MARCO TEÓRICO DE LA INVESTIGACIÓN
II.2. LA TESIS DE LA HETEROGENEIDAD ESTRUCTURAL ANALIZADA A TRAVÉS DE
II.2.2 Segmentación de los empleos urbanos afectados por la heterogeneidad productiva
La categoría de segmentación del empleo ha servido y continúa sirviendo a diferentes perspectivas teóricas para nombrar una amplia gama de fenómenos que ocurren en el contexto de
43 relaciones sociales de producción capitalista. Por lo mismo, el concepto dista de tener un significado unívoco si no es en el marco de proposiciones teóricas más generales en donde corresponde interpretar su sentido20. La mayor parte de los enfoques sobre el concepto se desarrollaron en la década de los años sesenta en respuesta a la teoría neoclásica del capital humano, la cual fue considerada, tanto por la tradición marxista como neo-keynesiana, como incompleta e insuficiente para explicar la dispersión salarial, la persistencia de la pobreza y el desempleo, el fracaso de las políticas de educación y entrenamiento, la discriminación en el mercado de trabajo y el comportamiento aparentemente discriminador de los empleadores. Una consideración importante para hacer aquí es que no corresponde confundir los conceptos de segmentación del mercado de trabajo con el de heterogeneidad estructural (ni con su medida proxy de sectores económico-ocupacionales). La heterogeneidad estructural remite al dominio de la estructura productiva, mientras que el concepto de segmentación laboral remite al espacio de regulación del mercado de trabajo, en donde se relacionan ofertas y demandas de empleo o autoempleo de las unidades productivas a partir de ciertas reglas de intercambio y regulaciones públicas. De todos modos la relación existe, en tanto que una mayor heterogeneidad estructural bien puede profundizar o, incluso, mantener sin cambios la segmentación del mercado laboral21, pero de ninguna manera reducirla. Según la tesis planteada, en un contexto de heterogeneidad estructural, la fuerza de trabajo recluida en la supervivencia y en la pobreza nunca lograría acceder a los puestos de la gran empresa tecnificada. Del mismo modo, una menor heterogeneidad estructural, debido a una integración del progreso técnico, podría reducir o mantener la segmentación de los empleos, no siendo posible que la aumente.
Según Espino Rabanal (2001: 22), es posible reconocer denominadores comunes en los enfoques que abordan el tema de la segmentación del mercado de trabajo. Por ejemplo: i) el mercado de trabajo es incapaz de equilibrarse por sí mismo y todo equilibrio es transitorio; ii) el mercado de trabajo es mejor representado por segmentos con características diferentes en lo que respecta a mecanismos de determinación de salarios y nivel de empleo, condiciones de trabajo, rotación de los trabajadores, oportunidades de promoción, etc.; iii) las instituciones son más importantes que
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Según Solimano (1988: 169) podemos encontrar cuatro enfoques diferentes alrededor de la noción de segmentación: (a) el institucionalista (Dunlop, 1958; Kerr, 1954); (b) el dualista (Doeringer y Piore, 1979); (c) el marxista (Gordon, 1972; Edwards, Reich y Gordon, 1982); y (d) el latinoamericano (Souza y Tokman, 1976).
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Dado que la intensidad o el grado de segmentación laboral depende no sólo de la demanda de empleo sino también de la oferta de fuerza de trabajo que despliegan los hogares.
44 las fuerzas de mercado como mecanismos de asignación y distribución; iv) en la determinación de los salarios, las características de los puestos de trabajo son más importantes que las de los trabajadores que los ocupan22; v) hay escasa movilidad de trabajadores entre segmentos; y vi) la pobreza, el subempleo y la discriminación son subproductos inherentes al mercado de trabajo y a sus imperfecciones (Solimano, 1988; Joll et. al., 1983; Taubman y Wachter, 1986).
