4. ANÁLISIS DE LA PRODUCCIÓN CIENTÍFICA SOBRE COMPORTAMIENTOS
4.3. NUPCIALIDAD Y REAGRUPACIÓN FAMILIAR
4.3.2. Impacto sobre la formación de la pareja y la nupcialidad general
Uno de los aspectos que en mayor medida ocupa las páginas de la bibliografía sobre las uniones de los extranjeros es el grado en que éstas inciden en el conjunto de uniones en España. Muchas veces se plantea esta preocupación como elemento introductorio para el análisis de aspectos más concretos. La dedicación a este tema abarca no sólo el estudio de las parejas de extranjeros (o con algún miembro extranjero) que contraen matrimonio en España, sino también en qué grado se unen entre sí (en ausencia de matrimonio), es decir, cuanto cohabitan y con quien.
La proporción de matrimonios en los que al menos uno de los miembros es extranjero ha protagonizado un incremento continuo en los últimos quince años . Así, en 2004 su incremento respecto a ocho años antes fue de un 233% (López de Lera, 2006b). En 1989 se produjeron 8.947 matrimonios de estas características, lo que suponía un 4% del total de matrimonios celebrados en España. Una década y media después, este porcentaje se sitúa en un 17,8% del total (37.127 matrimonios). Sin embargo, es en el último quinquenio cuando se concentra el mayor crecimiento. Téngase en cuenta que en 2001 el porcentaje de matrimonios de este tipo sobre el total era todavía de un 6,7%.
Gráfico 4.5. Evolución del número de matrimonios por nacionalidad de los contrayentes, España, 1989-2005 Matrimonios entre españoles Matrimonios de/con extranjeros 0 50.000 100.000 150.000 200.000 250.000 1989 1991 1993 1995 1997 1999 2001 2003 2005
Fuente: Movimiento Natural de la Población (MNP), INE
La evolución del número de matrimonios muestra una innegable incidencia del colectivo de extranjeros en este fenómeno. No obstante, la radiografía no es completa si lo que se pretende es estudiar su impacto sobre la formación de la pareja y la nupcialidad general, puesto que no incluye ni los matrimonios celebrados en el extranjero, ni las uniones consensuales. De ello son conscientes los distintos autores y así lo expresan.
Por otra parte, los datos anteriores son susceptibles de atender a distintos matices. López de Lera señala que si bien, como se ha visto, los matrimonios no han dejado de incrementarse, la tasa bruta de nupcialidad no ha dejado de descender. Traducido a números significaría que si la TBNup era en 1996 de 17 matrimonios por cada mil extranjeros, en 2002 se situaba en menos de la mitad, un 8‰. Añade el autor, que la explicación de la disminución de la tasa bruta (no del volumen de matrimonios) radica posiblemente en la existencia de procesos de reagrupación familiar y en el simultáneo aumento de la intensidad de los flujos, que por otra parte presupone un incremento de la nupcialidad en el futuro (López de Lera, 2006a y 2006b). Como señalan Izquierdo y López de Lera, la tasa bruta de nupcialidad de los españoles ha rondado durante la última década el valor de 5 matrimonios por cada mil españoles, por lo que se podría considerar que la TBNup de extranjeros se ha ido acercando a la nacional, sin embargo los autores señalan que afirmar una convergencia del comportamiento de los extranjeros al de la población autóctona, supone una hipótesis muy arriesgada, pues insisten que en tan breve periodo de tiempo no es posible hablar de asimilación (Izquierdo y López de Lera, 2003).
Un segundo matiz es el que hace referencia a la estructura por sexo y edad del colectivo estudiado. Diversos autores se refieren a la juventud que caracteriza a los extranjeros para justificar la intensidad de su actividad nupcial. Izquierdo y López de Lera afirman que dicha juventud promete futuros matrimonios y una recuperación de la tasa bruta, siempre y cuando los flujos de llegada se calmen, pues de los contrario la TBNup podría seguir descendiendo (Izquierdo y López de Lera, 2003). Sin embargo su composición por sexo también parece influir, según indican Cortina, Esteve y Domingo mediante el cálculo de relaciones de masculinidad, pues para los distintos grupos de edad y nacionalidades las proporciones de solteros y casados pueden variar considerablemente en función del sexo. Así, en el momento de estudio, había colectivos masculinizados (Marruecos, Rumania), otros feminizados (algunas nacionalidades latinoamericanas), mientras que en el caso de algunas nacionalidades comunitarias (Reino Unido), se encontraban muy equilibradas (Cortina, Esteve, Domingo, 2006a).
Otro aspecto que ha suscitado el interés científico es el de la formación de parejas en unión consensual. De la literatura existente sobre nupcialidad, únicamente algunas referencias recientes tratan temas de cohabitación desde el punto de vista demográfico (Cortina, Esteve, Cabré, 2006; Cortina, Esteve, Domingo, 2006c; Miret, 2006). Como ya se ha señalado, la cohabitación de los extranjeros, por el momento, sólo puede ser estudiada mediante el Censo de Población de 2001. En las distintas referencias se llega a la conclusión inicial de que los extranjeros cohabitan más que los españoles. A esta conclusión se ha llegado para el total de los extranjeros residentes en España (Cortina, Esteve, Domingo, 2006c), para un colectivo concreto a nivel estatal, el de los latinoamericanos (Cortina, Esteve, Cabré, 2006) e incluso para los residentes extranjeros en Cataluña (Miret, 2006). Sin embargo dicha conclusión, una vez más, requiere ser matizada, o al menos ha suscitado en algunos autores la necesidad de hilar más fino. Cortina, Esteve y Domingo se encargan de ello en uno de sus trabajos, y tras examinar el efecto de las características individuales de los cónyuges (edad, nivel educativo, nacionalidad) sobre la pauta general, concluyen que se trata de un efecto de estructura, es decir, cohabitan más porque son más jóvenes, por lo que tras la estandarización se demuestra que sí cohabitan más que los españoles, pero la diferencia es mínima (Cortina, Esteve, Domingo, 2006c).
Por otra parte, el análisis del impacto a nivel territorial de las pautas nupciales de extranjeros, o lo que es lo mismo, su distribución territorial, es un aspecto sobre el que recientemente se han publicado algunas referencias. A pesar de que en determinadas regiones o provincias no llegan a ser especialmente significativos, se comienza a escribir sobre el tema, en esta ocasión por parte de López de Lera, 2006b o Martínez y Villares,
2006. El primero señala que en seis de las doce comunidades donde han descendido los matrimonios de españoles, los matrimonios con al menos un miembro extranjero, han compensado totalmente ese descenso (López de Lera, 2006b).
En conclusión, y al igual que ocurría con el fenómeno de la natalidad, de nuevo nos encontramos ante una producción bibliográfica que nace del interés por un evento reciente cuya visibilidad a los ojos de la opinión pública es creciente y suscita la demanda de conocimiento. Sin embargo, ante la inmediatez del fenómeno y de los eventos cabe esperar un tiempo para conocer el verdadero impacto sobre la formación de parejas en España y desestimar (o no) así el efecto coyuntural. El hecho de los incipientes estudios sobre cohabitación indica un paso más allá respecto al estudio de la nupcialidad entendida como el sólo acto de contraer matrimonio. Asimismo los recientes estudios de carácter territorial arrojan mayor información sobre la nupcialidad de los extranjeros y denotan el interés científico por la ampliación de temas de análisis.