IMPACTO DE LA HETEROGENEIDAD ESTRUCTURAL SOBRE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO Y SUS COMPONENTES EXPLICATIVOS
V.5. EL IMPACTO DE LA HETEROGENEIDAD ESTRUCTURAL SOBRE LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO.
El estudio del caso argentino mostró que -durante el período de políticas de apertura y de reformas estructurales- tuvo lugar un proceso de alteraciones sustantivas tanto en la composición como en el funcionamiento de los sectores socio-económicos y el mercado laboral, teniendo esto –y no sólo el factor desempleo- un impacto directo sobre la distribución del ingreso.
En función de evaluar los cambios en materia distributiva ocurridos en el Gran Buenos Aires durante el período 1992-2003, en este capítulo de análisis empírico se aplicó un método de descomposición del coeficiente de desigualdad de Gini sobre los diferentes tipos de fuentes laborales y no laborales, sectores y categorías económico-ocupacionales generadores de ingreso familiar (véase el desarrollo del método en el Capítulo V.1). En el marco del modelo metodológico propuesto se buscó examinar en forma detallada los factores que explican los cambios en las contribuciones que cada fuente, sector y categoría económico-ocupacional hizo a la desigualdad, distinguiendo las variaciones de los componentes correspondientes –véase ecuación (4) del Capítulo V.1-. De esta manera se pudo especificar en qué medida los aportes de cada tipo de ingreso al valor del Gini dependieron de: (a) las alteraciones ocurridas en el peso de cada mercado-fuente-sector en el total de los ingresos de los hogares (S), (b) la desigualdad al interior de cada fuente de ingreso (G), o (c) su correlación con la distribución general (R). En este caso, el análisis se abordó para una selección o agregación de fuentes, sectores y categorías, comparando el impacto sobre los cambios en la desigualdad distributiva entre las distintas fases político-económicas del período objeto de estudio.
En este sentido, el Capítulo V.2 ofreció un primer análisis desagregado de la participación de las fuentes laborales y no laborales en la composición de la desigualdad y en los cambios ocurridos
165 en la distribución de los ingresos familiares entre 1992 y 2003. El Capítulo V.3 ofreció una explicación más detallada del aumento de la desigualdad en los ingresos laborales en clave con las transformaciones ocurridas en la estructura económico-ocupacional en cada etapa o fase político-económica (1992-1994, 1994-1998, 1998-2001 y 2001-2003), de manera tal de buscar identificar los procesos subyacentes centrales que explican el sistemático incremento ocurrido en la desigualdad económica. A su vez, el Capítulo V.4 presentó información adicional para dar cuenta de la desigual capacidad redistributiva que ejercen las fuentes de ingreso y las diversas condiciones económico-sectoriales. En este último apartado, se utilizó el ejercicio de desglose del Gini para la evaluación de cinco simulaciones alternativas de intervención estatal, pudiendo así especificar el efecto que habría tenido cada una de estas políticas en términos de equidad. La información empírica presentada permitió dar cuenta de las alteraciones ocurridas en el sistema económico–ocupacional y de la forma en que la heterogeneidad estructural impactó sobre el grado de polarización de la estructura social. En términos generales, el análisis propuesto, la metodología adoptada y la evidencia empírica exhibida pusieron de manifiesto, no sólo la intensificación de un patrón regresivo de distribución, sino también el cambio en el perfil o la composición de los factores determinantes de la desigualdad. De manera particular, los hallazgos encontrados pueden resumirse de la siguiente manera:
(i) El aumento del coeficiente de Gini estuvo fuertemente determinado por el comportamiento de las remuneraciones salariales obtenidas por los hogares en el sector formal y, en segundo lugar, en el sector público (sobre todo a partir de 1998). En ambos casos, esta mayor contribución estuvo fuertemente asociada tanto a una mayor concentración de ingresos (S) como a una mayor correlación con la desigualdad general (R). Asimismo, los ingresos no laborales –sobre todo jubilaciones y pensiones- también incrementaron su contribución al Gini por iguales motivos. El análisis de la intradesigualdad (G) al abrir por sector y categoría laboral, evidencia que dicho componente no fue significativo en ninguna fuente.
(ii) En contraposición, los ingresos familiares de todas las categorías laborales del sector informal no sólo registraron durante el período una caída en el volumen de ingresos generados (véase cuadro IV.2.2 del Capítulo IV.2), sino que su aporte a la desigualdad económica cayó tanto en términos absolutos como relativos. En el caso de los ingresos familiares del sector informal, descendió la correlación de los ingresos obtenidos en el sector con respecto a la estratificación
166 general. Es decir, el ordenamiento de hogares se alejó del ordenamiento según el ingreso total (R)128. Por lo mismo, el sector informal fue perdiendo participación en la intensificación de la desigualdad distributiva, a la vez que fue constituyéndose como factor compensador de los desajustes económico-ocupacionales. El cambio de composición económica de las actividades informales habría sido la respuesta dada por los hogares más afectados por los procesos de reestructuración y crisis económica para enfrentar el desempleo y procurarse una mínima subsistencia.