Según el enfoque de esta investigación, la segmentación laboral no descansa en distorsiones introducidas exógenamente a las relaciones sociales de producción sino que se funda en características endógenas al sistema de producción y al modelo de desarrollo. Esto quiere decir que la segmentación no se genera en las relaciones de mercado ni en las reglas institucionales, sino que, en todo caso, ambas instancias constituyen una expresión de fenómenos más estructurales (Mezzera, 1992: 20). En este sentido, es importante señalar que son las unidades económicas y su marco de relaciones sociales con la fuerza de trabajo las que están segmentadas, y no la fuerza de trabajo tomada a partir de los atributos personales23.
Es decir, la segmentación a la que nos interesa hacer alusión aquí es estructural, sucede cuando trabajadores con la misma productividad potencial tienen diferente acceso a oportunidades salariales, de trabajo o de entrenamiento, dependiendo del sector en el que se insertan. Los salarios estarían determinados por los puestos de trabajo y las características de los trabajadores sólo servirían para elegir a quién se contrata. Como la principal característica del puesto de trabajo es la tecnología utilizada y su productividad (características que además sirven para distinguir entre sectores), los salarios dependen del sector en que se ubique el trabajador, y no – tal como mencionamos- de sus atributos personales.
Por otra parte, Espino Rabanal también diferencia el origen de la segmentación de los mercados dependiendo del carácter desarrollado o no del sistema económico. Por ejemplo, en los países desarrollados las explicaciones parten de asumir que los salarios en algunas empresas son mayores al nivel de equilibrio. Las razones son diversas pero tienen en común el supuesto de que este grupo de empresas no se rige por la maximización de beneficios sino por otras reglas
22 La teoría de segmentación sostiene que los salarios se determinan mediante reglas y procedimientos diferentes a los
mecanismos de mercado propuestos por la teoría neoclásica. Los salarios corresponden a los puestos de trabajo (más exactamente, a las características del stock de capital) y no a los trabajadores como sostienen los autores neoclásicos (Thurow y Lucas, 1972).
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Los autores neoclásicos también aceptan la existencia de mercados de trabajo segmentados o grupos no competitivos, pero ésta es una segmentación que se basa en las características de los individuos: algunas personas entran a la fuerza laboral con distintas ventajas en términos de conocimientos, habilidades y actitudes (Weitzman, 1989).
45 económicas. Estas empresas no fijan sus salarios de acuerdo a la productividad marginal porque requieren invertir en que sus trabajadores adquieran capital humano específico. Como esta inversión sería inútil si el trabajador cambiase de trabajo, se deben reducir los incentivos que los trabajadores puedan tener para hacerlo. La manera en que las empresas lo hacen es fijando los salarios por encima del nivel de equilibrio aumentando el costo de oportunidad de sus empleados. Los sindicatos también juegan un rol en el origen y reproducción social de la segmentación. Estos presionan los salarios al alza y por encima de los niveles de equilibrio. Por todas o algunas de estas razones los salarios en algunas empresas serían mayores a los de equilibrio, formando un mercado primario. El resto de las empresas que operan en competencia, enfrentando costos de supervisión bajos o donde el capital humano no es específico a la empresa, conformarían el mercado secundario donde -manteniendo constante la productividad de un trabajador- los salarios son menores.
En cambio, la explicación del origen de la segmentación en economías capitalistas periféricas difiere en dos puntos básicos. En primer lugar, se enfatiza la incapacidad del sector moderno para absorber a toda la fuerza de trabajo (debido a la heterogeneidad estructural) y, en segundo lugar, todas las variables señaladas como causa de la segmentación en economías desarrolladas parecen reforzarla, pero no originarla. En otras palabras, las diferentes formas institucionales surgen como fenómenos posteriores a la segmentación y, de alguna manera, como consecuencia de ella. En la perspectiva de Tokman y Souza (1976), PREALC (1987) e, incluso, Mezzera (1992), la segmentación laboral en economías subdesarrolladas se origina por la conjunción de dos eventos. Primero, hay un crecimiento acelerado de la fuerza laboral urbana que es reforzado por los procesos migratorios hacia las ciudades. Y segundo, el sector moderno crece a un ritmo menor que la fuerza de trabajo creando una menor cantidad de puestos que los requeridos para una completa absorción de la mano de obra. El crecimiento depende del desarrollo histórico y tecnológico que determina la cantidad de puestos de trabajo y la estructura de los mismos. Así, en cierta manera, es el sector moderno el que origina la existencia del sector tradicional; o en otras palabras, el stock de capital del sector moderno es insuficiente para poder emplear a toda la fuerza de trabajo. La consecuencia es que muchos trabajadores que poseen las habilidades (y credenciales) necesarias para trabajar en el sector moderno, no pueden hacerlo porque existen menos puestos de trabajo que trabajadores aptos para ocuparlos. Dada la insuficiente absorción del sector moderno, se crea un ―excedente de fuerza de trabajo‖ que puede mantenerse
46 desempleada, autogenerar su empleo o emplearse en una empresa con características diferentes a las del sector moderno. Este otro sector es el que la literatura de PREALC reconoce o define como sector informal urbano.
