, y que mostraban las pro- fundas implicaciones y consecuencias cosmovisionales que la selección natural tenía para la comprensión de la imagen del hombre y del mundo que hasta entonces se tenía.
3.3.1. El darwinismo frente a la visión tradicional del hombre,
de la realidad y de Dios
a) Nueva visión del hombre y de la realidad
Los avances de los saberes científicos en el campo de la zoología, la biología, la genética, etc., a partir del siglo XIX, en especial desde las
25 Cfr. Hemleben, Darwin, Madrid, Alianza, 1980 (2.ª ed.); Leith, B., El legado de
Darwin, Barcelona, Salvat, 1986.
26 Sobre el diálogo de Darwin con sus críticos, en las ediciones posteriores de El origen
aportaciones de Ch. Darwin, han ido mostrando de modo progresivo una evidencia hoy día incontestable, pero que con anterioridad ni siquiera se sospechaba: la procedencia por evolución de la especie humana desde el ámbito de la biosfera, y, por tanto, la familiaridad y comunidad del ser hu- mano con el mundo del resto de los animales.
Esta progresiva evidencia supuso, como es lógico, un cambio radical en el enfoque de los estudios sobre el ser humano. Hasta Darwin, el hom- bre se comprendía como un ser o una especie creada directamente por Dios, formada del barro de la tierra y animada por el aliento (espiritus) insuflado por Dios sobre él, según la interpretación literal del pasaje del
Génesis (2,7). De ninguna manera se llegaba a sospechar, por tanto, que
el ser humano constituía un eslabón más del proceso evolutivo, el último escalón aparecido en el continente animal. Hasta ese momento, el imagi- nario cultural humano se asentaba en una cosmovisión estática y religiosa, desde el supuesto de que «la vida fue plasmada concedida inmediatamen- te por Dios. Las diversas clases de plantas y animales existen según un plan divino. Por eso tienen una subsistencia que se halla por encima del tiempo y de la historia de los seres vivos individuales»27.
Pero a lo largo de s. XIX, tanto la geología como la morfología com-
parada van aportando pruebas cada vez más evidentes de la unidad evolu- tiva del mundo de la vida, y, por tanto, el parentesco entre las diferentes especies vivas, imponiéndose poco a poco el paradigma de la evolución, aunque no siempre se entendiera de la misma manera28. La aportación de
Darwin al proceso de explicación del proceso evolutiva con la teoría de la
selección natural constituyó la pieza clave para la interpretación del ori-
gen de los seres vivos, convirtiéndose la fecha de su teorización en un an- tes y un después en la historia de la Antropología físico-biológica y en la comprensión del ser humano en general.
La teoría de la selección natural de Darwin vino, pues, a significar un cambio drástico en el modo de entender la realidad humana, porque no
27 Häring, H., «La teoría de la evolución como megateoría del pensamiento occiden-
tal», Concilium, 2000, n.º 284, 27-40; 27.
28 Cfr. Bowler, Peter J., Charles Darwin. El hombre y su influencia, Madrid, Alian-
za, 1995; Tort, P. (dir.), Dictionnaire du darwinisme et de l’évolution, 3 vols., París, PUF, 1996; Mayr, E., Una larga controversia: Darwin y el darwinismo, Barcelona, Crítica, 1992; Gould, S. J., The Structure of Evolutionary Theory, Cambridge (Mas.)/London, Harvard University Press, 2002 (trad. cast.: La estructura de la evolución, Barcelona, Tus- quets, 2004); Soler, Manuel, Evolución. La base de la biología, Granada, Proyecto Sur Ediciones, 2002; Young, David, El descubrimiento de la evolución, Barcelona, Edic. del Serbal, 1998; VV.AA., Evolución hoy, Barcelona, Tusquets, 2001; Chauvin, Rémy, Darwi-
nismo. El fin de un mito, Madrid, Espasa-Calpe, 2001; Vallejo, F., La tautología darwinista y otros ensayos de biología, Madrid, Taurus, 2002.
sólo implicaba un cambio de modelo antropológico, sino también una re- volución paradigmática en lo cosmovisional, con fuertes repercusiones, en consecuencia, en el campo de la teología, de la geología, de la sociología, de la biología y de casi todos los ámbitos del saber. En el terreno de la an-
tropología, suponía pasar de entender al ser humano como una estructura
estática, salida directamente de Dios, al igual que el resto de las demás especies vivas, como queda plasmado en el modelo clasificatorio del na- turalista sueco Linneo, a entenderlo como el resultado de un proceso evo- lutivo surgido del conjunto de la biosfera, a través de mecanismos seme- jantes a los que han seguido el surgimiento en ella de las demás especies animales. En el campo de la geología sucedía algo similar, puesto que se va pasando (antes que en el campo antropológico) de una concepción es- tática de la Tierra y de todo el universo a una visión dinámica, en la que se entiende la realidad material como atravesada por un proceso dinámico del que, en un momento determinado, surgirá la vida en toda su paulatina riqueza y complejidad. Por tanto, cae por los suelos la máxima medieval «natura non facit saltus», para dar paso a una cosmovisión unitaria y di- námica, que concibe al universo como un paulatino dinamismo que abar- ca todo el cosmos, tanto la realidad material como los seres vivos, dina- mismo del que no queda excluido el ser humano.
b) El enfrentamiento religioso
Las tesis evolutivas de Darwin venían a quebrar y dejar como obsole- ta la teoría predominante, basada en lo que W. Paley había denominado la
teoría del diseño. El conjunto de la biosfera no estaba ordenada según los
planes de Dios, sino siguiendo el incontrolable cúmulo de circunstancias selectivas ambientales.