(iii) Por otra parte, los programas asistenciales de empleo a cargo del sector público, aunque su alcance fue efectivamente limitado, tuvieron también la función de compensar -en parte- la pérdida de ingresos reales de los hogares más pobres ocurrida entre 2001-2002, pero sin lograr con ello morigerar de manera efectiva el aumento de la desigualdad económica. Según Salvia (2009), estos programas funcionaron -en los hechos- de manera dual como una estrategia refugio ―informal‖ frente al desempleo y la inactividad involuntaria (capaz de generar ―su propia demanda‖ a través del aumento de la conflictividad social), así como también como un mecanismo en manos del poder público al servicio de un relativo control social y político sobre las demandas sociales129.
(iv) La capacidad de redistribución progresiva del sector informal y de los programas sociales de empleo se corroboran al analizar sus elasticidades y la evolución de dicho indicador a lo largo de la década bajo estudio. En ambos casos, las elasticidades menores a la unidad indican que un incremento marginal en este tipo de ingresos generaría un efecto progresivo en la distribución, dado que el comportamiento de la fuente o sector afecta más a la parte más pobre de la población130. Lo contrario sucede en los sectores modernos – privado formal y público- en los cuales los cambios porcentuales simulados afectarían más a la parte más rica de la población. Por
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Esto estaría reflejando una mayor vinculación de las ocupaciones informales de subsistencia con los hogares más pobres, tal como se mencionó también anteriormente.
129 Se vuelve a destacar lo dicho anteriormente respecto a los efectos compensatorios y limitados de la política pública en la
distribución del ingreso. El Estado, a pesar de la masividad de los planes sociales implementados post crisis del 2001, se convirtió, a través del desarrollo de su rol de empleador, en un actor adicional en la ―regeneración‖ o profundización de la desigualdad económica. Para un mayor desarrollo de esta interpretación, véase Salvia (2009).
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Cabe acá remitir nuevamente a los modelos de simulación de intervenciones anteriormente propuestos y las reflexiones que derivan de los mismos. Específicamente, la transferencia de ingresos desde los sectores estructurados hacia aquellos más apartados de la dinámica central de acumulación –pensada, asimismo, como políticas de inversión en los sectores informales y mejoras de la productividad en los mismos- incidiría positivamente en la distribución de ingresos entre los hogares.
167 este motivo, un incremento en los ingresos familiares que provienen de los sectores modernos traería aparejado un patrón de distribución aún más regresivo.
De esta manera, los hallazgos han permitido mostrar que el aumento de la desigualdad económica constituyó una expresión de cambios que operaron sobre la estructura productiva y sobre los procesos de reproducción social a través de la inserción económica, sectorial y ocupacional. La manera en que funcionó el régimen de acumulación y el modelo político-institucional dio lugar a procesos complejos de transformación del mercado de trabajo con significativos cambios cualitativos en la estructura socioeconómica. En este sentido, este capítulo ha dado cuenta de los mecanismos socio-económicos que hicieron que la modalidad imperante del desarrollo, montada sobre la economía argentina a partir de las reformas estructurales de los años noventa, se tradujera en una mayor polarización y desigualdad.
Los hechos puestos en evidencia reiteran la validez de la tesis central de esta investigación: bajo un modelo de economía ―abierta‖ la profundización de la heterogeneidad estructural cerró las puertas a la ‗convergencia´ limitando las posibilidades de que el crecimiento económico se traduzca en una movilización de la fuerza de trabajo hacia los sectores más productivos, un aumento genuino del bienestar y una distribución más equitativa del ingreso. Por el contrario, el proceso económico generó –tal como era de esperar- una mayor concentración sectorial del ingreso con incremento de la desigualdad al interior de la estructura social. Tal como señalamos anteriormente, en la medida que la brecha de productividad entre los distintos sectores económicos continúe acentuándose podemos suponer que la mejora -en términos de equidad- lograda por los programas sociales implementados continuará siendo limitada y marginal. Para alcanzar un patrón de distribución más progresivo será esencial –en primer lugar- reducir las inequidades al interior del mercado de trabajo y ampliar el acceso al mismo para los sectores más desfavorecidos de la estructura social.
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CAPÍTULO VI