La fuerza de trabajo que pertenece a este ―excedente laboral‖ no participa de espacios homogéneos al interior del sector informal. Al respecto, tanto la teoría como la investigación empírica permite distinguir, por una parte, entre los trabajadores cuenta propia no profesionales o unidades económicas familiares de subsistencia, cuya oferta de bienes y servicios crea su propia demanda (incluso en función del autoconsumo); y, por otra parte, los emprendedores y trabajadores que operan en pequeñas empresas de baja productividad que ocupan mano de obra adicional (asalariados o, incluso, trabajadores familiares no remunerados), vinculados eventualmente a la dinámica de acumulación general (con o sin acumulación de ganancias). La principal diferencia entre ambos segmentos radica en el grado y tipo de vinculación con el sistema capitalista, siendo clave la ―motivación‖ de los agentes a cargo de tales unidades económicas, el tipo de relaciones sociales de producción que establecen y, por lo tanto, la búsqueda o no de la ganancia como modo de valorización del capital (Grompone, 1986; Giner de los Ríos, 1987 y 1989; Cortés y Cuellar, 1990).
Los empresarios de pequeñas empresas o empresas contratistas tienen acceso a mayores dotaciones de capital que los primeros, obtienen ganancias más altas y su evolución se vincula a la de los salarios del sector moderno. Es menos común que tales actividades constituyan un ―empleo refugio‖. Respecto a la facilidad de entrada, conseguir un puesto en una pequeña empresa implica una demanda de trabajo, mientras que para ser trabajador cuenta propia esto no es necesario. En la mayor parte de los antecedentes vinculados al enfoque estructuralista de PREALC-OIT –criterio que se adopta en esta investigación-, los estudios suelen considerar como trabajadores del sector informal a los trabajadores no asalariados y a los asalariados que trabajan en unidades empresarias de baja productividad. También incluyen a los trabajadores domésticos y a los trabajadores no remunerados de empresas familiares.
Desde la perspectiva de la demanda de empleo, la estructura económico-ocupacional del tipo descrito puede estar asociada –aunque no necesariamente- a diferentes segmentos de empleo en el mercado de trabajo: a) segmentos primarios de empleo a nivel de grandes empresas y del Estado sometidos a regulaciones laborales de diferente tipo –incluso, flexibles-; b) segmentos
47 secundarios de empleo a nivel del sector empresario intermedio formal o cuasi-informal, sometidos a regulaciones particulares, con mayores facilidades de acceso y barreras más débiles a la entrada; y c) también, a nuestro entender, la emergencia de segmentos terciarios (―marginales‖) de empleos, atravesados por estrategias asociativas o de reciprocidad familiar, local o comunitaria que funcionan compitiendo en los mercados donde operan los segmentos secundarios pero en condiciones de absoluta ―extralegalidad‖ económica.
La investigación empírica deberá corroborar la existencia (o no) de correlación entre la estructura sectorial y la segmentación de los mercados de trabajo, su magnitud y variación en el tiempo. Una mayor segmentación de los mercados laborales –mayor diferenciación o polarización de la calidad y niveles de ingreso de los segmentos de empleo-, dependiendo de la inserción en la estructura sectorial, estará demostrando la mayor heterogeneidad estructural expresada en términos de oportunidades laborales y calidad de los empleos.
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CAPÍTULO III